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LA MUESTRA ALIMENTARIA ‘TOMELLOSO SABOR’ SE CONSOLIDA COMO UNO DE LOS REFERENTES GASTRONÓMICOS DE CASTILLA- LA MANCHA

Los días 16, 17 y 18 de octubre, los amantes de la buena gastronomía tienen una cita imprescindible con una nueva edición que el pasado año congregó a más de 15000 personas.

 

El Recinto Ferial de la localidad acoge una nueva edición marcada por el gran éxito de público en pasadas ediciones, la excelencia de sus productores locales y un importante programa de maridajes cultural, musical y divulgativo. Vinos, quesos, embutidos, mieles y conservas de referencia nacional se darán cita junto a show cookings de primer nivel, talleres infantiles y los tradicionales concursos de cata.

Tomelloso vuelve a vestirse de gala gastronómica. La Muestra Alimentaria ‘Tomelloso Sabor’ calienta motores para una nueva edición llamada a revalidar su éxito comercial y su condición de escaparate imprescindible para el sector alimentario de la región. Tras el éxito de público alcanzado en sus ediciones precedentes (superando holgadamente los 15.000 visitantes en el Recinto Ferial el año pasado), la cita reafirma a la ciudad manchega como un referente gastronómico y epicentro de la excelencia alimentaria de la zona.

Ubicada en el Recinto Ferial (C/ Ángel Luis Cabañas), la muestra volverá a convertirse en el punto de encuentro idóneo para que vecinos, turistas y amantes del buen comer disfruten de la excelsa riqueza gastronómica de la comarca y descubran de primera mano el trabajo de sus productores.

Un escaparate de excelencia: la lista de expositores

Esta edición de ‘Tomelloso Sabor’ reúne una representativa y rigurosa selección de bodegas, almazaras, queserías y productores artesanales de primer orden:

  • Bodegas y Vinícolas: Virgen de las Viñas, Bodegas Verum, Casaquemada, Bodegas Fundador y Bodegas Alort Enólogo en Ruta.
  • Quesos y Lácteos: Quesos Poveda y Queso de Tomelloso.
  • Embutidos y Carnes: Embutidos La Anisia y Embutidos Castro.
  • Conservas y Productos Artesanos: Conservas Santa Sabina Gourmet y Conservas Vegetales Cano.
  • Cervezas Artesanas y Brewpub: Cervezas Artesanas La Primera, S.L. y FTB Beer Project.
  • Repostería, Miel, Café y Especialidades: Miel Ferrandis Artesana, Obrador Artesanal Marós y Café&Company.

El recinto mantendrá sus puertas abiertas durante todo el fin de semana con la siguiente programación horaria:

  • Viernes: De 17:00 h a 00:00 h.
  • Sábado: De 12:00 h a 00:00 h.
  • Domingo: De 12:00 h a 17:00 h.

Gastronomía, cultura y actividades para toda la familia

‘Tomelloso Sabor’ vuelve a apostar por un concepto transversal donde la experiencia gastronómica se complementa con una intensa agenda cultural e interactiva. El público podrá disfrutar de actuaciones musicales en directo y show cookings a cargo de destacados chefs, quienes pondrán en valor los productos locales a través de la alta cocina en directo.

Para conciliar la visita en familia, la muestra contará con talleres infantiles dinámicos y adaptados a los más pequeños, permitiendo a los adultos recorrer los stands con total tranquilidad. Asimismo, el programa mantiene una de sus señas de identidad más esperadas: los Concursos Nacionales de Cata de vino, queso, brandy y melón, certámenes que ponen a prueba los paladares más exigentes y rinden tributo a la tradición enogastronómica de la zona.

Con esta renovada propuesta, ‘Tomelloso Sabor’ reafirma la pujanza de Tomelloso como destino enogastronómico de primer orden, atrayendo cada año a miles de visitantes procedentes de toda la Comunidad Autónoma y de diversos puntos del país, consolidando un modelo donde el origen, la tradición y la innovación maridan a la perfección.

 

 

Más información: www.visitatomelloso.com

¿SABES CUÁNTO VALE REALMENTE UN RESTAURANTE?

Linkers identifica los principales factores que deben analizarse para valorar una empresa de restauración.

Las ventas son solo el punto de partida: la rentabilidad, la deuda, el alquiler, la marca, el equipo y la capacidad de funcionar sin su fundador determinan el valor final.

 

 

Determinar cuánto vale un restaurante es una cuestión mucho más compleja que aplicar un porcentaje sobre sus ventas o sumar el valor de sus instalaciones. Una empresa de restauración está formada por resultados económicos, contratos, personas, procesos, activos, reputación y expectativas de futuro que deben analizarse conjuntamente. Linkers, consultora especializada en hostelería, restauración y turismo gastronómico, advierte de que uno de los errores más frecuentes entre propietarios e inversores consiste en intentar establecer el precio de un negocio tomando como principal referencia su volumen de facturación. Las ventas permiten conocer la dimensión y capacidad comercial del establecimiento, pero no indican cuánto dinero genera, qué riesgos soporta, qué inversiones necesitará ni si podrá mantener sus resultados después de una compraventa.

“Un restaurante no vale simplemente por lo que vende, sino por su capacidad demostrable para generar beneficios y caja de manera sostenible, con una estructura que pueda continuar funcionando después de la salida de su propietario”, explica David Basilio, socio fundador y director de Operaciones de Linkers.

Valorar no es poner precio

El valor de una empresa y el precio final de una operación son conceptos relacionados, pero diferentes.

La valoración pretende determinar, mediante criterios económicos, financieros y empresariales, cuál es el valor razonable del negocio. El precio es el resultado final de la negociación entre comprador y vendedor y puede verse condicionado por la urgencia, la competencia entre inversores, las condiciones de pago o el interés estratégico de las partes.

Un comprador puede estar dispuesto a pagar más si la adquisición le permite acceder a una ubicación especialmente atractiva, incorporar una marca a su grupo, eliminar un competidor o desarrollar nuevas líneas de negocio.

Del mismo modo, el precio puede reducirse si existen riesgos laborales, inversiones pendientes, inseguridad sobre el contrato de alquiler o una fuerte dependencia del fundador.

Por tanto, no existe una cifra automática ni una fórmula universal aplicable a todos los restaurantes. La valoración debe reflejar tanto la realidad actual de la empresa como su capacidad para mantener y desarrollar sus resultados.

