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CORIA, LA CIUDAD QUE EL RÍO ABANDONÓ Y EL TIEMPO NO SE ATREVIÓ A OLVIDAR

Declarada Bien de Interés Cultural, esta Ciudad Episcopal y Nobiliaria de la provincia de Cáceres acumula más de dos mil años de historia ininterrumpida entre Murallas romanas, un Castillo Ducal, una Catedral que tardó tres siglos en completarse y el silencio particular de quien sabe que ha visto pasar demasiadas cosas.

 

Por el norte de la provincia de Cáceres, donde el río Alagón define la vega y el cerro define la ciudad, Coria lleva en pie desde antes de que los romanos decidieran ponerle nombre.  Desde fuera, la Muralla lo dice todo: sillería maciza, veinte torres cuadradas, cuatro puertas.  Una estructura pensada para durar.  Y ha durado.

Lo que más sorprende al viajero que llega por primera vez no es ningún monumento en particular, sino la densidad.  En pocas ciudades de este tamaño es posible caminar por un trazado tan irregular, tan claramente medieval, y tropezar a cada vuelta con algo que pertenece a otro siglo.  Las callejuelas del Casco Histórico, declarado Conjunto Histórico desde mayo de 1993, son un genuino túnel del tiempo.

Los orígenes de Coria se remontan a la antigua Caura, poblamiento vetón del siglo VIII o VI antes de Cristo.  Después llegaron los romanos, que convirtieron el lugar en la ciudad estipendaria de Caurium dentro de la provincia de Lusitania, que pagaba tributos a Roma y aportaba tropas, pero conservaba cierta autonomía interna.  Más tarde, la sede episcopal en época visigoda le dio una jerarquía que sobreviviría al propio Imperio.  Y entre los siglos VIII y XIII, la Madinat-Qüriya musulmana fue disputada sin descanso entre islámicos y cristianos hasta que Alfonso IX de León la tomó definitivamente en 1213.

Cada uno de esos pueblos dejó algo.  Los vetones, el poblamiento primitivo. Los romanos, la Muralla.  Los visigodos, la Diócesis.  Los árabes, el trazado y la reforma de las defensas que ya habían levantado sus predecesores.  Los judíos, su presencia en el tejido urbano.  Y los cristianos, la Catedral, el Castillo y los Conventos.  Coria no es una ciudad con capas: es una ciudad que es sus capas.

La Muralla y el Castillo.

Las Murallas romanas de Coria son de los siglos III y IV, y su estado de conservación resulta llamativo.  Veinte torres cuadradas, cuatro puertas, un perímetro que define todavía hoy el límite de la ciudad intramuros.  En algunos tramos se pueden ver estelas funerarias empotradas en los muros, reutilizadas posiblemente por los constructores romanos con esa lógica pragmática que los caracterizó, o bien por los sucesores que vinieron posteriormente.  Son piedras inscritas que pasaron de marcar una tumba a sostener una muralla, y que llevan así más de quince siglos.

El Castillo del siglo XV mantiene en pie la Torre del Homenaje, trazada por el arquitecto Juan Carrera por encargo del Duque de Alba sobre una fortificación anterior levantada por los Templarios en el siglo XII.  Desde lo alto se ve toda la ciudad y gran parte de la vega del Alagón.  Es el primer testimonio conservado del dominio señorial en Coria, que pasó a manos de la Casa de Alba en 1472: el I Duque, don García Álvarez de Toledo, añadió el Marquesado de Coria a una colección de títulos que no haría sino crecer en los siglos siguientes.

La Catedral, trescientos años de construcción.

La Catedral de Santa María de la Asunción se inició en el siglo XV en estilo gótico-renacentista y no se completó hasta mucho después.  Ese proceso dilatado explica la variedad de estilos que conviven en su interior sin demasiada contradicción: el tiempo fue añadiendo capas, como hace siempre, y el resultado es un edificio que no pertenece a una sola época sino a varias.  Fue construida sobre los restos de un templo románico anterior que, a su vez, lo hizo sobre una basílica visigoda y una mezquita árabe, perteneciendo a la Diócesis de Coria-Cáceres, desdoblada definitivamente en 1957 cuando el obispo Manuel Llopis Ivorra trasladó su sede a Cáceres.  Un golpe que los caurienses, según dicen, aún no han del todo olvidado.

