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RIOTINTO, CUANDO EL PAISAJE MINERO SE CONVIERTE EN TURISMO INDUSTRIAL INSÓLITO

 

 

Hay un rincón de Huelva donde la tierra se abre en un cráter rojizo de más de un kilómetro de largo y trescientos sesenta y cinco metros de profundidad. Es Corta Atalaya, una de las mayores explotaciones mineras a cielo abierto de Europa (junto con Cerro Colorado, conocida popularmente como ‘Las Minas del Rey Salomón’), y su presencia basta para explicar por qué la Cuenca Minera de Riotinto se ha convertido en el gran referente del turismo industrial andaluz.

El subsuelo onubense lleva escribiendo su propia historia desde hace cinco mil años. Tartesios, fenicios y romanos ya explotaron sus vetas de cobre, hierro y plata, y en el siglo XIX llegó la revitalización definitiva de la mano de la compañía británica The Rio Tinto Company Limited, que gestionó el yacimiento desde 1873. «No hay mayores depósitos de piritas en el mundo que los de la provincia de Huelva», llegó a asegurar el geólogo estadounidense David Williams, uno de los técnicos que trabajó para la firma. No es una exageración: hasta 1986, una décima parte del cobre mundial salía de estas minas.

Ese pasado, declarado Zona Patrimonial y Bien de Interés Cultural en 2011 e integrado en la Ruta Europea del Patrimonio Industrial, se recorre hoy con otra mirada. La visita arranca en el Museo Minero, donde una recreación de galería romana permite imaginar cómo se trabajaba bajo tierra hace más de dos mil años, y continúa en la Casa 21 del Barrio de Bella Vista, vivienda de corte victoriano que conserva el ambiente de la comunidad británica que dirigió la explotación moderna.

Pero es la propia Corta Atalaya, abierta al público en 2022, y desde su apertura ha recibido una media de 15.000 visitantes anuales de los 100.000 que tiene el Parque Minero en su conjunto. Elíptica, excavada en 26 bancales de 12 metros y medio de altura, llegó a emplear a más de 12.000 obreros que arrancaban el mineral casi a mano. Desde su mirador, los vehículos que trabajan hoy en el fondo de la corta se ven diminutos, como de juguete, mientras los guías del Parque Minero reconstruyen la memoria de una mina que comenzó a explotarse a cielo abierto en 1907 y que no cesó su actividad hasta 1992.

El recorrido prosigue a bordo del Ferrocarril Turístico Minero, tirado por la Locomotora de Vapor tipo C nº 14 —la más antigua de España, de 1875—, que avanza junto a Riotinto y sus aguas rojizas, tan singulares que la ciencia las estudia como analogía de los ambientes marcianos. La experiencia «Marte en la Tierra» profundiza precisamente en esa rareza geológica que ha convertido la comarca en laboratorio natural para la investigación espacial.

Para quien quiera ir más allá de la memoria industrial, Riotinto Experience ofrece algo excepcional: subir a un 4×4 climatizado y adentrarse en una mina que sigue activa, observando de cerca la maquinaria y los procesos de extracción del siglo XXI. Es el contraste perfecto para cerrar la visita, la prueba de que en Riotinto la historia minera no se ha detenido, sino que convive con su presente productivo.

Turismo minero, patrimonio industrial y un paisaje que no se parece a ningún otro en Europa: así se presenta este agosto la Cuenca Minera de Riotinto, la gran cita del turismo industrial insólito en la provincia de Huelva.

 

Más información: www.turismohuelva.org

VILLA-LUCÍA ESTRENA MENÚ DE VERANO PARA DISFRUTAR EN SU TERRAZA VINTAGE

Este nuevo menú, con producto de proximidad y el sello Slow Food, se puede disfrutar de martes a viernes al mediodía en Laguardia

 

 

El Espacio Gastronómico Villa-Lucía, en Laguardia, añade a su propuesta el nuevo Menú de Verano, pensado para comer entre semana al mediodía. La casa no toca lo que la sostiene desde hace años —el producto de cercanía, el recetario de Luchy Santamaría y el reconocimiento de Slow Food Araba, Sukaldarien Aliantza, Km. 0 2026-2028, además del Solete de la Guía Repsol—, pero lo traduce ahora en una única propuesta, más corta y pensada para los días de verano en la Terraza Vintage de Villa-Lucía.

El Menú de Verano abre con una elección entre cinco primeros que van de lo de siempre a lo más fresco: crema de tomate de caserío al estilo salmorejo con AOVE arróniz; la ensalada ilustrada de siempre; pasta fresca con verduras de temporada; plato de cuchara tradicional o croquetas artesanas variadas.

