Archivo de la categoría: Viajes

PRIMERAS LUCES DE OTOÑO EN PUNTA BERMEJA PREMIUM BEACH HOTEL

El hotel de cuatro estrellas superior invita a disfrutar de una costa más tranquila, temperaturas agradables y atardeceres dorados en El Puerto de Santa María.

 

 

Cualquier día del año es la oportunidad perfecta para dedicarse unos días de relajación en la costa gaditana. El otoño no es un impedimento, ya que sus suaves temperaturas y sus cálidas horas de sol invitan a disfrutar del tiempo de una forma diferente. Por eso, Punta Bermeja Premium BeachHotel es un alojamiento ideal para esas escapadas especiales.

Hay lugares que cambian con las estaciones y otros que parecen haber sido creado para disfrutarlas todas. Con la llegada de septiembre, la Bahía de Cádiz comienza a cambiar su paleta de colores: la luz se vuelve más cálida, las tardes se acortan y el ritmo de la costa se transforma.

En este escenario, Punta Bermeja Premium BeachHotel se presenta como un refugio desde el que descubrir el litoral gaditano desde una perspectiva más pausada, cuando el verano va dejando paso a los primeros días de otoño.

Situado en el Puerto de Santa María, este alojamiento de cuatro estrellas superior se ubica frente al mar convirtiendo cada momento del día en una oportunidad para contemplar el paisaje, sobre todo cuando el cielo empieza a colorearse.

Con la llegada del otoño, el Atlántico comienza a pintarse de tonos dorados y anaranjados, que se reflejan sobre el agua mientras la temperatura invita a seguir apurando las horas del reloj.

Punta Bermeja Premium BeachHotel ha sido concebido como un espacio en el que el entorno tiene un papel protagonista. Su propuesta combina el carácter de un alojamiento contemporáneo con una ubicación privilegiada junto al litoral, creando un ambiente especialmente adecuado para quienes buscan una escapada en pareja, unos días de desconexión o una forma diferente de prolongar la temporada de verano.

La privacidad y la tranquilidad son dos de sus principales señas de identidad. El hotel ofrece espacios pensados para disfrutar del exterior y convertir el paisaje en parte de la experiencia, desde los momentos de descanso hasta las últimas horas del día, cuando el cielo sobre la Bahía se transforma en el mejor telón de fondo.

La llegada del otoño supone, además, una oportunidad para descubrir otra cara de la costa gaditana. La playa continúa siendo protagonista, pero ahora comparte espacio con planes culturales, gastronómicos y de naturaleza que permiten conocer el destino con mayor calma.

Así, mientras el calendario avanza hacia los meses más frescos, Punta Bermeja Premium BeachHotel reivindica una idea sencilla: el verano puede terminar, pero no las ganas de escaparse a Cádiz.

Para más información:

https://www.puntabermeja.com/es/

¡TRES PUEBLOS, DOS COMUNIDADES Y UNA SIERRA ENTERA PARA SABOREAR EN UN FIN DE SEMANA!

La Red de Pueblos Gastronómicos de España propone su cuarta ‘gastroruta’ que cruza Guadarrama de sur a norte para vivir y saborear Galapagar, El Espinar y Riaza

 

 

Hay escapadas, como esta, que se resuelven con una carretera y un puerto de montaña. Sales de Madrid un viernes por la tarde y dejas que la sierra vaya creciendo a tu alrededor: en apenas ciento cincuenta kilómetros habrás cruzado el Guadarrama de punta a punta, habrás pasado de la Comunidad de Madrid a la provincia de Segovia y habrás comido en tres mesas que no se parecen en nada y que, sin embargo, hablan el mismo idioma. Es la apuesta de la Red de Pueblos Gastronómicos de España: una ‘gastroruta’ de monte, piedra y horno de leña por tres villas que llevan siglos mirando a la misma cordillera. ¿Preparados? Pues vamos a conocer Galapagar, El Espinar y Riaza.

Punto de partida: Galapagar, Comunidad de Madrid.

