Tres balcones dentro de la ciudad y otros tres en su entorno ofrecen al viajero la vega, la dehesa y la sierra en las mejores panorámicas, con el atardecer como mejor aliado.

Coria se deja ver mejor desde arriba. Basta asomarse a cualquiera de sus miradores para que el paisaje se ordene: a los pies, la fértil y refrescante Vega del Alagón; algo más allá, la frondosa Dehesa de Mínguez; y entre una y otra, bosques de ribera, pequeñas «islas» que jalonan el río y tierras de labor que van del ocre de la roturación al verde, al oro y al púrpura de la siembra, según manden las estaciones y las cosechas.
Dentro de la Ciudad, tres balcones se abren en la parte meridional del Casco Histórico. El Mirador del Cubo, al final del lienzo de la Muralla Romana, domina los espacios deportivos de «La Isla», las riberas del Alagón, los campos de regadío y las dehesas que cierran el horizonte del término municipal. El Mirador de la Catedral, doble y repartido a ambos lados de Santa María de la Asunción, regala una panorámica diáfana de campos y alamedas. Y el Mirador del Palacio de los Duques de Alba, junto al propio palacio, abarca la campiña cauriense hasta el punto en que el río se encajona, pasados los Canchos de Ramiro.
Fuera de la Ciudad, el horizonte se ensancha. A unos cinco kilómetros al este, junto al Santuario de Nuestra Señora Virgen de Argeme, Patrona de Coria y de su Diócesis, el Mirador del Santuario se asoma al acantilado que ha esculpido el Alagón y deja ver la vegetación de ribera y los cultivos de la vega con un colorido distinto en cada estación del año. Hacia el sur, a unos nueve kilómetros, el Mirador del Alto de la Dehesa de Mínguez despliega el valle entero: al norte, las oscuras montañas de la Sierra de Gata, con el Pico Jálama (1.492 metros) y Las Hurdes; al este, la imponente Sierra de Gredos, con los Valles del Jerte y del Ambroz al fondo; y al oeste, los Canchos de Ramiro y, ya en Portugal, la Sierra de la Estrella.
Cierra el recorrido el Mirador del Alto Sierro, a unos cinco kilómetros al norte, ventana abierta a un panorama de sierras, roquedos, bosques, llanuras, riberas y pueblos que, a buen seguro, deleitará la mirada en cualquier día y en cualquier momento del año. Desde los miradores exteriores se distingue, además, el milenario Conjunto Monumental de Coria, con las dehesas y los campos de labor de su término municipal extendidos alrededor.
Son, en suma, seis lugares para detenerse, mirar sin prisa y esperar a que caiga la tarde. La Ciudad de Coria los pone al alcance de quien llega por ocio o en vacaciones, con la naturaleza extremeña como único espectáculo.
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