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¡VEN A CELEBRAR EL DÍA INTERNACIONAL DEL YOGA EN FORMENTERA!

Formentera y yoga es un binomio sólido. Esta disciplina goza de muchos seguidores en la isla, lo que la convierte en un destino muy apetecible para todos los amantes del bienestar holístico.

 

 

El Día Internacional del Yoga se celebra el 21 de junio, fecha promulgada por la ONU para concienciar a la población sobre los beneficios de practicar esta disciplina holística de bienestar que trabaja, de una manera integral y equilibrada, todas las áreas del ser humano respetando los ciclos de la naturaleza. Con motivo de esta celebración, un año más, el Consell Insular de Formentera ofrece una serie de actividades dirigidas por reputados profesionales del mundo del yoga, que garantizará una experiencia de paz y armonía sin igual para todos sus asistentes.

 

Formentera ha reforzado año tras año su papel como referente del yoga a nivel internacional. Sus rincones de ensueño, sus escuelas de yoga y esa aura fácilmente identificable con el bienestar holístico, hacen de la isla un destino soñado en el que dedicar unos días a la meditación, la contemplación y la introspección.

 

Por ello, el Consell Insular de Formentera celebrará el próximo 21 de junio una velada muy especial. Bien temprano, a las 06:15, Anna Reig, profesora internacional de yoga, dirigirá una meditación a la salida del sol. Reig propone una contemplación del amanecer con baño de sonido y meditación del corazón espiritual, sintiendo quien es uno mismo. El escenario… inmejorable: ¡El Faro de La Mola!

 

Por la tarde, a las 19:30, la terraza de la Cofradía de Pescadores, en La Savina, será el lugar elegido para una clase especial de yoga frente al mar con Eva Oller, profesora internacional de yoga. Oller nos invitará a disfrutar de una clase especial de yoga fluido frente al mar, acompañada por la música en vivo de DJ Kion y un baño sonoro a cargo de José Manuel Martínez, pianista y alquimista musical,  que guiará nuestra práctica a un nivel muy profundo.

 

Además, es de obligado cumplimiento escaparse para perderse por una isla repleta de sorpresas. La pequeña de las Pitiusas esconde tesoros increíbles que el viajero podrá descubrir a medida que se adentre en sus pueblos, sus calas, sus rutas verdes, sus faros… Lo que empieza siendo un retiro espiritual para practicar yoga y encontrar el ansiado equilibrio mente/cuerpo, puede acabar siendo una experiencia integral que cambie la concepción de aquellos que aún no conocen (o creían conocer esta pequeña joya del Mediterráneo…

 

 

 

 

 

Más información: www.formentera.es

 

DISFRUTA DEL ÚLTIMO PASEO PRIMAVERAL POR FORMENTERA

 

 

 

Formentera es un paraíso, si, ¡pero un paraíso floral! Eclipsado por sus playas y calas de aguas cristalinas (su más evidente reclamo veraniego) la menor de las Pitiusas es también un Edén por descubrir. Porque, más allá de su salvaje belleza, la isla atesora una variadísima flora autóctona arropada en una diversidad de zonas que combinan sus atractivos paisajes con la observación de especies únicas. Aunque ahora van apeteciendo los chapuzones, pasear por ella permite al visitante admirar sabinas retorcidas por el viento o bosques de pinos pero también enebros, romeros, brezos, tomillos, amapolas, margaritas, gladiolos, campanillas de las dunas, azucenas de mar, limoniums, eneas, carrizos … ¡e incluso delicadas y románticas orquídeas!
Porque Formentera… también es bella en primavera.

 

La naturaleza de Formentera se presenta de manera tan austera como privilegiada. Con la precipitación media más escasa de Baleares, la vegetación de la menor de las Pitiusas es capaz de mostrarse ante el visitante con todo su esplendor. Y de manera muy especial en primavera cuando estas joyas naturales han empezado a brotar como por arte de magia.