La facturación es el punto de partida, no la respuesta

El volumen de ventas aporta información relevante sobre la dimensión del negocio, su aceptación comercial y su presencia en el mercado. Sin embargo, no refleja por sí mismo la calidad de esas ventas.

Dos restaurantes que facturan la misma cantidad pueden tener valores radicalmente diferentes. Uno puede trabajar con márgenes adecuados, un alquiler razonable, una plantilla organizada y una clientela recurrente. El otro puede soportar costes elevados, depender de promociones continuas y necesitar todos sus recursos para mantener la actividad. También puede ocurrir que una empresa aumente sus ventas mientras pierde rentabilidad por el incremento del coste de producto, la falta de control laboral o una expansión demasiado rápida. Por este motivo, la valoración debe determinar cuánto dinero queda después de atender todos los gastos necesarios y qué posibilidades existen de mantener o aumentar ese resultado en el futuro.

“El comprador no paga por lo que el restaurante facturó ayer, sino por la capacidad que tendrá para generar beneficios mañana”, señala Basilio.

La rentabilidad debe estar normalizada

Uno de los indicadores más utilizados para valorar una empresa es el EBITDA, que permite aproximarse al resultado generado por la actividad antes de intereses, impuestos, amortizaciones y depreciaciones.

Sin embargo, en empresas familiares o negocios gestionados directamente por sus propietarios, el resultado contable puede no representar fielmente la rentabilidad real. Es frecuente encontrar gastos personales cargados a la sociedad, retribuciones de socios alejadas de las condiciones de mercado, vehículos de uso mixto, inmuebles familiares con alquileres poco representativos o funciones directivas que el propietario realiza sin percibir un salario específico.

También pueden existir ingresos extraordinarios o gastos puntuales que no volverán a producirse después de la operación.

Normalizar el EBITDA consiste en revisar estas partidas y reconstruir el resultado económico que tendría la empresa bajo una gestión profesional y en condiciones normales de mercado.

No se trata de mejorar artificialmente las cifras, sino de determinar cuánto genera verdaderamente la actividad una vez eliminados los elementos excepcionales e incorporados los costes que deberá asumir el nuevo propietario.

Por ejemplo, si el fundador dirige personalmente el restaurante sin percibir una retribución de mercado, el comprador tendrá que incorporar el coste de contratar a un gerente. Ese importe debe incluirse antes de calcular la rentabilidad normalizada.

No todos los beneficios tienen la misma calidad

Una empresa que lleva años generando resultados estables tiene un valor diferente al de otra cuyo beneficio depende de una temporada excepcional, de un evento concreto o de una circunstancia difícilmente repetible.

El análisis debe estudiar la evolución histórica de las ventas y de los márgenes, pero también su composición y recurrencia:

  • Qué porcentaje de los ingresos procede del restaurante, los eventos, el delivery o el catering.
  • Cuánto depende de determinadas temporadas o fechas.
  • Si existe concentración en unos pocos clientes.
  • Qué parte de las ventas se obtiene mediante promociones o descuentos.
  • Si el crecimiento es orgánico o responde a aperturas recientes.
  • Si la rentabilidad se mantiene cuando aumenta la facturación.
  • Qué inversión necesita el negocio para conservar su nivel de actividad.

Un resultado estable y previsible reduce el riesgo del comprador. Por el contrario, una rentabilidad irregular, poco documentada o excesivamente dependiente de circunstancias externas puede reducir el valor. La calidad del beneficio resulta tan importante como su cuantía.

La generación de caja también importa

Una empresa puede presentar beneficios contables y, sin embargo, sufrir tensiones constantes de tesorería.

Por este motivo, la valoración debe analizar la capacidad real del restaurante para convertir sus resultados en efectivo después de atender pagos, inversiones y necesidades de circulante.

Es necesario estudiar cuánto stock necesita, cuándo paga a sus proveedores, qué parte de sus ventas cobra inmediatamente, qué inversiones debe realizar periódicamente y qué recursos necesita para afrontar temporadas de menor actividad.

Un negocio que genera beneficios, pero requiere continuas aportaciones de capital para operar o renovar sus instalaciones, tiene un perfil diferente al de otro capaz de financiar su actividad y su crecimiento con sus propios recursos. El inversor no compra únicamente una cuenta de resultados. Compra una capacidad futura de generar caja.

La deuda se descuenta del valor

Otra confusión habitual consiste en considerar que el valor total de la empresa es la cantidad que recibirá directamente el propietario. La valoración del negocio y el importe neto que obtendrán los socios no siempre coinciden. Antes de determinar el precio final deben analizarse las deudas financieras, los pagos pendientes, las obligaciones con proveedores, los contratos de leasing y renting, los posibles litigios y las necesidades de circulante.

Una compañía puede tener una actividad valiosa y, al mismo tiempo, soportar una estructura financiera que reduzca de manera importante el importe atribuible a sus accionistas.

También debe estudiarse la caja disponible y distinguir entre la liquidez necesaria para operar y aquella que realmente podría considerarse excedentaria.

“El precio anunciado de una operación no equivale necesariamente al dinero que recibe el vendedor. Hay que conocer la deuda, los ajustes de cierre, las obligaciones pendientes y la propia estructura de la compraventa”, explica el responsable de Linkers.

El contrato de alquiler puede aumentar o destruir valor

En restauración, el local es una parte fundamental del negocio. Por eso, el contrato de alquiler debe analizarse casi con el mismo detalle que las cuentas.

Un restaurante rentable puede perder atractivo si le quedan pocos años de contrato, si la renta debe revisarse próximamente o si existen restricciones para ceder la posición arrendaticia.

Por el contrario, un contrato de larga duración, con condiciones equilibradas y seguridad jurídica, puede aportar estabilidad y aumentar el valor de la empresa.

Además del importe de la renta, deben revisarse:

  • La duración pendiente.
  • Las prórrogas previstas.
  • Las garantías y avales.
  • Las cláusulas de actualización.
  • La posibilidad de cesión o subrogación.
  • Las causas de resolución.
  • Las limitaciones de uso.
  • Las obligaciones de conservación y mantenimiento.
  • La existencia de deudas con el propietario del inmueble.

Una marca puede ser conocida y el restaurante puede estar lleno, pero si no existe seguridad sobre la continuidad en su ubicación, una parte importante de su valor queda comprometida.

Cuando el inmueble también pertenece al empresario, conviene separar la valoración de la propiedad inmobiliaria de la correspondiente a la actividad de restauración. Son dos activos diferentes, aunque puedan venderse conjuntamente.