El resto del Conjunto Monumental.

Intramuros, el Convento de la Madre de Dios data del siglo XV.  El Palacio Episcopal fue construido en 1626 y estuvo décadas en semiabandono tras la marcha del obispo, hasta que se reconvirtió en hotel de cuatro estrellas.  La Iglesia de Santiago, del siglo XVI, conserva un retablo manierista e imaginería de los siglos XVI al XVIII.  El Seminario Mayor, edificio del XVII, guarda en su interior los restos de un monumento funerario romano.  La Cárcel Real alberga hoy el Museo de la Ciudad.  La Cárcel Eclesiástica fue erigida en 1760.

Fuera del recinto urbano, un Jardín Botánico completa la oferta patrimonial.  Y a las afueras, el Puente de Piedra renacentista, arquitectura civil de otro tiempo, con el cauce seco desde 1640, año en que una fuerte riada desvió el curso del Alagón de forma natural y definitiva.  El río dejó de pasar bajo el puente hace más de cuatro siglos y aún sigue ahí.

El Alagón ya no roza la falda del cerro sobre el que se asienta la ciudad.  A causa de múltiples desbordamientos en los siglos XVII y XVIII —hay quien atribuye el efecto definitivo al terremoto de Lisboa de 1755— su curso se alejó de forma notable, pero se sigue sin comprender Coria sin el Alagón, ni el Alagón sin Coria.  La presencia del río, aunque lejana, es lo que garantiza la fertilidad de unas vegas que explican por qué tantos pueblos distintos quisieron quedarse aquí.

Los siglos XVII, XVIII y XIX no fueron fáciles.  Las luchas con Portugal, el terremoto de Lisboa —que derribó la cúpula y parte de la torre catedralicia, y mató a nueve personas—, los saqueos durante la Guerra de la Independencia, Coria acumuló golpes y fue entrando en un período de decaimiento que se prolongó durante generaciones.  Hoy, con la llegada del turismo, todavía a cuentagotas, la ciudad parece querer reencontrarse con ese pasado y recibirlo.

Un paseo por el trazado irregular de sus calles intramuros no requiere guía ni mapa urgente.  Requiere tiempo y disposición para detenerse.  Coria no se impone: se descubre.  Y en eso reside, quizás, lo más valioso de lo que tiene.

 

Más información: https://turismocoria.es/turismo/

CANGAS DEL NARCEA, PUERTA DE ASTURIAS AL SABOR Y LA TRADICIÓN

Socio fundador de la Red de Pueblos Gastronómicos de España, te conquistará con su vino (porque aquí se hace vino y muy bueno), su queso Xinestosu y sus embutidos.

 

En aquellos lugares en que la climatología es, por lo general, dura y áspera, la alimentación de las personas que los habitan ha de ser consistente para sobrellevar oficios y labores a la intemperie, muchas veces en condiciones adversas. Ello no implica que se renuncie al sabor, al buen hacer y al gusto por una cocina sencilla pero cautivadora. Es, en resumidas cuentas, lo que se encuentran los viajeros cuando llegan a Cangas del Narcea.

Nuestro primer paseo por Cangas requerirá de la atención de nuestros cinco sentidos, principalmente el olfato. Haced la prueba, y empezaréis a notar aromas que se harán familiares en seguida: el olor a pan horneado a primera hora de la mañana; también el de las deliciosas empanadas. Las notas irresistibles de ciruela negra, violeta y regaliz de un vermut recién servido o el aroma a café al atardecer, son algunos de los estímulos en esta colección de sensaciones con las que los visitantes se topan casi por sorpresa.

El respeto a la tradición amparado en la calidad de materias primas de calidad contrastada. Son los secretos de la gastronomía de un pueblo en el que el cereal, la leche, las castañas o las fabes tejen una red que sostienen, además, carnes, vinos y dulces que solo se pueden degustar en Cangas del Narcea. Y solo en Cangas, porque la situación geográfica se prestaba a ello, ya que el cierto aislamiento ha permitido que a día de hoy perduren tradiciones de siglos de historia, como la matanza del cerdo y la obtención de embutidos como el butiello o el chosco. El primero, a base de huesos de rabadal y costilla de cerdo, adobado y embutido en ciego para después ahumarlo en madera de roble, en un manjar que a menudo se acompaña con patatas o berzas cocidas. El segundo, elaborado con una base de lengua y cabecero de lomo aderezados con ajo y pimentón, es una sorpresa hasta para los comensales más reacios.