 

Adentrarse en los bosques de Formentera, dominados por sabinas y pinos, es también descubrir otros estratos herbáceos dignos de admirar. En lugares donde las condiciones del suelo permiten mayor densidad y desarrollo, aparecen las máquias (arbustos de altura entre 50 cm y 4 metros) e incluso especies como el madroño. En los de menor densidad hay mayor diversidad de especies, como el romero, el brezo, las jaras o los aromáticos tomillos. La presencia de encinas es testimonial. La Mola y Cap de Barbaria son las zonas donde los hábitats forestales se encuentran mejor representados. Estos ecosistemas forestales son esenciales tanto para retener el agua de las lluvias como para servir de refugio a la fauna silvestre.

 

Mención aparte merecen las orquídeas. Alcanzan una gran extensión y, por su importancia y fragilidad, están catalogadas como Hábitat de Interés Comunitario Prioritario por la Directiva de Hábitats. En Formentera existen 17 especies autóctonas. Crecen solo en suelos inalterados y bajo condiciones muy particulares. Y son conocidas por sus estrategias de polinización, basadas en el ‘engaño’ a determinados insectos.

 

Parte importante del suelo de Formentera está dedicado a la agricultura, con la higuera (símbolo de la isla) y la vid como cultivos más extendidos. También pueden verse almendros, algarrobos y olivos. Una interminable lista de plantas de preciosa floración primaveral llenan de aromas y colores los paisajes agrícolas y caminos interiores: amapolas, caléndulas, margaritas, gladiolos… También muchas plantas silvestres que crecen en la isla han sido utilizadas tradicionalmente por sus propiedades medicinales o culinarias. Como el ‘tomillo cabezudo’ (para elaborar licor de hierbas), las ‘collejas’ (verdura que es ingrediente principal de un plato autóctono, el cuinat, típico de Semana Santa) o el ‘hipérico’ (con el que se elaboraba un aceite de importantes propiedades curativas y cicatrizantes).

 

Las playas de Formentera acogen algunos de los sistemas dunares mejor conservados de las Baleares, como en Ses Illetes, Cavall d’en Borràs, Levante, Migjorn o s’Alga (en la isla de s’Espalmador). Incluyen una parte sumergida –los arrecifes que se forman por las praderas de Posidonia oceánica– y una parte emergida, las plantas que crecen sobre las dunas, con sus raíces profundas, retienen el sustrato arenoso y fijan estas dunas. Ellas albergan diversas comunidades de plantas, como la ‘rubia marina’, el ‘rábano de mar’, la ‘campanilla de las dunas’ o la ‘azucena de mar’. Y sobre las más alejadas del mar se asientan las sabinas.

 

Los saladares son un hábitat de gran singularidad donde crecen especies únicas. En Formentera se ubican en las inmediaciones de las salinas (estany Pudent, estany des Peix o las salinas Ferrer y Marroig) y en la pequeña laguna de s’Espalmador. Aquí aparecen diversas especies endémicas, como ‘Limonium formenterae’, ‘Limonium wiedmanni’ o ‘Limonium gosii’. Y en el Camí des Brolls, además de su Ruta Ornitológica hay algunas zonas de vegetación ligada al agua dulce, como eneas o carrizos.

 

Casi un 30% de las plantas catalogadas pertenecen a las comunidades litorales. Los tramos rocosos de primera línea de costa presentan vegetación más empobrecida. La más extendida es la ‘Limonium minutum’, exclusiva de Balerares, y el ‘Limonium cassonianum’ presenta flores blancas. Acompañando a estas especies suele estar el ‘hinojo marino’. Una buena representación de los hábitats litorales está en pequeños islotes como s’Espalmador o es Freus.

