SEIS PUEBLOS CON LA COPA EN ALTO: EL ENOTURISMO SEGÚN LA RED DE PUEBLOS GASTRONÓMICOS DE ESPAÑA

Del Cerro de San Antón a las laderas del Narcea, pasando por cuevas, monasterios, museos y cooperativas, la Red propone un recorrido por sus destinos del vino ante el Día Mundial del Enoturismo.

 

Alcázar de San Juan, Tomelloso, Almendralejo, Baena, la Sierra Oeste de Madrid y Cangas del Narcea no comparten mapa, ni clima, ni uva, pero sí una manera de entender el vino como parte del paisaje y de la mesa. Con el Día Mundial del Enoturismo a la vuelta de la esquina, la Red de Pueblos Gastronómicos de España invita a recorrer sus bodegas, sus cuevas, sus museos y sus viñedos, desde los molinos de La Mancha hasta las laderas asturianas donde cultivar la vid exige paciencia y buenas piernas.

El Día Mundial del Enoturismo se celebra el segundo domingo de noviembre, que este año cae el día 8, y la Red llega a la cita con seis propuestas que no se parecen entre sí. Ahí está su mérito. En unos destinos el vino se descubre en un centro de interpretación, en otros bajando a una cueva, ante una copa de cava o paseando entre viñas con quien las trabaja.

Alcázar de San Juan: la memoria del vino bajo los molinos

Antes de hablar de vino, Alcázar de San Juan pide subir al Cerro de San Antón. Es el Mirador de La Mancha, y allí, a modo de torres vigía, se alzan los molinos Rocinante, Fierabrás, Dulcinea y Barcelona, que molieron grano hasta la década de los cuarenta. Dos de ellos pueden visitarse: uno funciona como Centro de Interpretación del Paisaje Manchego y el otro conserva una reconstrucción de la maquinaria original del siglo XVI, donde se celebran moliendas tradicionales en distintas fechas del año.

La ciudad reserva para el vino un espacio propio. El Centro de Interpretación del Vino, sede del Consejo Regulador de la D.O. La Mancha, repasa la historia del vino embotellado con denominación de origen desde su nacimiento hasta hoy. Su rincón más entrañable es el patio manchego, donde descansan prensas antiguas, tinajas de barro, destrozadoras y bombas manuales, y donde una exposición de fotografías anteriores a 1960 muestra cómo se trabajaba en las bodegas y en los viñedos de la comarca.

Tomelloso: el viñedo que no se acaba

Tomelloso lleva siglos con el vino metido en la cultura y presume de pertenecer a la zona vitivinícola más extensa del mundo. Quien se asome a sus campos entiende por qué: hectáreas de viñedo que se pierden en el horizonte. De ese paisaje nacen los lugares que hoy se pueden visitar para conocer cómo se ha cuidado, elaborado y guardado el vino durante generaciones, desde las bodegas tradicionales y las antiguas cuevas-bodega hasta las destilerías, las alcoholeras y los bombos.

Cada año, además, cuando llega noviembre, el municipio dedica todo un mes a programar actividades alrededor del vino. Hay propuestas para disfrutar en grupo, en familia o con amigos, y combinan las visitas a bodegas y cuevas con una agenda cultural pensada para acompañarlas. Es, sin duda, una auténtica experiencia de enoturismo, el destino ideal para quien busca los sabores más genuinos de La Mancha y quiere adentrarse, de paso, en la cultura de una tierra con el vino muy arraigado desde hace siglos.

Almendralejo: entre el tinto y el cava

Almendralejo es una de las zonas vinícolas más importantes de Extremadura. Se asienta en la subzona de Tierra de Barros, dentro de la D.O.P. Ribera del Guadiana, que ampara tintos, blancos y rosados, además de espumosos y generosos. Los tintos de Tempranillo y Garnacha son los más destacados, aunque también se elaboran blancos y rosados.

Pero la ciudad es conocida también como la Ciudad del Cava. Casi todos asocian el cava con Cataluña, y Almendralejo recuerda que la D.O. Cava tiene también casa en Extremadura, donde se elabora por el método tradicional con la frescura, la elegancia y la finura que se le piden. La Ruta del Vino y Cava Ribera del Guadiana presume incluso de un cava cien por cien extremeño. El Museo de las Ciencias del Vino es una buena puerta de entrada, y hace apenas unos días la plaza de Extremadura acogió A Cava en Almendralejo, con catas de cava con jamón y queso. En la mesa, migas, jamón y productos de la huerta maridan con cava.

Baena: tres copas y una sobremesa

Baena, enclave fundamental de la Red de Pueblos Gastronómicos de España, demuestra que su alma gastronómica también se bebe, a sorbos cargados de historia y de tradición. Bajo el cobijo de la Bodega Jesús Nazareno, pilar cooperativo en marcha desde 1963, aguardan tres pasajes líquidos para entender el territorio. El primero es el fino Cancionero de Baena, con ocho años de crianza biológica que le dan matices de regaliz, hoja de tabaco y almendra. El segundo, el Castillo de Baena 2015, es un tinto de Tempranillo y Syrah acariciado por la madera, de personalidad audaz y estructurada.

Para el final queda su mítico PX, la gloria dorada de la casa, untuoso, de uvas pasas, higos y miel, de esos vinos que detienen el tiempo en la sobremesa. Descubrir los caldos baenenses entre salmorejos, ibéricos y largas pláticas es adentrarse en un patrimonio vivo donde la tierra, el sol y la paciencia se funden en una copa.

Sierra Oeste de Madrid: el vino que cultivaron los monjes

En la Sierra Oeste de Madrid el vino es el hilo conductor de un relato donde se entrelazan la historia, el suelo granítico y la devoción rural. Allá por el siglo XII se asentaron los monjes cistercienses en el Monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, y su huella sigue visible en los bancales y las terrazas que modelaron entre los pinares de Pelayos de la Presa. Este territorio de la D.O. Vinos de Madrid invita a probar la elegancia sutil del Albillo Real y la honesta expresividad de la Garnacha Tinta.

El recorrido suma hitos patrimoniales como el Castillo de la Coracera o el Palacio de Villena, y termina al cobijo de las bodegas familiares. Hay también un Museo del Vino en Villa del Prado, el fervor popular de la Fiesta de la Vendimia de Cenicientos y las catas comentadas a pie de viña, que convierten la visita en una experiencia pausada, íntima y llena de memoria.

Cangas del Narcea: viticultura heroica en el norte

Entre montañas escarpadas y laderas desafiantes, donde la viticultura heroica se vuelve oficio de artesanos, Cangas del Narcea despliega una de las experiencias enoturísticas más auténticas del norte peninsular. El primer paso es recorrer el histórico Paseo del Vino, desde el Barrio de Santiso hacia las fincas de Las Barzaniellas, para entrar en un paisaje vivo, donde el legado vitivinícola late con especial fuerza en rincones monumentales. En el camino aguarda la Bodega Monasterio de Corias, referencia para descubrir las variedades autóctonas a través de sus visitas guiadas.

Más allá de los grandes nombres, el encanto cangués está en sus bodegas tradicionales y familiares, desde Bodega Martínez Parrondo o Tradicional Santiago hasta los pagos de la D.O.P. Cangas y los valles vecinos de Ibias. Allí, una cata acompañada de productos típicos del territorio o una charla sin prisa con los propios viticultores se transforman en una vivencia íntima, honesta y llena de alma.

Seis destinos, seis maneras de acercarse al vino, y una misma invitación para el Día Mundial del Enoturismo: salir de casa, preguntar, escuchar y probar.

Más información:

www.pueblosgastronomicos.com

 

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