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ES CASTELL, DONDE EL DÍA NACE Y LA HISTORIA AÚN NO SE HA IDO

Uno de los primeros municipios de España en ver nacer el sol guarda entre sus paredes rojizas el alma de dos mundos: el orden militar británico y la seducción marinera del Mediterráneo

 

 

Hasta su nombre original tiene el halo británico que le ha caracterizado desde su fundación. Es Castell, o Georgetown, como fue bautizado en 1771 por las milicias del ejército inglés que en aquel momento dominaban la isla, es la población de Menorca donde la herencia de la ocupación británica resulta más latente y tangible. No hace falta ser un experto en historia para percibirlo: basta con pasear por sus calles y dejar que el tono rojizo de los muros hable por sí solo. Ese color, inconfundible, reproduce el de la piedra con la que los ingleses construían en su tierra natal, y convirtió a Georgetown en una pequeña prolongación de la arquitectura imperial en pleno corazón del Mediterráneo.

La elección del enclave tampoco fue fruto del azar. Es Castell se alza en la bocana del puerto de Maó, el mayor puerto natural del Mediterráneo, y su posición estratégica resultaba sencillamente inmejorable para quien pretendiera controlar el tráfico marítimo y defender el territorio. Situada en el extremo oriental de Menorca, la localidad tiene además el privilegio geográfico de ser uno de los primeros municipios de España en ver salir el sol cada mañana. Un don que sus habitantes conocen bien y que le ha valido el lema con el que se presenta al mundo: «donde el día nace».

La historia de Es Castell no puede entenderse sin sus fortalezas. Su origen se remonta a la fase previa a la construcción de estas, cuando las personas destinadas a construir las fortalezas se instalaron en las inmediaciones, dando hoy lugar a un trazado urbano muy recto y ordenado.  A apenas unos metros del casco urbano, el Fuerte Marlborough se erige sobre la cala de Sant Esteve como testimonio de aquella voluntad defensiva. Construido por los británicos para proteger el castillo de San Felipe y el acceso al puerto, hoy permite a quien lo visita revivir la cotidianidad de los soldados del siglo XVIII y comprender la convulsa historia de una isla que cambió de manos varias veces entre potencias europeas. Junto al fuerte, la torre d’en Penjat —conocida también como torre Stuart—, levantada en 1798, ofrece desde sus almenas una de las panorámicas más espectaculares de la bocana portuaria. Una caminata con vistas que el tiempo no ha logrado devaluar.

Más antigua y más imponente aún fue el castillo de San Felipe, erigido en el siglo XVI como respuesta al devastador saqueo de Maó a manos del pirata Barbarroja. En su momento de mayor esplendor, fue considerado una de las fortalezas más poderosas de Europa. Fue demolido en 1805, pero su memoria permanece intacta bajo tierra: el impresionante laberinto de galerías subterráneas que conformaba su interior puede visitarse hoy, y en él todavía resuena el eco de los tres mil soldados y civiles británicos que resistieron durante más de seis meses el asedio español de 1782.

En el corazón del pueblo, la plaza de s’Esplanada actúa como el gran escenario de la vida local. Nacida como plaza de armas de aquella Georgetown militar del siglo XVIII, con el tiempo fue perdiendo su función castrense para convertirse en el centro neurálgico de la comunidad. El edificio del Ayuntamiento, de estilo colonial, preside el espacio junto a los antiguos cuarteles militares, hoy reconvertidos para albergar nuevos usos civiles. En uno de ellos, el cuartel de Cala Corb, se encuentra el Museo Militar de Menorca, que traza un arco narrativo desde el Neolítico hasta los refugios antiaéreos de la Guerra Civil. La historia de la isla, condensada entre paredes que un día fueron cuartel.

Pero si la arquitectura y la memoria bélica son el esqueleto de Es Castell, su alma vive en el mar. Y el mar, en este pueblo, tiene nombre propio: Calesfonts. Antigua rada de pescadores reconvertida en el rincón con más encanto de Menorca, esta pequeña cala del puerto de Maó concentra todo lo que uno busca cuando viaja al Mediterráneo sin saber exactamente qué está buscando. Las cuevas donde los marineros guardaban sus aperos albergan hoy restaurantes donde la cocina menorquina más genuina se sirve con el agua al lado y la luna reflejada sobre el puerto. Hay pocos lugares en España donde cenar se convierta en algo tan parecido a un cuadro.