 

Los acantilados de la Mola y Cap de Barbaria custodian especies vegetales de gran valor naturalístico, como el ‘palmito’, única palmera autóctona de este territorio, en zonas inaccesibles de punta de sa Creu. La Mola es rica en endemismos, como la ‘Saxifraga corsica subsp. cossoniana’, diminuta planta de flores blancas. Pero es precisamente el endemismo el que genera encanto por su rareza. En Formentera hay más de una veintena de plantas endémicas.

 

¡Disfruta de el último paseo primaveral para descubrir una Formentera que no conocías!

 

Más información: www.formentera.es

¡UNA RÍA DE FIESTAS Y FERIAS PARA NO DEJAR INDIFERENTE A NADIE ESTE VERANO!

Ría da Estrela propone un sinfín de propuestas y planes únicos para descubrir este rincón de Galicia desde una perspectiva más lúdica y distendida. Pequeños y grandes tienen cabida en este carrusel…

 

 

Historia, patrimonio cultural y natural, una gastronomía de impresión… ¡Y fiestas! En la Ría da Estrela los veranos están marcados por una agenda de eventos pensados para todo tipo de públicos. Desde las fiestas patronales y romerías de toda la vida, pasando por ferias medievales singulares, los conciertos de jazz o arpa, algunos más cañeros y fiestas horteras… Sí, has leído bien, ¡HORTERAS! El lado más festivo de la Ría se descubre este verano. Hay para todo el mundo, así que nadie se escaqueé.

 

Medievales, celtas, náuticas o religiosas, nunca pueden faltar las ferias.

Tras la gran aceptación de la primera edición, este año se repite la ‘Feira Náutica do Freixo’, en Outes. Los próximos 28, 29 y 30 de junio, el evento gira en torno a dos objetivos principales: una parte profesional dirigida principalmente a la visibilidad, la promoción y el volumen de negocios de los profesionales y las empresas vinculadas al sector; y una parte divulgativa, dirigida a dar a conocer y promocionar el sector.

Por su parte, Muros celebra la XIX de las Jornadas de cultura mariñeira ‘Muros mira ao mar’, del 5 al 7 de julio. Son unos días perfectos para difundir entre todos los vecinos y visitantes la socialización y puesta en valor del patrimonio material e inmaterial de la cultura del mar. Tres jornadas de  charlas, concursos, visitas guiadas, pasacalles, obras de teatro, talleres infantiles, un mercado mariñeiro, degustaciones gastronómicas, obradoiros y exposiciones.

Hoy en día casi todos los pueblos tienen feria medieval, pero es que lo de Noia es otro nivel. Este año celebra el 25 aniversario de la ‘Feira Medieval’, del 12 al 14 de julio, y lo hará con tres días de música y diversión, a cargo de juglares, bufones y malabaristas. Tampoco faltarán las actividades destinadas al disfrute de público de todas las edades; torneos y luchas de caballeros, desfiles, pasacalles musicales y teatrales, talleres en vivo, una zona infantil para los más pequeños…

Acabando julio, es momento de viajar aún más atrás en el tiempo para sumergirse en el periodo celta. Porto do Son celebra su ‘Feira Celta’, una oportunidad única de presenciar exhibiciones de luchas y combates; de tomar algo en las tabernas; disfrutar la animación musical y con los personajes mitológicos.

Y ya por septiembre, la mejor forma de despedir el verano es hacerlo en Tállara, Lousame, con las Fiestas de San Roquiño. ¿Una curiosidad? Probad a ir esos días a comer allí. Si sois amantes del cordero, estáis de suerte, ya que todo el mundo, restaurantes y bares incluidos, hacen cordero esos días. Un cordero sensacional, con unas patatitas doradas, unos pimientitos, un buen vino… ¡Insuperable!