Una marca reconocida no siempre es transferible

La reputación, el posicionamiento y la capacidad de atraer clientes forman parte del valor intangible de una empresa. Sin embargo, es necesario determinar si ese reconocimiento pertenece verdaderamente al negocio o está vinculado a la figura del fundador o del chef.

Cuando el restaurante depende completamente de una persona, su salida puede provocar una pérdida de clientes, conocimiento operativo, relaciones comerciales y notoriedad.

El riesgo disminuye cuando la empresa dispone de una identidad propia, un equipo estable, procesos definidos, una base de clientes recurrentes y canales comerciales que no dependen exclusivamente del propietario.

“La pregunta esencial es si el restaurante continuará funcionando de la misma manera cuando la persona que lo creó deje de estar todos los días en el negocio”, afirma Basilio.

También debe comprobarse la titularidad jurídica de la marca, el dominio web, las redes sociales, las bases de datos, los contenidos y las fichas en plataformas digitales. Un activo intangible solo puede incorporarse plenamente a la valoración si pertenece a la empresa y puede transferirse al comprador.

El equipo forma parte del valor

En una empresa de servicios, el conocimiento no reside únicamente en los contratos, la maquinaria o la marca. También se encuentra en las personas.

La existencia de un director competente, un equipo de cocina estable, responsables de sala consolidados y sistemas de formación reduce el riesgo de la adquisición.

Por el contrario, una rotación elevada, conflictos internos, posiciones críticas sin cubrir o una dependencia excesiva de determinados profesionales pueden afectar negativamente a la valoración.

El comprador debe analizar no solo el coste de la plantilla, sino también su antigüedad, estabilidad, productividad, organización y capacidad para continuar después de la operación.

Un restaurante con procesos documentados y una segunda línea directiva suele ser más valioso que otro en el que todo el conocimiento depende de las instrucciones informales del propietario.

Licencias, instalaciones e inversión pendiente

La situación administrativa y técnica también condiciona el valor. Es necesario comprobar que las licencias permiten desarrollar la actividad real del negocio y que las instalaciones cumplen los requisitos aplicables.

Asimismo, debe evaluarse el estado de la cocina, la extracción, la climatización, la insonorización, la maquinaria, la accesibilidad y el mantenimiento general.

Un establecimiento puede presentar buenos resultados hoy, pero necesitar una inversión considerable a corto plazo para renovar equipos o adaptar sus instalaciones. Esa necesidad debe incorporarse a la valoración.

El valor no depende solo de lo que produce actualmente el negocio, sino también del dinero que deberá invertirse para mantener esa producción.

Una reforma pendiente, la sustitución de la maquinaria o la regularización de una licencia pueden reducir considerablemente el importe que un comprador estará dispuesto a pagar.

La organización interna aumenta el valor

Una empresa ordenada ofrece más seguridad y facilita la transición entre propietarios.

El negocio gana valor cuando cuenta con:

  • Información financiera fiable.
  • Presupuestos y cierres mensuales.
  • Escandallos actualizados.
  • Inventarios periódicos.
  • Contratos correctamente documentados.
  • Manuales operativos.
  • Responsabilidades claramente definidas.
  • Sistemas de control de compras y costes.
  • Procesos de selección y formación.
  • Indicadores de gestión.
  • Una dirección capaz de funcionar sin el fundador.

La ausencia de estos elementos no significa que el restaurante carezca de valor, pero aumenta la incertidumbre y obliga al comprador a asumir un esfuerzo adicional de organización.

Cuanto más fácil sea comprender, controlar y transferir el negocio, menor será el riesgo percibido y mayor podrá ser su valoración.

El potencial de crecimiento tiene valor si puede demostrarse

La posibilidad de abrir nuevos locales, desarrollar franquicias, ampliar horarios, incorporar servicios o mejorar el ticket medio puede aumentar el atractivo de una empresa.

Sin embargo, el potencial no debe confundirse con una simple expectativa.

Para que una oportunidad de crecimiento tenga valor debe estar respaldada por procesos replicables, una marca reconocible, una demanda contrastada, una estructura preparada y unos resultados económicos razonables.

Una idea de expansión todavía no ejecutada no puede valorarse igual que un modelo que ya ha demostrado su capacidad para funcionar en distintas ubicaciones.

“El potencial se paga cuando existe una base real para convertirlo en resultados. Los planes futuros son importantes, pero deben estar respaldados por evidencias”, sostiene Basilio.

Del mismo modo, las mejoras que solo podrá desarrollar el comprador gracias a sus propios recursos, contactos o capacidad de gestión no deberían atribuirse íntegramente al valor creado por el vendedor.

Un múltiplo no sustituye al análisis

En las operaciones empresariales es habitual utilizar múltiplos sobre el EBITDA u otros indicadores. No obstante, Linkers advierte de que aplicar un múltiplo estándar sin estudiar las características concretas del negocio puede conducir a valoraciones poco realistas.

El múltiplo depende, entre otros factores, de:

  • La estabilidad de los resultados.
  • El tamaño de la empresa.
  • El nivel de endeudamiento.
  • La dependencia del propietario.
  • La duración de los alquileres.
  • La fortaleza de la marca.
  • La calidad del equipo.
  • El riesgo regulatorio.
  • La inversión pendiente.
  • La capacidad de crecimiento.
  • La facilidad para transferir la operación.

Dos restaurantes con el mismo EBITDA no tienen por qué recibir la misma valoración si uno dispone de una marca consolidada, una estructura profesional y contratos estables, mientras que el otro depende de su fundador y necesita inversiones inmediatas.

El múltiplo es una herramienta de referencia, no una respuesta automática. Su aplicación debe estar justificada por la calidad, los riesgos y las perspectivas de cada empresa.

El método de valoración debe adaptarse al negocio

No todos los restaurantes deben valorarse de la misma manera.

En una empresa rentable y consolidada tendrá un peso importante su capacidad de generar beneficios. En un negocio que todavía no obtiene resultados suficientes, puede ser necesario analizar por separado sus activos, licencias, ubicación, instalaciones y fondo de comercio.

En grupos con varias unidades también debe estudiarse la rentabilidad individual de cada establecimiento, la estructura central y las posibles sinergias.

Un local muy rentable puede estar compensando las pérdidas de otros y ofrecer una imagen global que no refleja la situación real de cada unidad.

La valoración puede combinar distintos métodos, pero siempre debe partir de información fiable y de una comprensión profunda de la operación hostelera.

