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BAENA, UN UNIVERSO DE SABOR CON EL ACEITE COMO PRINCIPIO Y FIN DE TODO

Socio fundador de la Red de Pueblos Gastronómicos de España, representa como nadie la esencia de la cocina tradicional cordobesa.

 

 

Baena ejemplifica como pocos pueblos aquello de ‘como en casa no se come en ningún lado’, pues en cada hogar se maneja un recetario con infinitas variaciones de un mismo plato. Es el gusto por la sencillez, el cariño por el producto de aquí y la evidente calidad de la materia prima lo que hace que la gastronomía baenense sea un reclamo turístico por sí solo.

Alerta a navegantes: no hagas ningún comentario sobre aceites de oliva virgen extra de otras regiones sin haber probado el aceite D.O. Baena. Es su orgullo, la base de toda su cocina y presumen de él como nadie. No es exagerado, los premios nacionales e internacionales que han recibido sus caldos dorados lo acreditan. Mojado con pan en un simple platito, es todo un aperitivo gourmet.

En una mesa con familiares o amigos no faltará nunca un buen vino para saborear y brindar por la alegría de disfrutar de un banquete con los seres queridos. Un buen vino de la bodega Jesús Nazareno, ya sea blanco, tinto o dulce, es el aderezo perfecto y esa nota diferente que convierte las comidas en veladas inolvidables, llenas de risas, anécdotas, sabor y alma.

Como en muchos lugares, lo que ha hecho de Baena una gastronomía sorprendente es la evolución natural de la cocina de las abuelas y las madres a verdaderas propuestas de autor, dando nuevos giros y ofreciendo propuestas frescas que dan ese ‘punch’ a la hora de hincar el diente a cualquiera de estas delicias. Por ejemplo, ¿en qué lugar de Andalucía habías visto mojar salmorejo cordobés con unas berenjenas rebozadas? Pues en Baena es un snack de lo más popular. La fiesta sigue con un revoltillo baenense; la sencillez echa plato: espárragos, habas, ajetes, huevo y jamón. Vamos, lo que había en los hogares de toda la vida. Hoy en día es fácil encontrarlo en los restaurantes de la zona, presentado como una verdadera obra de altísima cocina.

Un plato que equilibra adecuadamente la contundencia con el sabor es el famoso empedraíllo. Es una de esas recetas de siempre que esperabas pacientemente en la cocina mientras tu abuela se afanaba en echar a la cazuela el arroz, garbanzos, tomate, pimiento, cebolla, habichuelas, laurel, ajos, azafrán, sal, agua y un generoso chorro de aceite de Baena. Después a esperar, porque todo lo bueno, como en la vida, requiere de su paciencia. La de historias que se habrán contado alrededor de una buena perola de empedraíllo baenense…

Un consejo para los más aprensivos: ¡no fiarse de las apariencias! Si os ofrecen unos buenos ratones, no frunzáis el ceño. Dejad que os presenten estas curiosas brochetas a base de riñones y lomo de cerdo, ensartados de forma alterna, bien fritos y guisados en un delicioso caldo a base de vino, sal, laurel, ajos y cebolla. Para quitarse el susto del cuerpo, nada mejor que una fresca naranja que, a priori, apetece, pero en Baena se queda en nada. Por eso, aquí te las presentan troceadas, con una pizca de agua y aceite de oliva, acompañadas de miel y pan de higo o bacalao, dotando a la creación de un balance exquisito con la acidez de la naranja, la suavidad de la miel y la intensidad del bacalao salado.

Como buena tierra de contrastes y convivencia de culturas, Baena ejemplifica el legado de su herencia árabe a través de una repostería sublime en la que los manoletes, los pestiños o los panetillos de cortijo, pueblan los escaparates de las panaderías junto a las fabiolas o los roscos de vino. Almendra, miel, azúcar, canela y, otra vez más, aceite de la tierra. La sencillez llevada a su máximo exponente, regalando el máximo sabor posible.