El último fin de semana de septiembre es de obligada visita la Romería de San Campio en Ourente, Outes. Cientos de romeros, atraídos por el poder que se le otorga al santo de curar el ‘mal cativo’, es decir, los problemas relacionados con la cabeza, hasta el punto de que las zonas de aparcamiento habilitadas por la organización de los festejos resultan escasas y los coches toman las márgenes de pistas y caminos.  Pero no todo es rezar, ¿eh? También hay música, gastronomía y animación para los sanados por el santo… y para los que no, también.

Fiestas estrafalarias para gente poco corriente.

Si hay una fiesta que enorgullece a los habitantes de la Ría, son sus Carrilanas de Esteiro, en Muros. Están declaradas fiestas de interés turístico Nacional y este año se celebran del 19 al 21 de julio. Decenas de coches fabricados a mano y movidos por la propia inercia bajarán a toda velocidad por una cuesta de 2,5 km para deleite de los asistentes, que podrán disfrutar de la originalidad de los ‘ingenieros’ de tan curiosos artefactos.

Desde hace 22 años, en Porto do Son se rinde homenaje a lo ‘hortera’, así sin medias tintas. Carreras de tacones, concurso de playback, conciertos y pasacalles donde todo el mundo puede sacar sus peores galas y vestirse de ‘mamarracho’ para reírse a carcajadas de uno mismo, algo muy necesario en estos tiempos. La Festa Hortera, a principios de agosto, es una oda a lo bizarro, con grandes e imprescindibles dosis de humor para que grandes y pequeños disfruten de un fin de semana gamberro.

En Noia, cada mes de agosto se celebra ‘Ponte un Sancosmeiro’. Es un precioso sombrero artesanal, emblema de la ciudad. Este año, el 24 de agosto, coincidiendo con la festividad de San Bartolomé, los visitantes podrán disfrutar de talleres de elaboración de estos sombreros, conciertos, bailes regionales y gastronomía.

No puede faltar un poco de música.

En la Ría da Estrela los festivales están a la orden del día. Nadie se queda fuera. El Rompetiño Jump Festival, del 5 al 7 de julio en Porto do Son, combina a la perfección música urbana con actividades deportivas paralelas a las musicales, como BMX o Skate. Una cita imprescindible para la ‘chavalada’.

Los rockeros de toda la vida no pueden faltar al Castelo Rock, en Muros, que celebra su vigésima edición el 26 y 27 de julio. La acampada es gratuita y durante el evento se desarrollarán actividades paralelas en la calle para disfrute de los asistentes. El ambientazo y buen rollo está más que garantizado, como es costumbre en festivales de este calibre.

Quienes prefieren un ambiente más sosegado, escuchando una música armoniosa y melódica, pero que no huya de sonidos como el jazz, soul o rock, siempre eligen el Noia Arp Fest, del 8 al 10 de agosto. Artista de reconocido prestigio nacional e internacional se dan cita en un evento único, en escenarios de excepción.

Días después, la misma Noia cambia de tercio y se sumerge de lleno en el mundo del jazz. Los más entendidos del género acuden para escuchar algunas de las propuestas más interesantes del panorama jazzístico en una cita pensada para los seguidores y para los neófitos que están empezando a adentrarse en el mundillo. Jazz Noia como plan, no tiene rival…

 

Más información: www.riadaestrela.com

BAROÑA, UN VESTIGIO FASCINANTE DE LA HISTORIA DE LA RÍA DA ESTRELA

Una de las postales más codiciadas por los viajeros que se adentran a conocer este fabuloso rincón de Galicia. La más alta de las rías baixas esconde rincones como este museo al aire libre.

 

 

El castro de Baroña es uno de los emblemas de la Ría da Estrela. Un tesoro vivo que permite, en un paseo entre los restos de sus murallas y sus viviendas, dar un salto secular en el tiempo, a la Edad de Hierro entre los siglos I a.C y I d.C. Su buen estado de conservación y los hallazgos en las sucesivas excavaciones han arrojado un poco de luz sobre cómo era la vida en tan recóndito lugar. Hoy en día, Baroña es uno de los pocos castros conservados basados en una economía básicamente marítima y recolectora, en el que además, ya se intuía un respeto y sentido de responsabilidad por las especies marinas, antes de que conceptos como la sostenibilidad estuvieran tan vigentes como hoy en día.

 

 

A medida que descendemos por el sendero que nos lleva la playa, llegamos a advertir una pequeña, pero imponente península (punta do Castro) delimitada por lo que en otra época fue una férrea muralla. El castro de Baroña, en el municipio de Porto do Son, es una ciudad en miniatura que en su tiempo fue perfectamente funcional, ya que hasta se encontraron restos de anzuelos y aparejos de pesca, así como restos de un horno en la zona norte del poblado donde se desempeñaron actividades relacionadas con la metalurgia y la minería.

 

 

El porqué de la elección de este emplazamiento para establecer un castro se deduce a simple vista. La disposición de la ponta do Castro otorgaba una defensa natural con el mar a la espalda y permitía centrar la defensa en la muralla que protege el istmo. Un foso de unos 60 metros de largo por 4 de ancho y una profundidad de unos 3 metros guarecían a unos habitantes que ocupaban viviendas circulares u ovaladas sin ventanas, protegidas a su vez por una segunda línea defensiva compuesta por piedra o arena.

 

 

De lo que también se debe percatar el visitante, es de la parte más alta del castro, donde se localiza un rincón singular que por sus características algunos estudiosos creen que podría tratarse de una especie de santuario. Sin embargo, no hay evidencias sólidas que lo certifiquen. Eso sí… ¡Qué vistas! La inmensidad del Atlántico de un lado. De otro, la bella estampa de las playas de Baroña y de Area Longa, dos arenales de unos 500 metros cada uno que, aunque separados por rocas, han acompañado al castro todo este tiempo conformando un verdadero reclamo para todos los buscadores de postales ávidos de un momento, de un instante como la caída del arco iris caminando por la playa de Baroña con la vista puesta en el horizonte, más allá del castro.

 

 

Sostenible por naturaleza, en la Ría de Muros Noia el concepto sostenibilidad ya estaba latente siglos antes de que este término se repita hoy en día de forma constante como un mantra. En las excavaciones arqueológicas ya se pudo vislumbrar que siglos atrás los habitantes respetaban las especies marinas, pues solamente se encontraron restos de bivalvos adultos, lo cual denota la importancia, el respeto y el sentido de responsabilidad en aquella época.

 

 

Gracias a las obras de rehabilitación iniciadas en 2012, hoy en día podemos disfrutar de uno de los rincones más genuinos de la Ría da Estrela. Un paseo por la historia, por el origen de una tierra y unas gentes que se han adaptado al entorno sin apenas alterarlo. De la cultura castrexa se ha escrito e investigado muchísimo, pero para los espectadores de a pie, no hay duda de que es un monumento de una belleza y un cierto halo de misticismo que lo hacen aún más atractivo.       

 

         

Más información: www.riadaestrela.com  

GORBEIA, EL CORAZÓN VERDE DE EUSKADI

Hay quien desconoce que a tan solo 20 minutos de Bilbao y de Vitoria-Gasteiz se esconde un paraje repleto de rincones únicos. Un lugar donde naturaleza, gastronomía, patrimonio y cultura confluyen brindando al viajero un muestrario de experiencias singulares en las que todo lo que hace maravillosa a una tierra como Euskadi lo tienes a tu alcance para vivirlo en una escapada.