Preparar la venta antes de necesitar vender

Para Linkers, uno de los factores que más aumenta el valor de un negocio de restauración es su capacidad para funcionar como una empresa y no como una extensión permanente de su propietario.

Esta profesionalización no debe comenzar cuando el empresario recibe una oferta o decide vender. Conviene desarrollarla con suficiente antelación para demostrar resultados, corregir ineficiencias y reducir riesgos.

Entre las medidas que pueden mejorar la valoración se encuentran:

  • Ordenar la información contable y financiera.
  • Separar los gastos personales de los empresariales.
  • Actualizar escandallos y controlar inventarios.
  • Revisar contratos y licencias.
  • Negociar una mayor duración del alquiler.
  • Reducir la dependencia del propietario.
  • Consolidar un equipo directivo.
  • Documentar procesos.
  • Proteger jurídicamente la marca.
  • Elaborar un plan de crecimiento realista.
  • Demostrar la estabilidad de los resultados.

Preparar una empresa para una futura venta significa, en realidad, mejorarla desde el presente. Incluso si la operación nunca llega a realizarse, el propietario habrá construido un negocio más rentable, controlado y autónomo.

De restaurante a empresa

La verdadera diferencia entre un establecimiento y una empresa de restauración se encuentra en su capacidad para generar resultados mediante una organización estructurada y transferible.

Un restaurante puede tener una excelente cocina, una ubicación privilegiada y una clientela fiel, pero su valor empresarial será limitado si toda la actividad depende de la presencia constante de su propietario.

“Las empresas más valiosas no son necesariamente las que más facturan, sino las que han construido una estructura capaz de generar resultados sostenibles sin depender permanentemente de sus fundadores”, concluye David Basilio.

Saber cuánto vale realmente un restaurante exige mirar más allá de sus ventas y analizar su rentabilidad, su deuda, sus contratos, su equipo, sus activos, sus riesgos y su futuro.

La valoración final no surge de una fórmula aislada. Es el resultado de comprender el negocio en su conjunto y determinar qué parte de sus resultados puede mantenerse después de cambiar de propietario.

 

 

 

Más información: linkers.es

RESTAURANTES LLENOS Y CUENTAS VACÍAS: LA PARADOJA DE LA HOSTELERÍA ESPAÑOLA

La consultora Linkers advierte de que el crecimiento de la facturación no siempre se traduce en una mejora de la rentabilidad por la falta de control operativo, financiero y comercial.

 

 

La consultora identifica la ausencia de escandallos actualizados, las cartas sobredimensionadas, las compras desorganizadas y la falta de dirección profesional como algunos de los principales problemas del sector

Un restaurante lleno continúa siendo, a ojos del consumidor, la imagen más evidente del éxito. Mesas ocupadas, listas de espera y un elevado volumen de actividad parecen indicar que el negocio funciona correctamente. Sin embargo, detrás de muchos establecimientos con una elevada facturación se esconde una realidad económica muy diferente: márgenes insuficientes, costes descontrolados, tensiones de tesorería y una estructura incapaz de transformar las ventas en beneficios.

Linkers, consultora especializada en hostelería, restauración y turismo gastronómico, advierte de que una parte importante de los negocios del sector sigue utilizando la facturación como principal indicador de éxito, sin analizar con suficiente profundidad cuánto gana realmente con cada cliente, cada plato o cada servicio.

“En hostelería se puede facturar mucho y, aun así, ganar muy poco. El problema aparece cuando el empresario confunde volumen de ventas con rentabilidad y continúa aumentando la actividad sin revisar previamente su estructura”, explica David Basilio, socio fundador y director de Operaciones de Linkers.

La situación resulta especialmente paradójica porque algunos negocios no tienen un problema de demanda. Tienen clientes, una marca reconocida, una ubicación competitiva y una facturación importante. Su dificultad radica en que cada incremento de las ventas también aumenta la complejidad, las compras, las horas de trabajo, las necesidades de producción y las posibilidades de cometer errores.

 

Vender más también puede significar gastar más

Un aumento de la facturación debería mejorar el resultado del negocio, pero no lo garantiza. Cuando el crecimiento no está correctamente planificado, puede producirse el efecto contrario: el restaurante trabaja más, atiende a más clientes y somete a mayor presión a su equipo, pero el beneficio apenas aumenta.

El incremento de la actividad puede generar más compras urgentes, más horas extraordinarias, mayor consumo energético, un aumento de las mermas y una pérdida de control sobre las porciones. También puede obligar a ampliar la plantilla o incorporar servicios adicionales cuya rentabilidad nunca se analiza individualmente.

Si los costes crecen al mismo ritmo —o incluso más rápido— que las ventas, el resultado final puede quedar prácticamente neutralizado.

“Hay restaurantes que baten récords de facturación y, sin embargo, terminan el ejercicio con una rentabilidad inferior a la del año anterior. Han vendido más, pero también han comprado peor, han necesitado más personal y han perdido eficiencia”, señala Basilio.

Según la experiencia de Linkers, esta situación se produce tanto en pequeños establecimientos independientes como en restaurantes consolidados, negocios familiares y grupos con varios millones de euros de facturación anual.

La cuestión, por tanto, no es solamente cuánto vende un restaurante, sino cuánto dinero permanece en la empresa después de pagar producto, personal, alquileres, suministros, comisiones, mantenimiento, financiación e impuestos.

 

El espejismo de la ocupación

La ocupación es un indicador importante, pero no suficiente. Un restaurante puede estar completo y, al mismo tiempo, tener un ticket medio demasiado bajo, vender principalmente sus productos menos rentables o necesitar una estructura excesivamente costosa para atender cada servicio.

Incluso dos servicios con la misma facturación pueden producir resultados económicos muy diferentes. El primero puede concentrar las ventas en platos rentables, utilizar una plantilla correctamente dimensionada y mantener bajo control las mermas. El segundo puede depender de referencias con escaso margen, acumular horas improductivas y generar un volumen elevado de desperdicio.

Por eso, Linkers considera que la pregunta relevante no es únicamente cuántos clientes entran en el restaurante, sino qué consumen, cuánto gastan, qué margen dejan y qué recursos necesita la empresa para atenderlos.

“No siempre es necesario conseguir más clientes. En muchas ocasiones, la primera medida debe ser mejorar la rentabilidad de los clientes que ya entran por la puerta”, añade Basilio.

Seis problemas que reducen la rentabilidad

Linkers identifica seis situaciones recurrentes que explican por qué algunos restaurantes con una facturación elevada no obtienen los resultados esperados.

