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EL LUJO SILENCIOSO QUE AYUDA A BAJAR EL RITMO

Frente al mar de la Bahía de Cádiz, Punta Bermeja Premium Beach Hotel propone otra manera de entender los días de descanso

 

 

En cualquier época del año, pero sobre todo en la época estival, el descanso parece medirse en planes, momentos con gente cercana y experiencias. Punta Bermeja Premium Beach Hotel es un alojamiento pensado para la pausa, que ofrece al huésped el privilegio de vivir sin mirar el reloj.

El verano suele mostrar su cara más dulce a quienes disfrutan de playas llenas, agendas repletas de planes al aire libre y momentos para compartir en familia o con amigos. Pero quizá, precisamente en pleno verano, el verdadero lujo sea algo más sencillo: vivir sin mirar el reloj.

Unos días de relajación y desconexión son necesarios para enfrentar la última etapa del año, y recuperar las fuerzas que la rutina se lleva día a día. Para conseguir este objetivo, no hacen falta planes grandiosos o arriesgados. A veces basta con disfrutar sin prisas de una experiencia gastronómica en un restaurante con producto de primera calidad, darse un baño relajante en una piscina privada o contemplar cómo el sol desaparece sobre la bahía mientras el agua de la piscina infinity se funde con el horizonte.

Es precisamente esa forma pausada de entender las vacaciones la que propone Punta Bermeja Premium Beach Hotel, ubicado en El Puerto de Santa María, en pleno corazón de la Bahía de Cádiz. Un enclave que permite disfrutar del paisaje y de la esencia de la costa gaditana, pero también crear una burbuja propia dentro del hotel, donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo.

En Punta Bermeja Premium Beach Hotel, la experiencia comienza desde el momento en que se cruza la puerta de entrada. Los espacios abiertos y luminosos invitan a bajar las pulsaciones y dejar atrás, poco a poco, el ritmo de la rutina.

Las habitaciones amplias, bañadas por la luz natural y con vistas al mar o al pinar, prolongan esa sensación de calma y convierten cada estancia en un refugio desde el que disfrutar del entorno sin prisas. Porque aquí el verdadero lujo no está únicamente en lo que rodea al huésped, sino en algo mucho más difícil de encontrar: tiempo de calidad.

Y ese tiempo se disfruta en los pequeños gestos: alargar una sobremesa, darse un baño sin mirar el reloj, contemplar cómo cae el sol sobre la bahía o, simplemente, no hacer nada. En Punta Bermeja Premium Beach Hotel, cada espacio invita a recuperar ese ritmo pausado y descubrir que, a veces, la mejor forma de viajar es parar.

Para más información:

https://www.puntabermeja.com/es/

ES CARNATGE, UN TESORO QUE FORMENTERA GUARDA AL NORTE

Sin duda, es una de las localizaciones más pintorescas de la isla. Uno de esos rincones que te llevas contigo por siempre, porque parece que está diseñada para el silencio…

 

 

En la costa norte de la isla, la que los formenterenses llaman Tramuntana central, el paisaje renuncia casi por completo a la arena. Aquí no hubo playa que resistiera: las tormentas y la erosión se llevaron por delante los arenales, y lo que queda es un litoral largo, irregular y pedregoso, sin los acantilados que sí definen el este y el oeste de la isla, pero igual de expuesto al embate del mar. Bañarse, salvo en los días de calma absoluta, no es sencillo; hace falta buen calzado y ganas de improvisar, porque la orilla no lo pone fácil del todo. A cambio, quien se anima encuentra fondos transparentes que merece la pena explorar solo por curiosidad.

El nombre tampoco ayuda a hacerlo sonar acogedor. Es Carnatge significa, en desuso, carnario: el lugar donde se depositan los cadáveres. Alrededor de esa palabra ha crecido una leyenda tan repetida como difícil de desmentir del todo: que los naufragios eran frecuentes en este tramo de costa y que, antes de que existieran los faros, se encendían hogueras en las noches de temporal para atraer los barcos hacia las rocas. No eran piratas quienes se beneficiaban del naufragio, sino una población formenterense que sobrevivía, con frecuencia, a saqueos y malas cosechas; el barco encallado se convertía, sencillamente, en el único botín disponible.

Apenas dos kilómetros separan aquí la costa de Tramuntana de su opuesta, Migjorn. El camino que las une —arranca cerca del kilómetro 11 de la carretera, ya cercano al pequeño pueblo de pescadores de Es Caló de Sant Agustí— es asfaltado y tranquilo, flanqueado por casas aisladas, huertos familiares, rebaños domésticos e higueras apuntaladas sobre paredes de piedra seca. Tras una breve zona de bosque, desemboca en Es Arenals, una de las playas más frecuentadas de la isla, y no por casualidad: buen acceso, aguas poco profundas ideales para ir en familia y ese contraste que le da nombre, el turquesa de sus aguas cristalinas contra el blanco de su arena.

Pero quien busca otra cosa —soledad, espacio abierto, la posibilidad de tender la toalla sin nadie alrededor— la encontrará en la propia Costa des Carnatge, también conocida como Platja de Tramuntana: dos kilómetros de largo por apenas treinta metros de ancho, entre las puntas Prima y de sa Creu, con pequeñas ensenadas de arena entre las rocas donde practicar nudismo o nadar en aguas transparentes de fondo arenoso. Comparte tramo con playas como Es Picatxo, Es Quintalar, Racó des Cans, Cala d’en Baster o Punta de sa Palmera.

No hay señalización ni servicio alguno: hace falta agua, un picnic y algo de disposición para caminar por los senderos que nacen en la carretera, a unos cinco kilómetros de Sant Ferran de ses Roques. Quizá sea precisamente esa falta de cartel lo que mantiene baja su ocupación —y lo que la convierte, entre roca y arena, en una de las joyas silenciosas de la isla: la que se descubre por casualidad y a la que, después, se vuelve a propósito.

 

 

Más información: www.formentera.es

TIPS PARA UNA ESCAPADA EN FORMENTERA. LO QUE NO TE PUEDES PERDER

 

 

Prisas, poco margen para detenerse y disfrutar del entorno, la eterna búsqueda de la foto o reel perfecto para compartir en redes y decir “yo he estado aquí y tú no” … Algo que no aplica para Formentera. Aquí se vive a otra marcha en el cuerpo. Si no, haz la prueba: date una vuelta por la Plaça de Sant Francesc a la hora del desayuno y observa la tranquilidad de la gente en las terrazas. Si, es contagioso. Por eso, aquí van unas pistas para que hagas de Formentera el destino prioritario en tu lista de lugares en los que hacer “check”.  

Una vuelta por el Estany Pudent y Ses Salines. Si llegas al puerto de La Savina por la tarde, perfecto, porque en la carretera que conecta esta población con Es Pujols, puedes (o debes) detenerte en el Estany Pudent. Siendo uno de los principales espacios que condensan biodiversidad, a la caída de la tarde es posible realizar algunas observaciones de especias típicas de la zona como los tarros blancos, los flamencos o los zampullines cuellinegros, de los cuales en Formentera se encuentra una de las colonias más importantes de Europa. Muy cerquita está Ses Salines, con su juego de colores violetas y rosas, resplandeciendo como nunca en esta época del año. Fueron declaradas bien de interés cultural, en la tipología de lugar histórico, en 2004.

Si la esencia marinera fuera un pueblo, se llamaría Es Caló de Sant Agustí. Un paseo por el pintoresco puerto natural es un regalo para los sentidos. El olor a sal y a madera de sus varaderos (declarados lugares de interés cultural en 2002) es algo que hay que vivir en primera persona. Rodeado de casas blancas de pescadores, es una parada más que recomendada para reponer fuerzas en cualquiera de sus restaurantes… Una recomendación: pide cualquier pescado fresco del día. Es un acierto seguro, porque aquí lo preparan como nadie.

Una coqueta iglesia levantada por el clamor de un pueblo. La sencilla iglesia de Nuestra Señora del Pilar en la Mola es un claro ejemplo de iglesia-fortaleza del siglo XVIII, que servía tanto de lugar de culto como de refugio frente a los piratas que navegaban por el Mediterráneo. Con sus muros gruesos, encalados en blanco, contrafuertes robustos, techos planos y un porxo lateral, este templo tiene ese ‘algo’ que redondea una visita en El Pilar de la Mola, donde no faltará la instantánea del faro y, si vas un miércoles o viernes de mayo a octubre, un recorrido por su famoso mercadillo.

Imposible elegir una, así que de perdidos al río… ¡Migjorn! Cada playa tiene su aquel, pero esta línea de costa de unos 5 kilómetros al sur de la isla ofrece un montón de posibilidades. Las favoritas suelen ser Ca Marí, es Arenals y es Copinar, sobre todo porque cuentan con un suelo de arena que te permite meterte en el mar con tranquilidad. Pero aquí viene lo curioso, porque las corrientes invernales juegan un papel determinante a la hora de moldear la costa, haciendo que, de un año para otro, la playa en la que estuviste no sea la misma que recuerdas, lo que lo vuelve aún más emocionante.

Lo más llamativo de Formentera es su versatilidad pese a su tamaño. En familia, en pareja, con amigos o a tu aire, da igual. Uno se puede diseñar ‘su isla’ a gusto para dejar ese recuerdo imborrable que te haga querer volver un año más.

 

Más información: www.formentera.es

 

MAR SIN MULTITUDES: LAS PLAYAS DE HUELVA Y EL PLACER DE MOVERSE SOBRE EL AGUA

 

 

Hay costas que se entregan sin condiciones. Las de la Costa Occidental de Huelva son de otro tipo: hay que buscarlas, hay que quererlas un poco antes de llegar, y cuando se está allí se entiende por qué tantos que las descubren no vuelven a mirar de la misma forma el mapa del litoral español. Pocas aglomeraciones, mucho viento y olas de verdad. Un escenario que, en verano, mientras que otros destinos bullen, permanece en una calma que no es abandono sino carácter propio.

Para entender lo que tiene esta franja atlántica hay que empezar por los números, o más bien por la ausencia de ellos. Durante los meses de julio y agosto, cuando las grandes playas del Mediterráneo cuentan sus visitantes por millones y encontrar un metro cuadrado de arena libre se convierte en un ejercicio de paciencia, la Costa Occidental de Huelva ofrece algo que en España empieza a ser un bien escaso: espacio. Las playas de Isla Cristina se extienden sin interrupción durante una docena de kilómetros, bordeadas por dunas y sin apenas edificación. Las de Ayamonte, en Punta del Moral e Isla Canela, miran al Atlántico con esa amplitud que solo da el océano de verdad. Y el litoral de Lepe y Cartaya, separado por el capricho fluvial del río Piedras, guarda aún rincones donde la única compañía posible es el viento.

No es que la gente no lo sepa. Es que, por suerte para quien llega, no toda la gente se ha enterado todavía. El paisaje que rodea estas playas tampoco es baladí. Las marismas del Piedras, la imponente flecha arenosa de El Rompido, los estuarios que se abren hacia el interior con una geometría cambiante con cada marea: todo ello configura un entorno de belleza poco convencional, más cercana a la naturaleza salvaje que al parque temático. Una geografía que, por otro lado, es el escenario perfecto para moverse sobre el agua.

El mar como campo de juego

Las condiciones hacen de esta costa un lugar paradisíaco para los amantes de los deportes náuticos —el viento constante del Atlántico, las corrientes, la amplitud de los espacios—. La vela encuentra aquí un escenario difícilmente mejorable: brisas sostenidas, aguas abiertas y puertos deportivos que ofrecen todo lo necesario para iniciarse o para perfeccionar la técnica sin las prisas que impone lo multitudinario. Navegar a vela en esta costa es, como casi todo lo que sucede en la Costa Occidental, una experiencia que lleva su tiempo y que por eso mismo merece más.

El windsurf y el kitesurf son otras de las grandes razones para venir. El viento que sopla de manera regular sobre este tramo de la Costa de la Luz no es una promesa sino una certeza, y quienes practican estas disciplinas lo saben. Deslizarse impulsado por las ráfagas atlánticas, saltar sobre la ola y sentir la fuerza del océano en las manos es una experiencia que, en este rincón de Huelva, se da con una naturalidad que convierte a los practicantes en habituales. El catamarán, estable y veloz, permite además compartir esa sensación en grupo, combinando velocidad con el aprendizaje pausado de quien tiene tiempo y ganas.

Para quienes prefieren algo más cercano a la superficie, el paddle surf en las aguas de Islantilla se ha convertido en una de las actividades más demandadas del verano. Es accesible, divertida y apta para todas las edades, lo que la convierte en el plan perfecto para familias que quieren más del mar que tumbarse bajo el sol. Y si la propuesta es explorar el territorio desde el agua, el kayak abre una dimensión completamente distinta: remar entre los canales de las marismas de Isla Cristina y Ayamonte es adentrarse en un ecosistema de extraordinaria riqueza donde flamencos, águilas pescadoras y charranes ponen el espectáculo sin que nadie lo haya programado.

Al final del día, cuando el sol cae sobre las marismas y tiñe el cielo de naranjas y malvas que ningún filtro fotográfico ha sabido mejorar, la Costa Occidental de Huelva muestra lo que es. Un territorio que no compite con nadie, que no necesita ser lo que no es y que, precisamente por eso, resulta cada vez más difícil de abandonar. Las playas están ahí, amplias y libres. El viento sopla. El agua espera.

Más información: www.turismohuelva.org

UNA BAHÍA PARA ENAMORARSE

A lo largo de su parque natural, la Bahía de Cádiz se extiende a través de un paisaje complejo y cambiante.
Allí, en el Puerto de Santa María se ubica un resort que combina elegancia y confort.

 

Ubicado en El Puerto de Santa María, en plena Bahía de Cádiz, Punta Bermeja Premium Beach Hotel se presenta como un nuevo referente del turismo en la costa gaditana. Este establecimiento de cuatro estrellas, situado junto a Playa de El Ancla, es una ubicación privilegiada con 172 habitaciones diseñadas para el máximo confort. Un destino pensado para quienes buscan descanso, naturaleza y experiencias memorables frente al mar.

En la Bahía de Cádiz, donde el sol cobra un protagonismo especial y su luz se funde con las aguas del océano Atlántico, se encuentra El Puerto de Santa María. Este enclave, situado en un entorno natural privilegiado, destaca por la diversidad de sus paisajes: marismas, playas, pinares, caños y dunas conforman el refugio perfecto para quienes desean disfrutar de actividades náuticas, paseos en plena naturaleza o largas jornadas de sol y mar.

En este rincón gaditano, el Puerto de Santa María, se alza desde hace unos meses Punta Bermeja Premium BeachHotel. Un alojamiento de cuatro estrellas localizado en la zona de Fuentebravía y a escasos metros de la playa de El Ancla. Esta ubicación permite a sus huéspedes tener las mejores vistas de la bahía, con la ciudad de Cádiz de frente.

En sus 172 habitacionesdoble vista mar, Junior Suite o Suite familiar en las que se ha incorporado piscina privada, los visitantes se sentirán como en casa, puesto que contarán con todas las comodidades. Este alojamiento ha apostado por el confort y la elegancia en cada una de sus estancias.

Esta experiencia se complementa con espacios gastronómicos, como el restaurante Baifora un espacio donde el producto km0 se convierte en platos llenos de sabor que evocan la esencia costera. O, el Bar Terraza El Mirador, donde los huéspedes podrán descubrir una amplia variedad de licores nacionales e internacionales, o un coctel preparado ante sus ojos.

Punta Bermeja Premium BeachHotel ha sido concebido como un auténtico oasis de bienestar y placer. Su spa, gimnasio y zona wellness, junto con una espectacular piscina infinity con vistas al Atlántico, ofrecen el escenario perfecto para relajarse y contemplar inolvidables atardeceres.

 

Para más información:
https://www.puntabermeja.com/es/

¿SIN DESTINO PARA ESTE VERANO?

El Puerto de Santa María, en pleno corazón de la Bahía de Cádiz, os cautivará por sus puestas de sol, playas de arena fina, siglos de historia y una de las mejores gastronomías de la costa gaditana.

 

 

Si estás buscando un destino que combine cultura, historia y tradición, El Puerto de Santa María es una apuesta segura. Su legado monumental refleja el paso de distintas civilizaciones, mientras que sus extensas playas de arena dorada invitan al descanso. En este enclave único, Punta Bermeja Premium BeachHotel se presenta como el alojamiento ideal para disfrutar del destino con calma y todas las comodidades.

Pasear por el casco histórico de El Puerto de Santa María es adentrarse a través de siglos de historia, desde sus primeros vestigios arqueológicos que datan su origen en el Paleolítico Inferior, su vinculación con el comercio de las Indias hasta la Edad Moderna.

Este destino ofrece 16 kilómetros de litoral, playas de arena fina y dorada, en las que disfrutar de horas de sol y agua refrescante, como marco ideal para unos días de absoluta paz y relajación.

Ubicado en primera línea de playa, Punta Bermeja Premium BeachHotel combina diseño contemporáneo y confort para ofrecer una experiencia exclusiva. Sus habitaciones; doble vista mar, Junior Suite o Suite familiar en las que se haincorporado piscina privada, han sido pensadas al detalle para que sus huéspedes descansen como en casa.

Esta experiencia se complementa con espacios gastronómicos, como el restaurante Baifora un espacio donde el producto km0 se convierte en platos llenos de sabor que evocan la esencia costera. O, el Bar Terraza El Mirador, donde los huéspedes podrán descubrir una amplia variedad de licores nacionales e internacionales, o un coctel preparado ante sus ojos.

Punta Bermeja Premium BeachHotel se ha construido en torno a un concepto de bienestar y placer. Tanto en sus espacios de Spa, gimnasio y zona wellness, como en su piscina infinity con vistas al Atlántico donde contemplar el atardecer.

Este verano El Puerto de Santa María se posiciona como uno de los destinos imprescindibles del litoral andaluz, perfecto tanto para una escapada como para unas vacaciones completas que te hagan desconectar por completo.

 

Para más información:

https://www.puntabermeja.com/es/