Es Castell cuida también su patrimonio marítimo con una institución singular. Thalassa, uno de los centros pioneros en la difusión de la cultura marinera, ocupa unas antiguas canteras en la entrada del pueblo y exhibe diecisiete embarcaciones tradicionales menorquinas restauradas. Un museo que no habla de barcos sino de identidad: la de una isla que nunca ha dejado de mirar al mar y que ha construido sobre esa mirada buena parte de su carácter.

La naturaleza, por su parte, se despliega en una extensa red de caminos rurales delimitados por paredes de piedra seca, uno de los elementos más característicos del paisaje menorquín. Recorrerlos a pie o en bicicleta es la manera más honesta de entender la escala humana de la isla y la relación que sus habitantes han mantenido durante generaciones con la tierra. Son senderos que no aparecen en los grandes itinerarios turísticos pero que, precisamente por eso, conducen a la Menorca que merece la pena conocer.

Hoy, más de doscientos cincuenta años después de que los soldados de Jorge III trazaran sus calles con escuadra y cartabón, Es Castell sigue siendo un lugar donde el pasado y el presente conviven con naturalidad. La herencia británica pervive en la piedra y en los trazados, pero la vida que late entre esos muros es inconfundiblemente menorquina: pausada, marinera, orgullosa de sus pequeños secretos. Un pueblo que el visitante descubre despacio, como si el primer municipio de España en ver el amanecer hubiera aprendido, con los años, que las mejores cosas nunca tienen prisa.

Más información: www.menorca.es

CORIA ALZA EL TELÓN DE SU XII FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO «CORIA SIÉNTELA» BAJO LAS ESTRELLAS DE LA CATEDRAL

La Puerta del Perdón de la Catedral cauriense vuelve a convertirse en escenario al aire libre para seis noches de teatro, danza y flamenco, del 16 al 21 de julio.

 

 

Coria vive del 16 al 21 de julio de 2026 una nueva edición del Festival Internacional de Teatro «Coria Siéntela», que consolida a la ciudad cacereña como una de las citas culturales de referencia del verano en Extremadura. La portada plateresca del Perdón, en el atrio de la Catedral de Santa María de la Asunción, se transforma de nuevo en un gran escenario al aire libre para acoger seis espectáculos de teatro, danza y flamenco firmados por compañías de reconocido prestigio nacional e internacional.

La cita reafirma la vocación de una ciudad con raíces dramáticas propias que, edición tras edición, apuesta por dar visibilidad a compañías consagradas dentro y fuera de la región, en un marco arquitectónico difícilmente igualable: la fachada gótico-plateresca de la seo cauriense, testigo silencioso de unas representaciones que, cada noche a partir de las 23:00 horas, devuelven la vida escénica al Casco Histórico de la novena ciudad más antigua de España.

La programación arranca el jueves 16 de julio con “Jason y Las Furias”, una reinterpretación contemporánea del mito clásico, y continúa el viernes 17 con “War Baby”, un espectáculo de carácter internacional que combina teatro visual y una puesta en escena cuidada al detalle.  El sábado 18 de julio, Las Niñas de Cádiz suben a escena “La Reina Brava”, una de las propuestas más aclamadas del panorama teatral español actual, mientras que la noche del domingo 19 corresponde a “La Gitanilla”, con un espectáculo que rinde homenaje a las raíces del flamenco y la copla.  El lunes 20 de julio el festival recupera “Bodas de Sangre”, la adaptación escénica del clásico de Federico García Lorca, y la cita se cierra el martes 21 de julio con “Volar con los pies en el suelo”, de El Brujo, uno de los grandes referentes del teatro español contemporáneo.

Las entradas, con un precio de 10 euros por espectáculo o de 50 euros el abono para todo el festival, están a la venta desde el pasado 20 de junio a través de la plataforma www.giglon.com y en la Oficina de Turismo de Coria, con butacas reservadas para personas con movilidad reducida.

