
Construido en 1829 sobre los restos de la vieja cerca medieval, el Teatro Principal de Menorca adelanta en casi dos décadas al Liceo de Barcelona y en más de veinte años al Teatro Real de Madrid. Dos siglos de ópera en una isla que aprendió a amar la lírica italiana antes de que la mayoría de España supiera lo que era.
Hay algo que descoloca al viajero cuando lo encuentra por primera vez. No por su tamaño, que es considerable, sino por lo que representa en el lugar donde está. Mahón, capital de Menorca, es una ciudad pequeña y discreta, de calles estrechas que bajan hacia uno de los puertos naturales más extensos del Mediterráneo. Y, sin embargo, escondido entre esa trama urbana densa y algo laberíntica, se alza un teatro de ópera que supera en antigüedad a cualquier otro de España. El Teatro Principal de Mahón se construyó en 1829, y eso lo sitúa por delante del Liceo de Barcelona, inaugurado en 1847, y del Teatro Real de Madrid, que abrió sus puertas en 1850. No es un dato menor. Es una curiosidad histórica que solo se explica si se entiende lo que fue Menorca durante el siglo XVIII.
Antes de entrar, el visitante se topa con Talía. Una figura femenina de bronce, de tres metros de altura y líneas clásicas, algo andrógina, instalada sobre un pedestal en el punto donde la fachada antigua da paso a la prolongación de nueva creación. La musa de la comedia, elegida como emblema del teatro, es obra del escultor menorquín Maties Quetglas y fue inaugurada en 2001, con motivo de la gran rehabilitación integral del edificio. Es una figura reciente, pero el gesto es antiguo: la de un teatro que lleva dos siglos anunciándose a sí mismo como templo de las artes escénicas.
Para entender por qué en una isla de algo más de cien mil habitantes existe el teatro de ópera más antiguo de España, hay que remontarse un siglo antes de su construcción. Durante el siglo XVIII, Menorca cambió varias veces de soberanía: pasó por tres períodos de dominio británico, una ocupación francesa y años de reincorporación a la Corona española. Ese vaivén, que habría podido resultar devastador para cualquier comunidad, forjó en la isla una identidad peculiar y una apertura al mundo muy poco frecuente en la España de la época.
La presencia británica favoreció la actividad económica y la producción cultural. Fue decisiva la libertad de comercio que introdujeron los ingleses y el respeto a las leyes, las instituciones y la cultura propias del pueblo menorquín. El puerto de Mahón, uno de los mejores del Mediterráneo, se convirtió en punto de encuentro de mercaderes, marinos y artistas de toda Europa. La efervescencia comercial del puerto atrajo a mercaderes y navieras británicos, griegos e italianos. Con ellos llegó, entre otras cosas, la ópera.
A principios del siglo XIX, cuando la isla había vuelto definitivamente a manos españolas, esa afición no había decaído. Todo lo contrario. Había un teatro en funcionamiento, pero se había quedado pequeño. Las nuevas óperas que llegaban desde Italia reclamaban un espacio a la altura. Fue entonces cuando entró en escena Giovanni Palagi.
Palagi era un empresario de ópera italiano afincado en Mahón, que diseñó e impulsó el proyecto de un nuevo teatro al estilo de los italianos, sobre los restos de la muralla medieval que rodeaba la ciudad. No se trató de un capricho arquitectónico, sino de una decisión funcional con ambición artística. La obra fue realizada por los maestros Alfons Hernández y Josep y Pere Pons, bajo la dirección del propio Palagi, mientras que la decoración escénica corrió a cargo del artista ciudadelano Andreu Galbis.
El 15 de diciembre de 1829, el teatro abría sus puertas. El diseño de teatro clásico italiano en forma de herradura es un factor determinante para disfrutar de una de las mejores acústicas de toda Europa. La sala, con capacidad para cerca de mil espectadores, quedaba rodeada de arcos que sustentaban tres pisos de palcos más el gallinero. No era el teatro de una ciudad provinciana que imitaba lo que hacían en otro lugar. Era un teatro construido por y para una comunidad que llevaba décadas consumiendo ópera con la misma naturalidad con que consumía el pan.
A lo largo del siglo XIX, el edificio fue creciendo y mejorando. Se amplió con la adquisición de inmuebles vecinos, se reformó su fachada neoclásica y, en 1894, se dotó de alumbrado eléctrico, una modernización notable para la época. Pero quizás lo más extraordinario del Principal no sea su arquitectura, sino lo que conserva en su interior.
El teatro tiene dos telones de boca históricos, algo que sus responsables califican como absolutamente insólito en el panorama español. El conocido como «el de las cortinas verdes» fue encargado al pintor y escenógrafo menorquín Francesc Pons i Alzina con motivo de la visita de la reina Isabel II a Menorca en 1860; representa a la España coronada de laurel, entre columnas que forman sus armas. Para tan ilustre visita se escenificaron nada menos que Il Trovatore e I Lombardi de Verdi. El segundo telón, llamado «el de las cortinas rojas», también obra de Pons i Alzina y datado en 1871, representa tres figuras femeninas que encarnan la comedia, la tragedia y la danza. Ambas piezas fueron restauradas para la rehabilitación de 2001.
Hay también un bambalinón, esa pieza que en los teatros clásicos reduce el espacio de embocadura del escenario. El del Principal está decorado con el escudo de armas de la ciudad de Maó y unos medallones pintados con bustos idealizados de personajes relacionados con la música y el teatro, atribuidos al escenógrafo italiano Gaetano Labó, que pasó la temporada de 1854-1855 en Mahón. Cada detalle de este edificio habla de una comunidad que se tomaba la lírica en serio, que llamaba a artistas europeos y que los recibía como si tal cosa.
La gran rehabilitación y el teatro del siglo XXI
A finales del siglo XX, el Principal necesitaba una intervención a fondo. Las obras duraron casi cinco años y concluyeron en 2001, coincidiendo con el 175 aniversario del teatro. La reforma devolvió al teatro su esplendor original y lo modernizó con los elementos propios de un coliseo del siglo XXI, añadiendo nuevas tecnologías e infraestructuras para acoger espectáculos más allá de la ópera y los conciertos. La capacidad quedó fijada en 837 localidades, algo inferior a la original por las exigencias de seguridad modernas.
El teatro es gestionado por la Fundación del Teatro Principal de Mahón, fundación municipal de la que el Ayuntamiento de Mahón es patrono, junto con el Consell Insular. Cada año, la Semana de la Ópera convoca en Mahón a cantantes de primer nivel internacional. La tradición no se ha roto. Una isla que aprendió a amar la ópera cuando buena parte de Europa todavía la ignoraba sigue llenando su teatro dos siglos después.
Cuando uno sale del Principal, con el eco de la sala aún en la cabeza, comprende que ese edificio no es solo un hito de la arquitectura teatral española. Es el testimonio de algo más esquivo y más valioso: una pequeña comunidad isleña que, gracias a su historia excepcional y a la visión de un empresario italiano, construyó antes que nadie en España el lugar exacto que necesitaba para sentarse, escuchar y emocionarse. No hay mejor definición de lo que debería ser un teatro.
Más información: www.menorca.es