LA CATEDRAL DE SANTA MARÍA DE LA ASUNCIÓN DE CORIA, VEINTE SIGLOS DE HISTORIA CONDESADA EN SUS MUROS DE GRANITO

Este majestuoso templo esconde una de las reliquias más importantes de la fe cristiana: El Sagrado Mantel de la Última Cena

 

 

Por el sur de Coria, donde la Muralla romana fijó hace dos milenios el límite de la ciudad, se levanta una mole de granito que reorganiza el paisaje a su alrededor.  La Catedral de Santa María de la Asunción se ve desde lejos y no da lugar a dudas.  Las calles de esta ciudad episcopal de la provincia de Cáceres, estrechas y antiguas, parecen llevarte hasta ella casi sin que te des cuenta, como si la ciudad hubiera sido diseñada para eso. Y en cierto modo, así fue.

Lo primero que golpea al viajero es la escala.  No la ornamentación de otros templos españoles más conocidos, sino algo más austero y, por eso mismo, más difícil de ignorar: la solidez granítica de sus muros, la manera en que la fábrica parece haber crecido sola a lo largo del tiempo, desde finales del siglo XV hasta mediados del XVIII.  Casi trescientos años de construcción.  Varias generaciones de canteros y obispos que pusieron la primera piedra de algo que no iban a ver terminado.

Esa historia larga es, paradójicamente, lo que hace al templo tan singular.  El gótico tardío convive con el plateresco, y los dos aceptan sin demasiado drama los añadidos barrocos que llegaron después.  Los estilos se superponen, sí, pero no como un error: como un registro fiel de lo que fue pasando.

Pero la historia de este lugar empieza mucho antes.  Bajo la Catedral actual hay capas: una basílica visigoda de una diócesis que algunos historiadores sitúan ya en los siglos II o III; una mezquita que tomó el relevo durante la ocupación musulmana; y una catedral románica levantada entre los siglos XIII y XIV de la que apenas queda rastro, salvo una carta del Cabildo de 1498 donde los canónigos la describían, con franqueza notable, como demasiado vieja, baja y pequeña para albergar a la mitad de los fieles.  Había que construir algo nuevo. Y así empezó todo.

Franquear el umbral de Santa María de la Asunción es entrar en un espacio que impone calma antes de que te dé tiempo a decidir si quieres tenerla.  La planta de salón, rectangular y con un crucero estrecho, genera una atmósfera de recogimiento que las grandes catedrales cruciformes no siempre consiguen.  Las bóvedas de crucería estrellada sobre el crucero son geometría pura, y funcionan.  La luz entra filtrada, medida. Los muros de granito absorben el ruido de fuera y lo que queda es silencio.  El tipo útil, no el incómodo.

Capillas, salas y dependencias se articulan alrededor del templo con esa lógica acumulativa de los edificios que han ido creciendo según lo pedía el momento.  Entre todas ellas destaca el claustro, ese espacio de transición que las catedrales españolas han convertido históricamente en algo más que un pasillo entre funciones.  En el de Coria, el paso de la luz a distintas horas del día convierte los arcos y los muros en algo que cambia sin moverse.  Es en este claustro donde se ubica el Museo de Arte Sacro, con siglos de orfebrería, escultura y documentación acumuladas por una Diócesis que ha conocido tiempos de esplendor y de olvido.

Antes de entrar al museo conviene detenerse en la torre campanario, levantada directamente junto a la puerta del Evangelio.  Es uno de esos lugares donde la continuidad histórica se hace física: piedras romanas bajo piedras medievales bajo piedras barrocas.  Todo junto, sin explicación ni cartel necesario.

Y llegamos al objeto que, para muchos visitantes, justifica por sí solo el viaje: el Sagrado Mantel de la Última Cena, custodiado en el Museo dentro de una arqueta barroca de plata, protegido por una bolsa de terciopelo rojo de Damasco tejido en seda.

El Mantel mide 4,42 metros de largo por 92 centímetros de ancho.  Es un lienzo de lino con sencillos adornos geométricos en índigo natural, de ese azul que resiste el tiempo mejor que casi todo lo demás.  Y según la tradición, estuvo sobre la mesa donde Cristo celebró la Pascua con sus apóstoles la noche del Jueves Santo.

