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LA ROMERÍA DE LA VIRGEN DE LAS VIÑAS, UNA FIESTA QUE CELEBRA EL ORGULLO Y LA IDENTIDAD DE TOMELLOSO

 Este año la Romería se celebrará los días 24, 25 y 26 de abril, para los que se prevé una gran afluencia de visitantes de distintos puntos de España.

 

 

Hay citas que se marcan en el calendario con especial ilusión. Un momento que nadie quiere perderse y en torno al cual se planifica todo el año. Pocos festejos logran esa síntesis perfecta entre la devoción religiosa y el orgullo de un pueblo agrícola como la Romería de la Virgen de las Viñas. En Tomelloso, el último domingo de abril no es un día cualquiera; es el momento en que la ciudad se vuelca hacia su patrona en una celebración que, con ocho décadas de historia a sus espaldas —nació en 1944—, ha sabido ganarse con creces su título de Interés Turístico Regional.

     El preludio de la fe: La noche de las antorchas

La fiesta no espera al domingo para emocionar. El fin de semana arranca con un magnetismo especial en el Santuario de Pinilla, a unos cuatro kilómetros del casco urbano. Allí, la noche previa al día grande, se celebra la Procesión de las Antorchas. Es un acto de un recogimiento que impresiona al espectador: el silencio de escena se rompe solo por el rezo de los fieles que, bajo el manto de la oscuridad y guiados por hileras de fuego, acompañan a la Virgen en torno a su santuario. Merece la pena tomarse un momento para vivir esta estampa porque es el contrapunto íntimo a la explosión de color que está por venir.

         Concursos de arada y habilidad, reatas, carrozas de verde y artísticas

Lo que hace única a esta romería es, sin duda, su puesta en escena. No es solo un desfile; es un homenaje vivo a la historia de esta tierra, uno de los mayores viñedos del mundo.

Si alguien tiene alguna duda de la importancia del mundo rural y agrícola para la gente de Tomelloso, sin duda van a quedar sorprendidos por los concursos de arada y habilidad con tractor. Más que competiciones y pruebas de pericia, sirven para poner en valor lo estrechamente ligado que está el pueblo con el mundo del campo y el orgullo que ello supone.

Las Reatas: Son el alma del camino. Mulas unidas en hilo tirando de carros tradicionales, luciendo esquilados artísticos en sus posaderas —donde se dibujan frases y motivos— y aperos artesanales de una belleza plástica increíble. Es un tributo a la mula, ese animal cuya fuerza de trabajo forjó la riqueza de Tomelloso. Toda la ornamentación y vestimenta que portan estos animales es elaborado de forma artesanal con minucioso detalle. Es tal esa minuciosidad que merece la pena dedicarse un tiempo generoso a contemplar una por una cada mula y sorprenderse por

Las Carrozas «de verde» y artísticas: Aquí la modernidad y la costumbre se dan la mano. Los remolques agrícolas se transforman en jardines móviles, engalanados con ramas de pino, donde las peñas locales cargan todo lo necesario para la fiesta al aire libre. Junto a ellas, desfilan carrozas que recrean escenas de la actualidad o de la tradición local, auténticas obras de arte efímero en las que los vecinos de Tomelloso despliegan todo su ingenio.

     Un mar de viñas y convivencia

El camino hacia Pinilla es un espectáculo para los sentidos. El murmullo constante de la marcha se mezcla con el sonido de la música. Al llegar al santuario, el ambiente se transforma en una convivencia multitudinaria. Entre el aroma del aire primaveral y la comida casera, las familias y amigos comparten mesa en una jornada donde no faltan los bailes regionales y la misa de campaña. El sabor de Tomelloso está presente en cada rincón, con tascas preparadas para ofrecer los productos más emblemáticos de su despensa durante la celebración.

La imagen de la patrona preside todo este fervor. Es imposible no fijarse en el detalle que define la esencia de Tomelloso: la Virgen sostiene un racimo de uvas blancas, mientras que el Niño —al que los tomelloseros llaman cariñosamente el “Niñete”— sujeta un racimo de uvas negras. Es la simbología pura de la vendimia, el motor y orgullo de esta tierra.

