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¿TE VIENES A ELVAS? EL ENCANTO DE UNA CIUDAD HISTÓRICA QUE SE PUEDE DISFRUTAR CON DOS ESCENARIOS DE EXCEPCIÓN

Vila Galé Collection Elvas y Vila Galé Casas D’Elvas acogen a un viajero ávido de historias, de cultura y de gusto por disfrutar de uno de los rincones icónicos del Alentejo portugués…

 

 

Plantada en la frontera que une Lisboa con Madrid, Elvas fue fortificada entre los siglos XVII y XIX hasta convertirse en el mayor sistema de fosos secos abaluartados del mundo, razón por la que la UNESCO la declaró Patrimonio Mundial en 2012. Sus murallas, sus fuertes y un acueducto de siete kilómetros, el de la Amoreira, concebido para que la plaza resistiera los asedios, explican una ciudad que se entiende caminándola.

Dentro del recinto, el casco histórico premia al que se pierde: la antigua catedral, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la iglesia octogonal de las Monjas Dominicas, el castillo, la zona de la Picota, el Museo de Arte Contemporáneo, o el Museo Militar. Desde las colinas, los fuertes de Graça y de Santa Luzia cierran el cinturón de piedra.

Dormir aquí admite dos maneras. La primera es el Vila Galé Collection Elvas, un cuatro estrellas de 79 habitaciones levantado sobre el antiguo Convento de São Paulo, que tras la extinción de las órdenes religiosas fue tribunal militar, cuartel y centro de detención. Su tema son las fortificaciones militares portuguesas repartidas por el mundo. Conserva el claustro, de nuevo verde, y una antigua iglesia convertida en salón de eventos. Dos restaurantes, uno de ellos dedicado a la cocina regional alentejana, y un spa Satsanga con piscina interior, baño turco y sauna completan la oferta. Fue el primer hotel de Portugal concluido dentro del programa Revive, de recuperación del patrimonio histórico.

La segunda es el Vila Galé Casas D’Elvas, a pocos metros, con 44 habitaciones nacidas de las casas de una antigua fábrica de ciruelas y de los edificios de la antigua cárcel eclesiástica (el aljube) y del Consejo de Guerra. Aquí el hilo conductor es la pintura: cada habitación rinde homenaje a un pintor. Tiene piscina panorámica, y en el restaurante Massa Fina las pizzas artesanales son las protagonistas. Sus huéspedes pueden además disfrutar de los servicios del hermano mayor, entre ellos el spa.

Mas información: www.vilagale.com

LISBOA EN 72 HORAS: UNA ESCAPADA PARA VOLVER A ENCONTRARSE

De los paseos entre azulejos y miradores sobre el Tajo a una cena italiana, pasando por una pausa de bienestar, el hotel Dom Pedro Lisboa propone descubrir la capital portuguesa a otro ritmo.

 

Tres días pueden parecer poco para conocer Lisboa, pero son suficientes para dejarse conquistar por su luz, sus calles, sus sabores y esa manera tan portuguesa de entender el tiempo. Dom Pedro Lisboa se convierte en el punto de partida de una escapada diferente, con la ciudad como escenario y el hotel como refugio al final de cada jornada.

Lisboa es de esas ciudades que no necesitan grandes planes para sorprender. Basta con salir a caminar y dejarse llevar por sus calles empedradas, descubrir una fachada de azulejos, subir hasta un mirador o detenerse en una terraza cuando el sol comienza a caer sobre el rio Tajo.

Para una primera toma de contacto, el entorno de los barrios históricos permite recorrer algunas de las estampas más reconocibles de la capital portuguesa sin necesidad de convertir el viaje en una carrera atropellada.

El segundo día invita a conocer la Lisboa más cultural y gastronómica. Alfama, Belém o alguno de los museos y espacios culturales de la ciudad pueden ocupar la mañana, mientras que la tarde se presta a descubrir Lisboa sin un itinerario marcado. Tras varias horas caminando, el Spa Aquae del hotel Dom Pedro Lisboa ofrece un paréntesis de bienestar con piscina interior climatizada, jacuzzi, sauna y baño turco, una pausa pensada para recuperar fuerzas antes de continuar la noche. Porque en una escapada de tres días también hay espacio para no hacer nada.

Cuando llega la noche, la gastronomía se convierte en otra forma de viajar. En Il Gattopardo, el restaurante italiano del hotel Dom Pedro Lisboa, la cocina mediterránea propone prolongar la experiencia con una mesa que invita a quedarse. El chef Leandro Stenzel lleva a este espacio una interpretación de la cocina italiana que convive con el carácter de la ciudad, creando una experiencia gastronómica que permite viajar de un país a otro sin abandonar la ciudad.

