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TIPS PARA UNA ESCAPADA EN FORMENTERA. LO QUE NO TE PUEDES PERDER

 

 

Prisas, poco margen para detenerse y disfrutar del entorno, la eterna búsqueda de la foto o reel perfecto para compartir en redes y decir “yo he estado aquí y tú no” … Algo que no aplica para Formentera. Aquí se vive a otra marcha en el cuerpo. Si no, haz la prueba: date una vuelta por la Plaça de Sant Francesc a la hora del desayuno y observa la tranquilidad de la gente en las terrazas. Si, es contagioso. Por eso, aquí van unas pistas para que hagas de Formentera el destino prioritario en tu lista de lugares en los que hacer “check”.  

Una vuelta por el Estany Pudent y Ses Salines. Si llegas al puerto de La Savina por la tarde, perfecto, porque en la carretera que conecta esta población con Es Pujols, puedes (o debes) detenerte en el Estany Pudent. Siendo uno de los principales espacios que condensan biodiversidad, a la caída de la tarde es posible realizar algunas observaciones de especias típicas de la zona como los tarros blancos, los flamencos o los zampullines cuellinegros, de los cuales en Formentera se encuentra una de las colonias más importantes de Europa. Muy cerquita está Ses Salines, con su juego de colores violetas y rosas, resplandeciendo como nunca en esta época del año. Fueron declaradas bien de interés cultural, en la tipología de lugar histórico, en 2004.

Si la esencia marinera fuera un pueblo, se llamaría Es Caló de Sant Agustí. Un paseo por el pintoresco puerto natural es un regalo para los sentidos. El olor a sal y a madera de sus varaderos (declarados lugares de interés cultural en 2002) es algo que hay que vivir en primera persona. Rodeado de casas blancas de pescadores, es una parada más que recomendada para reponer fuerzas en cualquiera de sus restaurantes… Una recomendación: pide cualquier pescado fresco del día. Es un acierto seguro, porque aquí lo preparan como nadie.

Una coqueta iglesia levantada por el clamor de un pueblo. La sencilla iglesia de Nuestra Señora del Pilar en la Mola es un claro ejemplo de iglesia-fortaleza del siglo XVIII, que servía tanto de lugar de culto como de refugio frente a los piratas que navegaban por el Mediterráneo. Con sus muros gruesos, encalados en blanco, contrafuertes robustos, techos planos y un porxo lateral, este templo tiene ese ‘algo’ que redondea una visita en El Pilar de la Mola, donde no faltará la instantánea del faro y, si vas un miércoles o viernes de mayo a octubre, un recorrido por su famoso mercadillo.

Imposible elegir una, así que de perdidos al río… ¡Migjorn! Cada playa tiene su aquel, pero esta línea de costa de unos 5 kilómetros al sur de la isla ofrece un montón de posibilidades. Las favoritas suelen ser Ca Marí, es Arenals y es Copinar, sobre todo porque cuentan con un suelo de arena que te permite meterte en el mar con tranquilidad. Pero aquí viene lo curioso, porque las corrientes invernales juegan un papel determinante a la hora de moldear la costa, haciendo que, de un año para otro, la playa en la que estuviste no sea la misma que recuerdas, lo que lo vuelve aún más emocionante.

Lo más llamativo de Formentera es su versatilidad pese a su tamaño. En familia, en pareja, con amigos o a tu aire, da igual. Uno se puede diseñar ‘su isla’ a gusto para dejar ese recuerdo imborrable que te haga querer volver un año más.

 

Más información: www.formentera.es

 

VALL DE NÚRIA EL REFUGIO PERFECTO PARA CONTEMPLAR LAS PERSEIDAS

Hotel Vall de Núria ofrece este verano una experiencia única de desconexión, naturaleza y observaciones nocturnas en un entorno sin contaminación lumínica.

 

Dormir rodeado de montañas, despertar junto a un lago y contemplar miles de estrellas al caer la noche es posible en Vall de Núria. ¿Qué te parece vivir una experiencia inolvidable en la que perderte en cielos nocturnos espectaculares? El acceso, únicamente en tren Cremallera, convierte la llegada al valle en el inicio de una gran aventura. Un destino donde el lujo reside en el silencio, la desconexión y la belleza del entorno.

Lejos de la contaminación lumínica y rodeado de montañas que superan los 2.000 metros de altitud, Vall de Núria permite contemplar constelaciones, estrellas fugaces y fenómenos astronómicos como las Perseidas.

La experiencia comienza incluso antes de la llegada al valle, cuando los visitantes irrumpen en él gracias al único método de transporte posible: el tren cremallera. Un trayecto singular que convierte el desplazamiento en parte del encanto de este viaje.