Pero lo que suscita pocas dudas es el gusto por la ternera local. La raza autóctona Asturiana de los Valles proporciona una carne de jugosidad, aroma y ternura ideal para hincarle el diente. Nada mejor para acompañarla que un pan artesano de leña. Lo tradicional siempre ha sido hornearlo al día en las casas, junto con el bollo, una hogaza rellena de chorizo y tocino. Como nada se desaprovecha en una cocina humilde, con la masa restante se elaboraban las sencillas tortas fritas, conocidas como rapas.

Si hay un plato que representa a la gastronomía de Cangas del Narcea es el caldo de berzas, acompañado de patatas y fabas pintas, y, claro, un contundente compango donde no faltará chorizo, tocino, jamón y morcilla. Aquí no valen las prisas. Estamos hablando de un plato contundente que necesita tiempo, horas a fuego medio lento para que el guiso se impregne del sabor de la carne y los ingredientes se integren en un plato alrededor del cual se han estado sentando en las casas canguesas generación tras generación. Sabroso, genuino, sencillo y robusto. Ningún plato define mejor el carácter de un pueblo que este caldo de berzas.

Los bosques que pueblan los verdes valles son una despensa natural que proveen a los cangueses de múltiples frutos, como las castañas, las nueces o las avellanas en otoño; cerezas, arándanos y moras en verano. Todos ellos son idóneos para complementar o acompañar dulces recetas como el arroz con leche, el requesón con miel o el frixuelo, que aquí se sirve en espiral.

Hay dos grandes curiosidades que hacen de la gastronomía de Cangas del Narcea algo único. El primero es su queso de Xinestosu, o Genesto, pedanía de Cagas del Narcea. Un queso muy peculiar, con una forma característica gracias al molde de esparto en el que se deposita en un principio, estrechándolo en la mitad y dejando unos dibujos característicos por la forma del esparto. Es peculiar porque su producción es escasísima y probarlo es casi un privilegio. Se limita prácticamente a la pedanía de Genesto, donde se elabora artesanalmente para consumo familiar.

La otra gran curiosidad es el vino. Acogido a la Indicación Geográfica Protegida con la denominación de Vino de Calidad de Cangas y es un elemento diferenciador por ser la única zona asturiana productora de vinos. Su origen se remonta al siglo XII y hasta el día de hoy se presenta como un vino ligero, agradable de beber. En algunas bodegas tradicionales aún es posible disfrutarlo bebiéndolo del cachu, un cuenco de madera que va pasando de mano en mano. No hay mayor símbolo de fraternidad, respeto y confianza que compartir tu comida y tu bebida con el de al lado. Una tradición antiquísima que perdura en esta zona de Asturias, tierra dura y de clima difícil, pero habitada por gentes cálidas que comparten su pan, su vino, su tiempo y sus historias con el viajero ávido de ellas…

 

 

 

www.pueblosgastronomicos.com

LA MÚSICA ES EL CORAZÓN DEL HOTEL ÓPERA

A pocos pasos del Teatro Real, el Hotel Ópera transforma cada estancia en un viaje sensorial con música en vivo, historia y bienestar en pleno corazón de la capital.

 

En una ciudad que nunca deja de sonar, existe un lugar donde la música no solo se escucha, sino que se vive. El Hotel Ópera propone una forma diferente de alojarse en Madrid: entre arias, cenas cantadas, sesiones de jazz y cerca de lugares icónicos como el Teatro Real. Una experiencia que convierte la melodía en el compañero del viajero durante noches mágicas. 

Los amantes de la música tienen un rincón en la capital madrileña donde descansar y disfrutar de un género musical teatral emblemático que nació durante el Renacimiento: la Ópera. Mitos antiguos, historias de (des) amor, dramas y gestas épicas cobran vida en un escenario a través de la voz de sus protagonistas.

La Ópera nació en Italia, a partir de la unión de dos tradiciones, una más elitista y refinada proveniente de la música que sonaba en las cortes medievales, y otra más popular. Su evolución durante la época Barroca, el Clasicismo y apogeo en el Romanticismo tuvo como resultado lo que hoy conocemos.