Hay un plato, que, si preguntáis a cualquier vecino de la localidad, lo citará como un resorte. Podéis hacer la prueba en vuestra visita, preguntando al primer lugareño con el que os crucéis: el mojete de papas. Cada uno te contará cómo lo preparaba su madre, su tía o su abuela. Oirás una decena de variantes, a cada cual más deliciosa. Quédate con lo importante: este plato se prepara a base de patatas, cebollas, ajo, tomate maduro rallado, pan, pimentón dulce, pimiento choricero, pimiento rojo y verde, agua, huevos, sal y aceite de oliva. Todos los elementos, cocinados con paciencia y bien integrados, conviven con las patatas previamente fritas en un guiso meloso al que, como paso final, se le añaden los huevos para que cuajen perfectamente. ¿El resultado? Mejor aprovisionarse de mucho pan porque hay que mojar y mucho.                                                                       

Más información en:  https://baenaturismo.com/  www.baena.es

SOFISTICACIÓN EN EL CORAZÓN DE LISBOA

El Hotel Dom Pedro Lisboa combina elegancia, vistas privilegiadas sobre la capital portuguesa y una ubicación excelente para descubrir una ciudad diferente.

 

En una de las avenidas más emblemáticas de la capital lusa, el Hotel Dom Pedro Lisboa se alza como un refugio urbano donde el confort, la gastronomía y el servicio de excelencia se fusionan para ofrecer una experiencia única para quienes desean conocer Lisboa por primera vez, o de nuevo.

Lisboa es una ciudad que atrapa al viajero desde el primer momento ofreciéndole infinidad de planes. La capital portuguesa invita a ser descubierta sin prisa, perdiéndose por sus calles y encontrándose en cada plaza, mirador y monumento. Construida sobre siete colinas y bañada por una luz inconfundible, conquista a quien la visita por primera vez.

En este contexto, el Hotel Dom Pedro Lisboa se posiciona como una de las mejores opciones a la hora de alojarse en Lisboa. En primer lugar por su ubicación privilegiada, en pleno centro de la ciudad, a tan solo 7 kilómetros del aeropuerto lo que permite una excelente conexión. Además, cuenta con acceso directo a la autopista que une Lisboa con Cascáis y Sintra.

En segundo lugar, este alojamiento de cinco estrellas tiene a disposición de sus clientes 263 habitaciones y suites diseñadas con una estética contemporánea con detalles de estilo clásico, que aporta calidez a cada estancia.Algunas de ellas ofrecen espectaculares vistas panorámicas sobre la ciudad y  el río Tajo

En tercer lugar, la gastronomía es otro de los grandes atractivos del Hotel Dom Pedro Lisboa. El restaurante IlGattopardo ofrece una experiencia culinaria de alta cocina italiana, con platos que teletransportan a los comensales en un viaje a los sabores más auténticos.

Más allá de sus instalaciones, este alojamiento destaca por un servicio atento y personalizado. Un equilibrio perfecto entre sofisticación y calidez que convierte cada estancia en una experiencia memorable.

Para el viajero que busca autenticidad, confort y una conexión con el destino, el Hotel Dom Pedro Lisboa representa la esencia del lujo en una de las ciudades más cautivadoras de Europa.

 

Para más información:

https://www.dompedrolisboa.com/

lisboa.booking@saviotti.pt

LOS SHERLOCK HOLMES Y WATSON ESPAÑOLES SON DE TOMELLOSO

A través de la Ruta Francisco García Pavón podemos conocer los espacios que sirvieron de escenario para sus populares novelas, pioneras en la narrativa policíaca española

Si hay un escritor que supo plasmar el Tomelloso de su época, es sin duda Francisco García Pavón. Vecino ilustre de la ciudad, plasmó con gran maestría sus calles, su plaza mayor, sus casinos y hasta sus buñolerías llevan décadas siendo algo más que simples lugares: son los escenarios donde Francisco García Pavón situó a Manuel González, el jefe de la Guardia Municipal al que todos conocían como Plinio, el detective más castizo y entrañable de la narrativa policiaca española.