Cuando cae la noche, Vall de Núria se transforma en un auténtico observatorio natural. El silencio, la pureza del aire y la oscuridad del entorno crean el escenario ideal para admirar la inmensidad del firmamento y vivir momentos de calma y conexión con la naturaleza.

Como complemento a la estancia, este valle cuenta con un único alojamiento: el Hotel Vall de Núria. Allí los viajeros podrán descansar en sus diferentes habitaciones, disfrutar de una exquisita muestra gastronómica preparada con productos km0 en cualquiera de sus restaurantes, ya que cuentan con especialidades pensadas para cada miembro de la familia.

Además del atractivo astronómico el entorno ofrece prados verdes en los que descansar tras una larga caminata por la zona, un inmenso lago frente al hotel donde olvidarse del reloj y un paisaje pintado de cumbres que convierten cada estancia en una experiencia sensorial.

Con esta propuesta, el Hotel Vall de Núria invita a viajeros, familias y amantes de la naturaleza a vivir noches inolvidables bajo uno de los cielos más impresionantes.

 

https://hotelvalldenuria.cat/

NOCHES DE VERANO CON HISTORIA POR EL REAL ALCÁZAR

Recorridos teatralizados en plena noche son la excusa perfecta para dejarse enamorar por la capital hispalense.

 

 

Hay ciudades que cambian cuando cae el sol, y Sevilla es una de ellas. Este verano, el Real Alcázar vuelve a abrir sus puertas al anochecer para invitar a vivir una experiencia mágica con sus visitas teatralizadas sobre el enlace de Carlos V e Isabel de Portugal, cada jueves y viernes hasta octubre. Una propuesta que convierte cada noche en una forma distinta de descubrir la ciudad. Esta aventura se redondea con una céntrica estancia en los Hoteles Derby o América Sevilla.

Cuando cae la tarde y Sevilla comienza a bajar el ritmo, el Real Alcázar se transforma en uno de los escenarios más especiales del verano. Este año, el conjunto monumental vuelve a abrir sus jardines y patios para ofrecer una programación nocturna que une música, patrimonio y experiencias inmersivas en uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad.

Esta nueva temporada el Real Alcázar os propone una forma distinta de descubrir este enclave Patrimonio de la Humanidad: Visitas nocturnas teatralizadas inspiradas en la boda de Carlos V e Isabel de Portugal, que trasladan al visitante al siglo XVI. Cada jueves y viernes hasta finales de octubre, con pases a las 21:00, 21:30, 22:00h y 22:30.

Esta propuesta sumerge al espectador en una experiencia que invita a recorrer el monumento desde otra perspectiva. Durante aproximadamente 70 minutos, los actores de la compañía Teatro Clásico de Sevilla recorrerán las estancias clave del monumento vinculadas al enlace imperial, como el Cuarto del Almirante, la Capilla de la Virgen de los Navegantes, el Patio de las Doncellas, el Patio de las Muñecas o el Salón de los Embajadores. Este recorrido comienza en la Puerta del León y finaliza por la Puerta del Apeadero del Patio de Banderas.

Para quienes quieran convertir esta experiencia en una escapada urbana completa, la elección del alojamiento forma parte del viaje. Situados en pleno centro de Sevilla, los hoteles América y Derby permiten descubrir cómodamente algunos de los principales espacios históricos y culturales de la ciudad, facilitando recorrer el casco histórico a pie y prolongar la experiencia más allá del concierto.

Por otro lado, quienes busquen una estancia más tranquila y residencial encontrarán en los Apartamentos Lumbreras 16 una alternativa para vivir Sevilla con mayor libertad, cerca del río Guadalquivir y del ambiente relajado del barrio de La Alameda.

Más allá del espectáculo, las noches del Real Alcázar invitan a descubrir una Sevilla distinta: más pausada, más sensorial y dejándose llevar por la música, la historia y la época estival.

 

 

 

Para más información:

https://www.hotelamericasevilla.com/

https://www.hotelderbysevilla.com/

www.lumbreras16.com

EL VERDADERO TESORO DE TOMELLOSO SE ENCUENTRA BAJO NUESTROS PIES

Visitar las cuevas de Tomelloso es uno de los planes más fresquitos y recomendables para hacer en estas fechas, porque, además, te mostrarán la verdadera idiosincrasia de una gente orgullosa de sus raíces y su tradición.

 

Si bien es cierto que los museos son verdaderos templos del conocimiento y el entendimiento de los pueblos, y que Tomelloso también los tiene, las cuevas, todo un mundo bajo los pies de esta ciudad, merecen un capítulo aparte. Si alguna vez caminas por el centro de esta ciudad manchega y ves unas rejas metálicas situadas en el suelo, no las pises sin antes detenerte un segundo. Lo que hay debajo no es una alcantarilla ni un sótano cualquiera. Es, literalmente, la razón por la que Tomelloso existe tal como la conocemos hoy.