En este contexto, y poniendo en valor la grandeza de este arte que combina música e interpretación, surge un alojamiento a escasos metros del Teatro Real y el Palacio Real. El Hotel Ópera es un emblemático alojamiento madrileño que ha sabido adaptarse al curso del tiempo sin renunciar a su identidad como un hotel familiar y boutique.

Este alojamiento ofrece una forma distinta de vivir Madrid, con propuestas artísticas en vivo y en directo como Una Cena Cantada  o una sesión de Piano Jazz, que convierte una estancia en una experiencia sensorial de categoría.

Desde el check in hasta el check out, los visitantes pueden disfrutar de servicios como una sauna finlandesa para relajarse tras una jornada recorriendo la ciudad, o una sesión de ejercicio en su minigimnasio con vistas al skyline madrileño.

Una estancia en el Hotel Ópera invita a redescubrir la capital desde una perspectiva distinta: más pausada y profunda. En pleno corazón de Madrid, los viajeros podrán disfrutar a ritmo de jazz de una velada inolvidable, o emocionarse con el canto de un tenor.

 

Para más información y reservas:

https://www.hotelopera.com/

 

SALAMANCA VIAJARÁ AL SIGLO XVI CON EL MERCADO COLOMBINO DEL V CENTENARIO DE LA ESCUELA DE SALAMANCA

La Vaguada de la Palma acogerá del 11 al 14 de junio un gran mercado temático con 150 puestos, animación continua, espectáculos, actividades familiares y recreaciones históricas inspiradas en la época de Francisco de Vitoria.

 

 

Salamanca volverá a mirar a una de las etapas más influyentes de su historia con la celebración del Mercado Colombino – V Centenario de la Escuela de Salamanca, un gran evento temático que tendrá lugar del 11 al 14 de junio en la Vaguada de la Palma, coincidiendo con las fiestas de San Juan de Sahagún.

Organizado por Musical Sport y con la colaboración del Ayuntamiento de Salamanca y la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes, el mercado ofrecerá durante cuatro jornadas una inmersión en la Salamanca del siglo XVI, tomando como referencia la época de Francisco de Vitoria y el nacimiento de la Escuela de Salamanca, uno de los movimientos intelectuales más importantes de la historia europea.

“El V Centenario de la Escuela de Salamanca merece una celebración abierta a la ciudad, capaz de unir historia, cultura y convivencia en un mismo espacio.”

El evento abrirá sus puertas en horario de 11:00 a 15:00 horas y de 17:00 a 23:00 horas, reuniendo un total de 150 puestos de artesanía, alimentación, restauración y productos tradicionales, además de una cuidada ambientación inspirada en la época.

A lo largo de todo el recinto, visitantes y turistas podrán disfrutar de animación continua con música en directo, teatro de calle, personajes históricos, espectáculos de fuego, actividades infantiles y propuestas participativas para todas las edades.

La programación contará con compañías especializadas de amplia trayectoria nacional e internacional como Kamaru Teatro, Saltinpunqui, Bambolea, Upsala o Kabayla Zíngary, encargadas de llenar las calles del mercado de vida, color y espectáculo durante los cuatro días de celebración.

Uno de los momentos más destacados será el pregón inaugural, protagonizado por personajes históricos vinculados a la Escuela de Salamanca como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Francisco Suárez o Tomás de Mercado, quienes cobrarán vida a través de distintas acciones teatrales y recreaciones pensadas para acercar al público el legado cultural y filosófico de la época.

El evento también dispondrá de Punto Violeta, concursos para todas las edades y diferentes espacios orientados a la convivencia familiar y la participación ciudadana.

Otra de las grandes atracciones será la colaboración con Los Tercios de Salamanca, que instalarán un campamento histórico en una zona de la Vaguada de la Palma, desarrollando actividades de recreación y divulgación dirigidas al público asistente.

“Más que un mercado histórico, será una experiencia cultural y sensorial que llenará la ciudad de música, teatro, historia y tradición.”

Con esta propuesta, Salamanca sumará un nuevo atractivo cultural y turístico dentro de sus fiestas patronales, combinando historia, ocio, artesanía y espectáculos en un entorno emblemático de la ciudad.