Para el segundo, Villa-Lucía mantiene la misma filosofía de elegir sin complicarse: el pescado del día, una hamburguesa artesana de carne de ganado mayor a la brasa con dos salsas y patatas fritas de Llanada Alavesa; otra de txistorra, igual de acompañada; el asado del día o unas carrilleras de cerdo al Rioja.

De postre, Villa-Lucía vuelve a tirar de producto Km. 0: cremoso de queso al revés con crumble crujiente, Fresaraba y vino; goxua en tarrito hermético; flan casero; yogur artesano muy cremoso; hasta tres variedades de helado artesano o, fruta de temporada.

El menú incluye pan, agua Km. 0 y una botella de vino joven D.O.Ca. Rioja —de la selección que indica la propia casa— por cada dos comensales, y tiene un precio de 25,50 € por persona, IVA incluido. Villa-Lucía recuerda que, si se comparte entre menos comensales de los indicados, se aplica un suplemento de 15 € por persona adicional en concepto de espacio y servicio, y que la propuesta solo está disponible de martes a viernes no festivos, al mediodía.

Y como novedad, este nuevo Menú de Verano también se podrá disfrutar al aire libre en la Terraza Vintage de Villa-Lucía, un espacio diferente de más de 275 m2 que envuelve al visitante en un entorno natural en el que disfrutar de esta experiencia enogastronómica, rodeado de jardines con puentes, plantas y árboles de especies autóctonas y foráneas, así como de un estanque con una relajante cascada.

Además de este nuevo Menú de Verano, también estará disponible el Menú Asador Vintage (pensado para compartir, mínimo dos personas), que abre con una tanda de cuatro entrantes a compartir al centro y continúa con el plato principal a elegir entre diez propuestas, entre las que destacan la chuleta de vaca de Montaña Alavesa a la brasa; el corderito lechal o las chuletillas al sarmiento. De postre, una gran variedad dulces Km. 0 para todos los gustos. Su precio: 43,95 € por persona (52,20 € con chuleta o corderito, 53,45 € con chuletillas), sin bebidas ni cafés, IVA incluido.

Para los más pequeños, sigue en pie el Menú Especial “Gente Menuda”, con dos opciones a elegir: pechuga de pollo de corral con croquetitas de jamón y patatas fritas, o hamburguesa de vacuno con queso y patatas, ambas con una copa de helado de postre, por 18,95 € IVA incluido (con un suplemento de 6,50 € por niño adicional en caso de compartir).

Villa-Lucía encara así el verano con la misma idea de siempre, solo que aligerada: que cada mesa salga de Laguardia con la sensación de haber comido bien, sin prisa y con el paisaje de Rioja Alavesa como testigo. Un menú, un mismo compromiso: el de siempre…

 

 

Más información en: reservas@villa-lucia.com o en el teléfono 945.600.032.

EL ESPINAR CONVIERTE LA PALABRA EN PROTAGONISTA CON LA XXVI EDICIÓN DEL FESTIVAL DE NARRACIÓN ORAL

Un evento para reivindicar el poder de la narrativa, la memoria y la tradición oral como patrimonio vivo.

 

 

Del 3 al 7 de agosto, El Espinar volverá a convertirse en el epicentro de la narración oral con la celebración de la XXVI edición de su Festival de Narración Oral. El municipio acogerá una programación para todos los públicos con algunos de los narradores y narradoras más destacados del panorama nacional, reivindicando el cuento como patrimonio cultural vivo. Además, el festival reconocerá la trayectoria de la romancera Victoria Gullón con el Premio de Honor 2026, en homenaje a su contribución a la conservación de la tradición oral.

Este evento buscará reivindicar el poder de la narrativa, la memoria y la tradición oral como patrimonio cultural vivo, ya que todas las propuestas comparten la concepción del cuento como experiencia artística cercana, capaz de activar la imaginación, generar vínculos y poner en valor historias que viajan de generación en generación. La cita reunirá a algunos de los narradores y narradoras más destacados del panorama nacional como: Sole Felloza, Pablo Albo, Tarariquetecris, Denisse Gelber, Laura Viñas, Belén Márquez o Elia Tralará &Uxia.

Durante cinco días, vecinos y visitantes podrán disfrutar de una extensa programación pensada para todos los públicos, a partir de las 20:00h, en la sesión familiar, y a las 22:00h, para público adulto, en diferentes espacios como, por ejemplo: El patio de las Escuelas, de la Estación; CC. Arcángel, o el patio de la Bola, en El Espinar.