El Festival Internacional de Teatro «Coria Siéntela» está organizado con la colaboración del Ayuntamiento de Coria, la Junta de Extremadura, el CEMART —Centro de las Artes Escénicas y de la Música de Extremadura— y la Diputación Provincial de Cáceres, instituciones que reafirman con esta cita su compromiso con la promoción de la cultura y las artes escénicas. Con esta nueva edición, Coria vuelve a erigirse en referente cultural del verano extremeño, invitando a vecinos y visitantes a vivir el teatro bajo las estrellas, en el marco patrimonial de uno de los cascos históricos más singulares de toda Extremadura.

 

Más información: https://turismocoria.es/turismo/fiestas-y-eventos-para-disfrutar/festival-internacional-de-teatro/

https://giglon.com/

VILLA-LUCÍA REGRESA AL CORAZÓN DE MÉXICO: UNA NOCHE DE RANCHERAS, SABOR Y MAGIA EN LAGUARDIA

Villa-Lucía celebra una nueva edición de la ‘Gran Fiesta Mexicana’ el viernes 31 de julio. Música en vivo, enogastronomía Km. 0, sorteos y una ambientación que transforma Laguardia en tierra azteca por una noche.

 

 

Hay noches que se anuncian solas. Villa-Lucía lo sabe, y por eso regresa con la “Gran Fiesta Mexicana”, el evento que abre cada verano el ciclo ComeCultura. Un proyecto que lleva años demostrando que la enogastronomía local y el kilómetro cero pueden convivir con la mejor inmersión cultural. Esta noche, la propuesta es México: sus rancheras y sus sabores. El Mariachi Imperial Elegancia Mexicana y el Dúo Imperial volverán a ser los artífices de una velada difícil de olvidar.

 

El viernes 31 de julio de 2026, a partir de las 21:00, el Espacio Gastronómico Villa-Lucía en Laguardia abrirá sus puertas a México. La ambientación, cuidada en cada detalle, convertirá el recinto en un espacio fuera del tiempo: música en vivo, aromas que cruzan el Atlántico y la calidez de una noche de verano en Rioja Alavesa como telón de fondo.

La música, protagonista de la noche

La música es el corazón de ComeCultura, y esta edición no será una excepción. De Guanajuato llega el Mariachi Imperial Elegancia Mexicana, diez artistas –ocho músicos y una pareja de baile– que ya tienen historia con nombres como Rocío Durcal. Su actuación promete esa mezcla de emoción contenida y energía desbordante que solo las rancheras saben entregar.

Junto a ellos, y como garantía de que la pista de baile no descansará, regresa el ‘Dúo Imperial’, el cubano Reynaldo Caballero y la navarra Izaskun Goizueta, ya parte indisociable de la familia ComeCultura. Sus ritmos latinos e internacionales tienen la virtud de mover a quien más quieto parece.

Una carta diseñada para el disfrute

La propuesta culinaria de Villa-Lucía tiene la vocación de agradar a todos sin renunciar a la calidad. Los asistentes encontrarán una cuidada selección de estaciones temáticas, como Mexican corner: ‘Nachos con enchilada de carne y queso cheddar’ y ‘Arepas de pollo y verduras’. Hot Dog corner: ‘Hot dog con nuestras salchichas al estilo Viena’. USA corner: ‘Mini hamburguesa de txistorra a la brasa’. Sandwich corner: ‘Emparedados vegetales con pan de masa madre autóctona. Rincón del jamonero: ‘Platito de virutas de jamón cortadas a cuchillo. Sweet corner: ‘Tarta de queso’, ‘Mini cremoso de queso, crumble crujiente, Fresaraba y vino’, ‘Tableta de chocolate Vinfos de origen mexicano’. Ice Cream corner: ‘Tarrina de helado artesano’.

La oferta de bebidas es tan cuidada como la culinaria: beer bar, con cervezas, refrescos y agua; wine corner, con copa doble de vino joven, copa de vino crianza y copa de cava; y cocktail bar, con combinados y combinados premium.

