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THE SUMMIT AT NOVOTEL MADRID CENTER: LA TERRAZA DONDE MADRID ALCANZA SU PROPIA CIMA

Esta azotea va a convertirse en el nuevo punto de referencia del lujo relajado en el skyline de la capital

 

Madrid ha aprendido a vivir hacia arriba. Mientras la ciudad se expande en horizontal, los hoteles que entienden su tiempo han convertido sus azoteas en algo que va mucho más allá de una terraza con vistas: son destinos en sí mismos. Novotel Madrid Center —el que durante décadas fue el Hotel Convención, icono de una forma de entender la hospitalidad urbana— pone nombre a lo que ocurre en su planta más alta. Lo llaman The Summit. Y el nombre, esta vez, no es una promesa vacía.

Un lenguaje propio en las alturas

Hay terrazas que se limitan a poner sillas y una carta de gin tonics. The Summit propone otra cosa. El espacio se articula en torno a un pool bar de vocación mediterránea, con ese ambiente desenfadado que solo consiguen los mejores rooftops europeos. Entre las siluetas de la ciudad, el Torrespaña —el Pirulí, que los madrileños llevan décadas mirando sin terminar de situarlo— emerge como un vecino inesperadamente elegante.

La piscina, de uso exclusivo para huéspedes del hotel, no pretende competir con los grandes resorts; pretende algo más difícil: hacer que el tiempo se detenga en el centro de una capital que nunca lo hace. El ambiente y esa atmósfera de confidencialidad compartida que solo da el privilegio de la altura construyen un microclima propio, ajeno al ruido del centro de Madrid, que late apenas unos pisos más abajo.

Una carta ‘de altura’

Lo que más llama la atención al revisar las propuestas gastronómicas de Novotel Madrid Center es la coherencia entre ambas cartas: una apuesta deliberada por la creatividad sin renunciar a la accesibilidad. La coctelería del EatBar destila una personalidad propia poco habitual en estos casos: junto a clásicos impecablemente ejecutados —el Negroni con Tanqueray, Campari y Martini Rojo, el Old Fashioned con Bourbon Jim Beam— aparecen creaciones como el Peachy Herb Fizz, que combina ginebra, zumo de melocotón, lima y San Pellegrino en una propuesta refrescante y de temporada que revela una mano con criterio detrás de la barra. El precio fijo de 13 euros por cocktail elimina la ansiedad de la carta y democratiza la experiencia sin abaratarla. En paralelo, la carta de The Summit prolonga esta filosofía hacia la gastronomía con un concepto que promete «sabores que tocan el cielo», una declaración de intenciones que sitúa la propuesta más allá del room service de conveniencia. En ambos casos, la mención a los natural products como sello de identidad añade una capa de actualidad que algunos hoteles no siempre se atreven a asumir con tanta claridad.

El lujo de detenerse

Al anochecer, el espacio se vuelve mucho más apetecible. De día, The Summit es un lugar para el reposo. De noche, es un mirador donde la conversación y los cócteles compiten en protagonismo con el perfil encendido de Madrid.

En un mercado hotelero urbano donde la diferenciación se juega en los detalles, Novotel Madrid Center ha apostado por algo sencillo y difícil a la vez: hacer que sus huéspedes —y sus afortunados visitantes— sientan que han llegado, literalmente, a lo más alto.

EL CORAZÓN DEL CANCIONERO CELEBRA SU VII EDICIÓN CON UNA PROGRAMACIÓN QUE FUSIONA MÚSICA ANTIGUA, TEATRO Y POESÍA

Baena acoge del 18 de junio al 5 de julio un ciclo cultural de referencia en torno al Cancionero de Baena, uno de los grandes tesoros de la lírica medieval hispánica

 

 

Cada verano, en torno al legado del Cancionero de Baena —compilación de poesía lírica del siglo XV considerada uno de los documentos fundacionales de la literatura en castellano—, la localidad cordobesa se convierte en escenario de uno de los ciclos de música antigua más singulares de Andalucía. Del 18 de junio al 5 de julio, la VII edición del programa Corazón del Cancionero despliega una programación que combina conciertos, formación especializada, dramaturgias y poesía en vivo, con la Casa de la Tercia como epicentro artístico.