  1. Desconocimiento de la rentabilidad real de cada plato

Muchos restaurantes conocen el precio de compra de sus principales productos, pero no disponen de escandallos permanentemente actualizados ni incorporan correctamente todos los costes asociados a la elaboración.

Ingredientes secundarios, guarniciones, salsas, pan, aperitivos, mermas, invitaciones, errores de producción, consumo energético y tiempo de elaboración pueden convertir un plato aparentemente rentable en una referencia con un margen insuficiente.

Además, el escandallo pierde valor si no se actualiza cuando cambian los precios del proveedor, el tamaño de las raciones o las condiciones de compra.

El objetivo no debe ser únicamente conocer cuánto cuesta elaborar un plato, sino determinar cuánto contribuye realmente al resultado del establecimiento. Para ello, es necesario combinar el coste con el precio de venta, la frecuencia de consumo, la complejidad de producción y la capacidad del plato para generar ventas complementarias.

Un producto con un porcentaje de coste atractivo puede no ser interesante si apenas se vende. Del mismo modo, un plato con un coste aparentemente elevado puede resultar estratégico si tiene mucha rotación, favorece la venta de bebidas o refuerza el posicionamiento del restaurante.

  1. Cartas demasiado extensas

Una carta amplia puede transmitir variedad, pero también multiplica las referencias de compra, dificulta la rotación del producto, aumenta las mermas y hace más compleja la formación del equipo.

Cuantos más platos ofrece un establecimiento, más ingredientes necesita almacenar y más difícil resulta mantener la regularidad en la ejecución. La amplitud de la carta también incrementa el riesgo de roturas de stock, compras urgentes y productos que permanecen demasiado tiempo en cámara.

Además, una oferta excesiva puede restar protagonismo a los platos más rentables y dificultar la decisión del cliente. Cuando todo ocupa el mismo espacio y recibe el mismo tratamiento comercial, la carta deja de funcionar como una herramienta de venta.

“Reducir una carta no significa empobrecer la oferta. Bien ejecutado, permite concentrar las ventas, mejorar la calidad del producto, simplificar la operación y aumentar el margen”, afirma el responsable de Linkers.

La ingeniería de menú permite identificar qué platos deben potenciarse, cuáles necesitan ajustes de precio o presentación y qué referencias conviene retirar. La decisión no debe basarse únicamente en la opinión del chef o del propietario, sino en datos de venta, rentabilidad y coherencia con el concepto.

  1. Compras sin estrategia ni centralización

Incluso los restaurantes con volúmenes elevados pueden estar comprando en condiciones poco competitivas si cada establecimiento, departamento o responsable toma sus decisiones de manera independiente.

La falta de negociación conjunta, homologación de proveedores, control de precios, planificación de pedidos y revisión de albaranes provoca desviaciones que, acumuladas durante todo el ejercicio, pueden representar una cantidad considerable.

En algunos negocios se negocia intensamente el precio de los productos principales, pero se presta menos atención a decenas de referencias secundarias que también tienen un impacto importante sobre el resultado.

Centralizar no significa renunciar a la calidad ni eliminar la autonomía de los equipos. Significa establecer criterios comunes, reducir duplicidades, comparar proveedores y utilizar el volumen de compra como una herramienta de rentabilidad.

La decisión tampoco debe reducirse a comprar más barato. Un proveedor competitivo debe ofrecer regularidad, calidad, trazabilidad, formatos adecuados, condiciones de pago y capacidad de respuesta. El precio es importante, pero una ruptura de suministro o una calidad irregular también cuestan dinero.

  1. Plantillas dimensionadas por costumbre

Otro de los problemas habituales es mantener estructuras de personal heredadas del pasado, sin relacionarlas con las necesidades reales de cada servicio.

Las plantillas deben dimensionarse en función de la ocupación, el tipo de oferta, las franjas horarias, la estacionalidad y la productividad, y no exclusivamente según la manera en que el restaurante ha funcionado tradicionalmente.

En ocasiones, el negocio dispone del número adecuado de personas, pero distribuidas incorrectamente. Se acumulan recursos en horarios de baja actividad y faltan profesionales en los momentos críticos. El resultado es una plantilla costosa que, paradójicamente, continúa transmitiendo una sensación permanente de falta de personal.

Esto no implica necesariamente reducir equipos. En numerosos casos, el problema no se encuentra en el número de trabajadores, sino en la organización de los turnos, la distribución de responsabilidades, la falta de polivalencia y la ausencia de procedimientos claros.

Una mejor planificación puede reducir las horas improductivas, mejorar la conciliación, disminuir el cansancio y ofrecer un servicio más estable. La rentabilidad laboral y el bienestar del equipo no son objetivos incompatibles; con frecuencia dependen de la misma organización.

  1. Falta de presupuestos y control mensual

Numerosas empresas hosteleras revisan sus resultados cuando el ejercicio ya ha terminado. Para entonces, cualquier desviación en compras, personal, productividad o gasto energético se ha consolidado durante meses.

Linkers recomienda trabajar con presupuestos mensuales y comparar sistemáticamente las previsiones con los resultados reales. Este seguimiento permite detectar rápidamente dónde se está perdiendo margen y aplicar medidas correctoras antes de que finalice el año.

No basta con comprobar que la facturación ha aumentado. Es necesario analizar cómo evolucionan el coste de producto, el coste laboral, el ticket medio, la productividad por hora trabajada, las ventas por franja horaria y el resultado de cada unidad de negocio.

“Una cuenta de resultados anual explica lo que ha sucedido. Un buen sistema de control mensual permite decidir lo que debe suceder”, apunta Basilio.

El presupuesto no debe considerarse una previsión rígida, sino una herramienta de dirección. Permite anticipar temporadas bajas, planificar inversiones, controlar la tesorería y establecer objetivos comprensibles para cada departamento.

  1. Ausencia de dirección profesional

Un restaurante necesita cocina, sala y administración, pero también una figura que conecte todas estas áreas y tome decisiones desde una perspectiva empresarial.

La ausencia de una dirección profesional provoca que cada departamento persiga sus propios objetivos. Cocina prioriza producto y producción; sala, servicio y satisfacción del cliente; administración, contención del gasto. Sin una visión común, el negocio puede funcionar operativamente sin avanzar económicamente.

En otras ocasiones, el propietario termina asumiendo todas las decisiones: compras, personal, proveedores, incidencias, reservas y mantenimiento. Esta concentración ralentiza la empresa, impide delegar y deja poco tiempo para analizar el negocio.