El último día puede reservarse para descubrir otra cara de la capital portuguesa o acercarse a alguno de los tesoros que la rodean. Una escapada a Sintra, con sus palacios, jardines y paisajes, permite completar el viaje con una pequeña inmersión en el romanticismo portugués.

Porque Lisboa no es una ciudad que se visite únicamente con una lista de lugares que tachar. Se descubre entre paseos sin rumbo, sobremesas que se alargan, miradores al atardecer y momentos de calma. El Hotel Dom Pedro Lisboa propone vivir esos tres días desde un equilibrio entre descubrir y parar, convirtiendo el alojamiento no solo en el lugar donde dormir, sino en parte de una experiencia que comienza al salir a la ciudad y termina cuando llega el momento de volver a casa.

Para más información:

https://www.dompedrolisboa.com/

lisboa.booking@saviotti.pt

DONDE EL SILENCIO SE HACE DULCE… EL CONVENTO DE LA MADRE DE DIOS DE CORIA

 

 

En un ameno paseo por el imponente Casco Histórico de Coria, nos llevará por un magno legado de cultura y civilización. Definirlo es fácil: una verdadera foto fija que trasciende al paso del tiempo. El Convento de la Madre de Dios es uno de esos sitios, una mole de piedra y sosiego que la ciudad guarda casi en secreto desde 1260. Fundado por las franciscanas de la Tercera Orden Regular, el edificio actual —moldeado entre los siglos XIV y XVI— mantiene intacto su ADN: un refugio ajeno al ruido donde la fe y el trabajo van mano a mano.

La fachada no busca llamar la atención, te habla bajito. Sus muros de mampostería abren paso a ventanales vidriados y a una portada de corte gótico, coronada por la Madre de Dios con el Niño. Es la primera pista de que estás ante pura historia viva. En los laterales, las calles Moros y del Rey muestran la sobriedad del ladrillo y los vanos enrejados, tan disciplinados que hasta la piedra parece haber aprendido la paciencia del lugar.

El interior despliega una iglesia de planta rectangular bajo bóvedas de aristas y tres retablos barrocos del XVIII, solemnes y rotundos. Pero el gran golpe de efecto está en el claustro gótico-renacentista de aire mudéjar: columnas toscanas, planta trapezoidal, su pozo central y ese empedrado de río desgastado por siglos de pisadas. Completa el conjunto una pequeña colección pictórica con una tabla atribuida a Pedro Machuca, señal de que entre estos muros ha habido mucho más que rezos.

Y sin embargo, lo que ha hecho verdaderamente célebre a este convento llega directo al paladar. Tras un torno de madera —esa ventana giratoria que permite comprar sin ver ni ser vista— las monjas de clausura despachan, desde hace generaciones, un recetario que no se ha escrito en ningún libro, sino que se transmite de mano en mano, de hermana en hermana. Con almendra machacada en almirez, yema de huevo y obleas nacen los Corazones de San Francisco; con paciencia y azúcar, las Yemas de Santa Isabel y las Princesitas de Santa Ángela. Los mazapanes se moldean a mano en forma de dalias, narcisos, peras o bellotas, mientras que magdalenas, bizcochos y brazos de gitano completan un catálogo que huele a horno de leña y a Navidad, aunque en Coria pueda encontrarse durante todo el año. No hace falta ser creyente para entender lo que ocurre en la Madre de Dios: basta con probar una de sus yemas, cerrar los ojos, y descubrir que el silencio, después de todo, también tiene sabor.

 

 

 

 

 

 

Más información: https://turismocoria.es/turismo/

VILA GALÉ COLLECTION OURO PRETO: HISTORIA, LUJO Y NATURALEZA EN EL CORAZÓN DE MINAS GERAIS

El nuevo refugio de la cadena en Brasil combina el legado colonial de un edificio histórico con viñedos, bienestar y una oferta ideal para explorar la riqueza cultural del estado.

 

 

Ubicado en Cachoeira do Campo, en las afueras de la emblemática ciudad de Ouro Preto, el hotel Vila Galé Collection Ouro Preto ofrece una experiencia donde historia, lujo y naturaleza se dan la mano. El establecimiento ocupa un edificio histórico único —antiguo cuartel general del primer regimiento de caballería de Portugal en Brasil— y cuenta con 311 habitaciones perfectamente equipadas.