Completan la velada sorteos y sorpresas, entre ellos el videomatón 360º de Protour360 para capturar los momentos más memorables de la noche con el sello de Villa-Lucía. Quienes vengan caracterizados con la temática mexicana no solo se integrarán mejor en el ambiente: participarán también en un sorteo especial pensado para ellos.

La entrada tiene un precio de 27€ por persona (IVA incluido) e incluye 3 monedas Vinfos® (cada Vinfo® tiene un valor de 3€) para canjear por consumiciones. La entrada infantil (de 9 a 14 años) es de 13,50€, con 2 Vinfos® incluidos. Los menores de 8 años acceden de forma gratuita siempre y cuando vengan acompañados de un adulto.

Las entradas ya están a la venta en www.comecultura.com

Como en todos los eventos de ComeCultura, habrá a disposición del público autobuses con salida y regreso desde Logroño por 10€ por persona. La salida se realizará a las 20:30 saliendo desde el aparcamiento Comandancia, Fuente Murrieta, mientras que la vuelta parte desde el propio espacio de Villa-Lucía a las 01:45 horas de la mañana.

Más información en: reservas@villa-lucia.com o en el teléfono 945.600.032.

ALCÁZAR DE SAN JUAN. DONDE LA HISTORIA Y EL MITO SE ABRAZAN

Socio fundador de la Red de Pueblos Gastronómicos de España, este rincón de la provincia de Ciudad Real reúne todo lo que puede emocionar a un viajero ávido de experiencias.

 

 

En el corazón de La Mancha, donde el horizonte se pierde entre campos de cereal y molinos que dibujan siluetas contra el cielo, se alza Alcázar de San Juan. Un lugar donde cada piedra, cada plaza, cada murmullo del viento parece susurrar historias de caballeros, hidalgos y siglos entrelazados. Aquí, el pasado no es solo memoria; es una presencia viva que invita a ser descubierta.

Todo viajero que llega a Alcázar busca, tarde o temprano, las huellas de Miguel de Cervantes. Y la ciudad no defrauda. En la Iglesia de Santa María la Mayor, un documento amarillento custodiado como un tesoro revela un nombre y una fecha: «Miguel, hijo de Blas de Cervantes Saavedra… 9 de noviembre de 1558». Es la partida de bautismo que, según muchos, pertenece al genio de las letras españolas. El bibliotecario real Blas de Nasarre lo dejó escrito al margen en el siglo XVIII: «Este fue el autor de la Historia de don Quixote».

La pila donde supuestamente fue bautizado aún permanece allí, en un templo que es un mosaico de siglos: restos visigodos, un ábside románico, yeserías mudéjares y el barroco dorado del Camarín de la Virgen. A su lado, el Torreón del Gran Prior, vestigio almohade del siglo XIII, vigila la ciudad con su aire guerrero. Fue testigo de esplendor y decadencia, de los hospitalarios de San Juan y de las cicatrices de la Guerra Civil que borraron sus retablos. Pero su piedra sigue en pie, desafiando al tiempo.

No hace falta mucha imaginación para entender por qué Cervantes —o su alma— encontró aquí inspiración. Basta subir al cerro de los molinos al atardecer, cuando la luz baña las aspas y la llanura se tiñe de oro. Estos gigantes de blanco impoluto, donde aún se celebran moliendas tradicionales, son la esencia del paisaje quijotesco.

Y para sumergirse en el mundo de los hidalgos, nada como el Museo Casa del Hidalgo. Entre muebles de roble y enseres del siglo XVI, uno casi espera oír el crujir de la armadura de Alonso Quijano. Las calles, además, están sembradas de guiños literarios: estatuas, azulejos con pasajes de la novela, placas que rinden homenaje a personajes reales que quizás poblaron sus páginas.

Pero Alcázar no es solo letras y leyendas. A pocos kilómetros, el Complejo Lagunar —Reserva de la Biosfera— despliega un espectáculo de vida: flamencos rosados, garzas, grullas y esa planta única, el limonium, que parece brotar de un cuento. Para los amantes del ciclismo, la Ruta a las Tablas del Záncara ofrece un paseo entre humedales donde el cielo se refleja en el agua.