El gerente actual debe comprender operaciones, personas, ventas, compras y rentabilidad. Su función no consiste únicamente en resolver incidencias, sino en transformar la actividad diaria en resultados sostenibles.

Esta figura también debe convertir los datos económicos en decisiones operativas comprensibles para el equipo. No sirve de mucho disponer de información si no se traduce en cambios de turnos, negociación con proveedores, revisión de porciones, formación comercial o adaptación de la carta.

Las señales de alarma

Existen varios indicadores que pueden revelar que un restaurante está creciendo sin mejorar realmente su situación económica:

  • La facturación aumenta, pero la tesorería continúa tensionada.
  • El negocio está lleno, pero necesita promociones constantes.
  • Las compras crecen por encima de las ventas.
  • Se producen diferencias frecuentes entre el consumo teórico y el consumo real.
  • El ticket medio permanece estancado pese a la subida de precios.
  • La plantilla trabaja más horas, pero la productividad no mejora.
  • Los platos más vendidos no coinciden con los más rentables.
  • Se realizan pedidos urgentes de forma habitual.
  • El empresario desconoce el resultado económico de cada mes.
  • La empresa depende completamente de la presencia diaria del propietario.
  • Cada departamento trabaja correctamente de manera aislada, pero no existe una dirección común.
  • Se toman decisiones basadas en sensaciones y no en información contrastada.

Detectar una de estas situaciones no significa necesariamente que el negocio sea inviable. Sí indica que necesita revisar su modelo antes de continuar creciendo.

La rentabilidad no se mejora con una única medida

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que la rentabilidad se recupera simplemente subiendo precios o reduciendo personal.

Un incremento de precios sin una estrategia clara puede perjudicar la percepción de valor del cliente. Del mismo modo, una reducción indiscriminada de plantilla puede deteriorar el servicio, aumentar la rotación y terminar generando costes superiores a los que se pretendía eliminar.

La mejora debe producirse mediante una combinación de actuaciones: ingeniería de menú, revisión de escandallos, negociación de compras, simplificación de procesos, planificación laboral, formación comercial y control financiero.

En algunos establecimientos, el principal potencial de mejora se encuentra en la cocina. En otros, en la sala, las compras, el calendario de apertura o la estructura directiva. No existe una receta universal porque cada restaurante pierde rentabilidad de una manera diferente.

Por este motivo, Linkers defiende la realización de un diagnóstico integral antes de adoptar decisiones. El análisis debe comprender desde la reserva hasta el cierre de la cuenta, incluyendo compras, recepción de mercancías, almacenamiento, producción, servicio, venta y administración.

De la cultura de la facturación a la cultura del margen

Para Linkers, el futuro de la restauración pasa por abandonar la obsesión exclusiva por vender más y adoptar una gestión basada en indicadores: coste de producto, coste laboral, productividad por servicio, ticket medio, contribución por plato, rotación de la carta, consumo por categoría y resultado operativo.

Esto no significa convertir la hospitalidad en una sucesión de hojas de cálculo. Los números deben estar al servicio de la experiencia y no al contrario.

Una estructura rentable permite invertir en mejores productos, instalaciones, formación, tecnología y condiciones laborales. También ofrece mayor capacidad para afrontar imprevistos, innovar y crecer sin poner en riesgo la estabilidad de la empresa.

La rentabilidad es, además, una condición necesaria para construir equipos estables. Una empresa sin margen difícilmente puede ofrecer desarrollo profesional, invertir en formación o mejorar la organización de los horarios.

“Rentabilidad y hospitalidad no son conceptos enfrentados. Un restaurante que no gana dinero termina recortando calidad, perdiendo talento o cerrando. Gestionar bien es precisamente lo que permite proteger la experiencia del cliente y garantizar el futuro del negocio”, concluye David Basilio.

El nuevo éxito hostelero

El éxito de un restaurante ya no puede medirse únicamente por el número de clientes, la dificultad para conseguir una reserva o la facturación anual.

El nuevo éxito hostelero debe combinar capacidad de atracción, calidad, rentabilidad, estabilidad de los equipos y sostenibilidad empresarial. Un restaurante verdaderamente exitoso no es solo el que llena sus mesas, sino el que sabe por qué las llena, cuánto gana con cada servicio y cómo puede mantener ese resultado a largo plazo.

La gran transformación pendiente del sector no consiste necesariamente en abrir más locales o atender a más clientes. Consiste en profesionalizar la gestión de los negocios que ya existen para que la enorme actividad que generan se convierta también en valor económico, empleo estable y futuro empresarial

 

 

Más información: linkers.es

ENCONTRAR LÍDERES, LA GRAN CRISIS SILENCIOSA DE LA HOSTELERÍA

 

 

Linkers advierte de que, mientras la falta de personal operativo continúa siendo uno de los principales desafíos del sector, la escasez de directivos y mandos intermedios preparados para liderar equipos se está convirtiendo en el verdadero límite para el crecimiento sostenible de hoteles, restaurantes y grupos de restauración.

La hostelería española atraviesa uno de los periodos de mayor transformación de su historia reciente. La fortaleza del turismo, la llegada de nuevas inversiones, el crecimiento de los grupos de restauración, la profesionalización del sector y la incorporación de nuevas tecnologías están impulsando una evolución sin precedentes. En este contexto, la dificultad para encontrar camareros, cocineros o personal de sala continúa siendo una preocupación real para miles de empresas. Sin embargo, desde Linkers, consultora líder especializada en estrategia, organización y talento para hostelería y turismo, se identifica un reto mucho menos visible, pero con un impacto mucho mayor sobre el futuro del sector: la dificultad para incorporar líderes capaces de dirigir organizaciones cada vez más complejas.

No se trata únicamente de cubrir puestos de responsabilidad. Se trata de encontrar profesionales capaces de tomar decisiones estratégicas, liderar personas, mejorar la rentabilidad, impulsar la innovación y acompañar el crecimiento de las empresas en un entorno mucho más competitivo que hace apenas unos años.

Según David Basilio, socio fundador y director de Operaciones de Linkers: «Durante años el debate se ha centrado en la falta de personal operativo, y sigue siendo un desafío importante. Sin embargo, el verdadero cuello de botella aparece cuando una empresa necesita un líder capaz de hacer crecer el negocio. Ahí es donde hoy encontramos las mayores dificultades.»

La hostelería ya no necesita únicamente buenos profesionales; necesita grandes líderes.