En el marco de este festival, y por segundo año consecutivo, se entregará el Premio de Honor 2026 a la trayectoria profesional a la romancera Victoria Gullón. Este reconocimiento pone de manifiesto una vida dedicada a la palabra dicha, al canto de romances y a la preservación de la tradición oral como memoria viva de la comunidad.

La XXVI edición del Festival de Narración Oral es una oportunidad más, para que la sociedad disfrute de un patrimonio inmaterial, que ha sido transmitido de generación en generación, poniendo énfasis en el poder de la narrativa para soñar despiertos.

 

 

 

 

Más información:https://elespinar.es/

LA FORMENTERA DE LOS SILENCIOS

Si bien es cierto que hay muchos más, este paraíso del Mediterráneo esconde lugares de ensueño para dedicarse un tiempo de no escuchar apenas nada…

 

 

Hay un lugar donde el ruido no llega, o llega tan tamizado por el viento que ya no molesta a nadie. Formentera, además de playas turquesa y sobremesas eternas, guarda un puñado de rincones donde el silencio todavía manda. No el silencio absoluto, que ese no existe en una isla rodeada de mar, sino ese otro silencio hecho de oleaje, de viento entre piedras y de pasos propios sobre tierra seca. Un silencio que se puede visitar.

El primero de esos refugios lleva siglos de práctica en guardar distancias. Son las torres defensivas que el siglo XVIII levantó a lo largo de la costa para vigilar al enemigo que llegaba del mar, y que hoy vigilan, sobre todo, que nadie interrumpa a quien se sienta a su sombra. La torre de Punta Prima, junto a Es Pujols, mira hacia levante con Ibiza al fondo y los acantilados de La Mola dibujando el horizonte; a esa hora en la que ya no queda casi nadie en la playa, es un balcón que se ofrece entero. En mitad de la isla, junto a Migjorn, la torre des Pi des Català —tres plantas de piedra de 1763, restauradas en 2016— guarda entre sus muros el único interior visitable de todo el sistema defensivo, un hueco fresco donde el eco de los propios pasos se convierte, por un momento, en la única compañía.

Más al sur, sobre el acantilado del cap de Barbaria, la torre des Garroveret se asoma a 65 metros sobre el mar. El viento aquí no calla nunca del todo, pero es un ruido que no pesa: se filtra entre la vegetación árida y rala que apenas se sostiene en pie, y termina por convertirse en una suerte de respiración de fondo. Y en el extremo opuesto, cerca de Can Marroig, al norte de Cala Saona, la torre de sa Gavina vigila todavía el poniente, aunque ya nadie tema al pirata: solo queda la puesta de sol, que llega sin testigos casi todos los días del año.

Hay una quinta torre, la de sa Guardiola, que ni siquiera pertenece del todo a Formentera: se alza en s’Espalmador, el islote del norte, vigilando el paso del pas des Freus. Llegar hasta ella ya es, de por sí, un ejercicio de retirada del mundo: cuanta más agua queda entre uno y la isla grande, más fácil resulta escuchar solamente el mar.

Y luego están los faros, que no solo alumbran: también recogen. El far del cap de Barbaria, en el punto más meridional de todas las Balears, se levanta sobre un muro vertical de 100 metros frente a África. Cerca, la Cova Foradada obliga a agacharse y colarse por un hueco de piedra para llegar a un mirador que parece guardado a propósito para quien tenga paciencia de buscarlo. Al atardecer, con Es Vedrà recortado al fondo, este cabo se convierte en un lugar de una soledad casi física, de esas que se sienten en el cuerpo antes que en la cabeza.

En el extremo contrario, sobre el altiplano de La Mola, el far de la Mola se asoma a 120 metros de altura, no muy lejos de sa Talaiassa, el techo de la isla a 192 metros sobre el mar. Aquí el silencio tiene ya algo de leyenda: fue este paisaje el que empujó a Julio Verne a mencionarlo en una de sus novelas, y un pequeño monolito junto al faro todavía se lo recuerda a quien pasa.

Ninguno de estos lugares pide nada a cambio. Solo que uno llegue dispuesto a no hablar, a caminar despacio y a dejar que el Mediterráneo, con su ir y venir de siempre, ocupe todo el espacio que en otro sitio ocupa el ruido.

 

Más información: www.formentera.es

 

DORMIR EN EL VALLE GLACIAR DEL ZÊZERE, DESPERTAR EN LA SERRA DA ESTRELA

 

 

En Manteigas, allí donde el río Zêzere talló hace milenios un valle glaciar, Vila Galé Collection Serra da Estrela propone algo poco habitual en un hotel de montaña: que cada miembro de la familia encuentre su propio ritmo, del tobogán a la piscina de hidromasaje.