La ruta literaria que recorre los espacios vinculados al escritor nació en 2019, con motivo del centenario de su nacimiento —ocurrido el 24 de septiembre de 1919— y fue impulsada desde la Biblioteca Municipal. La iniciativa partía de una premisa sencilla, pero poderosa: los lugares que García Pavón describía en sus páginas siguen en pie. No hay que imaginarlos. Se pueden recorrer.

El desayuno de Plinio, el mejor comienzo

Cualquier recorrido por el Tomelloso pavoniano debería comenzar como lo hacían los protagonistas de sus novelas: con un desayuno contundente. La buñolería de La Rocío es uno de esos espacios recurrentes en la obra del escritor, donde Plinio comenzaba sus jornadas mojando porras en café con leche, antes de liar un cigarro y enfrentarse al día. El local que durante años ocupó ese papel simbólico es hoy un hotel, pero el ritual persiste en la memoria literaria de la ciudad y en alguna de sus churrerías actuales.

La plaza y sus edificios con historia

El centro neurálgico del recorrido es la plaza de España, donde confluyen varios de los puntos más relevantes. El Ayuntamiento, sede de trabajo del ficticio Plinio, convive con las dependencias actuales de la Policía Local, que ocupan un edificio de larga y agitada historia: antiguo juzgado, casa de arbitrios, escenario de una revuelta popular en 1876 y, finalmente, primer hogar de la Biblioteca Municipal que el propio García Pavón fundó y dirigió a finales de 1953. Entre sus primeros socios figuraron nombres que el tiempo convertiría en referencias de la cultura española, como el pintor y escultor Antonio López García o el poeta Félix Grande.

La Posada de los Portales, también en la plaza, cierra este primer núcleo. Construida en 1778, sus galerías de balaustres torneados y sus columnas toscanas han sobrevivido a siglos de cambios de uso. García Pavón la mencionó en su autobiografía, Ya no es ayer, y hoy funciona como espacio cultural municipal y sede de la Oficina de Turismo.

La calle Independencia y los paisajes de la infancia

La calle Independencia concentra varias capas de la biografía del escritor. En el número 15 nació y creció, y esa casa aparece en multitud de cuentos y novelas como telón de fondo de escenas cotidianas y familiares. A escasos metros, el edificio que desde los años sesenta alberga la Biblioteca Municipal —y que lleva el nombre del escritor desde su fallecimiento en 1990— luce desde el año del centenario un mural que reproduce su figura, obra del artista local Javi López.

Girando hacia la antigua calle Martos, apodada popularmente calle del Infierno, (actualmente conocida como la Calle Pintor Francisco Carretero) aparece otro fragmento de la historia familiar de Pavón: el taller de ebanistería de su abuelo paterno, Luis García, que fue uno de los primeros en introducir la máquina de vapor en el pueblo. El estruendo que salía de aquella carpintería mecánica bastó para bautizar el lugar con ese nombre tan expresivo, que el escritor recogió con precisión y afecto en sus páginas. Enfrente, la casa de dos vecinos reales, Paulina y Gumersindo, dio pie a uno de los relatos más emotivos de su producción cuentística.

La Glorieta y los casinos

La Glorieta de María Cristina, jardín construido en 1902 sobre los terrenos del antiguo cementerio, fue uno de los espacios de juego e infancia del escritor. Hoy alberga el Museo López Torres, dedicado al pintor tomellosero, con una colección permanente de óleos y dibujos. El parque mantiene intacto su carácter recoleto.

El Casino de Tomelloso, antiguo Círculo Liberal, guarda en su interior uno de los vínculos más directos con la familia del escritor: el artesonado de madera y cristal del salón principal salió de los talleres de El Infierno, obra del abuelo de Pavón.

Y, como remate imprescindible, el Casino de San Fernando, el escenario literario por excelencia. Es el lugar donde Plinio y don Lotario, el veterinario, observaban la plaza desde los ventanales mientras el tiempo transcurría con esa cadencia tranquila que García Pavón convirtió en literatura. Cada vez que el escritor volvía a Tomelloso, se le podía encontrar allí, ocupando el mismo lugar que había dado a sus personajes.

Cabe destacar que hay un parque dedicado a las novelas: el ‘Jardín de las Historias de Plinio’, con unas siluetas de los personajes y portadas de las novelas.

La ruta dura poco más de dos horas, pero deja la sensación de haber habitado, aunque sea brevemente, el interior de una novela. Francisco García Pavón fue un pionero en la novela policíaca española, cuyos célebres personajes, Plinio y Don Lotario, tienen una estatua en la Plaza de España, además de una serie emitida en RTVE. Un paseo por estos rincones por los que vivió el autor, es la mejor forma de viajar por las páginas de sus novelas y ponernos en la piel del Sherlock Holmes y Watson españoles.

Más información:
https://visitatomelloso.com/

FORMENTERA JAZZ FESTIVAL, UN PLAN PARA DISFRUTONES QUE VIVEN LA ISLA DE UNA FORMA DIFERENTE

Del 4 al 7 de junio de 2026, el Formentera Jazz Festival convoca de nuevo a los enamorados del género en un evento único, con el mejor escenario posible… En Formentera se respira y se vibra con el jazz.

 

La Plaça de la Constitució de Sant Francesc, Ses Roques, Sa Panxa o el Blue Bar son algunos de los escenarios en los que poder vivir noches absolutamente mágicas escuchando el mejor jazz del momento de la mano de artistas de prim erísimo nivel, tanto emergentes como consagrados, del panorama local, nacional e internacional. En la pequeña de las Pitiusas se vive todo de forma diferente y la música en directo no podía ser menos. Todos los conciertos del programa son gratuitos y no requieren de reserva previa.

La energía, el arte y la música de artistas de todo el mundo se dan cita cada fin de primavera en la bella isla de Formentera. El Formentera Jazz Festival ha nacido de la inquietud artística que la isla siempre ha inspirado en sus habitantes y visitantes. A lo largo de su historia, la isla más pequeña de las Pitiusas siempre ha sido objeto de muchas leyendas, tanto escritas en novelas por escritores famosos —como Jules Verne, entre otros— como por aquellos que la experimentaron en su propia carne durante sus visitas a este rincón de las Islas Baleares (por ejemplo, Gilberto Gil, Pink Floyd o King Crimson en los años 60 y 70).

Con toda esta maravillosa historia artística a sus espaldas, solo era cuestión de tiempo que la isla tuviera su propio festival de música para dar voz a esa creatividad incesante que actúa como un imán para cualquiera que se acerque lo suficiente como para ser testigo de ella.

El Formentera Jazz Festival es, al fin y al cabo, un espacio musical único en un lugar único, con la elegancia y la libertad que significa la música jazz. Situada en un rincón privilegiado del Mediterráneo, será el marco perfecto para que fans del estilo y todos aquellos que quieran disfrutar de un plan diferente vibren cada nota sonora de una suave noche de principios de junio.

Todos los eventos son gratuitos y no requieren entradas ni reservas. Ten en cuenta, eso si, que, tanto en el Blue Bar como en Ses Roques, el acceso será hasta completar aforo.

Elana Sasson Quartet abre el festival en el icónico Blue Bar a las 20.30, en uno de esos escenarios que solo Formentera puede ofrecer: ante el mar, con el cielo tiñéndose de naranja y la brisa salada como fondo musical.

Noche triple en la Plaça de la Constitució de Sant Francesc. Muriel Grossman Quartet ‘abre fuego’ a las 22.00 con su jazz de hondo calado espiritual. Le siguen Momi Maiga a las 23.30, con propuestas que fusionan el jazz con ritmos africanos, y cierra la noche Flow Da Lou a la 01.00, poniendo a bailar a todo el que quede en pie.

La jornada más larga del festival se celebrará el sábado 06. Al mediodía, en Sa Panxa, Maria Gil & Dee Jay Foster ofrecen un aperitivo jazz de lujo a las 13.00. Por la noche, de vuelta a la Plaça de la Constitució, el Vaquer, Fuster, Garcías Quartet abre la fiesta a las 22.00. El plato fuerte llega con el inconmensurable Richard Bona Trio a las 23.30, antes de que Ric Jazzbo & Enrique Malanga pongan el broche de oro a la medianoche.