A poco más de cuarenta kilómetros de Madrid, colgado en las estribaciones de la sierra, Galapagar es uno de esos pueblos que no han necesitado inventarse a sí mismos. Su casco antiguo conserva la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, levantada entre 1487 y 1513, y, a pocos metros, el rollo de justicia que Carlos V le concedió en 1525. Por el término cruzan todavía doscientos metros de calzada romana, y sobre el río resisten el puente árabe de la Alcanzorla y el que Juan de Herrera trazó para Felipe II.

Su cocina no tiene un sello que exhibir en ninguna etiqueta, pero sí dos despensas extraordinarias y la inteligencia de usarlas a la vez: el monte y Madrid. De ahí salen el boletus y el níscalo del otoño, la ternera IGP Sierra de Guadarrama, la caza documentada desde tiempos de Alfonso XI y la coruja que el río regala entre marzo y mayo. Los jueves, el cocido no se pide: se espera. Y en noviembre el Otoño Gastronómico llena de tapas un municipio que también celebra la cuchara en enero y el rabo de toro en mayo.

Cruzamos el puerto y entramos en Segovia: El Espinar (35 km desde Galapagar).

Basta coronar el puerto para que el paisaje cambie de bando. El Espinar despliega sus núcleos —la villa, San Rafael, La Estación y Los Ángeles— sobre una Reserva de la Biosfera declarada por la UNESCO, bajo el perfil de La Mujer Muerta y el Montón de Trigo. La Iglesia de San Eutropio preside el casco con un retablo que es puro Siglo de Oro, y los restos del Palacio del Esquileo recuerdan cuando la lana dictaba el ritmo de Castilla. Alrededor, el monte: el gabarrero, el camino del Arcipreste de Hita, la Cañada Real Soriana Occidental.

Aquí la gastronomía no entiende de ligerezas. Responde a una herencia de platos pensados para reconfortar el cuerpo tras una jornada de aire gélido: el cochinillo de piel crujiente, el cordero lechal cuya terneza denota la calidad de los pastos, el rabo de toro guisado con paciencia. Cuando la humedad despierta el sotobosque, el pinar entrega sus setas y el municipio se vuelve un hervidero de buscadores. Y el homenaje al oficio forestal se sirve en el plato durante las Jornadas de los Gabarreros. De postre, leche frita, arroz con leche y los bollos del Cristo.

Última parada en Riaza (115 km desde El Espinar).

A 1.190 metros, donde la meseta se doblega ante la Sierra de Ayllón, Riaza ostenta la declaración de Conjunto Histórico Artístico desde 1970. Todo empieza en su Plaza Mayor, un coso con alma: gradas de piedra, ochenta y dos columnas bajo los soportales y un Ayuntamiento del XVIII coronado por una torre de hierro forjado. Detrás, la iglesia de Nuestra Señora del Manto guarda un retablo del XVII y una Colección de Arte Sacro que sorprende a quien no la espera. Cerca, el hayedo de La Pedrosa y la estación de La Pinilla.

El aroma a leña quemada guía los pasos del viajero. En los asadores de Riaza, el cordero lechal —cocinado solo con agua y sal— se dora despacio en hornos centenarios, y la carne de ganaderías propias llega a la mesa en forma de chuletón a la brasa, con las célebres patatas de Riofrío. A ello se suman los productos de la matanza y los guisos de setas de la sierra. Y el broche: amarguillos, tortas de chicharrones y las tortas sobadas de Semana Santa, un tributo a la harina, la manteca y el cariño puesto al amasar.

Tres pueblos, dos comunidades y una misma cordillera de fondo. Galapagar, El Espinar y Riaza no son villas que simplemente se visiten. Conviene cruzarlas despacio, saborearlas con calma para así recordarlas por el gusto. La mesa está puesta en las tres. ¿Te vienes a sentarte?

www.pueblosgastronomicos.com

A UN PASO DE LAS ESTRELLAS EN VALL DE NÚRIA

Pack astronómico en Vall de Núria para los días 10, 24 y 31 de octubre. Inlcuye cena buffet en el restaurante del Hotel Vall de Núria, tren cremallera ida y vuelta y una actividad astronómica a cargo del Parque Astronómico de El Montsec.

 

 

El Hotel Vall de Núria invita a descubrir el cielo nocturno desde uno de los enclaves naturales más singulares de los Pirineos con una experiencia que combina naturaleza, gastronomía y astronomía. Los días 10, 24 y 31 de octubre, los visitantes podrán disfrutar de una cena buffet, viajar en el emblemático tren cremallera y descubrir los secretos del universo a través de una sesión de iniciación a la astronomía y una observación del firmamento con telescopio, en una propuesta pensada para disfrutar de las estrellas en plena naturaleza.

¿Os gustan las estrellas? ¿Disfrutáis de una experiencia al aire libre? ¿Sois de los que conectáis con la naturaleza? Si la respuesta a todas estas preguntas ha sido un si, tenemos un plan para vosotros.

El Hotel Vall de Núria os propone disfrutar de la naturaleza en su estado más puro, con un pack irresistible, con un coste de 54 euros para adultos y 40 euros para niños. Al caer la noche, los amantes de la astronomía tendrán la oportunidad de vivir una actividad única con la que descubrir la magia del firmamento.

Previamente, los participantes tendrán una sesión interior de conocimiento del cielo nocturno, donde aprenderán a identificar las constelaciones y las estrellas más destacadas.

Posteriormente, mediante observación con telescopio, se avistarán planetas, estrellas y objetos celestes más lejanos disfrutando de una fascinante aproximación al universo que nos rodea.

Esta propuesta disponible los días 10, 24 y 31 de octubre contará con una cena buffet en el restaurante del hotel, a las 20:00, desplazamiento en tren cremallera con horario libre de subida y bajada a las 23:00. Además de la actividad astronómica a cargo del Parque Astronómico de El Montsec, a las 21:00.

 

 

https://hotelvalldenuria.cat/

CORIA, EL DESTINO PERFECTO PARA UNA ESCAPADA DE ‘VEROÑO’

Ahora que el calor empieza a dar tregua, nada mejor que vivir intensamente una de las ciudades más antiguas de Europa. Un rincón que guarda uno de los mayores tesoros de la Cristiandad…

 

 

El «veroño» —ese tramo en el que el verano se despide, pero el calorcillo se resiste a marchar— es la excusa perfecta para hacer una escapada. Y si hay un lugar que se disfruta de verdad en esta época, es la milenaria ciudad de Coria. Aquí se cruzan la historia de su casco antiguo, la buena gastronomía, la naturaleza y la tranquilidad que todos buscamos para desconectar.

Recorrer el entorno del río Alagón en estos meses es un auténtico espectáculo visual. El paisaje combina los tonos verdosos de los cultivos a punto de cosechar con el dorado de las dehesas y la frondosidad de los bosques de ribera. Para quienes disfrutan del turismo activo, Coria ofrece multitud de rutas para hacer a pie, a caballo o en bici: desde la conocida Vía Dalmacia o la subida al Santuario de la Virgen de Argeme, hasta los senderos de los Poblados de Colonización, la Dehesa Boyal de Mínguez o el antiguo Camino de Casas de Don Gómez.

Pero el verdadero encanto de la ciudad reside en perderse por su casco histórico. Por estas tierras pasaron vetones, romanos, visigodos, árabes, judíos y cristianos, dejando una huella imborrable que se respira en cada rincón. Pasear entre sus murallas romanas del siglo I —de las mejor conservadas de Europa—, admirar el Castillo de los Duques de Alba o cruzar sus puentes de piedra y hierro es el mejor viaje directo al pasado.

Su patrimonio cultural y gastronómico es completísimo, pero si hay algo que sitúa a Coria en el mapa mundial y supone su auténtico imán turístico, es el tesoro que alberga su majestuosa Catedral de Santa María de la Asunción.

 

El Sagrado Mantel: el gran tesoro universal de Coria

Entre las reliquias que custodia la seo cauriense —como una de las espinas de la Corona de Cristo o un fragmento del Lignum Crucis—, destaca por encima de todas el Sagrado Mantel de la Última Cena. Esta pieza textil, considerada por la tradición e investigaciones históricas como el lienzo original sobre el que Jesús celebró la Pascua con sus apóstoles, constituye el mayor reclamo turístico, cultural y espiritual de toda la provincia cacereña.