Conviene hacer un alto en el camino para disfrutar del Museo de la Virgen de la Viñas, situado a la entrada del paraje de Pinilla. Inaugurado en 2002, este museo es el resultado del esfuerzo de los miembros de la Hermandad. Es todo un archivo histórico que documenta los 80 años de vida de esta romería, compuesto por fotos, vestidos, mantos, mantillas, estandartes y banderas. Además, existe un Libro de Oro de la Hermandad, datado en 1942.

      Una invitación a la hospitalidad tomellosera

La Romería de la Virgen de las Viñas es, en definitiva, el reflejo de un pueblo abierto y hospitalario. Es una fiesta que se vive con intensidad desde el alba hasta el atardecer, donde el respeto a las raíces se siente en cada rincón del Santuario de Pinilla. Si busca comprender el alma de Tomelloso, éste es el lugar y el momento preciso para hacerlo.

 

Más información: https://visitatomelloso.com/

IMAGINA TODA UNA PROVINCIA PARA DISFRUTARLA EN SEMANA SANTA

Huelva puede presumir de tener algunos de los pueblos con las Semanas Santas mes emotivas, curiosas y seguidas.

Para hablar sobre la Semana Santa de Huelva hay que entender que no es solo una manifestación religiosa; es el alma de un pueblo que se vuelca en la calle, mezclando el salitre de la ría con el incienso que se queda impregnado a las paredes blancas de los pueblos.

 

En la capital, la Semana Santa es un despliegue de contrastes. Hay algo casi místico en ver a la Hermandad del Nazareno caminar por las calles del centro mientras la ciudad aún bosteza en la madrugá del Viernes Santo. No es solo la imagen, es el rachear de los costaleros sumado al ritmo de los tambores y las cornetas de la banda de música. O el fervor del barrio de El Polvorín, donde la Victoria se convierte en el epicentro de un sentimiento que desborda cualquier explicación lógica.

La capital es el punto de partida, pero la verdadera magia, esa que te eriza la piel por lo inesperado, se esconde en los senderos que llevan hacia la provincia.

Si hay un lugar que compite en belleza y sobriedad con las grandes capitales, ese es Ayamonte. Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, su Semana Santa es una pinacoteca viviente. Aquí, las imágenes no son solo objetos de culto; son obras de arte de una calidad excepcional.

Lo que hace especial a Ayamonte es su luz. Ver a la Hermandad de la Soledad recogerse mientras la luna se refleja en el Guadiana es una imagen que se queda grabada. Es una celebración señorial, elegante, donde el peso de la historia se siente en cada túnica. El desfile de la Agrupación de Cofradías es uno de los más antiguos de la provincia, y eso se nota en el rigor y el respeto con el que el pueblo vive cada salida procesional.

Si bajamos el ritmo y nos adentramos en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, el relato cambia. Aquí no hay grandes avenidas, sino calles empedradas y estrechas que obligan a los pasos a hacer filigranas para avanzar. En Aracena, el entorno del Castillo añade una capa de solemnidad casi medieval. La Hermandad de la Vera Cruz, con su Cristo del siglo XVI, es de una sobriedad que asusta y maravilla a partes iguales. Es el silencio de la montaña lo que marca el ritmo; aquí la fe es austera, recogida y profundamente auténtica.

En Higuera de la Sierra, la tradición tiene un matiz diferente. Aunque es famosa por su Cabalgata de Reyes, su Semana Santa mantiene ese espíritu de comunidad donde cada vecino tiene un papel. Es una celebración a escala humana, sin artificios innecesarios.

La Semana Santa en Moguer es poesía. No podría ser de otra forma en la tierra de Juan Ramón Jiménez. Es un equilibrio perfecto entre la monumentalidad de sus templos, como el Monasterio de Santa Clara, y la delicadeza de sus tallas. La salida del Cristo de la Sangre es uno de esos momentos que justifican cualquier viaje; la oscuridad se rompe solo con los hachones de cera y el murmullo de las promesas.

Por otro lado, Almonte vive una experiencia distinta. Aquí, la Semana Santa es el preámbulo de lo que vendrá después, pero tiene una identidad propia. El respeto que los almonteños profesan a sus imágenes es de una intensidad que sobrecoge. Es una fe que se toca, que se siente bien adentro.

