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LA MINA DE BAENA NO ESCONDÍA ORO, SINO UN MUNDO QUE NO EXISTE EN NINGÚN OTRO LUGAR DEL PLANETA

La Cueva del Yeso, la cuarta cavidad yesífera más grande de España, se prepara para abrir sus puertas al público con una colonia de murciélagos en peligro de extinción y una “gamba” que la ciencia no ha encontrado en ningún otro punto del mundo

 

 

Durante siglos, los vecinos de Baena llamaron a esta cavidad «la Mina». No por lo que guardaba dentro, sino por la forma de su boca, un hueco circular que la imaginación popular prefirió atribuir a los moros antes que a la naturaleza: se decía que estaba unida por túneles secretos a las torres árabes de Torreparedones y del Montecillo. La leyenda tardó siglos en desmontarse. Y cuando lo hizo, lo que apareció fue más extraño que cualquier tesoro: una cueva que no existe en ningún otro punto del tramo cordobés del Valle del Guadalquivir, habitada por una gamba que, según confirman investigadores europeos, canadienses y chilenos, no se ha encontrado en ningún otro lugar del planeta.

La Cueva del Yeso es la cuarta cavidad yesífera más extensa de España y la primera del país en abrir sus puertas al público. Pero las cifras solo cuentan una parte de la historia. Bajo el pueblo cordobés se esconde un ecosistema entero: una colonia de murciélagos en peligro de extinción cría a su descendencia en las galerías más profundas, ajena a todo lo que ocurre en la superficie.

La cavidad se formó sobre un nivel de yesos masivos de sesenta metros de espesor, inclinado 45 grados hacia el sureste, como una rampa que se hunde bajo tierra. Ese yeso queda encajado entre dos capas de margas impermeables —una por debajo, al noroeste, y otra por encima, al sureste— que han actuado como un sello geológico: ni una gota de agua ha logrado filtrarse hacia otros yacimientos cercanos desde el Mioceno, cuando yesos y margas se depositaron juntos en un extraño depósito olistotrómico que arrastró en su interior bloques de roca mucho más antigua que la propia cueva.

Dentro, el agua trabajó en dos plantas distintas. Arriba, cuatro galerías principales se enlazan mediante un par de tramos secundarios, como una casa con las puertas entornadas entre habitaciones. Abajo, el paisaje cambia de carácter: hay tramos amplios —sobre todo en los extremos noreste y suroeste— y pasillos más estrechos, aunque de techos sorprendentemente altos, que ocupan el tercio central de la cavidad.

La ciencia tardó en llegar hasta aquí. Las primeras crónicas espeleológicas del sur de la provincia se remontan al siglo II de nuestra era, pero hubo que esperar hasta 1945 para que alguien pusiera la cueva por escrito: Antonio Carbonell Trillo-Figueroa la bautizó como cueva de las «Palomas» —por las salinas de Cuesta Paloma que la rodean— en su artículo Espeleología Cordobesa. Veinte años después, en 1965, un grupo de amigos —Javier Fortea, Emilio Retamosa, José Delgado, Juan Bruñere, Juan Bernier y Rafael León— se convirtió en el primero en explorarla con técnicas espeleológicas propiamente dichas. Desde entonces, la Mina dejó de ser leyenda para convertirse en objeto de estudio.

Hoy, la boca de entrada se abre junto al puente sobre el Guadajoz que todo el mundo conoce como el puente de «Maturra», justo en el punto donde la caliza se encuentra con el yeso: una antigua surgencia de agua hoy fosilizada. Está previsto habilitar un nuevo acceso pensado específicamente para las visitas turísticas, que recorrerán entre 180 y 200 metros a través de pasarelas y escaleras, bordeando lagos interiores y asomándose a cavidades de hasta 12 metros de profundidad. El otro nivel, de acceso más complicado, quedará reservado en exclusiva para proteger a la colonia de murciélagos.

La visita dura una hora. Al principio, cada persona recibe un casco con luz frontal, aunque la cueva también cuenta con iluminación interior que permite apreciar los cristales de yeso y las salas más caprichosas del recorrido. La temperatura se mantiene constante todo el año en torno a los 21 grados, con una humedad que supera el 90 % y que traslada al visitante, durante sesenta minutos, a algo parecido a un clima tropical en pleno corazón de Córdoba.

