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6 LUGARES MÁGICOS PARA CONTEMPLAR EL ECLIPSE SOLAR

Miradores naturales, pueblos con alma y paisajes de leyenda convierten la Comarca de Liébana en uno de los destinos más bonitos para disfrutar de este fenómeno astronómico único.

 

Un eclipse total de sol será visible en la Península Ibérica durante el atardecer del próximo 12 de agosto, regalando una experiencia irrepetible. La franja de totalidad cruzará nuestro país y permitirá a los viajeros disfrutar de un fenómeno único en la Comarca de Liébana. Desde miradores naturales hasta aldeas donde el tiempo parece detenerse, este destino ofrece escenarios únicos para contemplar cómo la sombra transforma el paisaje.

Un eclipse total de sol será visible en la Península Ibérica durante el atardecer del próximo 12 de agosto, regalando una experiencia irrepetible. La franja de totalidad cruzará nuestro país y permitirá a los viajeros disfrutar de un fenómeno único en la Comarca de Liébana. Desde miradores naturales hasta aldeas donde el tiempo parece detenerse, este destino ofrece escenarios únicos para contemplar cómo la sombra transforma el paisaje.

Cuando el sol y la luna se alineen sobre las 19:30, el próximo 12 de agosto, millones de personas alzarán la vista al cielo, con unas gafas especiales que protejan sus ojos, claro, para presenciar uno de los fenómenos astronómicos más fascinantes que pueden contemplarse desde la tierra. Durante menos de 2 minutos, la luz cambiará, los sonidos se volverán más nítidos y el paisaje adquirirá una atmósfera diferente.

En la Península Ibérica, una franja recorrerá el país y este fenómeno solo será visible en algunos lugares, como en la Comarca de Liébana. Rodeada por los imponentes Picos de Europa este destino permite disfrutar de la magnitud del cielo en un evento sin igual.

Si estáis pensando en vivir este fenómeno, la Comarca de Liébana os ofrece seis enclaves evocadores donde la observación astronómica se convierte en una experiencia sensorial y emocional.

CAHECHO

Desde el pequeño pueblo de Cahecho, situado en el municipio de Cabezón de Liébana, el Mirador de Liébana ofrece una de las panorámicas más impresionantes de la comarca. A medida que la luz del eclipse se proyecte sobre los valles y montañas, el paisaje se transformará en una escena difícil de olvidar. Un auténtico balcón natural desde el que contemplar cómo la naturaleza se transforma ante este fenómeno.

ESPINAMA

Espinama, situado en el municipio de Camaleño, a las puertas del Parque Nacional Picos de Europa, es uno de esos lugares donde la naturaleza se muestra en todo su esplendor. Rodeado por las cumbres de los Picos de Europa, este pueblo ofrece un entorno majestuoso en el que disfrutar del eclipse.

POTES

La villa de Potes, capital de la Comarca de Liébana, combina el encanto de sus torres medievales, calles empedradas y puentes centenarios con un entorno natural privilegiado. Otro rincón mágico donde parar a contemplar el cielo.

CALOCA

Caloca, situado en la localidad de Pesaguero, es un lugar donde el viajero se rinde ante el silencio y la inmensidad del paisaje. Rodeado de montañas, praderas y bosques, este rincón permitirá vivir el eclipse en una auténtica atmósfera de calma.

BEJES Y TRESVISO

Bejes y Tresviso, situados en el extremo occidental de la Comarca de Liébana, ofrecen la estampa más pura de este rincón del territorio, con valles abruptos y altos macizos. Aquí la experiencia astronómica se marida con gastronomía de sabor propio, ya que quien visita este lugar no puede perderse el inconfundible queso Picón.

DOBRES

Dobres, situado en el municipio de Vega de Liébana, es un pequeño pueblo con un gran pasado histórico que invita a detenerse, escuchar y contemplar. Durante el eclipse, esta paz marcada por la plena naturaleza  se verá alterada por un instante.

La Comarca de Liébana se prepara así para ofrecer mucho más que un fenómeno astronómico. El próximo 12 de agosto será la oportunidad perfecta para descubrir un territorio lleno de paisajes espectaculares, pueblos con alma y tradiciones.