Entre sus instalaciones destacan cinco piscinas climatizadas, el exclusivo Satsanga Spa & Wellness, un club NEP para niños, biblioteca, museo y un área para eventos con capacidad para 900 personas. El complejo incluye además 15 hectáreas de viñedos y olivares, mientras que su propuesta gastronómica corre a cargo de los restaurantes Versátil y Massa Fina. Con wi-fi gratuito, aparcamiento y servicio de habitaciones 24 horas, es la opción perfecta tanto para familias y parejas como para viajes de negocios.

Un viaje a través de la historia y los sabores mineiros El hotel se convierte así en el punto de partida ideal para descubrir Minas Gerais, un estado famoso por su patrimonio barroco colonial, su calidez y su gastronomía típica, en la que despuntan el pan de queso, el feijão-tropeiro, el dulce de leche artesanal o su pujante Ruta de Vinos y Cervezas Artesanales.

A un paso del hotel se encuentra Ouro Preto, ciudad Patrimonio Mundial por la UNESCO célebre por sus calles empedradas, iglesias y museos del ciclo del oro. Para los amantes del ecoturismo y la aventura, el entorno de Minas Gerais ofrece parajes naturales de primer nivel, desde las montañas de la Serra do Cipó y los senderos de la Serra da Canastra hasta las impresionantes cascadas de Capitólio.

Mas información: www.vilagale.com

 

PRIMERAS LUCES DE OTOÑO EN PUNTA BERMEJA PREMIUM BEACH HOTEL

El hotel de cuatro estrellas superior invita a disfrutar de una costa más tranquila, temperaturas agradables y atardeceres dorados en El Puerto de Santa María.

 

 

Cualquier día del año es la oportunidad perfecta para dedicarse unos días de relajación en la costa gaditana. El otoño no es un impedimento, ya que sus suaves temperaturas y sus cálidas horas de sol invitan a disfrutar del tiempo de una forma diferente. Por eso, Punta Bermeja Premium BeachHotel es un alojamiento ideal para esas escapadas especiales.

Hay lugares que cambian con las estaciones y otros que parecen haber sido creado para disfrutarlas todas. Con la llegada de septiembre, la Bahía de Cádiz comienza a cambiar su paleta de colores: la luz se vuelve más cálida, las tardes se acortan y el ritmo de la costa se transforma.

En este escenario, Punta Bermeja Premium BeachHotel se presenta como un refugio desde el que descubrir el litoral gaditano desde una perspectiva más pausada, cuando el verano va dejando paso a los primeros días de otoño.

Situado en el Puerto de Santa María, este alojamiento de cuatro estrellas superior se ubica frente al mar convirtiendo cada momento del día en una oportunidad para contemplar el paisaje, sobre todo cuando el cielo empieza a colorearse.

Con la llegada del otoño, el Atlántico comienza a pintarse de tonos dorados y anaranjados, que se reflejan sobre el agua mientras la temperatura invita a seguir apurando las horas del reloj.

Punta Bermeja Premium BeachHotel ha sido concebido como un espacio en el que el entorno tiene un papel protagonista. Su propuesta combina el carácter de un alojamiento contemporáneo con una ubicación privilegiada junto al litoral, creando un ambiente especialmente adecuado para quienes buscan una escapada en pareja, unos días de desconexión o una forma diferente de prolongar la temporada de verano.

La privacidad y la tranquilidad son dos de sus principales señas de identidad. El hotel ofrece espacios pensados para disfrutar del exterior y convertir el paisaje en parte de la experiencia, desde los momentos de descanso hasta las últimas horas del día, cuando el cielo sobre la Bahía se transforma en el mejor telón de fondo.

La llegada del otoño supone, además, una oportunidad para descubrir otra cara de la costa gaditana. La playa continúa siendo protagonista, pero ahora comparte espacio con planes culturales, gastronómicos y de naturaleza que permiten conocer el destino con mayor calma.

Así, mientras el calendario avanza hacia los meses más frescos, Punta Bermeja Premium BeachHotel reivindica una idea sencilla: el verano puede terminar, pero no las ganas de escaparse a Cádiz.

Para más información:

https://www.puntabermeja.com/es/

¡TRES PUEBLOS, DOS COMUNIDADES Y UNA SIERRA ENTERA PARA SABOREAR EN UN FIN DE SEMANA!