Un programa construido entre la Edad Media y el presente

La edición de este año articula un diálogo franco entre el repertorio bajomedieval y las expresiones contemporáneas. La columna vertebral del festival son los Cursos de Música Antigua (2 a 5 de julio), en los que docentes de proyección internacional abordan disciplinas de difícil acceso fuera de los grandes centros especializados: cuerda pulsada, viola da gamba, flauta de pico y canto histórico. Una oportunidad de formación excepcional que sitúa a Baena en el circuito de los destinos académicos de referencia para músicos y melómanos.

La ponencia de Clara BejaranoSonidos de la corte de Carlos V en Andalucía: tras la estela del Cancionero de Baena— completa la vertiente académica con una conferencia que traza la estela musical de uno de los períodos más fértiles de la historia hispánica.

Las noches de la Casa de la Tercia

El grueso de la programación de conciertos se desarrolla en la Casa de la Tercia, un espacio cuya arquitectura añade una capa de significado a cada actuación. El 27 de junio, el grupo Sine Nomine presenta El caos y la melancolía, un programa que compartirá escenario con los poetas locales Antonio Rodríguez Navas y Ángela Ortiz Párraga en una de esas veladas en las que la música y la palabra se sostienen mutuamente. El 30 de junio, el festival abre su marco cronológico con un concierto de rap coordinado por Alfredo García Picasso —una de las apuestas más arriesgadas y estimulantes de esta edición—, que demuestra la vigencia del impulso lírico que dio forma al Cancionero.

Los días 2 y 3 de julio, la Escuela Municipal de Teatro de Baena interpreta Gozos, cuitas y enojos del Cancionero de Baena, de Juan Naveros, bajo la dirección de Cristóbal Pérez, en una doble función que sirve de preludio a las actuaciones de Dura Sorte y del reconocido Eduardo Paniagua, dos de las formaciones más sólidas del panorama ibérico de música medieval. El día 4, el grupo Todos los Tonos y Ayres presenta Hijas de la seda, programa que continúa la exploración del repertorio cortesano de raíz hispánica.

La clausura, el 5 de julio en la Casa de la Cultura, reunirá a alumnado y profesorado de los cursos de música antigua en un concierto final que funciona, también, como celebración colectiva del conocimiento compartido.

La celebración de esta séptima edición no es solo un hito para el municipio: es la consolidación de un modelo de turismo cultural que pone en valor un patrimonio literario e histórico excepcional sin sacrificar la calidad artística ni la profundidad del discurso. El visitante que se acerca a Baena durante estas semanas no encuentra una recreación ni un espectáculo de consumo fácil. Encuentra un festival que trabaja con rigor, en espacios cargados de historia, con intérpretes que conocen el repertorio desde dentro.

El Corazón del Cancionero es, en suma, una razón de peso para visitar Baena en verano.

 

Más información enhttps://baenaturismo.com/  www.baena.es

¡PASA UN VERANO MIRANDO AL CIELO DE FORMENTERA!

La menor de las Pitiusas consolida su posicionamiento en el astroturismo con un ciclo de observaciones públicas y gratuitas desde enclaves patrimoniales y naturales únicos.

 

 

 

 

El Consell Insular de Formentera, en colaboración con la Associació Astronòmica de Formentera, brinda a los aficionados la programación de su aclamado ciclo de divulgación «Formentera: Mira al Cel 2026» (Mira al Cielo). Esta iniciativa de turismo experiencial y sostenible invita tanto a residentes como a viajeros a descubrir la pureza y nitidez del firmamento balear a través de una serie de noches de observación astronómica guiadas con telescopios de alta resolución.

Reconocida en 2023 como Destino Starlight por la fundación que lleva el mismo nombre, Formentera puede presumir de las óptimas condiciones de sus cielos nocturnos y su compromiso frente a la contaminación lumínica: Por ello, Formentera ha diseñado un calendario que distribuye sus actividades en dos icónicos enclaves geográficos y patrimoniales de la isla, adaptando la experiencia según el fenómeno celeste protagonista: Molí Vell de la Mola (Especial LUNA), un emblemático molino de viento tradicional; el Centre d’Interpretació Can Marroig (Especial ESPACIO PROFUNDO). La elección de ambos no es para nada casual, pues tienen entornos increíbles que potencian la experiencia y permiten disfrutar del inmenso y limpio cielo estrellado de la isla de manera inolvidable.

Las fechas para disfrutar de ‘Formentera Mira al Cel’ son:

Molí Vell de la Mola (Especial Luna)

  • Domingo, 21 de junio.
  • Martes, 21 de julio.
  • Viernes, 21 de agosto.
  • Lunes, 21 de septiembre.

Centre d’Interpretació Can Marroig (Especial Espacio Profundo)

  • Viernes, 12 de junio.
  • Viernes, 10 de julio.
  • Sábado, 12 de septiembre.
  • Viernes, 9 de octubre.

Naturalmente, al tratarse de una actividad científica al aire libre, todas las fechas se encuentran estrictamente sujetas a variaciones o cancelaciones ligadas a las condiciones meteorológicas y de nubosidad, priorizando siempre la calidad y seguridad de la visualización.

Con el proyecto ‘Formentera Mira al Cel’, la isla reafirma su idoneidad como destino para el turismo ecológico y de naturaleza, un sector en auge que busca experiencias significativas en sintonía con el medio ambiente. La combinación de divulgación científica, observación astronómica y puesta en valor de la arquitectura tradicional balear convierte este plan en un imprescindible para aquellos que quieren disfrutar de un turismo más consciente y sostenible. Un indispensable dentro de la oferta cultural y de ocio nocturno en el Mediterráneo.

Más información: www.formentera.es

 

VITORIA-GASTEIZ SUENA A ROCK & ROLL

El Azkena Rock es la muestra de la polivalencia de una ciudad abierta a sus visitantes y en la que vivir miles de experiencias distintas.

 

 

Si eres un verdadero amante del rock y de los festivales, los próximos 18, 19 y 20 de junio tienes una cita en la ciudad de Vitoria-Gasteiz para vivir una nueva edición de Azkena Rock Festival. El recinto de Mendizabala y toda la ciudad se moverá al ritmo de un cartel electrizante para su vigésimo cuarta edición. Tres días de alto voltaje en los que elegir el Gran Hotel Lakua para descansar será un acierto.

Este mes de junio, Vitoria-Gasteiz se convierte en una parada imprescindible para quienes buscan combinar música en directo, turismo cultural y experiencias gastronómicas inolvidables. Del 18 al 20 de junio, la ciudad acoge una nueva edición del Azkena Rock Festival, uno de los encuentros musicales más emblemáticos del panorama nacional, que este año contará con artistas como el músico francés Carpenter Brut, el veterano del blues Robert Finley, o Black Maracas. Un elenco que se incluye en los más de 50 artistas que pisarán el escenario de este festival entre los que se incluyen Alice Cooper, Social Distortion y The Hives. 

Pero la capital alavesa ofrece mucho más que música. Vitoria-Gasteiz es un destino ideal para una escapada que despierte los cinco sentidos. Un paseo por su Casco Histórico, donde saborear los tradicionales pintxos, te permite conocer una ciudad que conserva su esencia medieval sin renunciar a la modernidad. Lugares como la Plaza de la Virgen Blanca o la majestuosa Catedral de Santa María son solo algunos de los imprescindibles de esta ciudad abierta, tranquila y acogedora.

Y para quienes visiten la ciudad durante el festival encontrarán en el Gran Hotel Lakua una opción de alojamiento perfecta. Este cinco estrellas, ubicado a pocos minutos del centro, ofrece variedad de servicios, como spa, piscina de hidroterapia con vistas panorámicas y tratamientos de bienestar personalizados, ideales para relajarse tras una jornada de conciertos y turismo urbano.

El Azkena Rock Festival es solo una de las muchas razones para conocer Vitoria-Gasteiz. Su amplia oferta cultural, su entorno verde, su excelente gastronomía y la calidez de su gente convierten a esta ciudad en una joya para quienes buscan algo más que un simple viaje.

 

Más información:www.granhotelakua.com

Tlfno: 945 181 000

¿TE VIENES DE BRUNCH ENTRE VIÑEDOS?

Siete tapas, tres vinos y una terraza privada frente a los viñedos de Baigorri. La experiencia del verano que no deberías perderte en Rioja Alavesa.

 

 

Hay planes que lo tienen todo: el escenario perfecto, la hora perfecta, el acompañamiento perfecto. Y luego está este. Despertarse un martes de julio, cruzar Rioja Alavesa con las ventanillas bajadas y aparecer en Bodegas Baigorri justo cuando el sol todavía no aprieta y el aire todavía huele a lo que huele el campo antes de que apriete el calor. Eso es, exactamente, lo que propone el Brunch entre viñedos.

La idea es tan sencilla como irresistible: sentarse en la terraza privada de una de las bodegas más icónicas Euskadi, con los viñedos desplegados ante ti y empezar a disfrutar… Siete tapas. Tres vinos. Dos horas que no querrás que terminen.

Baigorri no es una bodega cualquiera. Es esa construcción que te hace parar el coche, sacar el móvil y preguntarte quién pudo diseñar algo tan bonito en medio de un paisaje que ya es bonito de por sí. Y ahora, además de las visitas y las catas, abre sus puertas —y su cocina— a un formato de mañana lenta que lleva tiempo siendo tendencia en las grandes capitales europeas pero que aquí, entre cepas de Tempranillo y Viura, adquiere una dimensión completamente diferente.

El menú, adaptable a alergias e intolerancias, está pensado para que cada tapa sea un momento especial con el vino que la acompaña. No se trata de comer y beber por separado: se trata de entender por qué un sorbo cambia cuando lo que tienes en la boca acaba de cambiar. Esa pedagogía placentera, esa forma de aprender sin darte cuenta, es quizá lo más valioso de la propuesta.

Y después de cada tapa, nada te impide levantarte, caminar por los viñedos y volver a la mesa. Porque eso también está incluido: el paseo entre las cepas, ese contacto con la vid que hace que el vino que luego te bebes sepa, de algún modo inexplicable, mucho mejor.

Se puede vivir este momento de martes a sábado hasta el 29 de agosto, a partir de las 11:00, con un aforo de hasta 35 personas. El precio de esta experiencia por persona es de 55 euros. Un brunch que en cualquier terraza urbana te puede costar incluso más, aquí disfrutas de la mejor enogastronomía frente a un horizonte poblado de viñedos, en un edificio que es un icono de la arquitectura sostenible.

Rioja Alavesa lleva años dejando claro que el enoturismo no es solo visitar bodegas: es vivir el vino desde adentro. Este brunch es, quizá, la mejor prueba de ello.

Más información:

www.visitriojaalavesa.com
https://www.rutadelvinoderiojaalavesa.com

CORIA, LA CIUDAD QUE EL RÍO ABANDONÓ Y EL TIEMPO NO SE ATREVIÓ A OLVIDAR

Declarada Bien de Interés Cultural, esta Ciudad Episcopal y Nobiliaria de la provincia de Cáceres acumula más de dos mil años de historia ininterrumpida entre Murallas romanas, un Castillo Ducal, una Catedral que tardó tres siglos en completarse y el silencio particular de quien sabe que ha visto pasar demasiadas cosas.

 

Por el norte de la provincia de Cáceres, donde el río Alagón define la vega y el cerro define la ciudad, Coria lleva en pie desde antes de que los romanos decidieran ponerle nombre.  Desde fuera, la Muralla lo dice todo: sillería maciza, veinte torres cuadradas, cuatro puertas.  Una estructura pensada para durar.  Y ha durado.

Lo que más sorprende al viajero que llega por primera vez no es ningún monumento en particular, sino la densidad.  En pocas ciudades de este tamaño es posible caminar por un trazado tan irregular, tan claramente medieval, y tropezar a cada vuelta con algo que pertenece a otro siglo.  Las callejuelas del Casco Histórico, declarado Conjunto Histórico desde mayo de 1993, son un genuino túnel del tiempo.

Los orígenes de Coria se remontan a la antigua Caura, poblamiento vetón del siglo VIII o VI antes de Cristo.  Después llegaron los romanos, que convirtieron el lugar en la ciudad estipendaria de Caurium dentro de la provincia de Lusitania, que pagaba tributos a Roma y aportaba tropas, pero conservaba cierta autonomía interna.  Más tarde, la sede episcopal en época visigoda le dio una jerarquía que sobreviviría al propio Imperio.  Y entre los siglos VIII y XIII, la Madinat-Qüriya musulmana fue disputada sin descanso entre islámicos y cristianos hasta que Alfonso IX de León la tomó definitivamente en 1213.

Cada uno de esos pueblos dejó algo.  Los vetones, el poblamiento primitivo. Los romanos, la Muralla.  Los visigodos, la Diócesis.  Los árabes, el trazado y la reforma de las defensas que ya habían levantado sus predecesores.  Los judíos, su presencia en el tejido urbano.  Y los cristianos, la Catedral, el Castillo y los Conventos.  Coria no es una ciudad con capas: es una ciudad que es sus capas.