 

Más información: https://www.comarcadeliebana.com/

RIOTINTO, CUANDO EL PAISAJE MINERO SE CONVIERTE EN TURISMO INDUSTRIAL INSÓLITO

 

 

Hay un rincón de Huelva donde la tierra se abre en un cráter rojizo de más de un kilómetro de largo y trescientos sesenta y cinco metros de profundidad. Es Corta Atalaya, una de las mayores explotaciones mineras a cielo abierto de Europa (junto con Cerro Colorado, conocida popularmente como ‘Las Minas del Rey Salomón’), y su presencia basta para explicar por qué la Cuenca Minera de Riotinto se ha convertido en el gran referente del turismo industrial andaluz.

El subsuelo onubense lleva escribiendo su propia historia desde hace cinco mil años. Tartesios, fenicios y romanos ya explotaron sus vetas de cobre, hierro y plata, y en el siglo XIX llegó la revitalización definitiva de la mano de la compañía británica The Rio Tinto Company Limited, que gestionó el yacimiento desde 1873. «No hay mayores depósitos de piritas en el mundo que los de la provincia de Huelva», llegó a asegurar el geólogo estadounidense David Williams, uno de los técnicos que trabajó para la firma. No es una exageración: hasta 1986, una décima parte del cobre mundial salía de estas minas.

Ese pasado, declarado Zona Patrimonial y Bien de Interés Cultural en 2011 e integrado en la Ruta Europea del Patrimonio Industrial, se recorre hoy con otra mirada. La visita arranca en el Museo Minero, donde una recreación de galería romana permite imaginar cómo se trabajaba bajo tierra hace más de dos mil años, y continúa en la Casa 21 del Barrio de Bella Vista, vivienda de corte victoriano que conserva el ambiente de la comunidad británica que dirigió la explotación moderna.

Pero es la propia Corta Atalaya, abierta al público en 2022, y desde su apertura ha recibido una media de 15.000 visitantes anuales de los 100.000 que tiene el Parque Minero en su conjunto. Elíptica, excavada en 26 bancales de 12 metros y medio de altura, llegó a emplear a más de 12.000 obreros que arrancaban el mineral casi a mano. Desde su mirador, los vehículos que trabajan hoy en el fondo de la corta se ven diminutos, como de juguete, mientras los guías del Parque Minero reconstruyen la memoria de una mina que comenzó a explotarse a cielo abierto en 1907 y que no cesó su actividad hasta 1992.

El recorrido prosigue a bordo del Ferrocarril Turístico Minero, tirado por la Locomotora de Vapor tipo C nº 14 —la más antigua de España, de 1875—, que avanza junto a Riotinto y sus aguas rojizas, tan singulares que la ciencia las estudia como analogía de los ambientes marcianos. La experiencia «Marte en la Tierra» profundiza precisamente en esa rareza geológica que ha convertido la comarca en laboratorio natural para la investigación espacial.

Para quien quiera ir más allá de la memoria industrial, Riotinto Experience ofrece algo excepcional: subir a un 4×4 climatizado y adentrarse en una mina que sigue activa, observando de cerca la maquinaria y los procesos de extracción del siglo XXI. Es el contraste perfecto para cerrar la visita, la prueba de que en Riotinto la historia minera no se ha detenido, sino que convive con su presente productivo.

Turismo minero, patrimonio industrial y un paisaje que no se parece a ningún otro en Europa: así se presenta este agosto la Cuenca Minera de Riotinto, la gran cita del turismo industrial insólito en la provincia de Huelva.

 

Más información: www.turismohuelva.org

LA FORMENTERA DE LOS SILENCIOS

Si bien es cierto que hay muchos más, este paraíso del Mediterráneo esconde lugares de ensueño para dedicarse un tiempo de no escuchar apenas nada…

 

 

Hay un lugar donde el ruido no llega, o llega tan tamizado por el viento que ya no molesta a nadie. Formentera, además de playas turquesa y sobremesas eternas, guarda un puñado de rincones donde el silencio todavía manda. No el silencio absoluto, que ese no existe en una isla rodeada de mar, sino ese otro silencio hecho de oleaje, de viento entre piedras y de pasos propios sobre tierra seca. Un silencio que se puede visitar.

