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¿TE VIENES DE BRUNCH ENTRE VIÑEDOS?

Siete tapas, tres vinos y una terraza privada frente a los viñedos de Baigorri. La experiencia del verano que no deberías perderte en Rioja Alavesa.

 

 

Hay planes que lo tienen todo: el escenario perfecto, la hora perfecta, el acompañamiento perfecto. Y luego está este. Despertarse un martes de julio, cruzar Rioja Alavesa con las ventanillas bajadas y aparecer en Bodegas Baigorri justo cuando el sol todavía no aprieta y el aire todavía huele a lo que huele el campo antes de que apriete el calor. Eso es, exactamente, lo que propone el Brunch entre viñedos.

La idea es tan sencilla como irresistible: sentarse en la terraza privada de una de las bodegas más icónicas Euskadi, con los viñedos desplegados ante ti y empezar a disfrutar… Siete tapas. Tres vinos. Dos horas que no querrás que terminen.

Baigorri no es una bodega cualquiera. Es esa construcción que te hace parar el coche, sacar el móvil y preguntarte quién pudo diseñar algo tan bonito en medio de un paisaje que ya es bonito de por sí. Y ahora, además de las visitas y las catas, abre sus puertas —y su cocina— a un formato de mañana lenta que lleva tiempo siendo tendencia en las grandes capitales europeas pero que aquí, entre cepas de Tempranillo y Viura, adquiere una dimensión completamente diferente.

El menú, adaptable a alergias e intolerancias, está pensado para que cada tapa sea un momento especial con el vino que la acompaña. No se trata de comer y beber por separado: se trata de entender por qué un sorbo cambia cuando lo que tienes en la boca acaba de cambiar. Esa pedagogía placentera, esa forma de aprender sin darte cuenta, es quizá lo más valioso de la propuesta.

Y después de cada tapa, nada te impide levantarte, caminar por los viñedos y volver a la mesa. Porque eso también está incluido: el paseo entre las cepas, ese contacto con la vid que hace que el vino que luego te bebes sepa, de algún modo inexplicable, mucho mejor.

Se puede vivir este momento de martes a sábado hasta el 29 de agosto, a partir de las 11:00, con un aforo de hasta 35 personas. El precio de esta experiencia por persona es de 55 euros. Un brunch que en cualquier terraza urbana te puede costar incluso más, aquí disfrutas de la mejor enogastronomía frente a un horizonte poblado de viñedos, en un edificio que es un icono de la arquitectura sostenible.

Rioja Alavesa lleva años dejando claro que el enoturismo no es solo visitar bodegas: es vivir el vino desde adentro. Este brunch es, quizá, la mejor prueba de ello.

Más información:

www.visitriojaalavesa.com
https://www.rutadelvinoderiojaalavesa.com

VINO DEL CONDADO Y GASTRONOMÍA MARINERA PARA CONOCER EL ‘SUR AUTÉNTICO’

 

Hay destinos que convencen despacio. El Condado de Huelva es uno de ellos. No llega de golpe, no busca impresionar al primer vistazo. Se abre poco a poco, propio de quien sabe lo que tiene y no necesita demostrarlo. Entre copa y copa, entre bodega y bodega, el viajero va cediendo sin darse cuenta. Y en el centro de todo, está el vino. Pero no solo el vino: está esa alianza casi instintiva entre lo que crece en la tierra onubense y lo que sube del Atlántico. Un maridaje que nadie planificó y que sin embargo lleva siglos funcionando, con la solidez tranquila de lo que no necesita justificarse.

Para entender los vinos del Condado hay que empezar por la uva. La zalema ocupa el 86% de las plantaciones y es, para quien llega sin referencias previas, una revelación. Blanca y autóctona, su nombre suena a cosa menor y sin embargo en el vaso dice mucho. Los vinos jóvenes que produce tienen una frescura limpia, casi vegetal, con recuerdos de manzana verde y un apunte floral que no llega a empalagar. Son vinos de mesa en el sentido más honrado del término: pensados para beber acompañados, más que para ser analizados.

Las bodegas que trabajan esta variedad llevan generaciones haciéndolo, y eso se percibe. Por ejemplo, en Bodegas Juncales, en Bollullos par del Condado, las naves de crianza con sus botas de roble transmiten esa mezcla de tiempo acumulado y trabajo callado que es muy difícil de imitar. Algo parecido ocurre en Bodegas Oliveros, en la misma localidad, o en Bodegas Contreras Ruiz, en Rociana del Condado, donde la cercanía a Doñana parece haberse colado de algún modo en los vinos, dándoles una textura tranquila, casi mineral. Bodegas Privilegio del Condado, con su gran nave de arcos de medio punto y paredes que parecen pensadas para durar siglos, merece también una visita sin prisa.

El territorio que sostiene todo esto se extiende entre viñedos, marismas y pinares, bajo un clima que combina inviernos templados con veranos calurosos y siempre con el Atlántico cerca. No es casualidad. Es precisamente esa geografía la que permite que la zalema dé aquí lo que no daría en otro sitio: los vinos D.O.P del Condado de Huelva.

A menos de una hora, el océano. Y es aquí donde el viaje gana otra dimensión.

La costa onubense es una despensa extraordinaria. Sus aguas producen gambas blancas de un sabor que desconcierta, langostinos de carne prieta, coquinas que concentran el sabor del mar en un bocado diminuto y chocos que, en la plancha, con apenas un chorro de aceite, se convierten en uno de los argumentos más sólidos de la cocina marinera.

El choco a la plancha con una copa de zalema joven y seco es un maridaje natural que funciona de maravilla. El vino no protagoniza, no interfiere: limpia, refresca y deja paso al siguiente bocado. Las coquinas, que se comen con los dedos y con muy poco más que ajo, aceite y perejil, necesitan exactamente eso: un blanco que no las tape. La zalema lo entiende de forma natural.

Los arroces marineros son otra conversación. Cuando llevan carabineros, cuando el caldo es oscuro e intenso y el conjunto pesa en el plato, la zalema joven se queda corta. Entonces es el momento de los blancos con más recorrido, esos que han reposado en cemento o en madera y han salido de ahí con más cuerpo, aromas de fruta madura y un final que se extiende.

Y para quien prefiere tinto, el Condado también tiene respuesta. Con syrah, tempranillo, cabernet sauvignon o merlot se elaboran vinos que no rehúyen el pescado de carácter. Un atún de almadraba de Isla Cristina a la plancha, con toda su grasa y su rotundidad, admite perfectamente un tinto joven del Condado servido algo fresco, eso si. Es una de esas combinaciones que hay que probar sin prejuicios. Los salmonetes, la corvina, el rodaballo, el lenguado: cada pieza tiene su pareja en esta tierra. Encontrarla es parte del placer del viaje.

El vino naranja: una historia con nombre propio

Si hay un vino que resume el carácter del Condado de Huelva, ese es el Vino Naranja. No es una moda ni una ocurrencia reciente. Su historia arranca en el siglo XIX, cuando Bodegas del Diezmo Nuevo de Moguer ya lo comercializaba con gran acogida. Juan Ramón Jiménez lo dejó escrito en Platero y yo con una imagen que no ha envejecido: una copa que se derrama «como un corazón generoso».

Se elabora macerando cortezas de naranja en alcohol vínico durante al menos seis meses. Después, el vino aromatizado envejece en barrica por el sistema de criaderas y soleras un mínimo de dos años. El resultado tiene un aroma que no se parece a nada conocido: cítrico, cálido, con matices especiados que aparecen despacio. Va bien con los postres, sí. Pero también con un buen jamón ibérico de bellota de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Esa combinación tiene la lógica caprichosa de las parejas que nadie entiende del todo pero que a todos les parecen evidentes en cuanto las ven juntas.

Despacio, que merece la pena

El Condado no se visita con prisa. Es un territorio para ir parando, para preguntar en las bodegas, para comer lo que llegó esa mañana del mar y beber lo que la última cosecha dio de sí. Bollullos, Rociana del Condado, La Palma del Condado, los alrededores de Doñana, la playa de Mazagón con el Parque Nacional al fondo. Cada pueblo añade algo al conjunto.

El Condado de Huelva no figura (todavía) en los grandes itinerarios enoturísticos, y quizás eso sea parte de su valor. Tiene algo que no se improvisa: una forma de recibir sin aspavientos, una gastronomía que no se ha inventado para los visitantes y un maridaje entre tierra y mar que lleva siglos construyéndose solo, sin que nadie tuviese que diseñarlo.

 

 

 

Más información: www.turismohuelva.org

 

 

UN PLAN PARA DISFRUTAR DE RIOJA ALAVESA DE UNA FORMA DIFERENTE: SUBIRSE AL ENOBUS

Dos fechas en mayo, 16 y 30, y un recorrido por bodegas, centros de interpretación y wine bars que recuerda, por si alguien lo había olvidado, que Rioja Alavesa es mucho más que una etiqueta.

 

 

Hay viajes que se planifican con meses de antelación, y luego está el Enobus: te subes a las nueve de la mañana en Bilbao —o a las diez en Vitoria, o a las diez y media en Labastida si ya vas afinando— y dejas que otro conduzca. Y que otro decida. Y que Rioja Alavesa haga el resto. El Enobus no es un autobús turístico al uso. No hay micrófono chirriante ni guía señalando edificios desde la ventana. Es otra cosa: toda una jornada diseñada para que conozcas el territorio desde dentro, con visitas a bodegas que tienen algo real que contar, degustaciones que saben de verdad y la libertad de callejear por Laguardia o Labastida cuando el programa te lo permite. Tú decides dónde comes. Tú decides cómo lo maridas. El enobus te lleva y te trae. Lo demás es tuyo… Y en mayo hay dos oportunidades de subirse.

16 de mayo: la ruta de Aduna, Las Orcas y Casa Sodupe

La primera salida te lleva a tres paradas que, juntas, forman una especie de retrato completo de lo que es este territorio cuando se esfuerza por mostrarse tal y como es.

Arranca en Bodegas Heredad de Aduna, en Samaniego, con visita y cata incluidas. Aduna es el tipo de bodega que te hace entender por qué la gente deja las ciudades los fines de semana: trabajo honesto, vinos que hablan del lugar donde nacen, y una forma de recibir que no tiene nada de protocolo y sí mucho de hospitalidad genuina.

Después, el Centro de Interpretación Casa Sodupe en Navaridas. Aquí no se viene solo a aprender: se viene a entender. La historia del vino en Rioja Alavesa tiene capas que no se ven en las etiquetas ni en las fichas de cata, y este espacio las pone al alcance de cualquiera sin necesidad de tener un máster en enología.

El remate, en Bodegas Las Orcas (Laguardia), toma la forma de degustación en su wine bar. Las Orcas lleva años siendo uno de esos secretos que los que saben no comparten demasiado, precisamente para que siga siendo un secreto. Copa en mano, con Laguardia medieval como telón de fondo: no hay mucho más que pedir.

30 de mayo: la ruta de Bello Berganzo, Izadi y Villa-Lucía

La segunda fecha dibuja un recorrido diferente, con una personalidad propia que justifica perfectamente repetir si te quedaste con ganas el 16.

La mañana empieza en Bodegas Bello Berganzo (Samaniego), donde la degustación en el wine bar tiene ese punto íntimo de los proyectos familiares que han decidido hacer las cosas despacio y bien. No buscan ser los más grandes. Buscan ser los más precisos. Y se nota en el vaso.

De ahí al corazón de Villabuena de Álava, donde Bodegas Izadi ofrece visita completa y cata. Izadi es una referencia consolidada, de esas que no necesitan presentación pero que cada vez que la conoces en persona confirman por qué se ganaron la reputación que tienen. La arquitectura de la bodega ya merece el viaje.

El cierre, en Villa-Lucía (Laguardia), es puro espectáculo en el mejor sentido: el Centro Temático del Vino más conocido de la comarca convierte el aprendizaje en algo que roza el entretenimiento, sin dejar de lado el rigor. Cuentan el vino como si fuera una historia, porque lo es.

Cincuenta y cuatro euros (por jornada) por ocho horas con transporte, guía, visitas, catas y degustaciones. El Enobus tiene aforo limitado y el único esfuerzo que te pide este plan es decidir a qué fecha subirte. Aunque si nos preguntan, la respuesta correcta es: a las dos.

 

 

Más información:

www.visitriojaalavesa.com
https://www.rutadelvinoderiojaalavesa.com

ÁLAVA RINDE TRIBUTO PÓSTUMO A JUAN MANUEL LAVÍN, UN REFERENTE DEL ENOTURISMO EN RIOJA ALAVESA

Su visión innovadora y su capacidad para anticiparse a nuevas formas de desarrollo turístico han sido reconocidas de manera unánime por el sector.

 

 

La Diputación Foral de Álava ha decidido otorgar su máxima distinción, la Medalla de Álava, a título póstumo, a Juan Manuel Lavín Santamaría. Este reconocimiento, aprobado por el Consejo de Gobierno Foral a propuesta del diputado general, Ramiro González, busca honrar una vida dedicada a la excelencia en la hostelería y al posicionamiento estratégico de la Rioja Alavesa como un referente internacional. Con este galardón, la institución alavesa no solo premia una carrera profesional, sino que reconoce la figura de un «embajador infatigable». Lavín, nacido en Vitoria-Gasteiz en 1963 pero profundamente vinculado a Laguardia, fue un visionario que supo entender, antes que muchos otros, que el vino no era solo un producto, sino una cultura y un destino en sí mismo.

El recorrido empresarial de Lavín comenzó en 1986 con la apertura del restaurante Altair, el primer paso de una expansión constante que siempre mantuvo la calidad y el territorio como ejes vertebradores. Su nombre quedará indisolublemente ligado a Villa Lucía, en Laguardia, un espacio que transformó en el corazón de la enogastronomía local y en un laboratorio de experiencias turísticas vanguardistas.

Entre sus logros más destacados se encuentra su presidencia en la Ruta del Vino de Rioja Alavesa, donde profesionalizó la promoción de la comarca. También es destacable su empeño por acercar la cultura del vino al público general a través de proyectos pedagógicos y de ocio; además de su capacidad para anticipar tendencias turísticas y su apuesta innegociable por el producto local.

Un homenaje íntimo en su tierra

Aunque este año la Medalla de Álava también ha sido concedida al prestigioso cirujano Mikel Sánchez —cuya entrega se celebrará este 28 de abril durante la festividad de San Prudencio—, la Diputación ha querido que el homenaje a Juan Manuel Lavín tenga una entidad propia.

Por expreso deseo de la institución y en consenso con la familia del empresario, el acto de entrega se realizará de forma diferenciada en la propia Rioja Alavesa. Será un encuentro específico en la tierra que Lavín tanto amó y promocionó, en una fecha que se concretará próximamente para celebrar el legado de un hombre que enseñó a mirar el viñedo con ojos de futuro.

 

 

 

 

 

Más información en: reservas@villa-lucia.com o en el teléfono 945.600.032.

MARQUÉS DE RISCAL ACOGERÁ EN ABRIL EL XVI FORO DE ENOTURISMO DE RIOJA ALAVESA

La XVI edición del Foro de Enoturismo reunirá los días 16 y 17 de abril a los principales expertos en sostenibilidad, inteligencia artificial y mercados premium.

 

 

Rioja Alavesa reafirma su liderazgo en el turismo de valor con la celebración de la XVI edición del Foro de Enoturismo. El encuentro está dirigido a profesionales del sector turístico, vitivinícola y gastronómico, así como a todas aquellas personas interesadas en la evolución del enoturismo. Tendrá lugar en el emblemático escenario de Bodegas Marqués de Riscal los próximos 16 y 17 de abril y se presenta bajo una premisa pragmática: «Del dicho al hecho… y cómo conseguir mejorar el trecho».

Este foro se consolida como el espacio de vanguardia donde el sector vitivinícola y turístico convergen para abordar los desafíos de la digitalización y la identidad territorial. A través de un programa que combina el rigor técnico con la visión estratégica, el evento busca dotar a los profesionales de herramientas tangibles para evolucionar hacia un modelo de negocio más competitivo y auténtico. A lo largo de las dos jornadas en las que se divide el foro, se abordarán temas clave como la construcción de experiencias con identidad de marca; el impacto de la sostenibilidad y la agricultura ecológica; la aplicación de la inteligencia artificial al enoturismo, nuevas formas de comunicar y comercializar el producto turístico y gastronómico; o la evolución hacia propuestas más premium y diferenciadas. Todo ello orientado a reflexionar, compartir y avanzar en torno a los retos actuales del enoturismo, siempre desde un enfoque práctico.

La jornada inaugural del jueves 16 de abril pondrá el foco en la base del producto y la innovación tecnológica. Tras el análisis del marco normativo ecológico en Euskadi, Ángel Amurrio (Entheos Bio) profundizará en el impacto de la viticultura biodinámica. La mañana continuará con la mesa redonda ‘Construyendo nuevos organismos vivos’, moderada por Javier Caballero (1900 Kelvin), en la que participarán Teresa Martínez (Bodega Aiurri), Ricardo Peñalba (Finca Torremilanos) y Raúl Ripa (Bodegas Quaderna Vía).

El bloque estratégico contará con Natalia Zapatero, experta en identidad de marca, y Adela Pereira (CEO de Álvar), quien desgranará el potencial de la Inteligencia Artificial aplicada a la captación y fidelización en el enoturismo. La sesión de tarde explorará el éxito del oleoturismo con la ponencia ‘Mucho más que aceite ecológico. Cómo venderlo…’, a cargo de Ana Sánchez (Fundación Juan Ramón Guillén) y una conversación exclusiva sobre la excelencia dirigida por Javier Caballero con la participación de Genevieve McCarthy (CEO de Cellar Tours).

El viernes 17 de abril la comunicación y el segmento de lujo cobrarán protagonismo. Alberto Granados (GastroPlanet) abrirá la sesión analizando la narrativa del producto gastronómico y los viajes. Posteriormente, McCarthy y Granados se unirán a Edorta Lamo, chef del restaurante Arrea! (Estrella Michelin y Estrella Verde), para debatir sobre las claves de venta del turismo premium y las posibilidades de este segmento en la actualidad.

Porque el futuro del enoturismo en Rioja Alavesa se construye entre todos. Y empieza aquí, en este foro. Más allá de una cita anual, el Foro de Enoturismo es una herramienta para seguir impulsando el desarrollo del territorio desde el conocimiento, la colaboración y la innovación.

Todos aquellos interesados en asistir al foro pueden inscribirse aquí.

 

Más información:

enoconocimiento.com
rutadelvinoderiojaalavesa.com

¿SABÍAS QUE LA COOPERATIVA DEL VINO MÁS GRANDE DEL MUNDO ESTÁ EN TOMELLOSO?

A veces, para entender hacia dónde va el mundo del vino, hay que bajar a una cueva o detenerse frente a un viejo arado de madera. En Tomelloso, la Cooperativa Virgen de las Viñas es mucho más que una empresa; es una maquinaria que combina la tecnología más vanguardista con un respeto casi sagrado por la memoria de quienes levantaron esto a pulso.

Donde empezó todo: del lagar al museo

Si las paredes hablasen, las del viejo Lagar de 1962 tendrían mucho que contar. Fue la primera construcción de la casa y hoy, lejos de ser un rincón olvidado, alberga un museo etnológico que es pura nostalgia. Allí se guardan los aperos, los carros y los arados que usaron las generaciones pasadas. No es solo una colección de utensilios de trabajo clásicos; es un homenaje a la artesanía de una época donde el campo se trabajaba con sudor y mucho esfuerzo.

Pero la historia no se queda en las vitrinas. La cooperativa ha rehabilitado recientemente sus cuevas excavadas en piedra caliza. Son lugares que te transportan cien años atrás, al origen de la riqueza vitivinícola de la zona. Ampliarlas es la mejor forma de homenajear a quienes las picaron a mano. Hoy, ese magnetismo entre lo antiguo y lo nuevo atrae a unos 9.000 visitantes al año.

¿La más grande del mundo? Depende de cómo se mire

Hay quien dice que en California hay una cooperativa más grande, pero tiene truco: es una unión de colectivos de segundo nivel. Para muchos expertos, Virgen de las Viñas es, por derecho propio, la cooperativa de primer grado más grande del planeta.

Lo que empezó en 1961 con 17 pequeños agricultores es hoy un gigante que gestiona 20.000 hectáreas de viñedo. Pero más allá de los números, lo que impresiona es el impacto social. Hablamos de más de cien empleados fijos que reciben formación continua y de una apuesta por la cultura que pocos se atreven a replicar. En 2011 inauguraron el Museo de Arte Contemporáneo Infanta Elena, demostrando que el vino y el arte contemporáneo maridan perfectamente.

El salto tecnológico: 2026 y más allá

Desde 2005, la bodega entró en una espiral de modernización que no parece tener techo. No se trata solo de producir más, sino de producir mejor para cumplir con lo que pide el mercado internacional.

De hecho, la demanda es tal que la bodega está en plena fase de ampliación. El proyecto suena a ciencia ficción comparado con los carros del museo: un almacén inteligente, nuevas líneas de embotellado, placas solares y una tecnología de concentrado de mostos de última generación.

Crecimiento por convicción

La expansión de Virgen de las Viñas no es solo ladrillo y maquinaria; es también unión. Tras absorber a Bodegas San José, San Gregorio y la Almazara de Tomelloso, la cooperativa sigue abierta a nuevas fusiones. El objetivo es claro: fortalecer el sector y asegurar que el nombre de Tomelloso siga sonando con fuerza en todo el mundo.

Es esa mezcla de orgullo por el pasado y ambición por el futuro lo que hace que esta cooperativa sea un referente. Aquí se innova cada día, pero se hace sin soltarle la mano a la tradición. Porque, al final, el mejor vino es el que sabe de dónde viene.

 

 

 

Más información: https://visitatomelloso.com/