La Muralla y el Castillo.

Las Murallas romanas de Coria son de los siglos III y IV, y su estado de conservación resulta llamativo.  Veinte torres cuadradas, cuatro puertas, un perímetro que define todavía hoy el límite de la ciudad intramuros.  En algunos tramos se pueden ver estelas funerarias empotradas en los muros, reutilizadas posiblemente por los constructores romanos con esa lógica pragmática que los caracterizó, o bien por los sucesores que vinieron posteriormente.  Son piedras inscritas que pasaron de marcar una tumba a sostener una muralla, y que llevan así más de quince siglos.

El Castillo del siglo XV mantiene en pie la Torre del Homenaje, trazada por el arquitecto Juan Carrera por encargo del Duque de Alba sobre una fortificación anterior levantada por los Templarios en el siglo XII.  Desde lo alto se ve toda la ciudad y gran parte de la vega del Alagón.  Es el primer testimonio conservado del dominio señorial en Coria, que pasó a manos de la Casa de Alba en 1472: el I Duque, don García Álvarez de Toledo, añadió el Marquesado de Coria a una colección de títulos que no haría sino crecer en los siglos siguientes.

La Catedral, trescientos años de construcción.

La Catedral de Santa María de la Asunción se inició en el siglo XV en estilo gótico-renacentista y no se completó hasta mucho después.  Ese proceso dilatado explica la variedad de estilos que conviven en su interior sin demasiada contradicción: el tiempo fue añadiendo capas, como hace siempre, y el resultado es un edificio que no pertenece a una sola época sino a varias.  Fue construida sobre los restos de un templo románico anterior que, a su vez, lo hizo sobre una basílica visigoda y una mezquita árabe, perteneciendo a la Diócesis de Coria-Cáceres, desdoblada definitivamente en 1957 cuando el obispo Manuel Llopis Ivorra trasladó su sede a Cáceres.  Un golpe que los caurienses, según dicen, aún no han del todo olvidado.

El resto del Conjunto Monumental.

Intramuros, el Convento de la Madre de Dios data del siglo XV.  El Palacio Episcopal fue construido en 1626 y estuvo décadas en semiabandono tras la marcha del obispo, hasta que se reconvirtió en hotel de cuatro estrellas.  La Iglesia de Santiago, del siglo XVI, conserva un retablo manierista e imaginería de los siglos XVI al XVIII.  El Seminario Mayor, edificio del XVII, guarda en su interior los restos de un monumento funerario romano.  La Cárcel Real alberga hoy el Museo de la Ciudad.  La Cárcel Eclesiástica fue erigida en 1760.

Fuera del recinto urbano, un Jardín Botánico completa la oferta patrimonial.  Y a las afueras, el Puente de Piedra renacentista, arquitectura civil de otro tiempo, con el cauce seco desde 1640, año en que una fuerte riada desvió el curso del Alagón de forma natural y definitiva.  El río dejó de pasar bajo el puente hace más de cuatro siglos y aún sigue ahí.

El Alagón ya no roza la falda del cerro sobre el que se asienta la ciudad.  A causa de múltiples desbordamientos en los siglos XVII y XVIII —hay quien atribuye el efecto definitivo al terremoto de Lisboa de 1755— su curso se alejó de forma notable, pero se sigue sin comprender Coria sin el Alagón, ni el Alagón sin Coria.  La presencia del río, aunque lejana, es lo que garantiza la fertilidad de unas vegas que explican por qué tantos pueblos distintos quisieron quedarse aquí.

Los siglos XVII, XVIII y XIX no fueron fáciles.  Las luchas con Portugal, el terremoto de Lisboa —que derribó la cúpula y parte de la torre catedralicia, y mató a nueve personas—, los saqueos durante la Guerra de la Independencia, Coria acumuló golpes y fue entrando en un período de decaimiento que se prolongó durante generaciones.  Hoy, con la llegada del turismo, todavía a cuentagotas, la ciudad parece querer reencontrarse con ese pasado y recibirlo.

Un paseo por el trazado irregular de sus calles intramuros no requiere guía ni mapa urgente.  Requiere tiempo y disposición para detenerse.  Coria no se impone: se descubre.  Y en eso reside, quizás, lo más valioso de lo que tiene.

 

Más información: https://turismocoria.es/turismo/