 

Más información: https://www.facebook.com/musicalsporteventos

TOMELLOSO, EL ESPINAR Y GALAPAGAR YA FORMAN PARTE DE LA RED DE PUEBLOS GASTRONÓMICOS DE ESPAÑA

 

 

En la recientemente celebrada II Asamblea Nacional de la Red de Pueblos Gastronómicos de España, se hizo entrega de la placa oficial a estos tres nuevos miembros que acrecientan la gran familia de la Red de Pueblos Gastronómicos de España

Las últimas adhesiones a la Red de Pueblos Gastronómicos de España ya cuentan con su placa oficial que las certifica como miembros de pleno derecho. Se trata de Tomelloso, en Ciudad Real; El Espinar, en Segovia; y Galapagar, en la Comunidad de Madrid. Los tres, Tomelloso como pueblo gastronómico y El Espinar y Galapagar como gastrodestino; se suman a este emocionante viaje en el que conoceremos su cultura, su patrimonio, sus fiestas y su importante legado gastronómico.

Rocío Valentín, concejala de turismo del Ayuntamiento de Tomelloso recibió su placa de manos de su homóloga en el Ayuntamiento de San Cristóbal de la Laguna, María Estefanía Díaz. Por su parte, Javier Figueredo, alcalde de El Espinar y Esther Barrero, concejala de Turismo, recibieron la placa de manos de María Jesús Serrano, alcaldesa de Baena. Galapagar, representado por Ignacio Menéndez, concejal de Turismo recibió la bienvenida a la Red por parte de Josefina Barragán, concejala de Turismo del Ayuntamiento de Almendralejo.

Por tanto, la Red de Pueblos Gastronómicos de España cuenta ya con Alcázar de San Juan, Alhaurín el Grande, Almendralejo, Aracena, Baena, Cangas del Narcea, Llerena, Mora de Rubielos, Riaza, San Cristóbal de la Laguna, Sigüenza y Tomelloso como Pueblos Gastronómicos; y Comarca de Sierra Oeste de Madrid, El Espinar y Galapagar como Gastrodestinos.

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VIVE UNA EXPERIENCIA DE ALTOS VUELOS ÚNICA EN EUROPA

 

Novotel Madrid Center brinda una experiencia de aviación de alta fidelidad, instruida por pilotos profesionales, en un simulador único.

La frontera entre hospitalidad y experiencia inmersiva acaba de desplazarse. Novotel Madrid Center ha incorporado a su oferta un simulador de vuelo de última generación operado por pilotos reales, una propuesta sin precedentes en el sector hotelero del continente y que redefine la noción de actividad singular para el viajero exigente. Solo cinco minutos de briefing separan al huésped de los mandos de un Beechcraft Baron G58 en vuelo.

La experiencia se articula en torno a la réplica de un Beechcraft Baron G58, aeronave bimotor de prestaciones reconocidas en el mundo de la aviación general. El simulador no es un ejercicio de entretenimiento superficial: el panel de instrumentos es completamente funcional, el sistema de sonido reproduce con exactitud la acústica de cabina, las vibraciones recrean la sensación dinámica del vuelo y la vista panorámica envuelve al ocupante en un entorno visual de alta fidelidad. El resultado es una inmersión que, según los responsables del proyecto, exige toda la atención del participante desde el primer instante.

No se requiere experiencia previa en aviación. Tras un briefing introductorio de apenas cinco minutos, el huésped puede elegir entre dos modalidades: un circuito aeroportuario estructurado, que incluye dos despegues y aterrizajes, o bien un vuelo libre en el que el propio participante traza su ruta. En ambos casos, un piloto profesional acompaña la sesión, garantizando tanto la seguridad del ejercicio como la calidad técnica de la experiencia.

La incorporación de este simulador responde a una tendencia consolidada en la hotelería de vanguardia: la demanda de experiencias irrepetibles que trasciendan el alojamiento convencional. Frente a propuestas que apuestan por el bienestar o la gastronomía, Novotel Madrid Center, añade además, la emoción aeronáutica como diferencial, con una ejecución que prioriza el realismo técnico sobre el espectáculo.

La cabina, diseñada para ser completamente inmersiva, concentra la atención del participante en el entorno de vuelo. No hay distracciones externas: solo el horizonte simulado, la respuesta de los mandos y la guía tranquila de un profesional experimentado. Una experiencia que, por primera vez en Europa, el viajero puede encontrar al bajarse del ascensor de Novotel Madrid Center.

 

Más información: https://www.novotelmadridcenter.com/