La transformación del sector ha cambiado profundamente el perfil de los puestos directivos. Hace apenas una década, dirigir un restaurante o un hotel significaba garantizar un buen servicio, controlar las compras, gestionar horarios y supervisar el funcionamiento diario del establecimiento. Hoy esa realidad resulta claramente insuficiente.

El nuevo responsable de un negocio hostelero debe combinar conocimientos operativos con una visión estratégica del mismo. Debe interpretar indicadores económicos, optimizar costes sin deteriorar la experiencia del cliente, incorporar herramientas tecnológicas, gestionar equipos cada vez más diversos, mejorar la productividad, atraer talento y construir una cultura empresarial sólida.

A ello se suman nuevas responsabilidades relacionadas con la sostenibilidad, la digitalización, la reputación online, la formación continua y la capacidad para adaptarse a un mercado donde los cambios son constantes. En otras palabras, el director de un restaurante o de un hotel ya no gestiona únicamente un servicio: dirige una empresa.

Un crecimiento que genera una nueva necesidad

España continúa siendo uno de los grandes referentes internacionales del turismo y la gastronomía. Cada año se inauguran nuevos hoteles, restaurantes, espacios gastronómicos, cadenas de restauración organizada y conceptos innovadores que generan empleo y dinamizan la economía. Sin embargo, este crecimiento también está poniendo de manifiesto una realidad que pasa desapercibida para gran parte del mercado. Mientras abrir un nuevo establecimiento puede llevar unos meses, formar un buen líder requiere años de experiencia, aprendizaje y desarrollo profesional. La demanda de directores de operaciones, gerentes, directores de restauración, chefs ejecutivos y jefes de sala ha crecido mucho más rápido que la capacidad del mercado para generar estos perfiles.

Para David Basilio: «Cuando una empresa nos pide incorporar un director de operaciones, nuestra primera pregunta nunca es dónde encontrarlo. La primera pregunta es por qué lo necesita. Muchas veces la respuesta está dentro de la organización y no únicamente en el mercado laboral.» Como consecuencia, cada vez resulta más difícil incorporar profesionales capaces de asumir responsabilidades estratégicas y liderar organizaciones en expansión.

 

Más información:
linkers.es

RIOJA ALAVESA CONVIERTE CADA PINTXO EN UNA TARJETA DE PRESENTACIÓN DEL TERRITORIO

Ruta del Vino de Rioja Alavesa impulsa, el próximo 22 de julio, una formación práctica de presentación creativa dirigida profesionales del enoturismo y de sus Wine Bars, con el objetivo de que el emplatado armonice el vino que lo acompaña

 

 

La propuesta se titula «Un bocado, una experiencia» y está pensada para camareros, responsables de sala, hosteleros y también para enólogos que ejercen de anfitriones en sus propias bodegas, además del personal de enoturismo que acompaña a los grupos durante las visitas. No exige formación previa en hostelería. Durante cuatro horas, la sesión combina explicación, demostración y práctica real sobre los productos que cada local sirve habitualmente: chorizo, anchoas, queso, gildas, la despensa cotidiana de cualquier barra de Rioja Alavesa convertida, por una mañana, en material de trabajo.

Una anchoa colocada en diagonal, una gilda que atrapa la luz de la sala, un taco de queso que respeta el espacio en blanco de la tabla: en Rioja Alavesa han decidido que la imagen de un pintxo pesa tanto como su sabor. Por eso, Ruta del Vino de Rioja Alavesa ha puesto en marcha una formación dirigida a quienes reciben cada día a los visitantes en sus establecimientos, con una premisa sencilla y, a la vez, poco habitual en el sector: enseñar a presentar sin necesidad de presupuesto extra ni ingredientes especiales, solo con criterio.

El punto de partida es un diagnóstico compartido: mirar juntos cómo se presentan hoy los pintxos y las raciones para detectar, sin dramatismo, qué se puede mejorar. A partir de ahí llegan los fundamentos —color, textura, altura y punto focal— ilustrados con ejemplos reales antes de que la formadora prepare varias composiciones explicando, paso a paso, cada decisión. Después llega el turno de cada participante, que compone su propia tabla con los productos de su propio local, y la sesión se cierra con una revisión conjunta, una fotografía de los resultados y la entrega de una ficha de referencia visual pensada para aplicarse desde el día siguiente.

Ese último detalle no es menor. La formación insiste en la replicabilidad: que la presentación de un pintxo no dependa de que esté detrás de la barra una persona concreta, sino de un criterio que todo el equipo pueda repetir, ya sea sobre una tabla de madera, una pizarra o un plato. Incluye además todos los materiales necesarios para la práctica —tablas, papel de estraza, elementos decorativos, los propios alimentos— y una sesión de fotografía cuyos resultados el local podrá usar después en redes sociales o en su propia carta.

Imparte la formación Ainhoa González, chef privada y colaboradora en eventos, talleres y otros servicios en Gastrogune y en Toloño Selección, en Vitoria-Gasteiz.

Para Ruta del Vino de Rioja Alavesa, la iniciativa encaja en una estrategia más amplia de cuidar la experiencia del visitante más allá de la bodega y la copa. Un Wine Bar es, muchas veces, el primer contacto de un turista con la comarca, y también el último recuerdo con el que se marcha; que ese contacto tenga la misma atención al detalle que un vino con Denominación de Origen Calificada es, para la Ruta, una forma más de contar Rioja Alavesa.

 

 

 

Más información

https://www.enoconocimiento.com/
https://www.rutadelvinoderiojaalavesa.com

¿POR QUÉ TANTOS RESTAURANTES DE HOTEL PIERDEN DINERO? LINKERS IDENTIFICA LOS 5 ERRORES MÁS HABITUALES

El área de A&B es el corazón operativo de un hotel, pero también su mayor fuente de pérdidas silenciosas. Márgenes estrechos, equipos sin rumbo y una oferta que no conecta con el huésped son síntomas de un problema de gestión, no de mercado.

 

 

En la industria hotelera existe un secreto a voces: el departamento de Alimentos y Bebidas es, en la mayoría de los establecimientos, el que más recursos consume y el que menos rentabilidad devuelve. Los directores de hotel lo saben. Los jefes de A&B lo viven cada día. Y, sin embargo, el problema persiste porque rara vez se aborda desde sus causas reales. No se trata de que la hostelería de hotel sea intrínsecamente deficitaria. Se trata de que la gestión de un departamento de A&B exige una combinación de visión estratégica, control operativo y liderazgo de equipo que pocas veces se da de forma simultánea. Cuando alguno de esos tres elementos falla, el departamento sangra por donde menos se espera.