 

Si bien territorialmente está repartido en tierras de Álava y Vizcaya, el Gorbeia es uno y además es único. Este Parque Natural, compartido por dos comarcas: la de Arratia-Nerbioi, en Vizcaya; y la Cuadrilla de Gorbeialdea, en Álava, es un reclamo para los amantes del senderismo y el cicloturismo. Con rutas adaptadas a todos los niveles y necesidades, solo queda preparar bien el calzado, la mochila, o engrasar bien la cadena de la bicicleta para dejarse llevar por un paisaje y un entorno espectacular. Con Gorbeia Bira, Bike Tour, tenemos kilómetros y kilómetros de puro disfrute. Para los amantes de la bici de carretera, puertos como los de Bikotzgane y Dima, además del tránsito por carreteras de baja densidad de tráfico que encontrarán en la zona de Zárate, Manurga y Etxaguen. Para aquellos que se decanten por la bici de montaña, 93 kilómetros para disfrutar de las encantadoras localidades de Murgia, Legutio y Otxandio. También el embalse de Urrúnaga, el Humedal de Saldropo, el bosque de las Burbonas, etc. Incluso podrán visitar el Centro de Interpretación del Parque Natural de Gorbeia en Sarria y el menhir de Kurtzegan. Y como plato fuerte, la cumbre de Gorbeia, una experiencia única que te recompensará con vistas impresionantes y una sensación de logro incomparable.

Caminar por Gorbeia no tiene desperdicio. Rutas cortas, medianas o largas para todo tipo de niveles, pero un denominador común: disfrutar del paisaje, de la historia y de una tierra con tesoros inimitables. Hayedos sacados de un cuento, donde el sonido de la naturaleza crea una bella atmósfera; cascadas vertiginosas como la de Gujuli, que con sus 100 metros de caída asegura una fotografía de valor incalculable; embalses y humedales de gran importancia ecológica y que nada tienen que envidiar a los grandes lagos de las películas; el silencio sobrecogedor de un monasterio centenario, el Santuario de nuestra señora de Oro, la mejor atalaya desde la que dominar el pulmón verde de Euskadi.

No es solo la naturaleza lo que hace de Gorbeia un destino sorprendente. Dentro de este entorno natural hay un patrimonio, una historia de siglos reflejada en cada elemento arquitectónico, en cada casa torre y cada palacio que refleja las disputas y entresijos de las relaciones entre los linajes y las familias nobles que habitaron Gorbeia. Como muestra, unos conjuntos medievales históricos, muchos de ellos declarados “conjunto monumental” por el Gobierno Vasco. Aunque también es posible contemplar la huella que ha dejado el ser humano en sus paisajes con las construcciones para oficios de gran importancia para el entorno rural como los caleros, molinos y canteras.

Lo rural, en Gorbeia es sinónimo de esencia, de raíces, de origen. Oficios como la alfarería vasca tradicional, la apicultura, el pastoreo, la quesería y por su puesto la micología, son actividades que han dotado de identidad a esta tierra. En Gorbeia el viajero no asiste como mero espectador, lo vive. Puede buscar setas acompañado por expertos. Puede crear un katilu con sus propias manos en un taller artesano. Puede enfundarse un mono de apicultor y extraer el mismo la miel de un panal. Puede aprender el oficio de pastor y a relacionarse con los perros que ayudan a desarrollar tan ancestral oficio.

 

Y es por esa esencia rural tan presente en Gorbeia, que su gastronomía tiene un marcado y reconocido carácter y sabor. El caserío, proveedor de sabor con su larga lista de productos, es el hilo conductor de una gastronomía sencilla, humilde, pero a la vez genuina y sabrosa. Productos como el queso, elaborado a partir de la leche de oveja latxa; las sidras, cervezas y el txakoli artesanal; verduras y hortalizas frescas de la huerta; el pan, la leche y los huevos, recolectados a diario a la manera tradicional; o la carne procedente de animales criados en total libertad y de forma ecológica, en armonía con la naturaleza y las costumbres; con la misma ilusión y profesionalidad de siempre. Todos los ingredientes indispensables para conformar una gastronomía reconocible, llena de sabor y de tradición.