Ese microclima es, precisamente, lo que ha permitido que la cueva albergue una de las colonias de murciélagos más importantes de toda Andalucía —siete especies catalogadas— junto a una veintena de especies de artrópodos, cinco de ellas troglobias y adaptadas en exclusiva a la vida bajo tierra, además de organismos endémicos de un valor científico excepcional como el Cristarmadillidium breuili. Por eso, tradicionalmente, la Cueva del Yeso solo abría entre noviembre y febrero, coincidiendo con la hibernación de los murciélagos. Los estudios más recientes podrían ampliar ese calendario, si se demuestra que hacerlo no pone en riesgo a quienes llevan viviendo ahí mucho más tiempo que nosotros.

La Mina ya no guarda secretos de moros. Guarda algo mejor: un mundo que solo existe aquí.

                                                                                                                   

 

 

 

 

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EL VIVERO QUE SE HIZO JARDÍN: TREINTA AÑOS DE FLORA MEDITERRÁNEA EN CORIA

Un antiguo semillero de árboles para las carreteras extremeñas se convirtió, gracias al empeño de una Escuela Taller, en uno de los rincones más vivos de la ciudad cauriense, y ahora se prepara para renovarse con tecnología y nuevos espacios.

 

 

 

A poco más de dos kilómetros de Coria, en la carretera que conduce a Cáceres, un pozo con noria sigue presidiendo la entrada de un jardín que no existía hace treinta años.  Donde antes crecían olmos y acacias destinados a bordear cunetas, hoy se despliega una hectárea y media de encinar, alcornocal, robledal y bosque de ribera: el Jardín Botánico de Coria, una de las representaciones más completas de la flora mediterránea extremeña.

 

El terreno, conocido popularmente como “El Vivero”, llevaba décadas abandonado cuando, a finales de 1991, un grupo de quince alumnos de la Escuela Taller de Coria emprendió los trabajos de desbroce.  Cinco meses de maleza, escombros y zarzas después, el proyecto de Juan Carlos Campos y José María Barrera -jardinero paisajista y biólogo, respectivamente- empezó a tomar forma sobre el terreno que la Junta de Extremadura cedió al Ayuntamiento de Coria.

Las expediciones por la geografía extremeña en busca de ejemplares trasplantables no siempre salieron bien: brezos, torviscos, abedules o avellanos se resistieron al cambio de suelo, mientras que labiérnagos, durillos, madroños, jaras y romeros se adaptaron con facilidad.  El resultado, treinta años después, es un jardín que ha ido madurando parcela a parcela, guiado más por la vocación pedagógica que por la ambición científica.

Del antiguo sistema de riego -una mula que movía la noria para llenar un estanque de trescientos metros cúbicos- apenas queda el gesto simbólico: hoy una bomba automatizada distribuye el agua, pero la noria se mantiene en la entrada como recuerdo de aquel oficio.  Sobre las paredes de ese mismo estanque se levantó después el invernadero que da acceso al jardín, reconocible por su tejado cubierto de jardineras en flor.

Cerca de allí crece el gran protagonista silencioso del recorrido: un plátano de sombraPlatanushispanica– de unos 130 años y 30 metros de altura, declarado árbol singular de Extremadura y conocido entre los caurienses como el Plátano del Vivero.

Treinta años después, un jardín que se reinventa

Inaugurado oficialmente el 3 de abril de 1995 y sostenido desde 1996 por un convenio con la Consejería de Medio Ambiente, el jardín recibe cada año a escolares, asociaciones y aficionados a la botánica que encuentran aquí una herramienta activa de educación ambiental.

Ahora, el Ayuntamiento de Coria acaba de poner en marcha un proyecto de musealización financiado con fondos europeos del Plan de Sostenibilidad Turística en Destino, que renovará por completo la experiencia de visita.  Seis atriles temáticos y otras tantas señales interactivas explicarán la flora y los ecosistemas del recorrido, mientras cerca de 250 códigos QR permitirán ampliar contenidos desde el propio móvil, junto a las talanqueras de madera ya instaladas para ordenar los itinerarios.