El primero de esos refugios lleva siglos de práctica en guardar distancias. Son las torres defensivas que el siglo XVIII levantó a lo largo de la costa para vigilar al enemigo que llegaba del mar, y que hoy vigilan, sobre todo, que nadie interrumpa a quien se sienta a su sombra. La torre de Punta Prima, junto a Es Pujols, mira hacia levante con Ibiza al fondo y los acantilados de La Mola dibujando el horizonte; a esa hora en la que ya no queda casi nadie en la playa, es un balcón que se ofrece entero. En mitad de la isla, junto a Migjorn, la torre des Pi des Català —tres plantas de piedra de 1763, restauradas en 2016— guarda entre sus muros el único interior visitable de todo el sistema defensivo, un hueco fresco donde el eco de los propios pasos se convierte, por un momento, en la única compañía.

Más al sur, sobre el acantilado del cap de Barbaria, la torre des Garroveret se asoma a 65 metros sobre el mar. El viento aquí no calla nunca del todo, pero es un ruido que no pesa: se filtra entre la vegetación árida y rala que apenas se sostiene en pie, y termina por convertirse en una suerte de respiración de fondo. Y en el extremo opuesto, cerca de Can Marroig, al norte de Cala Saona, la torre de sa Gavina vigila todavía el poniente, aunque ya nadie tema al pirata: solo queda la puesta de sol, que llega sin testigos casi todos los días del año.

Hay una quinta torre, la de sa Guardiola, que ni siquiera pertenece del todo a Formentera: se alza en s’Espalmador, el islote del norte, vigilando el paso del pas des Freus. Llegar hasta ella ya es, de por sí, un ejercicio de retirada del mundo: cuanta más agua queda entre uno y la isla grande, más fácil resulta escuchar solamente el mar.

Y luego están los faros, que no solo alumbran: también recogen. El far del cap de Barbaria, en el punto más meridional de todas las Balears, se levanta sobre un muro vertical de 100 metros frente a África. Cerca, la Cova Foradada obliga a agacharse y colarse por un hueco de piedra para llegar a un mirador que parece guardado a propósito para quien tenga paciencia de buscarlo. Al atardecer, con Es Vedrà recortado al fondo, este cabo se convierte en un lugar de una soledad casi física, de esas que se sienten en el cuerpo antes que en la cabeza.

En el extremo contrario, sobre el altiplano de La Mola, el far de la Mola se asoma a 120 metros de altura, no muy lejos de sa Talaiassa, el techo de la isla a 192 metros sobre el mar. Aquí el silencio tiene ya algo de leyenda: fue este paisaje el que empujó a Julio Verne a mencionarlo en una de sus novelas, y un pequeño monolito junto al faro todavía se lo recuerda a quien pasa.

Ninguno de estos lugares pide nada a cambio. Solo que uno llegue dispuesto a no hablar, a caminar despacio y a dejar que el Mediterráneo, con su ir y venir de siempre, ocupe todo el espacio que en otro sitio ocupa el ruido.

 

Más información: www.formentera.es

 

ADÉNTRATE EN RIAZA, EL ALMA SERRANA DE SEGOVIA

Esta bella localidad, socia fundadora de la Red de Pueblos Gastronómicos de España, es uno de esos lugares que no entiendes cómo no diste antes con ella para dejarte embelesar por su vida, su cultura y el calor de sus gentes.

 

 

Todo lo que es Riaza, lo que representa y ejemplifica, no se podría explicar si no se comenzara por su plaza. A 1.190 metros de altitud, en el punto donde la meseta empieza a ceder paso a las primeras estribaciones de la Sierra de Ayllón, esta villa segoviana ha sabido guardar el equilibrio entre piedra, tradición y paisaje. Desde el 8 de diciembre de 1970 ostenta la declaración de Conjunto Histórico Artístico, aunque quien camina por sus calles no necesita el sello oficial para notarlo.