Uno puede creerlo o no.  Puede acercarse desde la fe o desde la curiosidad histórica.  Pero algo en la antigüedad del objeto, en su fragilidad y su persistencia simultáneas, impone una pausa que no es del todo religiosa ni del todo laica.  Es el desconcierto de estar frente a algo que ha durado más de lo que debería.

La ciencia ha tomado nota, con cautela.  En 1960, los laboratorios del Museo de Ciencias Naturales de Madrid realizaron los primeros estudios sobre la pieza.  Más recientemente, el profesor John Jackson —director del Turín Shroud Center de Colorado y uno de los investigadores más rigurosos sobre la Sábana Santa— planteó una hipótesis que ha generado conversación: las dimensiones del Mantel de Coria y las del Sudario de Turín guardan una correspondencia que sugeriría que ambas piezas estuvieron sobre la misma mesa.  El Mantel de Coria sería el interior y el más íntimo dando asiento a la vajilla y los alimentos; la Sábana de Turín, el exterior y el usado de sudario de Cristo.

Durante siglos, los obispos de Coria mostraron el Mantel desde el llamado balcón de las Reliquias cada tres de mayo, festividad de la Santa Cruz.  Las aglomeraciones que generaba aquella ceremonia llegaron a ser tales que en 1791 las autoridades eclesiásticas decidieron suspenderla como acto público.  Y así, entre el silencio y el paso del tiempo, la reliquia fue quedándose en una penumbra que no le correspondía.

Hoy, la Catedral de Coria devuelve la reliquia a la luz.  Y el viajero que llega hasta aquí, tras recorrer las calles de esta ciudad episcopal, tras ver la seo crecer sobre la Muralla romana, tras dejarse atrapar por el silencio de las bóvedas estrelladas, se encuentra al final del recorrido ante un trozo de lino antiguo.  Que podría ser simplemente eso. O no. Llevan veinte siglos sin resolver la pregunta…

Sin embargo, tanto el Ayuntamiento de Coria como el Cabildo Catedralicio, pretenden recuperar de nuevo la tradición, como ya se hiciera desde antaño, al objeto de atraer el fervor de cientos de peregrinos creyentes, y también de escépticos, con la finalidad de que tanto la seo como la ciudad cauriense se conviertan nuevamente en epicentro de reclamo y punto de encuentro de devoción espiritual, cultural y de peregrinación dentro del turismo religioso mundial para todos aquellos que se acerquen hasta la milenaria, nobiliaria y episcopal Ciudad de Coria, con el fin de venerar el Sagrado Mantel de la Última Cena; sirviendo en esta ocasión, como anuncio o llamada, la exposición que albergará, de mayo a julio, el Museo Vida de Cristo de Fátima.

Más información: www.turismocoria.es

VITORIA- GASTEIZ CIUDAD DEL DEPORTE TODO EL AÑO

La Gasteiz Cup y la Copa del Mundo de Kyokushin atraerán a cientos de deportistas y visitantes, impulsando la actividad turística y hotelera de la ciudad.

El deporte inundará las calles de la ‘Green capital’ durante los meses de mayo, junio y julio. Competidores y visitantes tendrán la oportunidad de disfrutar de una ciudad que toma vida por momentos durante los meses en los que las elevadas temperaturas favorecen los planes culturales y los planes sociales. Para conocer mejor esta impresionante ciudad, nada mejor que alojarse unos días en el único hotel cinco estrellas de la ciudad; El Gran hotel Lakua. 

La capital alavesa se prepara para vivir un intenso calendario deportivo con la celebración de dos citas de proyección internacional; 2º Copa del mundo de Kyokushin y la Vitoria-Gasteiz Cup, que reunirán a participantes y aficionados de distintos países. Una oportunidad única para conocer la ciudad y vibrar con el deporte.

Los días 5 y 6 de junio tendrá lugar la 2ª Copa del Mundo de Kyokushin, en el Polideportivo Medizorrotza, un evento que congregará a competidores de esta disciplina del karate. De esta forma, una vez más, el deporte pondrá el foco a nivel internacional en una ciudad como Vitoria. Unas semanas más tarde, del 26 al 28 de junio, la ciudad acogerá la Vitoria-Gasteiz Cup, un torneo internacional mixto de fútbol base que volverá a reunir a jóvenes promesas en un gran ambiente.

Otros eventos deportivos destacados serán la Maratón Martín Fiz, que tendrá lugar el próximo 10 de mayo siendo el Gran Hotel Lakua el hotel oficial, y también el Ironmán que se celebrará el 12 de julio.