El festival clausura esta edición con una Jam Session feat. Magdalini Giannikou en Ses Roques a las 20.30. Un cierre mágico tras varios días de música, improvisación y el inconfundible espíritu libre que solo Formentera sabe regalar. Si no tenías muy claro como dar inicio al mes de junio, el plan ya está servido… ¡Formentera Jazz Festival!

 

 

Más información: www.formentera.es

 

ADÉNTRATE EN EL ALGARVE DE UNA FORMA ÚNICA

Una costa que lleva siglos prometiendo lo que siempre cumple, y una cadena hotelera que ha sabido leerla como nadie

 

Hay destinos que funcionan por acumulación: suman playa, sol, gastronomía y patrimonio hasta convencer. El Algarve no necesita sumar. Convence de un solo golpe, con esa luz dorada que cae sobre los acantilados de arenisca como si alguien hubiera decidido que el atardecer debía durar más aquí que en cualquier otro lugar del mundo. Doscientos kilómetros de costa, un centenar de playas, cuarenta campos de golf, una cocina que huele a mar recién sacado del agua y una arquitectura popular —esas chimeneas algarvías de encaje de piedra, únicas e irrepetibles cada una— que le confieren a la región una personalidad irreductible. No es de extrañar que la cadena portuguesa Vila Galé haya elegido este rincón del sur luso para desplegar su propuesta más amplia y variada, con nueve establecimientos que recorren la costa de levante a poniente como si quisieran cartografiar toda la promesa de la región.

Vila Galé Albacora (Tavira). El más singular de todos, sin discusión posible. Este hotel no se construyó: se rescató. Nació de la rehabilitación del antiguo Arraial Ferreira Neto, un asentamiento de temporada donde los pescadores de la Almadraba —la colosal trampa de redes para el atún que aún hoy resulta difícil de imaginar en pleno mar— vivían de marzo a septiembre junto a sus familias. Las casas, los talleres, los almacenes y hasta la panadería conservan su forma original; solo su función ha cambiado. Donde se amasaba el pan hay hoy un núcleo museológico de acceso libre que alberga maquetas, documentos centenarios de la Companhia de Pescaria do Algarve y un vídeo que reconstruye el proceso completo de captura. La capilla sigue en pie, preparada para bodas y bautismos. La antigua escuela de los hijos de los pescadores es ahora el club infantil. Ningún otro hotel del Algarve lleva consigo tanto peso histórico ni lo porta con tanta delicadeza. Sus 161 habitaciones —63 con vistas a la Ría Formosa, protegida como Parque Natural— ofrecen el privilegio añadido de dormir frente a uno de los ecosistemas más frágiles y hermosos de la Península Ibérica. Un barco del propio hotel lleva al huésped en minutos hasta la Isla de Tavira, con sus arenas infinitas. La cocina no podía sino rendir tributo al atún: en el restaurante Versátil, el pez que durante siglos sostuvo la economía de esta tierra sigue siendo el gran protagonista del plato.

Vila Galé Collection Praia (Albufeira). Si el Albacora es memoria, el Collection Praia es presente puro. Cuarenta habitaciones —número deliberadamente contenido— frente a la playa de Galé, con una condición que lo define: solo mayores de dieciséis años. Esta elección no es capricho sino propósito. El hotel está concebido para parejas que buscan privacidad, quietud y un servicio de atención personalizado que difícilmente se sostiene cuando los pasillos se llenan de carritos de bebé y patinetes. El check-in es individualizado, el menú de almohadas espera en la habitación, y el spa Satsanga dispone hasta de sala de yoga. Su restaurante Inevitável —nombre que resulta más programático que irónico— ofrece una cocina gourmet de inspiración mediterránea que justifica, por sí sola, una estancia. El boutique-hotel más intimista de Vila Galé en el Algarve es también el más pensado para quienes comprenden que el verdadero lujo no se mide en metros cuadrados sino en la calidad del silencio.