La intervención suma, además, una pérgola de madera concebida como merendero y rincón de sombra para la contemplación pausada del paisaje, y una nueva techumbre de cañizo sobre el área de plantas acuáticas.  Con todo ello, el Ayuntamiento aspira a que el jardín consolide su papel de referente extremeño en conservación del patrimonio natural, con un recorrido más accesible, dinámico y participativo para públicos de todas las edades.

Entre la memoria de un vivero de carretera y la promesa de un recorrido digital, el Jardín Botánico de Coria sigue cumpliendo su propósito original: acercar Extremadura a quien la visita, hoja a hoja.

Horario de visita: de lunes a viernes, de 7:45 a 15:15 h. en invierno, y de 6:45 a 14:15 h. en verano (excepto festivos). Se recomienda confirmar el horario llamando al 927 50 80 00 (ext. 201).

 

Más información: https://turismocoria.es/turismo/

LOQUIS TE LLEVA AL SUROESTE DE TENERIFE PARA ESCUCHAR LOS SECRETOS QUE ESCONDE GUÍA DE ISORA

La primera plataforma de podcast de viajes quiere descubrir un municipio singular. Un rincón de Canarias como nunca antes has escuchado.

 

 

El nuevo canal de Guía de Isora en Loquis es una herramienta necesaria. En un mundo donde viajamos demasiado rápido, estas historias nos obligan a bajar el ritmo. Nos invitan a sentarnos en un banco de la plaza, ponernos los auriculares y entender que cada esquina tiene un nombre: Don Gerardo, con su visión de progreso; Manuel Martín González, con sus óleos que capturaron la luz de las islas; o Doña Paula, cuyo hogar se convirtió en el Casino del pueblo, el centro de la vida social. Incluso la música tiene su hueco, con un episodio dedicado a las escuelas que hoy albergan a las bandas de música locales. Porque en Guía de Isora, la música no es un adorno; es el lenguaje con el que el pueblo celebra sus victorias y llora sus ausencias.

 

Guía de Isora, ese balcón natural que mira al Atlántico desde el suroeste de Tenerife, es uno de esos destinos con banda sonora propia.

Si algo define la identidad de este pueblo es su lucha titánica contra la sed. Uno de los episodios más potentes nos sumerge en las galerías subterráneas. A finales del siglo XIX, Guía de Isora era un territorio semiárido donde la vida pendía de un hilo de humedad. El ingenio humano, perforando las entrañas del volcán, logró lo imposible: traer el agua a la superficie. Ese hito no solo trajo vida, sino que cambió el paisaje para siempre. Los platanales, los tomates y los viñedos que hoy pintan de verde las laderas son hijos de esa conquista. Pero el podcast nos lleva más allá de la ingeniería, nos traslada a la vida cotidiana en los lavaderos. El Lavadero Municipal era el «Parlamento» femenino de la época, el espacio donde se tejían las redes de apoyo comunitario.

Pasear por el casco histórico de Guía de Isora, de la mano de estas narraciones sonoras, es como abrir un libro de historia cuyas páginas huelen a tea y a basalto. Hay una parada obligatoria: la Casa de los Herreros. Durante décadas, el yunque y el martillo marcaron el pulso del pueblo. Aquí se forjaban desde las rejas de los arados hasta las barandas de los primeros camiones que se atrevieron con las carreteras del sur. Escuchar este episodio te hace sentir casi el calor de la fragua y entender que, en una sociedad agrícola, el herrero era el eje sobre el que giraba todo el progreso mecánico.

Pero si buscamos una historia que combine tragedia y resiliencia, Loquis nos propone la Casa de los del Tagoro. Construida en pleno auge de la cochinilla —ese tinte natural que puso a Canarias en el mapa mundial—, sufrió la devastadora riada de 1879. Es un recordatorio de que aquí la naturaleza manda, y que el pueblo isorano ha sabido reconstruirse una y otra vez sobre sus propias cicatrices.