En este contexto, el Gran hotel Lakua se posiciona como la mejor opción para disfrutar de la ciudad y asistir a los diferentes eventos deportivos. En primer lugar, por su ubicación alejada del centro pero accesible en cualquier medio de transporte en excasos minutos, además el hotel cuenta con un amplio garaje lo que permite a sus visitantes desplazarse sin preocupaciones. En segundo lugar, sus habitaciones ideadas como espacios comodos y luminosos, diseñados para descansar con amplitud. Y por último, sus instalaciones de gimnasio y Spa en los que relajarse y recuperar energía.

Más allá del ámbito deportivo, estas citas permiten a quienes visitan la ciudad descubrir su oferta cultural, gastronómica y natural, reforzando la imagen de Vitoria-Gasteiz como un destino sostenible y preparado para acoger eventos de primer nivel.

Más información y reservas: www.granhotelakua.com

Teléfono: 945 181 000

UN PLAN PARA DISFRUTAR DE RIOJA ALAVESA DE UNA FORMA DIFERENTE: SUBIRSE AL ENOBUS

Dos fechas en mayo, 16 y 30, y un recorrido por bodegas, centros de interpretación y wine bars que recuerda, por si alguien lo había olvidado, que Rioja Alavesa es mucho más que una etiqueta.

 

 

Hay viajes que se planifican con meses de antelación, y luego está el Enobus: te subes a las nueve de la mañana en Bilbao —o a las diez en Vitoria, o a las diez y media en Labastida si ya vas afinando— y dejas que otro conduzca. Y que otro decida. Y que Rioja Alavesa haga el resto. El Enobus no es un autobús turístico al uso. No hay micrófono chirriante ni guía señalando edificios desde la ventana. Es otra cosa: toda una jornada diseñada para que conozcas el territorio desde dentro, con visitas a bodegas que tienen algo real que contar, degustaciones que saben de verdad y la libertad de callejear por Laguardia o Labastida cuando el programa te lo permite. Tú decides dónde comes. Tú decides cómo lo maridas. El enobus te lleva y te trae. Lo demás es tuyo… Y en mayo hay dos oportunidades de subirse.

16 de mayo: la ruta de Aduna, Las Orcas y Casa Sodupe

La primera salida te lleva a tres paradas que, juntas, forman una especie de retrato completo de lo que es este territorio cuando se esfuerza por mostrarse tal y como es.

Arranca en Bodegas Heredad de Aduna, en Samaniego, con visita y cata incluidas. Aduna es el tipo de bodega que te hace entender por qué la gente deja las ciudades los fines de semana: trabajo honesto, vinos que hablan del lugar donde nacen, y una forma de recibir que no tiene nada de protocolo y sí mucho de hospitalidad genuina.

Después, el Centro de Interpretación Casa Sodupe en Navaridas. Aquí no se viene solo a aprender: se viene a entender. La historia del vino en Rioja Alavesa tiene capas que no se ven en las etiquetas ni en las fichas de cata, y este espacio las pone al alcance de cualquiera sin necesidad de tener un máster en enología.

El remate, en Bodegas Las Orcas (Laguardia), toma la forma de degustación en su wine bar. Las Orcas lleva años siendo uno de esos secretos que los que saben no comparten demasiado, precisamente para que siga siendo un secreto. Copa en mano, con Laguardia medieval como telón de fondo: no hay mucho más que pedir.

30 de mayo: la ruta de Bello Berganzo, Izadi y Villa-Lucía

La segunda fecha dibuja un recorrido diferente, con una personalidad propia que justifica perfectamente repetir si te quedaste con ganas el 16.

La mañana empieza en Bodegas Bello Berganzo (Samaniego), donde la degustación en el wine bar tiene ese punto íntimo de los proyectos familiares que han decidido hacer las cosas despacio y bien. No buscan ser los más grandes. Buscan ser los más precisos. Y se nota en el vaso.

De ahí al corazón de Villabuena de Álava, donde Bodegas Izadi ofrece visita completa y cata. Izadi es una referencia consolidada, de esas que no necesitan presentación pero que cada vez que la conoces en persona confirman por qué se ganaron la reputación que tienen. La arquitectura de la bodega ya merece el viaje.

El cierre, en Villa-Lucía (Laguardia), es puro espectáculo en el mejor sentido: el Centro Temático del Vino más conocido de la comarca convierte el aprendizaje en algo que roza el entretenimiento, sin dejar de lado el rigor. Cuentan el vino como si fuera una historia, porque lo es.