Los errores que destrozan el margen sin hacer ruido

Los problemas de un departamento de A&B mal gestionado raramente explotan de golpe. Se acumulan en silencio, mes a mes, hasta que las cifras ya no tienen solución fácil. Estos son los más frecuentes:

  1. Oferta desconectada del huésped real. La carta del restaurante del hotel fue diseñada hace tres años para un cliente que ya no es el mayoritario. Nadie la ha revisado desde entonces. El resultado es baja penetración, ticket mediocre y un equipo de sala que no sabe cómo venderla.
  2. Coste de personal disparado sin estructura de turnos. El departamento de A&B suele ser el mayor empleador del hotel. Sin una planificación de turnos ajustada a los picos reales de demanda —desayunos, banquetes, servicio de habitaciones—, la ratio de horas trabajadas por ingreso generado se convierte en el mayor destructor de margen.
  3. Merma y escandallos sin control. En muchos hoteles no existe un escandallo actualizado de los platos más vendidos ni un sistema de control de merma. El coste real de materia prima supera el 35-40% sin que nadie haya hecho el cálculo.
  4. Banquetes y eventos infravalorados. El catering interno y los eventos son con frecuencia la parte más rentable de A&B, pero se gestionan de forma reactiva: sin tarifas bien construidas, sin paquetes que maximicen el ticket ni seguimiento comercial. Se vende lo que llega, no lo que se debería vender.
  5. Jefe de A&B atrapado en la operativa. Cuando el responsable del departamento pasa el 90% de su tiempo resolviendo problemas del día a día, no hay nadie mirando los números, formando al equipo ni diseñando la oferta del trimestre siguiente. El departamento funciona, pero no mejora.

Para David Basilio, Director de Operaciones de Linkers Consultoría de Hostelería:  «El problema más habitual que encontramos en los departamentos de A&B no es falta de talento ni de ganas. Es que el responsable lleva años apagando fuegos sin tiempo para preguntarse si el edificio está bien construido.»

Lo que un departamento de A&B rentable tiene que tener

Un departamento de A&B que funciona de verdad no es el que tiene la carta más creativa ni el chef más mediático. Es el que ha resuelto bien cinco cuestiones fundamentales que, combinadas, determinan si el departamento gana o pierde dinero:

  1. Una oferta diseñada con ingeniería de menú. cada referencia de carta tiene un coste calculado, un margen conocido y un lugar estratégico en la propuesta. Se sabe qué platos vender primero, cuáles retirar y cómo construir un ticket medio que no dependa de la improvisación del camarero.
  2. Control de costes en tiempo real. el coste de materia prima y el de personal se revisan semanalmente, no al cerrar el mes. Las desviaciones se detectan cuando todavía se pueden corregir.
  3. Planificación de turnos ajustada a la demanda. los horarios del equipo responden a los patrones reales de ocupación y consumo del hotel, no a la inercia histórica. Cada euro de nómina tiene una justificación en el ingreso que genera.
  4. Estrategia de banquetes y eventos con tarifas sólidas. el departamento tiene un catálogo de paquetes bien construidos, con precios que incorporan todos los costes reales y un margen mínimo no negociable. Las personalizaciones se cotizan, no se regalan.
  5. Un jefe de A&B con tiempo para liderar. la estructura del departamento está diseñada para que el responsable pueda dedicar al menos el 30% de su tiempo a formación, análisis y mejora de la oferta. Sin ese espacio, el departamento no evoluciona.

Según Marianela Olivares, Directora General de Linkers Consultoría de Hostelería: «Cuando entramos en un hotel y vemos al jefe de A&B haciendo el inventario a las once de la noche, ya sabemos dónde está el problema. No en él. En cómo está organizado el departamento a su alrededor.»

El diagnóstico que nadie quiere hacer y que cambia todo

La mayoría de los departamentos de A&B que funcionan mal llevan años funcionando así. No porque sus responsables sean incompetentes, sino porque nadie se ha sentado a hacer un diagnóstico honesto: qué ingresa realmente cada punto de venta, cuánto cuesta operarlo, qué porcentaje de huéspedes lo usa y por qué los que no lo usan salen del hotel a comer.

Ese diagnóstico, hecho con rigor, suele revelar dos o tres decisiones concretas que explican el 80% del problema. Un punto de venta que opera con pérdidas sistemáticas y que podría cerrarse o reconvertirse. Una franja horaria en la que el coste de personal no tiene ninguna justificación en el consumo real. Una oferta de desayuno que el huésped abandona porque no le ofrece lo que busca.

No se necesita una reinvención completa. Se necesita saber dónde está el agujero antes de seguir echando agua.

David Basilio señala que: «Los hoteles que más han mejorado su rentabilidad en A&B no son los que han hecho una reforma o cambiado de chef. Son los que por primera vez se sentaron a mirar sus propios números con honestidad y tomaron tres o cuatro decisiones que llevaban años pendientes.»

Indicadores que todo jefe de A&B debería tener siempre visibles

Un departamento bien gestionado no requiere decenas de métricas. Requiere que las personas correctas tengan acceso permanente a los indicadores que realmente importan: el coste de materia prima como porcentaje de ventas —objetivo orientativo: por debajo del 30% en restaurante y por debajo del 25% en bar—, el coste de personal como porcentaje de ventas —objetivo: entre el 30 y el 38% en operaciones estables—, el ticket medio por punto de venta y franja horaria, el índice de penetración del desayuno y del restaurante sobre la ocupación del hotel, y el margen bruto de operación del departamento en su conjunto.

Estos cinco indicadores, revisados semanalmente, permiten detectar cualquier desviación antes de que se convierta en un problema de difícil solución. Y permiten, sobre todo, tomar decisiones con datos en lugar de con intuiciones.

Para Marianela Olivares, «Un jefe de A&B que no mira sus números cada semana es como un piloto que no mira los instrumentos. Puede que todo vaya bien. Pero cuando algo falla, ya no hay tiempo de reaccionar.»

La buena noticia es que los departamentos de A&B tienen un potencial de mejora enorme precisamente porque parten de una gestión frecuentemente mejorable. Los hoteles que han abordado este trabajo con rigor han logrado incrementos de entre 8 y 15 puntos en su margen de A&B en un plazo de doce a dieciocho meses, sin grandes inversiones en infraestructura ni cambios radicales de concepto. Solo con método, datos y las decisiones correctas en el orden correcto.

 

 

 

 

 

Más información: linkers.es