Y para los amantes de las historias con sabor a hogar, el canal nos abre las puertas de Casa Lola (o La Cueva). Es fascinante descubrir cómo un solo edificio del siglo XVIII pudo ser tantas cosas: desde cuartel de la Guardia Civil hasta una panadería legendaria. Las hermanas Juanita y Lola, con sus famosos rosquetes, endulzaron la vida de generaciones. Todavía se conserva el horno tradicional, un altar a la memoria gastronómica que el podcast rescata con una sensibilidad exquisita.

El conjunto de los caseríos de Aripe y Chirche, situados a los pies del majestuoso Pico Viejo, son museos vivos de la cultura campesina. El canal de Loquis le dedica un espacio fundamental al «Día de las Tradiciones» en Chirche.

Los bancales y las casas de piedra seca nos cuentan cómo el ser humano se adaptó a la verticalidad del terreno volcánico, convirtiendo la dificultad en belleza.

Todo viaje por Guía de Isora termina, o empieza, en su plaza. El podcast nos relata la leyenda de la aparición de la Virgen a un pastor guanche, un puente entre el pasado aborigen y la fe cristiana que cristalizó en la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz.

Es emocionante escuchar la historia de cómo se levantó este templo tras el temporal de 1879. Fue un esfuerzo colectivo: desde el vecino que aportaba sus manos hasta el emigrante que enviaba dinero desde Cuba o Venezuela. Esa torre, con su reloj de 1947, no es solo arquitectura; es el símbolo de un pueblo que, cuando se une, es capaz de levantar catedrales.

Y no podemos olvidar la Avenida de la Libertad, donde reside el almácigo centenario. Este árbol, que figura en el escudo municipal, es un testigo mudo que conecta los tiempos prehispánicos con el presente. Durante la erupción del volcán Chinyero en 1909, este entorno fue el refugio de una comunidad que buscaba consuelo en la fe y en la tierra.

 

 

 

 

https://www.loquis.com/es/channel/482271/Guia+de+Isora

LA JOYA SOPORTALADA DE ALCALÁ DE HENARES

¿Sabías que la ciudad complutense tiene la calle soportalada más larga de Europa?

Alcalá de Henares ofrece a sus visitantes un viaje en el tiempo a tan solo media hora de Madrid. Pasear por su vía principal nos recuerda, con un simple vistazo, cómo era la vida comercial de la ciudad. La calle Mayores considerada la más larga soportalada de Europa, y de la que todavía se conserva su estructura principal, aunque algunos pilares han sido sustituidos con el paso del tiempo.

Alcalá de Henares, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, es cuna de civilizaciones, un museo al aire libre y un espacio donde viajar sin necesidad de billete. Su calle Mayor no solo es una vía de paso, también es un recorrido vivo por la historia de la ciudad, su cultura y tradiciones.

Su origen se remonta a la Edad Media, cuando el trazado que hoy conocemos comenzaba a consolidarse como arteria principal del barrio judío. A lo largo de los siglos, los característicos soportales, que hoy la convierten en la calle soportalada a ambos lados más larga Europa, se fueron sumando.

Estos soportales, tan reconocibles en la arquitectura alcalaína, no sólo aportan belleza, sino que también han permitido que la actividad comercial se mantenga viva generación tras generación. Tiendas centenarias, comercios familiares y nuevas propuestas conviven hoy en una mezcla que da personalidad y dinamismo a esta calle.

Además de ser un referente comercial, la Calle Mayor es una de las estampas más fotografiadas por los visitantes. Su trazado desemboca en espacios icónicos como la Plaza de Cervantes o la Casa Natal de Miguel de Cervantes, reforzando su valor turístico y cultural. Pasear por ella supone recorrer un museo al aire libre donde conviven estilos arquitectónicos, detalles históricos y una atmósfera que habla del pasado universitario de Alcalá de Henares.

Más información:https://www.turismoalcala.es/

UNA PUERTA AL PASADO MEDIEVAL DE LLERENA

Este emblemático acceso al casco urbano, último vestigio de la antigua muralla, invita a descubrir la riqueza histórica y cultural de una de las localidades más bellas de Extremadura.

 

 

De las cuatro grandes puertas que conformaban la muralla que custodió Llerena, la Puerta de Montemolín es la que se conserva íntegra. Este monumento es uno de los accesos más emblemáticos de su recinto amurallado, alzándose como un testigo del tiempo y como punto de partida ideal para explorar la riqueza patrimonial de esta joya extremeña.