No podemos pasar por alto Valverde del Camino. Su Semana Santa ha ido ganando peso por la calidad de sus bordados y su imaginería. El Señor del Santo Entierro, en su urna de plata, es una pieza que deja sin palabras. Es el orgullo de un pueblo que sabe trabajar con las manos y que pone ese mismo esmero en cuidar sus tradiciones.

La lista de pueblos sigue y sigue: la elegancia de La Palma del Condado, el recogimiento de Cortegana, o la viveza de Isla Cristina. Pero la Semana Santa de Huelva no se lee, sino que más bien se respira. Es el olor a azahar mezclado con la cera quemada, es el sonido de una saeta que corta el aire en una esquina cualquiera y es, sobre todo, esa sensación de que, por unos días, el tiempo se detiene para dejarnos ver lo que fuimos y lo que seguimos siendo.

Para aquellos que buscan una experiencia que les conecte con la raíz de la tierra, mejor olvidar los mapas y dejarse llevar por el sonido de una banda de cornetas a lo lejos. Allí donde encuentres a un pueblo mirando al cielo con esperanza, allí está la verdadera Semana Santa de Huelva.

 

Más información: www.turismohuelva.org

¿POR QUÉ EL MUNDO DEBE MIRAR A BAENA? RAZONES PARA UNA PROYECCIÓN INTERNACIONAL

Este año es muy especial para Baena, pues va a celebrar su primera Semana Santa como Fiesta de Interés Turístico Internacional

 

Si existiera un termómetro para medir la autenticidad de una tradición, Baena rompería el cristal. Lograr el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Internacional no debería ser una meta, sino una consecuencia lógica de lo que este municipio cordobés ofrece al patrimonio de la humanidad.  Aquí los motivos que la sitúan en una liga propia:

Un Patrimonio de la Humanidad reconocido por la UNESCO: El «Toque del Tambor» ya cuenta con el sello de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2018. No es solo ruido; es un ritual colectivo que une a 17 localidades de España, siendo Baena la única representante andaluza en este selecto grupo.

La singularidad de la «Turba» y la rivalidad cromática: A diferencia de otras celebraciones, Baena se divide apasionadamente entre Coliblancos y Colinegros. Esta sana rivalidad de tamborileros es más que un espectáculo para turistas, una estructura social profunda que define la identidad del pueblo y genera una energía que los visitantes califican de «electrizante».

Un «Teatro de Fe» en plena calle: La representación de pasajes evangélicos —la venta de Judas, el sacrificio de Isaac o el juego de la túnica— trasciende la procesión convencional. Es una catequesis viva que utiliza el espacio urbano como un escenario inmersivo, algo que cautiva al viajero global por su fuerza dramática y antropológica.

Gobernanza de vanguardia e igualdad: Mientras muchas tradiciones luchan por actualizarse, Baena presume de una participación femenina total. Las mujeres no solo procesionan; lideran cofradías y toman decisiones estratégicas, demostrando que la tradición milenaria no está reñida con la evolución social contemporánea.

Innovación tecnológica (IA): El proyecto de un agente de Inteligencia Artificial para guiar a los visitantes extranjeros —basado en décadas de investigación documental— posiciona a Baena como un referente en «Turismo Inteligente», facilitando que el viajero que no habla español comprenda cada matiz del ritual.

Excelencia Artesana y Artística: Desde los bordados en hilo de oro hasta el cine premiado internacionalmente (como el documental Baena Santa o la película Los restos del pasar), la localidad ha sabido exportar su estética y su mística a festivales de todo el mundo.

                                                                                                                   

 

 

 

 

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BAENA, EL ESTRUENDO SAGRADO BAJO LA LUNA DE ABRIL

En la localidad cordobesa empieza a notarse en el ambiente el primer cosquilleo, preámbulo de lo que se viene por delante.

 

 

Hay pueblos que se visitan y pueblos que, además se escuchan. Baena pertenece, irremediablemente a los segundos. Al llegar allí, la cal de sus fachadas te ciega con esa luz limpia del sur, pero es el oído el que primero advierte que algo extraordinario está a punto de suceder. No es el silencio místico de Castilla, ni la alegría desbordada de Sevilla. Es otra cosa. Es un latido metálico y persistente que nace en el pecho de sus ciudadanos y se escapa por las baquetas.

La Semana Santa aquí es un lenguaje sin palabras. Los tambores, fabricados a mano con el celo de quien custodia un secreto centenario transmitido de generación en generación, no son instrumentos, sino más bien extensiones del alma de los baenenses. En las calles estrechas, el sonido rebota, se amplifica y te envuelve hasta que pierdes la noción del tiempo.

Pero si el oído manda, la vista no se queda atrás. Cada procesión es un ir y venir de túnicas donde cada color narra una virtud: el morado de la penitencia, el negro del luto riguroso del Viernes Santo o el blanco que anuncia la luz divina. Y en medio de esa marea cromática, las figuras de los Judíos, con sus cascos cincelados y esos plumeros vibrantes  y llamativos que parecen cobrar vida propia al ritmo de la marcha.

Más que imaginería, lo que Baena saca a la calle cada Semana Santa es su historia. Desde la imaginería barroca con sellos de maestros como Pedro de Mena, hasta la teatralización de pasajes que convierten las plazas en escenarios vivos donde Judas traiciona y el destino se cumple bajo el humo del incienso. Al final del día, cuando el cuerpo pide tregua, el pueblo te abraza con un potaje de vigilia o unas flores de sartén bañadas en azúcar, recordándote que en Andalucía, que en Baena, la fe también se saborea.

 

 

 

 

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CARNAVAL DE PIASCA: UNA TRADICIÓN ANCESTRAL

 

 

Piasca se prepara para celebrar el próximo sábado 21 de febrero de 2026 una nueva edición de su tradicionalCarnaval, una de las manifestaciones culturales más singulares de la Comarca de Liébana. El evento reunirá a grupos tradicionales de diferentes regiones de España en una jornada abierta al público que combina etnografía, patrimonio histórico, música, gastronomía y participación popular.

En la Comarca de Liébana, el Carnaval de Piasca representa una celebración profundamente arraigada en la historia y la cultura local. Este evento, que combina tradición religiosa, folclore ancestral y carácter festivo, atrae cada año a vecinos y visitantes curiosos por conocer la herencia cultural del territorio.

En este contexto, este 2026 y organizado por la Asociación Cultural “Andruido en la Paré de Piasca”, se celebra nuevamente esta cita con una programación que pone el foco en la recuperación y transmisión de la tradición cultural.

La jornada tendrá lugar elsábado 21 de febrerocomenzando a las 10:00 con una ruta de senderismo guiada “La Paré de Piasca”, una actividad gratuita que permitirá a los participantes conocer el entorno natural del municipio ofrecida por el Programa Naturea Cantabria.

A partir de las 11:00tendrá lugar la recepción de autoridades y asociaciones invitadas, entre las que se encuentran el Andruido de la Paré de Piasca, el Atenazador de San Vicente de la Cabeza (Zamora), el Entroido de Cobres (Pontevedra), los Zamarrones de Los Carabeos(Cantabria), además de la banda de gaitas Peña Gedio (Cantabria) y colectivos culturales como Aula de cultura tradicional del Valle de Camaleño (Cantabria) o lacofradía del Aguardiente de Orujo y del vino de Liébana (Cantabria).

A las 11:30 se celebrará el Pregón del Carnaval, seguido del Nombramiento del Socio de Honor y de la entrega de la distinción “Campaneru de la Paré”, reconocimientos que ponen en valor la implicación personal y colectiva en la defensa de la cultura popular.

Durante toda la jornada, los más pequeños podrán disfrutar de un gran parque infantil gratuito, mientras que el público adulto asistirá a las actuaciones de las asociaciones participantes y a la tradicional “Carrera del Andruido en la Paré de Piasca”, que recorrerá distintos puntos del pueblo hasta la Iglesia de Santa María la Real de Piasca.

Pasado el mediodía, a las 13:15, tendrá lugar la visita cultural guiada a la iglesia Románica “Santa María La Real de Piasca”,declarado Monumento Nacional en 1930.

La programación se completa con una paella popular, a las 14:30. Más tarde, tendrá lugar una degustación de té con orujo lebaniego ofrecida por la Cofradía del Aguardiente de Orujo y del Vino de Liébana, y un animado pasacalles, a las 18:00, que unirá Piasca con el centro de la villa de Potes.

El cierre de la jornada llegará por la noche, a las 22:00, con la actuación del grupo “Casa Palma” y una verbena popular a cargo del DJ Iván González, poniendo el broche final a un día en el que tradición, patrimonio y celebración colectiva se dan la mano.

El Carnaval de Piasca cuenta con la colaboración del Gobierno de Cantabria, Fundación Camino Lebaniego, la Red Cántabra de Desarrollo Rural, el Grupo de Acción Local Liébana y diversas entidades culturales y ayuntamientos de la comarca, consolidándose como un evento de interés cultural y turístico.

 

Más información:https://www.comarcadeliebana.com/

TOMELLOSO SE ENGALANA PARA DISFRUTAR DE UN CARNAVAL 100% AUTÉNTICO

Del 13 al 18 de febrero, el Carnaval saca a la calle a grandes y pequeños en una localidad volcada a más no poder con la celebración.

A pie de calle en Tomelloso, se nota que el Carnaval no es solo una fecha en el calendario, sino más bien una cuestión de orgullo local. No importa que el termómetro se empeñe en marcar mínimas de enero o que el viento de La Mancha sople con ganas: aquí la gente tiene el ritmo metido en las venas y las manos ocupadas en los talleres.

El ambiente carnavalero se respira ya en cada esquina. Los vecinos, tras salir de trabajar, se convierten en artesanos, costureros y coreógrafos que miman cada detalle al dedillo para que la fiesta sea perfecta, el desfile sea aún más espectacular que el año anterior y que tanto niños como mayores hagan del carnaval de Tomelloso la fiesta alegre, colorida y divertida que siempre ha sido.

Un trabajo incansable de las peñas

Si hablamos de Harúspices, hablamos de palabras mayores. Este año se han puesto el listón alto —como de costumbre— con una revisión de Romeo y Julieta. En su nave de la calle Hernán Cortés, el sonido de las radiales y el olor a pintura fresca anuncian una puesta en escena que busca, una vez más, esa elegancia que los ha hecho coleccionar premios por toda la región.

Pero el Carnaval de Tomelloso también es saber reírse de uno mismo, y ahí es donde entran Los Canuthi. Fieles a su espíritu irreverente, este año han decidido que la Tierra se les queda pequeña y ya montan su particular odisea espacial con el lema: “Aquí no se puede estar y nos vamos ¡a la luna!”. Solo ellos saben cómo mezclar el ingenio manchego con una estética lunar en su sede de la calle Pavía.

Por su parte, Los Amigos han decidido tirar por la fantasía marina, ensayando varios días para traer un trozo de océano al secano manchego. Es ese contraste, esa capacidad de transformar una nave industrial en un fondo marino o en un palacio veronés, lo que le da valor a esta fiesta.

Mucho más que desfiles

No se puede entender esta celebración sin su cantera. El Desfile Escolar, que mueve a casi dos mil personas entre niños, padres y maestros, es el alma de la fiesta. Tras el chasco del año pasado, cuando el tiempo obligó a suspenderlo, las ganas de revancha son totales. Es un despliegue de imaginación tan bestia que no es de extrañar que lo declararan de Interés Turístico Regional.

A esto se le suma la disciplina y el arte de propuestas como el Estudio de Danza de Lidia Gorrachategui, que este año promete convertir las calles en un escaparate de «muñecas» llenas de movimiento, o la energía de la charanga Los Primos, que son quienes realmente le ponen el pulso sonoro al lunes de peñas.

Donde también se ve el esfuerzo llevado a cabo por centenares de vecinos es en el Desfile Nacional de Carrozas y Comparsas que suele darse cita el sábado de Carnaval. En él, decenas de compañías y peñas venidas de diferentes puntos de Castilla-La Mancha dejan sin palabras a los asistentes con su propuesta de color, luz y fantasía. Una tradición que año tras año se ha consolidado como una fecha ineludible en el calendario.

El veredicto del cielo

Como siempre por estas fechas, el tomellosero mira de reojo al cielo y de frente a la carroza. Las previsiones, de momento, dan una tregua: parece que no habrá lluvia, aunque el frío no nos lo quita nadie. Pero da igual. El trabajo ya está hecho, los trajes están listos y Tomelloso solo espera que empiece la música para demostrar por qué su Carnaval es, sencillamente, de otra liga.

 

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