La Plaza Mayor es la prueba. Partida en dos por un Ayuntamiento del siglo XVIII —coronado por una torre de hierro forjado que, guardando las distancias, recuerda a la Torre Eiffel—, conserva las gradas de piedra, rematadas por una balaustrada también de hierro, y los soportales de 82 columnas que un día sirvieron de graderío para los encierros. Aquí se montaban mercados, se bailaba y también se ajusticiaba: la picota que presidía la elipse ha desaparecido, pero el trazado del coso sigue intacto, como si la plaza recordara para qué fue construida.

Detrás del Ayuntamiento espera la iglesia de Nuestra Señora del Manto, neoclásica por fuera y sorprendentemente rica por dentro. Su retablo mayor del XVII incluye lienzos atribuidos a Diego Valentín Díaz, y conviven en el templo un Cristo gótico y una Piedad renacentista. Pero lo que de verdad merece la visita es la Colección de Arte Sacro, que reúne piezas de todo el arciprestazgo: desde la talla original de la Virgen del Manto, del siglo XIII, hasta custodias y tenebrarios de plata.

El resto del pueblo se deja ver en detalles: las casas solariegas del XVIII con sus balconadas de hierro —herencia de un pasado de herreros— y los tejados a dos aguas con teja árabe colocada «a la segoviana». Hay una farola decimonónica que todavía alumbra, una capilla barroca escondida tras una fachada con escudo. Riaza no enseña su historia de golpe; hay que ir a buscarla.

Y luego están las ermitas, cada una con su propia historia. La de San Juan, al norte del pueblo, se levanta sobre un antiguo cementerio medieval: ahí siguen la cruz de 1553 y algunas lápidas. La de San Roque, en el parque de El Rasero, nació como promesa tras la peste de 1599 y guarda un retablo barroco tan sencillo como bonito. La más alejada, la de Hontanares —a 4,5 km, entre robles, construida en 1606— custodia una Virgen románica; sus romerías cuentan entre las más arraigadas de Castilla, y el área recreativa que la rodea reúne todo el año a senderistas y devotos por igual.

Desde allí, el mirador de Peñas Llanas ofrece una de esas vistas que justifican la subida: las hoces del Riaza, el pico de Grado —límite con Guadalajara—, Somosierra y, si el día acompaña, los Picos de Urbión, ya en Soria. Se distinguen cinco provincias, y también un fragmento de la Ruta del Color: pueblos amarillos, rojos y negros, repartidos en apenas diez kilómetros, que deben su tono a la piedra de su suelo.

Riaza tampoco se entiende sin lo que la rodea. A 9 km, el hayedo de La Pedrosa, en el puerto de la Quesera, se incendia de ocres y dorados cada otoño; el embalse de Riofrío atrae a los pescadores; y en invierno, la estación de La Pinilla —de titularidad municipal— convierte la sierra entera en pista de esquí.

Todo esto sigue vivo. Riaza no es un pueblo que se mira desde fuera, sino uno que se recorre despacio, con el olor a leña y asado de fondo, sentado en sus jardines o perdido, sin mapa, por sus calles al atardecer.

Más información: 
www.pueblosgastronomicos.com

SEVILLA CON LOS MÁS PEQUEÑOS DE LA CASA

Tres planes divertidos para disfrutar de la ciudad con niños y sin miedo a las altas temperaturas estivales.

La capital andaluza ofrece un sinfín de planes para todas las edades. Una visita cultural, una ruta en kayak por el río Guadalquivir o un paseo tranquilo por el Parque María Luisa, son algunas de las opciones que podréis elegir si decidís visitarla. Los Hoteles América y Derby son la elección perfecta para descubrir la ciudad cómodamente.

El verano es el momento perfecto para disfrutar de tiempo en familia, y Sevilla es un destino ideal, aunque os puedan asustar sus altas temperaturas. Por ello, os proponemos tres planes que combinan horas de diversión y ratos de conocimiento.

  1. Un plan cultural

Una visita a CaixaForum puede convertirse en toda una aventura llena de conocimiento, ya que hasta el próximo 12 de octubre los más pequeños podrán descubrir ‘Dinosaurios de la Patagonia’, una exposición que recorre el trabajo de los paleontólogos para conocer el paso de estos grandes animales por el hemisferio sur.