Enclavada en el casco histórico de Llerena, la Puerta de Montemolín es el más claro vestigio arquitectónico que conserva la localidad de las cuatro puertas que conformaban su muralla. Esta es una ventana al pasado que os transportará a un momento clave en la historia de este pequeño rincón de la Campiña Sur, cuando la localidad fue una plaza estratégica durante la Edad Media.

La Puerta de Montemolín se nos presenta como una portada de cantería conformada por un arco de medio punto sobre el que se dispone una inscripción acorde a su construcción y el escudo del rey Felipe II. Dicha puerta esta rematada con un templete de ladrillo con pintura al fresco de la Inmaculada Concepción.

Más allá de su valor histórico, la Puerta de Montemolín es el punto de inicio perfecto para recorrer el entramado urbano de Llerena, donde se pueden admirar joyas arquitectónicas como la Plaza Mayor, la Iglesia de Nuestra Señora de la Granada o el Palacio Episcopal.

Además, la localidad ofrece una experiencia única a los viajeros que buscan sumergirse en la historia, el arte y la gastronomía extremeña. Con un encanto que cautiva a cada visitante, Llerena se consolida como un destino imprescindible para los amantes del turismo cultural e histórico.

 

Más información: turismo.llerena.org

LA NORIA DE ALBENDÍN, EL EMBLEMA DE UN PUEBLO QUE RECUERDA SU HERENCIA ANDALUSÍ

 

 

En el coqueto Parque Municipal de Albendín, se alza un monumento que recuerda historias de un pasado centenario: la Noria de Albendín. No es una noria cualquiera, sino una réplica magistral de las antiguas norias árabes que antaño salpicaban el paisaje, un eco tangible de la rica herencia andalusí de la región y símbolo indiscutible de la pedanía baenense.

Esta joya de la ingeniería tradicional, construida con esmero por el artesano local D. Juan Antonio Hinojosa Rayes, no es solo un vestigio del pasado; es una estructura viva. Con una elegancia sorprendente, continúa funcionando a la perfección, elevando el agua que, a través de un acueducto que serpentea junto a la piscina municipal, riega los bellos jardines del parque.

La Noria de Albendín se ha erigido como un auténtico símbolo del pueblo, una identidad visible que Albendín abraza con orgullo. Su relevancia ha trascendido lo local, pues en 2007, la Consejería de Medio Ambiente la reconoció como monumento de interés hidráulico, un merecido tributo a su valor histórico y funcional.

Emplazada en un sólido edificio de mampostería, de aproximadamente 14 metros de largo por 4 de ancho, la noria es el corazón de un sistema ingenioso. Dentro de este recinto, el canal de agua que impulsa la noria, la propia noria y el añaquil que recoge las aguas vertidas por los cangilones trabajan en armonía. El agua fluye desde el extremo sur del edificio, pasa por un ranzal de hierro que filtra las impurezas del río y es regulada por una compuerta de hierro y madera, antes de golpear la parte inferior de la noria y volver al cauce del río por el extremo septentrional.

Más allá de su singularidad, la Noria de Albendín es uno de los elementos patrimoniales más importantes de la pedanía, un recordatorio palpable de una vega que en su día estuvo salpicada de norias y azuas, sistemas esenciales de elevación y riego tradicional. Su importancia se subraya al ser el único representante de las norias de vuelo para regadío incluido en el inventario de Monumentos Patrimonio Hidráulico Andaluz. Además, forma parte de los hitos singulares del itinerario fluvial del Guadajoz, integrado en la red supramunicipal de espacios libres del Plan de Ordenación del Sur de Córdoba. Este itinerario, ligado a la puesta en valor de la vereda del Guadajoz, una de las vías pecuarias de mayor interés por sus espacios naturales y paisajísticos, invita a un disfrute público de la naturaleza y a la contemplación serena del paisaje.

La Noria de Albendín no es solo una estructura; es un portal al pasado, una muestra del ingenio andalusí que sigue girando, regando no solo jardines, sino también la memoria de un pueblo.

 

 

 

Más información en:

https://baenaturismo.com/

www.baena.es