Convertida históricamente en un centro de peregrinación de primer orden en la península ibérica, la Catedral de Coria conserva este objeto de valor incalculable que atrae tanto a creyentes como a apasionados del arte y la historia de todo el mundo. Ver de cerca una reliquia de alcance universal enmarcada en una joya del gótico-plateresco extremeño es, sin duda, la experiencia definitiva que hace de la visita a Coria un viaje inolvidable.

 

 

 

 

 

 

 

Más información: https://turismocoria.es/turismo/

¿SABÍAS QUE TOMELLOSO LLEGÓ A TENER CASI CIEN CHIMENEAS APUNTANDO AL CIELO?

Recorrer la Ruta de las Chimeneas es certificar, casi ladrillo a ladrillo, la historia de la industria que convirtió a Tomelloso en el mayor productor de alcohol vínico del mundo.

 

Quien pasea hoy por Tomelloso acaba, tarde o temprano, mirando hacia arriba. Torres esbeltas de ladrillo rojo, algunas de más de 40 metros, se recortan entre las viviendas y las plazas sin pedir permiso a nadie. No son caprichos arquitectónicos ni vestigios sin sentido: son las chimeneas de las antiguas destilerías de alcohol, y llegaron a ser casi un centenar. Hoy se conservan 19 grandes y 13 pequeñas, y cada una de ellas tiene algo que contar.

La gran actividad vitivinícola de Tomelloso desde la segunda mitad del siglo XIX obligó a buscar salida a una producción que crecía más rápido que la demanda de vino embotellado. Así, junto a las bodegas, empezaron a levantarse destilerías capaces de transformar el vino en alcohol a través de columnas y tuberías de cobre y acero. Al florecer el comercio entre los países mediterráneos y el norte de Europa, aquel alcohol se convirtió en un producto codiciado: se añadía a los vinos para que aguantaran las largas travesías marítimas, y las holandas —los alcoholes finos que salían de esa destilación— servían de base para elaborar aguardientes. Hacia 1950, el pueblo llegó a contar con 60 destilerías en pleno funcionamiento y cerca de cien chimeneas dominando el paisaje urbano.

Que estas torres alcanzaran los 20, 30 o hasta 45 metros no era un exceso de vanidad, sino pura física aplicada. Cuanto más alta la chimenea, mayor la aspiración que generaba, y esa fuerza era la que impedía que el humo cayera y ennegreciera calles y fachadas. Las más altas evacuaban el humo de las grandes calderas, alimentadas con leña o carbón, que calentaban el serpentín de destilación. Las más bajas, por debajo de los 20 metros, servían a aparatos más modestos dedicados a obtener holandas y aguardientes, y solían quemar leña, de humo más ligero que el carbón. Levantarlas exigía maestros muy especializados: no bastaba con que evacuaran el humo, también debían ser el elemento más vistoso de la destilería. Se construían con el ladrillo de mejor calidad y un mortero especial —arena, cal y cemento— capaz de aguantar el calor sin resquebrajarse.

Dos apellidos se repiten en casi todas las historias: Goig y Jareño. El valenciano José Goig Lorente firmó, entre otras, una de las primeras chimeneas que construyó en la ciudad, la de Casajuana (1942, 35 metros), a la que en 1951 se sumó una segunda obra de Antonio Jareño; juntas forman uno de los mejores conjuntos de patrimonio industrial de Tomelloso. El propio Jareño dejó su firma más personal en la chimenea de Fábregas (1964), de más de 40 metros, a la que él mismo llamaba “la retorcida”. Bajo la dirección de Goig se levantó también, en 1950, la de Domecq, encargada por la destilería jerezana del mismo nombre y considerada una de las más destacadas de toda La Mancha. Las dos pequeñas “Gemelas” de la bodega Peinado recuerdan, por su parte, que la actividad destiladora en Tomelloso arrancó ya en 1820. Y la última chimenea que se construyó en la ciudad, la de Eugenio Navarro, es también la más singular: se levantó en 1985 no para dar salida al humo de una destilería, sino en memoria de otra chimenea derribada en la antigua bodega de Antonio Fábregas, y hoy cumple una función bastante más doméstica: la salida de humos de la caldera de calefacción de una urbanización.