Vila Galé Lagos. En el extremo más occidental, asomado a Meia Praia, este hotel resuelve de manera brillante una pregunta que pocos se atreven a formular: ¿puede un hotel de playa tener verdadera personalidad estética? La respuesta aquí es que sí, siempre que se llame a diseñadores con criterio. Ana Salazar, Miguel Vieira, José António Tenente y Katty Xiomara —figuras mayores de la moda portuguesa— cedieron piezas originales e imágenes de sus desfiles para vestir los espacios. El resultado es un establecimiento donde cada corredor guarda algo que merece ser observado. La piscina exterior de 1.200 metros cuadrados es una de las más grandes del Algarve, y sus salas de reuniones llevan nombres que son en sí mismos una declaración de intenciones: Versace, Armani, Christian Dior, Coco Chanel. Para el golf, el campo de Palmares —diseñado por Robert Trent Jones Jr.— está a escasos minutos.

Vila Galé lleva décadas entendiendo que el Algarve no es un producto uniforme: es una superposición de historias, paisajes y sensibilidades que exigen respuestas distintas. La triada que forman el Albacora, el Collection Praia y el Lagos ilustra esa comprensión con más elocuencia que cualquier catálogo. Quien elija bien, no solo habrá elegido hotel. Habrá elegido qué versión del sur quiere vivir.

 

 

Mas información: www.vilagale.com

 

CORIA, LA CIUDAD QUE EL RÍO ABANDONÓ Y EL TIEMPO NO SE ATREVIÓ A OLVIDAR

Declarada Bien de Interés Cultural, esta Ciudad Episcopal y Nobiliaria de la provincia de Cáceres acumula más de dos mil años de historia ininterrumpida entre Murallas romanas, un Castillo Ducal, una Catedral que tardó tres siglos en completarse y el silencio particular de quien sabe que ha visto pasar demasiadas cosas.

 

Por el norte de la provincia de Cáceres, donde el río Alagón define la vega y el cerro define la ciudad, Coria lleva en pie desde antes de que los romanos decidieran ponerle nombre.  Desde fuera, la Muralla lo dice todo: sillería maciza, veinte torres cuadradas, cuatro puertas.  Una estructura pensada para durar.  Y ha durado.

Lo que más sorprende al viajero que llega por primera vez no es ningún monumento en particular, sino la densidad.  En pocas ciudades de este tamaño es posible caminar por un trazado tan irregular, tan claramente medieval, y tropezar a cada vuelta con algo que pertenece a otro siglo.  Las callejuelas del Casco Histórico, declarado Conjunto Histórico desde mayo de 1993, son un genuino túnel del tiempo.

Los orígenes de Coria se remontan a la antigua Caura, poblamiento vetón del siglo VIII o VI antes de Cristo.  Después llegaron los romanos, que convirtieron el lugar en la ciudad estipendaria de Caurium dentro de la provincia de Lusitania, que pagaba tributos a Roma y aportaba tropas, pero conservaba cierta autonomía interna.  Más tarde, la sede episcopal en época visigoda le dio una jerarquía que sobreviviría al propio Imperio.  Y entre los siglos VIII y XIII, la Madinat-Qüriya musulmana fue disputada sin descanso entre islámicos y cristianos hasta que Alfonso IX de León la tomó definitivamente en 1213.

Cada uno de esos pueblos dejó algo.  Los vetones, el poblamiento primitivo. Los romanos, la Muralla.  Los visigodos, la Diócesis.  Los árabes, el trazado y la reforma de las defensas que ya habían levantado sus predecesores.  Los judíos, su presencia en el tejido urbano.  Y los cristianos, la Catedral, el Castillo y los Conventos.  Coria no es una ciudad con capas: es una ciudad que es sus capas.

La Muralla y el Castillo.

Las Murallas romanas de Coria son de los siglos III y IV, y su estado de conservación resulta llamativo.  Veinte torres cuadradas, cuatro puertas, un perímetro que define todavía hoy el límite de la ciudad intramuros.  En algunos tramos se pueden ver estelas funerarias empotradas en los muros, reutilizadas posiblemente por los constructores romanos con esa lógica pragmática que los caracterizó, o bien por los sucesores que vinieron posteriormente.  Son piedras inscritas que pasaron de marcar una tumba a sostener una muralla, y que llevan así más de quince siglos.

El Castillo del siglo XV mantiene en pie la Torre del Homenaje, trazada por el arquitecto Juan Carrera por encargo del Duque de Alba sobre una fortificación anterior levantada por los Templarios en el siglo XII.  Desde lo alto se ve toda la ciudad y gran parte de la vega del Alagón.  Es el primer testimonio conservado del dominio señorial en Coria, que pasó a manos de la Casa de Alba en 1472: el I Duque, don García Álvarez de Toledo, añadió el Marquesado de Coria a una colección de títulos que no haría sino crecer en los siglos siguientes.

La Catedral, trescientos años de construcción.

La Catedral de Santa María de la Asunción se inició en el siglo XV en estilo gótico-renacentista y no se completó hasta mucho después.  Ese proceso dilatado explica la variedad de estilos que conviven en su interior sin demasiada contradicción: el tiempo fue añadiendo capas, como hace siempre, y el resultado es un edificio que no pertenece a una sola época sino a varias.  Fue construida sobre los restos de un templo románico anterior que, a su vez, lo hizo sobre una basílica visigoda y una mezquita árabe, perteneciendo a la Diócesis de Coria-Cáceres, desdoblada definitivamente en 1957 cuando el obispo Manuel Llopis Ivorra trasladó su sede a Cáceres.  Un golpe que los caurienses, según dicen, aún no han del todo olvidado.

El resto del Conjunto Monumental.

Intramuros, el Convento de la Madre de Dios data del siglo XV.  El Palacio Episcopal fue construido en 1626 y estuvo décadas en semiabandono tras la marcha del obispo, hasta que se reconvirtió en hotel de cuatro estrellas.  La Iglesia de Santiago, del siglo XVI, conserva un retablo manierista e imaginería de los siglos XVI al XVIII.  El Seminario Mayor, edificio del XVII, guarda en su interior los restos de un monumento funerario romano.  La Cárcel Real alberga hoy el Museo de la Ciudad.  La Cárcel Eclesiástica fue erigida en 1760.

Fuera del recinto urbano, un Jardín Botánico completa la oferta patrimonial.  Y a las afueras, el Puente de Piedra renacentista, arquitectura civil de otro tiempo, con el cauce seco desde 1640, año en que una fuerte riada desvió el curso del Alagón de forma natural y definitiva.  El río dejó de pasar bajo el puente hace más de cuatro siglos y aún sigue ahí.

El Alagón ya no roza la falda del cerro sobre el que se asienta la ciudad.  A causa de múltiples desbordamientos en los siglos XVII y XVIII —hay quien atribuye el efecto definitivo al terremoto de Lisboa de 1755— su curso se alejó de forma notable, pero se sigue sin comprender Coria sin el Alagón, ni el Alagón sin Coria.  La presencia del río, aunque lejana, es lo que garantiza la fertilidad de unas vegas que explican por qué tantos pueblos distintos quisieron quedarse aquí.

Los siglos XVII, XVIII y XIX no fueron fáciles.  Las luchas con Portugal, el terremoto de Lisboa —que derribó la cúpula y parte de la torre catedralicia, y mató a nueve personas—, los saqueos durante la Guerra de la Independencia, Coria acumuló golpes y fue entrando en un período de decaimiento que se prolongó durante generaciones.  Hoy, con la llegada del turismo, todavía a cuentagotas, la ciudad parece querer reencontrarse con ese pasado y recibirlo.

Un paseo por el trazado irregular de sus calles intramuros no requiere guía ni mapa urgente.  Requiere tiempo y disposición para detenerse.  Coria no se impone: se descubre.  Y en eso reside, quizás, lo más valioso de lo que tiene.

 

Más información: https://turismocoria.es/turismo/