Gorbeia, que en torno a un monte con el mismo nombre despliega todo un abanico de experiencias, de vivencias y recuerdos imborrables, es ante todo un territorio en el que sus gentes abren sus brazos para recibir a todos aquellos decididos a dejarse llevar por un enclave de inusitada belleza. El corazón verde de Euskadi late, siente y vive por su gente para que sean los mejores prescriptores del auténtico tesoro que tienen ante sí cada día y lo transmitan a los viajeros que aún no saben lo que les queda por descubrir de esta maravillosa tierra…

 

 

 

 

 

 

 

DESCUBRE LOS ENCANTOS DEL HOTEL VALL DE NÚRIA

En pleno corazón de los Pirineos se alza majestuoso un edificio donde los visitantes experimentarán sensaciones únicas en un lugar con un aura especial.

El Hotel Vall de Núria es un refugio enclavado en un valle mágico. Un destino singular que solo se alcanza tras unos minutos de emocionante recorrido subidos en un tren cremallera. Una vez allí encontraréis un edificio donde descansar en sus 75 habitaciones, o en sus 20 apartamentos. También tendréis la oportunidad de degustar productos de km 0 en cualquiera de sus restaurantes, con propuestas para todos los paladares.

 

Situado a más de 2.000 metros de altitud, los visitantes podrán encontrar un edificio con años de historia. A principios del siglo XX, tras la inauguración de la iglesia en el año 1911, se construyó un hotel que a día de hoy todavía se conserva.

 

El Hotel Vall de Núria es un oasis de tranquilidad que invita a los viajeros a una experiencia inolvidable. Accesible únicamente a través del tren cremallera, este destino ofrece la posibilidad de escapar del bullicio de la ciudad y adentrarse en un mundo de serenidad y belleza natural.

 

Este complejo hotelero está formado por 75 habitaciones completamente equipadas; 4 suites y 10 habitaciones familiares superiores que ofrecen un ambiente cálido y elegante, un remanso de paz en plena naturaleza. Otra de las opciones que ofrece este alojamiento son sus 20 apartamentos, con una capacidad máxima de 6 personas, están completamente equipados para hacer de vuestra estancia algo singular.

 

Por otro lado, el hotel cuenta tres salas recién reformadas con un aforo máximo de 50 personas, que resultan ideales para organizar reuniones y pequeños actos. Una sala enfocada a reuniones, y otra con disposición de aula, que se puede unir o crear eventos separados, ya que el sonido puede diferenciarse. También, en la parte baja del hotel, encontraréis un auditorio con 140 butacas.

 

En cuanto a su gastronomía, este hotel destaca por el uso de producto km 0 que pone en valor los excelentes recursos de la zona. Todos ellos se pueden encontrar en cualquiera de los espacios gastronómicos como el propio restaurante del hotel, la Cabaña del Pastor, el Bar Finestrelles o El Racó de la Vall. Cada uno de ellos cuenta con diferentes propuestas para satisfacer los paladares más exigentes.

 

Además, el edificio de Sant Josep, tras una restauración en la que se ha conservado su exterior y se ha fomentado su integración con el entorno, ha recibido el premio GreenBuilding de sostenibilidad de la Unión Europea. Este galardón es la consecuencia a un diseño cuidado y fundamentado en criterios de máxima cualificación en eficiencia energética, que aseguran un ahorro y optimización energética en todas las instalaciones.

 

 

Para aquellos que buscan aventura y diversión, pero también para quienes necesitan unos días de descanso, este hotel cuenta con un amplio programa de actividades para todas las edades, cuyos huéspedes tienen incluidas en el alojamiento. Los más pequeños de la casa tendrán la oportunidad de aprender y divertirse en el Cau de la Marmota, un espacio lúdico que organiza actividades guiadas para toda la familia.

 

Ya sea en busca de un retiro tranquilo, una experiencia gastronómica o una aventura al aire libre, el Hotel Vall de Núria promete una escapada que no dejará indiferente a nadie.

 

 

Más información: https://hotelvalldenuria.cat/