Ruta del Vino de Rioja Alavesa impulsa, el próximo 22 de julio, una formación práctica de presentación creativa dirigida profesionales del enoturismo y de sus Wine Bars, con el objetivo de que el emplatado armonice el vino que lo acompaña

La propuesta se titula «Un bocado, una experiencia» y está pensada para camareros, responsables de sala, hosteleros y también para enólogos que ejercen de anfitriones en sus propias bodegas, además del personal de enoturismo que acompaña a los grupos durante las visitas. No exige formación previa en hostelería. Durante cuatro horas, la sesión combina explicación, demostración y práctica real sobre los productos que cada local sirve habitualmente: chorizo, anchoas, queso, gildas, la despensa cotidiana de cualquier barra de Rioja Alavesa convertida, por una mañana, en material de trabajo.
Una anchoa colocada en diagonal, una gilda que atrapa la luz de la sala, un taco de queso que respeta el espacio en blanco de la tabla: en Rioja Alavesa han decidido que la imagen de un pintxo pesa tanto como su sabor. Por eso, Ruta del Vino de Rioja Alavesa ha puesto en marcha una formación dirigida a quienes reciben cada día a los visitantes en sus establecimientos, con una premisa sencilla y, a la vez, poco habitual en el sector: enseñar a presentar sin necesidad de presupuesto extra ni ingredientes especiales, solo con criterio.
El punto de partida es un diagnóstico compartido: mirar juntos cómo se presentan hoy los pintxos y las raciones para detectar, sin dramatismo, qué se puede mejorar. A partir de ahí llegan los fundamentos —color, textura, altura y punto focal— ilustrados con ejemplos reales antes de que la formadora prepare varias composiciones explicando, paso a paso, cada decisión. Después llega el turno de cada participante, que compone su propia tabla con los productos de su propio local, y la sesión se cierra con una revisión conjunta, una fotografía de los resultados y la entrega de una ficha de referencia visual pensada para aplicarse desde el día siguiente.
Ese último detalle no es menor. La formación insiste en la replicabilidad: que la presentación de un pintxo no dependa de que esté detrás de la barra una persona concreta, sino de un criterio que todo el equipo pueda repetir, ya sea sobre una tabla de madera, una pizarra o un plato. Incluye además todos los materiales necesarios para la práctica —tablas, papel de estraza, elementos decorativos, los propios alimentos— y una sesión de fotografía cuyos resultados el local podrá usar después en redes sociales o en su propia carta.
Imparte la formación Ainhoa González, chef privada y colaboradora en eventos, talleres y otros servicios en Gastrogune y en Toloño Selección, en Vitoria-Gasteiz.
Para Ruta del Vino de Rioja Alavesa, la iniciativa encaja en una estrategia más amplia de cuidar la experiencia del visitante más allá de la bodega y la copa. Un Wine Bar es, muchas veces, el primer contacto de un turista con la comarca, y también el último recuerdo con el que se marcha; que ese contacto tenga la misma atención al detalle que un vino con Denominación de Origen Calificada es, para la Ruta, una forma más de contar Rioja Alavesa.
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