Cincuenta y cuatro euros (por jornada) por ocho horas con transporte, guía, visitas, catas y degustaciones. El Enobus tiene aforo limitado y el único esfuerzo que te pide este plan es decidir a qué fecha subirte. Aunque si nos preguntan, la respuesta correcta es: a las dos.

 

 

Más información:

www.visitriojaalavesa.com
https://www.rutadelvinoderiojaalavesa.com

LA TERRAZA QUE MADRID ESTABA ESPERANDO

El Champions Bar del Madrid Marriott Auditorium Hotel & Conference Center reabre su espacio exterior y lo convierte en un oasis elegante a tener en cuenta en la capital. Un lugar donde el tardeo se disfruta como nunca

 

Hay noches en Madrid que se resisten a terminar, y tardes que, con el sol todavía alto, ya prometen algo excepcional. Esa sensación —tan difícil de capturar, tan fácil de reconocer en cuanto se presenta— es exactamente la que ofrece la terraza del Champions Bar en el Madrid Marriott Auditorium. Uno de los mejores hoteles del continente ha vuelto a abrir sus puertas al exterior, y esta vez lo hace con más criterio, más carácter y más ganas que nunca. Un espacio donde el deporte, la gastronomía y la sofisticación se dan la mano sin artificios ni pretensiones.

Situado en la Avenida de Aragón, el Madrid Marriott Auditorium Hotel & Conference Center lleva años siendo un referente para quienes buscan algo más que una simple estancia. Su escala —monumental sin resultar fría— y su obsesión por el detalle han convertido este cuatro estrellas en destino en sí mismo, no solo alojamiento de paso. Y su terraza es la prueba más elocuente de esa filosofía.

El Champions Bar abre cada temporada sus puertas al exterior y lo que se despliega ante los ojos es un espacio de geometría perfecta: diáfano y luminoso durante el día, íntimo y envolvente cuando cae la noche. Las nueve pantallas que jalonan el espacio interior crean un telón de fondo deportivo que convive, con una elegancia nada fácil de lograr, con la sofisticación de una carta de cócteles de primera división. Paloma, East Side, Caroling —nombres que suenan a latitud mediterránea y a playlist de verano— se sirven con esa precisión que distingue a los buenos bármanes de los extraordinarios.

La carta no traiciona las expectativas. Aquí la comida americana de verdad —alitas crujientes, costillas lacadas en barbacoa, hamburguesas con honradez y músculo— comparte espacio con opciones más ligeras, como sus versiones veganas, pensadas para quienes quieren disfrutar sin negociar con su conciencia. Y el jamón ibérico, siempre el jamón ibérico, como ancla de civilización en cualquier terraza que se precie.

Un sport bar que no renuncia a la elegancia

Lo que hace verdaderamente singular al Champions Bar es su capacidad para ser varias cosas a la vez sin traicionar ninguna. Es el lugar donde los aficionados al deporte encuentran el escenario ideal para vivir las semifinales de Champions, los playoffs de la NBA, la Final Four de la Euroliga o el Mundial de fútbol. Pero es también el rincón donde una reunión de trabajo informal encuentra el ambiente exacto, donde una pareja puede tomarse el tiempo sin que nadie apresure la velada, y donde un grupo de amigos puede convertir un miércoles en fiesta sin buscarlo demasiado.

Esa versatilidad es el verdadero activo de este espacio. Cerveza de importación o cóctel de autor: la terraza del Madrid Marriott Auditorium los acoge a todos con la misma serenidad y el mismo estilo. Y eso, en una ciudad tan exigente como Madrid, es mucho más de lo que parece. En horario de 19:00 a 01:00 horas. El tiempo suficiente para que la tarde se convierta en noche sin que uno quiera irse.

Porque al final, las mejores terrazas no son las que tienen las vistas más espectaculares ni las que presumen de una carta imposible. Son las que consiguen que el tiempo pase de otra manera: más lento, más generoso, más consciente de sí mismo. La terraza del Champions Bar del Madrid Marriott Auditorium sabe exactamente cómo hacer eso. Y esta temporada, más que nunca, vale la pena descubrirlo.

 

Más información:

Web MADRID MARRIOTT AUDITORIUM

Avenida de Aragón 400, Madrid.

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Instagram: Madrid Marriott Auditorium (@hotelauditorium)