Hoy, ninguna de estas chimeneas destila ya alcohol. Los depósitos de acero inoxidable y los sistemas de temperatura controlada dejaron obsoleto aquel modelo industrial. Pero las 19 grandes y las 13 pequeñas que se conservan siguen ahí, firmes, señalando el sitio exacto donde estuvo cada destilería, aunque el edificio haya desaparecido. Recorrer la Ruta de las Chimeneas es, en realidad, leer un plano invisible de lo que fue Tomelloso: un pueblo que, para dar salida a su vino, aprendió a levantar ladrillo hacia el cielo con la misma paciencia con la que sus vecinos excavaban cuevas bajo sus pies.                  

 

Más información: https://visitatomelloso.com/

SEVILLA: EL VIAJE PERFECTO PARA LA VUELTA AL COLE

Un fin de semana entre patrimonio, barrios históricos, arte y buena gastronomía para redescubrir la capital hispalense cuando el verano se despide.

 

Septiembre marca el regreso a los horarios, las obligaciones y la rutina; sin embargo, también es el momento perfecto para regalarse una última escapada. Con temperaturas mucho más amables y la ciudad recuperando progresivamente su pulso habitual, Sevilla se presenta como un destino idóneo para prolongar esa ansiada sensación de vacaciones durante el fin de semana. Unos días para recorrer sus rincones más emblemáticos tomando como punto de partida la céntrica Plaza del Duque, donde los hoteles América y Derby ofrecen una ubicación privilegiada para descubrir la ciudad a pie.

Llegar a Sevilla un viernes por la tarde es la excusa perfecta para desconectar del trabajo. La primera toma de contacto comienza con un paseo tranquilo desde la propia Plaza del Duque: una invitación a perderse sin prisa por el entramado de calles y plazas del casco antiguo.

Tras esta primera caminata, y antes de despedir la jornada, la mejor opción es sumergirse en una de las grandes señas de identidad hispalenses: su gastronomía. Entre tapas tradicionales y propuestas culinarias contemporáneas, la cena se convierte en otra forma de saborear la ciudad, libre de prisas y sin mirar el reloj.

El sábado arranca con uno de los grandes itinerarios culturales del país. La Catedral, la Giralda, el Archivo de Indias y el Real Alcázar conforman un conjunto monumental único, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987. Por la tarde, el recorrido continúa hacia el Parque de María Luisa y la emblemática Plaza de España —auténtico icono de la arquitectura regionalista—, para culminar el paseo junto a las riberas del Guadalquivir.

La jornada dominical invita a cruzar el río por el icónico Puente de Isabel II (el popular Puente de Triana) para adentrarse en Triana, uno de los barrios con mayor carácter y alma de la ciudad. Este rincón histórico despliega un ambiente único y guarda entre sus calles una profunda y arraigada tradición alfarera y cerámica.

Para redondear la experiencia, el Hotel América y el Hotel Derby resultan opciones ideales para descansar y reponer fuerzas. Ambos alojamientos destacan por su confort y por una localización inmejorable en la Plaza del Duque de la Victoria, en pleno centro histórico. Gracias a su ubicación estratégica, es posible explorar los principales atractivos de esta ciudad mágica dando simplemente un paseo, sin necesidad de recurrir al transporte público.

Por otro lado, para quienes prefieran una estancia más independiente y serena, cerca del bohemio barrio de La Alameda se ubican los Apartamentos Lumbreras 16. Situados muy próximos al río Guadalquivir, ofrecen todas las comodidades de un hotel con la privacidad y libertad que brinda un apartamento.

Sevilla demuestra así que no necesita excusas ni fechas señaladas para enamorar a quien la visita. Septiembre regala la oportunidad de descubrirla a un ritmo más pausado, combinando patrimonio, cultura, alta cocina y paseos memorables lejos del rigor estival. La escapada de fin de semana idónea para alargar, aunque sea por unos días, la magia del verano.

 

 

 

 

Para más información:

https://www.hotelamericasevilla.com/

https://www.hotelderbysevilla.com/

www.lumbreras16.com