  1. Un plan deportivo

Recorrer Sevilla desde el agua es posible con actividades como un paseo en kayak. Desde el río Guadalquivir, pequeños y mayores, podrán contemplar algunos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, como la Torre del Oro, el Barrio de Triana, o la Giralda.

  1. Un plan al aire libre

Pero si los pequeños de la casa tienen alma de exploradores, el Parque de María Luisa será vuestro destino. Este parque es uno de los pulmones verdes de la capital hispalense. Sus amplias zonas ajardinadas, permiten a los niños jugar y explorar mientras los adultos descubren uno de los jardines históricos más emblemáticos de Sevilla. Un entorno perfecto para completar una jornada de turismo de forma relajada.

Para esta experiencia familiar, los Hoteles América o Derby Sevilla son ideales para reponer fuerzas y descansar. Estos hoteles ofrecen un confort inigualable.

Ambos alojamientos cuentan con una inmejorable localización, ya que están situados en la Plaza de Duque de la Victoria, en pleno centro, sin necesidad de transporte. Únicamente andando conseguirás conocer una ciudad mágica a un paseo de distancia.

Pero si buscas algo más tranquilo, apartado del ajetreo del centro, cerca del barrio de La Alameda, se encuentran los Apartamentos Lumbreras 16. Un espacio cerca del río Guadalquivir para disfrutar de las comodidades de un hotel, pero con la libertad de un apartamento.

Estas tres propuestas harán de vuestra estancia en Sevilla, una verdadera aventura para los sentidos. Ya que los más pequeños disfrutarán conociendo la ciudad de una forma diferente.

Para más información:

https://www.hotelamericasevilla.com/

https://www.hotelderbysevilla.com/

www.lumbreras16.com

VALL DE NÚRIA SUMA UN NUEVO ATRACTIVO CON VISTAS AL PIRINEO

Un nuevo mirador panorámico hará las delicias de los visitantes con una vista privilegiada del entorno. Una visita al Hotel Vall de Núria será una experiencia excepcional.

 

Una mirada diferente sobre el valle es posible gracias a la reciente inauguración de un mirador, que ofrecerá una imagen del lago y el Santuario que dejará impresionado al espectador. Esta plataforma, de 34 metros de longitud, suspendida sobre la ladera, permite al visitante una instantánea mágica. Este proyecto suma un atractivo más para el viajero que pretende disfrutar de unos días en el Hotel Vall de Núria.

Vall de Núria incorpora un nuevo mirador panorámico que invita a contemplar la espectacular belleza del Pirineo catalán desde una perspectiva diferente. Esta nueva infraestructura amplía la oferta de experiencias del destino y se convierte en un nuevo reclamo para quienes buscan disfrutar de la naturaleza, el senderismo y la tranquilidad en uno de los enclaves más singulares.

Situado en un entorno privilegiado, el nuevo mirador ofrece un espacio donde detenerse tras una larga caminata por el valle. Una forma original de observar y conectar con la naturaleza, desde las alturas.

Accesible exclusivamente mediante el emblemático tren cremallera, Vall de Núria ofrece una experiencia única desde el inicio del viaje. La ausencia de tráfico, el entorno natural y la riqueza paisajística convierten la llegada al valle en parte de la propia experiencia.

En este contexto, el Hotel Vall de Núria es la mejor opción para quienes desean disfrutar de unos días de desconexión. Gracias a su ubicación privilegiada, los viajeros tendrán la oportunidad de alojarse en el corazón del valle y disfrutar de la tranquilidad que se respira entre montañas, recorrer senderos o contemplar las horas mágicas reflejadas en el lago.

Además, esta experiencia se complementa con una oferta gastronómica km 0. Productos de altísima calidad y recetas tradicionales se sirven en diferentes espacios: El Restaurante o El Racó de la Vall harán de su estancia un auténtico sueño.

Con esta nueva incorporación, el Hotel Vall de Núria y su entorno siguen creciendo y mejorando para ofrecer al visitante un espacio que no olvidará jamás.

 

 

https://hotelvalldenuria.cat/