Hacia 1820, los vecinos de Tomelloso empezaron a hacer algo que, visto desde fuera, suena casi a locura colectiva: se pusieron a excavar. Bajo sus propias casas, con picos y a base de brazos y esfuerzo, fueron abriendo huecos en la tierra que con el tiempo se convertirían en más de 2.500 cuevas. Todas con el mismo propósito: hacer vino y guardarlo bien.

El trabajo no era sencillo. Los «picadores» eran los encargados de abrir camino con sus herramientas, horadando el subsuelo hasta dar forma a naves con bóvedas en arco de medio punto. Pero no lo hacían solos. Las «terreras» —mujeres, en su mayoría— se encargaban de subir a la superficie toda la tierra y la arena que salía de las entrañas de la tierra. Un material que tampoco se desperdiciaba: buena parte de él acabó pavimentando calles o levantando las propias casas del pueblo.

La geología de la zona se prestaba para esto. El techo de cada cueva lo forma una capa de roca tosca —lo que aquí llaman ‘la tosca’— de entre dos y cinco metros de espesor. Una cubierta natural que mantiene el interior a una temperatura estable, sin sobresaltos, perfecta para que el vino fermente y repose sin que el calor del verano manchego ni el frío del invierno lo estropeen. La profundidad media de estas cuevas ronda los 12 metros. No es poca cosa.

Las rejas que se ven en las aceras tienen nombre: lumbreras. Son unas hendiduras practicadas en los techos de las bóvedas con dos funciones bien concretas. La primera, dejar entrar la luz, que baja perpendicular hasta el interior. La segunda, y no menos importante, eliminar el gas carbónico que se genera durante la fermentación del mosto. Que la uva en proceso de convertirse en vino produce gases es algo que los tomelloseros de hace dos siglos ya sabían de sobra, aunque no lo explicaran con esa terminología.

Dentro de esas cuevas había de todo: grandes tinajas de barro, escalas, filtros, bombas. El equipamiento completo de una bodega familiar que producía para venderlo y, en muchos casos, también se reservaba una parte para el autoconsumo. Si se pudieran poner todas las antiguas cuevas-bodega de Tomelloso en fila, formarían un túnel de más de 40 kilómetros. Eso da una idea de la escala de lo que se construyó aquí.

Lo que significan para la ciudad

Tomelloso no sería lo que es sin estas cuevas. No es una frase hecha. El vino fue el motor económico que hizo crecer el pueblo, y las cuevas fueron la infraestructura que hizo posible ese vino. Son, en ese sentido, el patrimonio más honesto que tiene la ciudad: no se construyeron para impresionar a nadie, sino para trabajar. Y precisamente por eso impresionan.

Cabe mencionar, además, que no todas tienen el mismo origen ni la misma edad. Las hay anteriores a 1750 —las más antiguas, que en su día no se usaban para elaborar vino sino para otros fines— y las hay más recientes, espaciosas, que ya se consideran obras arquitectónicas de cierta entidad. Es un patrimonio con capas, nunca mejor dicho.

Hoy, la industria vinícola ha cambiado radicalmente. Los depósitos de acero inoxidable y los sistemas de temperatura controlada han dejado obsoletas estas bodegas subterráneas para la producción a gran escala. Pero las que se conservan siguen en pie, con el mismo silencio y la misma temperatura de siempre.

La asociación que no deja que se olvide

Todo ese patrimonio, sin embargo, corre un riesgo real: el olvido. Y ahí es donde entra la Asociación Amigos de las Cuevas de Tomelloso.

Se trata de una entidad sin ánimo de lucro cuyo objetivo es doble: preservar las cuevas y darlas a conocer. No es un trabajo menor. Porque aquí hay una particularidad que no tiene ningún museo convencional: las cuevas no son propiedad pública. Se accede a ellas a través de viviendas privadas, de los propios vecinos que las tienen bajo sus casas. Eso convierte cada visita en algo distinto a entrar en un yacimiento arqueológico o en un monumento catalogado.

La labor de divulgación que ha ido realizando la asociación ha generado un interés creciente entre agencias de viaje y grupos organizados de toda España que quieren conocer este rincón subterráneo. Ese interés, lejos de ser un problema, ha obligado a ordenar y racionalizar las visitas, dándoles una estructura que permita atender la demanda sin poner en riesgo ni las cuevas ni la privacidad de los vecinos que las albergan.

Si uno quiere bajar a verlas, tendrá que programar una visita con antelación. No hay otra manera. Y quizá eso, en tiempos en los que todo se consume de forma inmediata y superficial, sea también una forma de decirle al visitante que lo que va a ver merece un poco de preparación y calma, porque merece mucho la pena.