Y luego está el vino. La Feria de los Sabores y el Concurso Regional de Vinos —donde mil catas a ciegas deciden el mejor caldo— son celebraciones que homenajean la tradición vinícola de La Mancha. No en vano, el ferrocarril del siglo XIX trajo consigo el auge de las bodegas, cuyas fachadas modernistas aún adornan el casco urbano.

Alcázar sabe celebrar su historia con fiestas que son auténticas obras de arte vivas. El Carnavalcázar, en plena Navidad, es el carnaval más tardío de España, un derroche de máscaras y satíricas coplillas.

Lo más admirable de Alcázar es su capacidad de acoger. Ya sea en una ruta teatralizada entre misterios medievales, en un paseo a caballo por la llanura o en una cata de vinos, la ciudad se adapta a cada viajero. Incluso a quienes llevan mascotas o necesitan accesibilidad. Porque aquí, como en los versos de Cervantes, lo importante es que «el camino siempre es mejor que la posada».

Alcázar de San Juan no es un destino; es una invitación a perderse en el tiempo, a creer, aunque sea por un instante, que los molinos son gigantes y que, tras la próxima esquina, aguarda una aventura.

www.pueblosgastronomicos.com

 

 

LA CIUDAD QUE SE TRANSFORMA CON LA CAÍDA DEL SOL

En verano, Sevilla cambia el ritmo y muestra su versión más pausada entre patios abiertos, terrazas al atardecer y paseos nocturnos.

 

Hay ciudades que se recorren durante el día y se viven de noche. En Sevilla, el verano transforma el ruido en pausa, la prisa en tiempo, y el calor en una excusa para disfrutar de una buena terraza. Una escapada de estas características debe contar con un alojamiento que permita caminar sin preocupaciones, céntrico, como los hoteles Derby y América.

Mientras las primeras horas del día en Sevilla invitan a buscar refugio entre espacios históricos, patios interiores o largas sobremesas, el verdadero viaje comienza cuando el sol empieza a caer.

Es entonces cuando las calles del centro recuperan movimiento y la ciudad cambia. Los paseos junto al río, las terrazas que se llenan al atardecer, las plazas iluminadas y el ambiente que se extiende por los barrios históricos convierten las noches sevillanas en uno de los momentos más especiales para descubrir la ciudad.

El recorrido puede comenzar entre algunos de los enclaves más reconocidos del casco histórico, como por ejemplo la Catedral o la Giralda, y continuar sin prisa por calles estrechas que conectan arquitectura y gastronomía. En verano, Sevilla se disfruta de otra manera, mirando menos el reloj y disfrutando más de la compañía.

En ese contexto, el lugar donde alojarse adquiere un papel protagonista. Ubicados en pleno centro de la ciudad, los hoteles América y Derby permiten descubrir Sevilla caminando y regresar después a un espacio pensado para descansar sin renunciar a seguir conectado con la energía urbana.

Su localización, junto a la Plaza del Duque de la Victoria, permite acceder cómodamente a algunos de los principales puntos de interés y vivir una experiencia donde el hotel acompaña el ritmo natural de la ciudad: mañanas tranquilas, tardes pausadas y noches que se alargan.

Porque en Sevilla el verano no se mide por las horas de sol, sino por todo lo que ocurre cuando el día termina. Un paseo sin rumbo, una buena terraza donde compartir una animada conversación y un merecido descanso en los hoteles América y Derby Sevilla.

 

Para más información:

https://www.hotelamericasevilla.com/

https://www.hotelderbysevilla.com/

www.lumbreras16.com

VILA GALÉ CELEBRA CUATRO DÉCADAS DE HOSPITALIDAD PORTUGUESA CON UNA GALA EN SINTRA

 

 

El segundo grupo hotelero de Portugal cierra cuarenta años de trayectoria con 52 establecimientos en cuatro países, la recuperación de más de dieciocho edificios históricos y el firme propósito de seguir creciendo sin perder de vista sus raíces. