TRAS LOS PASOS DE JUAN RAMÓN JIMENEZ, EMBLEMA DE LA CULTURA ONUBENSE

Tres paseos entre azulejos, casas y patios para recorrer la Huelva del Nobel que firmó Platero y yo

 

En Moguer conviene caminar despacio y con la mirada a media altura. Junto a un portón, en la esquina de una calle encalada, aparece de pronto un azulejo con unas líneas de Juan Ramón Jiménez, y es como si la calle adquiriera voz propia. El Nobel de 1956 nació en este pueblo onubense en la madrugada del 23 al 24 de diciembre de 1881 y nunca terminó de marcharse de él, aunque la vida lo llevara a Madrid, a Nueva York y al exilio.

El recorrido empieza en la Casa Natal, en el número 2 de la calle Ribera. Entonces era la arteria principal de una villa sin ferrocarril que sacaba su comercio por el río Tinto, y desde el castillete de la azotea el niño veía los campanarios, la marisma y, según contaba él mismo, hasta el mar donde se unen el Tinto y el Odiel. De aquella casa que recordaba como «azul marino» salen buena parte de sus páginas sobre la infancia.

Tres paseos, tres rutas nos impregnan de su patrimonio. El primero nos recorre el municipio a través de los azulejos que jalonan las fachadas con textos y pasajes juanramonianos. El segundo es un recorrido por su Museo al Aire Libre Platero Escultura, donde encontramos capítulos de Platero y Yo esculpidos por las mejores manos del panorama artístico. El tercero es su patrimonio material, sus casas, sus museos y fachadas.

A un paseo de la Casa Natal, en la calle Juan Ramón Jiménez, 10, la Casa Museo Zenobia y Juan Ramón Jiménez conserva su biblioteca y su hemeroteca, los muebles del piso madrileño que dejó atrás al partir al exilio, su mesa de despacho y una vitrina con la primera edición de Platero y yo. En el salón, sobre la chimenea y enmarcado, cuelga el telegrama que le anunció el Nobel. El nombre de Zenobia Camprubí en la puerta fue una petición expresa del poeta. La casa abrió al público en 1958, el año en que él murió.

Y está Platero, claro. El libro nació cuando Juan Ramón regresó a vivir a Moguer, a partir de 1905. Se publicó en 1914 con sesenta y tres capítulos y se completó en 1917 con ciento treinta y ocho. En 2014, al cumplirse el centenario, el pueblo lo sacó a la calle con el museo al aire libre Platero Escultura: el burro de la plaza del Cabildo, el médico Darbón, el Platero cargado de flores de Idilio de abril. No hace falta haber leído el libro para reconocerlos; quien lo ha leído, los reconoce dos veces.

El paseo termina donde casi tenía que terminar. En el cementerio parroquial, junto al crucero del patio de San Pedro, un panteón de granito guarda a Juan Ramón y a Zenobia. Era un lugar que él ya había recreado en su obra y del que llegó a decir que era lo más universal de Moguer. Zenobia murió en 1956, tres días después de conocerse el Nobel; él la sobrevivió dos años, hasta 1958, en Puerto Rico. Hoy descansan los dos en el pueblo al que él nunca dejó de volver con la escritura.

Al desandar el camino, los mismos azulejos se leen distinto. Moguer sigue ahí, encalado y tranquilo, con la luz de la tarde pegada a las fachadas, esperando a quien quiera completar el libro con los pies.

 

 

 

Más información: www.turismohuelva.org

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