Tomelloso tiene plaza mayor, iglesia, mercado y todas las cosas que tiene cualquier pueblo de Castilla-La Mancha (aunque Tomelloso es una ciudad, no lo olvidemos). Pero tiene algo que no tiene casi nadie más: un mundo completo bajo los pies. Un mundo que huele a tierra, a madera vieja y a vino. Y que, gracias a quienes se han empeñado en cuidarlo, todavía puede contarse.

 

 

 

 

Más información: https://visitatomelloso.com/

Y FUISTE TÚ MI HOTEL INOLVIDABLE

Puerto Antilla Grand Hotel, un resort de cuatro estrellas que transforma el verano en una experiencia formidable para toda la familia.

Hay vacaciones que se recuerdan por los lugares y otras por las sensaciones. En Puerto Antilla Grand Hotel, los días comienzan con sabor a verano y continúan entre juegos, piscinas, momentos de desconexión y planes pensados para que cada miembro de la familia encuentre su propio ritmo. Un destino donde el verano recupera algo que durante el año parece escasear: tiempo de calidad juntos.

Las vacaciones son, para los más pequeños, el momento más esperado del año. Tras meses siguiendo la rutina escolar, los niños cambian la mochila llena de libros por otra repleta de ganas de jugar horas y horas.

En la costa onubense, Puerto Antilla Grand Hotel se convierte en uno de esos lugares donde el tiempo parece transcurrir de otra manera. Aquí, cada día comienza sin prisas y con desayunos que saben a vacaciones: tortitas recién hechas, gofres, zumos naturales y una selección de dulces que invitan a alargar la mañana antes de lanzarse a la siguiente aventura.

Aquí, cada generación tiene su lugar. Mientras que los más pequeños disfrutan en el Miniclub (4 a 7 años), el Maxiclub (8 a 12) y el Teenclub (13 a 17), los adultos descubren el verdadero lujo del verano en este hotel: tener tiempo para ellos.

Esta temporada el hotel, que cuenta con un estupendo equipo de animación, contará con actividades temáticas para todas las edades; Fiesta del agua con colchonetas, fiesta de la espuma, fiesta tropical chic, actividades fitness y aguagym todos los días.

Entre talleres creativos y juegos al aire libre los días se pasarán volando. También, Pingo se convertirá en el mejor amigo de juegos de quienes pasen unos días en Puerto Antilla Grand Hotel.

Y cuando cae la tarde, ya que todas las noches los huéspedes podrán disfrutar de espectáculos nocturnos: shows infantiles, actuaciones musicales, números acrobáticosy espectáculos de magia cerrarán el día, con los niños como principales protagonistas.

Porque, al final, las vacaciones familiares se miden por la cantidad de recuerdos que se generan, y en Puerto Antilla Grand Hotel eso lo saben.

 

 

 

Más información y reservas:www.puertoantilla.com

 

BIENESTAR Y SPA CON EL HOTEL DOM PEDRO LISBOA

Este alojamiento invita a sus huéspedes a desconectar del ritmo urbano con una experiencia wellness de cinco estrellas. Su spa es un oasis de relajación con piscina cubierta y gimnasio.

En pleno centro de la ciudad, el Hotel Dom Pedro Lisboa os propone una escapada diferente a la capital lusa. Un viaje para reconectar con uno mismo viviendo momentos de auténtico descanso con un programa que incluye un masaje relajante, acceso al circuito de bienestar, un tratamiento de pedicura, té y aparcamiento gratuito por 90 euros por persona.

En una ciudad llena de actividades como Lisboa, encontrar un espacio de calma es un auténtico lujo. El Hotel Dom Pedro ofrece una experiencia ideal para quienes buscan un viaje diferente, que combine conocer la ciudad y un espacio para relajarse.

Este refugio urbano de cinco estrellas, situado en el corazón de la ciudad, no sólo es el alojamiento perfecto para descubrir las virtudes de la capital lusa sino también para dedicarse un momento especial en su exclusivo Spa Aquae. Un santuario de relajación concebido para recuperar la paz, y disfrutar de algunos de sus tratamientos.

Para quienes buscan una experiencia completa el programa de un día incluye un masaje relajante de 50 minutos, acceso al circuito de bienestar donde podréis disfrutar de su piscina cubierta, jacuzzi, sauna y baño turco. Además, la experiencia se completa con un tratamiento de pedicura, un té relajante y aparcamiento gratuito. Por tanto solo 90 euros por persona.

El bienestar se extiende también a sus elegantes habitaciones y suites, concebidas como auténticos refugios de confort, así como a su fitness center totalmente equipado, disponible desde primera hora de la mañana hasta la noche para quienes desean mantener su rutina de ejercicio.

El Hotel Dom Pedro Lisboa combina estancias de lujo con espacios donde relajarse, disfrutar de una exquisita gastronomía y una ubicación privilegiada.

 

Para más información:

https://www.dompedrolisboa.com/

lisboa.booking@saviotti.pt