La Red de Pueblos Gastronómicos de España propone su cuarta ‘gastroruta’ que cruza Guadarrama de sur a norte para vivir y saborear Galapagar, El Espinar y Riaza

 

 

Hay escapadas, como esta, que se resuelven con una carretera y un puerto de montaña. Sales de Madrid un viernes por la tarde y dejas que la sierra vaya creciendo a tu alrededor: en apenas ciento cincuenta kilómetros habrás cruzado el Guadarrama de punta a punta, habrás pasado de la Comunidad de Madrid a la provincia de Segovia y habrás comido en tres mesas que no se parecen en nada y que, sin embargo, hablan el mismo idioma. Es la apuesta de la Red de Pueblos Gastronómicos de España: una ‘gastroruta’ de monte, piedra y horno de leña por tres villas que llevan siglos mirando a la misma cordillera. ¿Preparados? Pues vamos a conocer Galapagar, El Espinar y Riaza.

Punto de partida: Galapagar, Comunidad de Madrid.

A poco más de cuarenta kilómetros de Madrid, colgado en las estribaciones de la sierra, Galapagar es uno de esos pueblos que no han necesitado inventarse a sí mismos. Su casco antiguo conserva la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, levantada entre 1487 y 1513, y, a pocos metros, el rollo de justicia que Carlos V le concedió en 1525. Por el término cruzan todavía doscientos metros de calzada romana, y sobre el río resisten el puente árabe de la Alcanzorla y el que Juan de Herrera trazó para Felipe II.

Su cocina no tiene un sello que exhibir en ninguna etiqueta, pero sí dos despensas extraordinarias y la inteligencia de usarlas a la vez: el monte y Madrid. De ahí salen el boletus y el níscalo del otoño, la ternera IGP Sierra de Guadarrama, la caza documentada desde tiempos de Alfonso XI y la coruja que el río regala entre marzo y mayo. Los jueves, el cocido no se pide: se espera. Y en noviembre el Otoño Gastronómico llena de tapas un municipio que también celebra la cuchara en enero y el rabo de toro en mayo.

Cruzamos el puerto y entramos en Segovia: El Espinar (35 km desde Galapagar).

Basta coronar el puerto para que el paisaje cambie de bando. El Espinar despliega sus núcleos —la villa, San Rafael, La Estación y Los Ángeles— sobre una Reserva de la Biosfera declarada por la UNESCO, bajo el perfil de La Mujer Muerta y el Montón de Trigo. La Iglesia de San Eutropio preside el casco con un retablo que es puro Siglo de Oro, y los restos del Palacio del Esquileo recuerdan cuando la lana dictaba el ritmo de Castilla. Alrededor, el monte: el gabarrero, el camino del Arcipreste de Hita, la Cañada Real Soriana Occidental.

Aquí la gastronomía no entiende de ligerezas. Responde a una herencia de platos pensados para reconfortar el cuerpo tras una jornada de aire gélido: el cochinillo de piel crujiente, el cordero lechal cuya terneza denota la calidad de los pastos, el rabo de toro guisado con paciencia. Cuando la humedad despierta el sotobosque, el pinar entrega sus setas y el municipio se vuelve un hervidero de buscadores. Y el homenaje al oficio forestal se sirve en el plato durante las Jornadas de los Gabarreros. De postre, leche frita, arroz con leche y los bollos del Cristo.

Última parada en Riaza (115 km desde El Espinar).

A 1.190 metros, donde la meseta se doblega ante la Sierra de Ayllón, Riaza ostenta la declaración de Conjunto Histórico Artístico desde 1970. Todo empieza en su Plaza Mayor, un coso con alma: gradas de piedra, ochenta y dos columnas bajo los soportales y un Ayuntamiento del XVIII coronado por una torre de hierro forjado. Detrás, la iglesia de Nuestra Señora del Manto guarda un retablo del XVII y una Colección de Arte Sacro que sorprende a quien no la espera. Cerca, el hayedo de La Pedrosa y la estación de La Pinilla.

El aroma a leña quemada guía los pasos del viajero. En los asadores de Riaza, el cordero lechal —cocinado solo con agua y sal— se dora despacio en hornos centenarios, y la carne de ganaderías propias llega a la mesa en forma de chuletón a la brasa, con las célebres patatas de Riofrío. A ello se suman los productos de la matanza y los guisos de setas de la sierra. Y el broche: amarguillos, tortas de chicharrones y las tortas sobadas de Semana Santa, un tributo a la harina, la manteca y el cariño puesto al amasar.

Tres pueblos, dos comunidades y una misma cordillera de fondo. Galapagar, El Espinar y Riaza no son villas que simplemente se visiten. Conviene cruzarlas despacio, saborearlas con calma para así recordarlas por el gusto. La mesa está puesta en las tres. ¿Te vienes a sentarte?

www.pueblosgastronomicos.com