El hotel dispone de 91 habitaciones, nueve de ellas pensadas para familias, y dos piscinas exteriores que reparten el verano por edades: una para adultos, otra —con toboganes— para los más pequeños. Quien busque solo silencio puede refugiarse en la piscina exterior de hidromasaje, rodeada de un paisaje verde que invita a no hacer nada más que respirar.

El restaurante Versátil abre su balcón panorámico a las vistas de la Serra da Estrela y a los platos típicos de la región. Para el descanso, el Satsanga Spa ofrece piscina cubierta climatizada y tratamientos con la seguridad y el confort necesarios: un baño terapéutico de inmersión con plantas locales, un masaje con lavanda de montaña, todo el tiempo del mundo.

Fuera de las instalaciones espera un territorio recién nombrado Geoparque Mundial por la UNESCO: rutas de trekking y senderismo, y en los meses fríos, esquí y snowboard. El hotel, temático, dedica sus espacios a los mitos y tradiciones de la sierra, la misma que guarda la cascada del Poço do Inferno, las lagunas de Covão d’Ametade y Covão dos Conchos, y los museos del pan, el queso y los lanificios.

Mas información: www.vilagale.com

 

ENTRE LA HUELLA IMPERIAL ROMANA Y EL AROMA DEL ORO VERDE… ¡VERANO DE LUJO EN BAENA!

Una escapada cultural perfecta para refugiarse del calor estival a través del tiempo, el arte y la tradición oleícola de la comarca

 

Frente a las altas temperaturas del estío andaluz, la histórica localidad de Baena despliega una propuesta que combina el resguardo a la sombra del patrimonio arquitectónico con la riqueza cultural de sus museos. Lejos de las aglomeraciones estivales, la ciudad invita a detenerse y recorrer sus dos grandes templos del saber: el Museo Arqueológico e Histórico y el Museo del Olivar y el Aceite.

El viaje comienza en la emblemática Casa de la Tercia, una joya de finales del siglo XVIII construida originalmente para almacenar diezmos, grano y aceite para la Corona. Tras acoger infinidad de vidas —desde posada a cárcel histórica—, este señero edificio cobijó definitivamente el Museo Histórico de Baena. Sus doce salas ofrecen un periplo cronológico fascinante desde la Prehistoria hasta nuestros días, alojando uno de los legados íbero-romanos más espectaculares del sur de Europa.

Quienes cruzan su portada barroca quedan impresionados por las colosales esculturas romanas procedentes del Parque Arqueológico de Torreparedones, entre las que destacan los imponentes togados de Iponoba y las figuras sedentes de Augusto, Livia o Calígula. A esto se suma el singular conjunto votivo ibero-romano, una rica colección numismática que abarca desde Julio César hasta Teodosio, piezas visigodas de incalculable valor y el célebre facsímil del Cancionero de Baena.

Un homenaje sensorial al aceite de oliva

Sin alejarse del corazón de Baena, el paseo cultural se completa con una visita imprescindible: el Museo del Olivar y el Aceite, ubicado en el antiguo molino de Don José Alcalá Santaella. Con más de 800 m² dedicados al motor económico y cultural de la comarca, este espacio invita no solo a contemplar la historia, sino a respirarla en un ambiente evocador donde el tiempo parece haberse detenido.

En su planta baja, la maquinaria tradicional del siglo XIX restaurada —con su empiedro de piedras troncocónicas y su prensa hidráulica— revela el trabajo artesanal de los antiguos molineros. Por su parte, la planta superior conecta al visitante con el alma gastronómica y viva del olivar moderno, albergando un oleotaller, una biblioteca especializada y una curiosa colección con más de tres mil etiquetas históricas que relatan la evolución visual del «oro verde».

Información práctica para el visitante

  • Museo Arqueológico e Histórico (Casa de la Tercia): De martes a domingo y festivos de 10:00 a 14:00 h. Tardes de jueves, viernes y sábados de 19:00 a 21:00 h.
  • Museo del Olivar y el Aceite: Recorrido didáctico y sensorial sobre la tradición y cultura oleícola de la Denominación de Origen Baena. Su horario de apertura es de martes a domingo de 10:00 a 14:00 y las tardes de jueves a sábado de 19:00 a 21:00.

Combinar ambos museos supone una experiencia integral para quienes buscan una escapada veraniega enriquecedora, pausada y repleta de matices históricos. Una manera idónea de descubrir por qué en Baena la cultura no se guarda en vitrinas, sino que se vive y se siente en cada rincón.

                                                                                                                   

 

 

 

 

Más información enhttps://baenaturismo.com/

www.baena.es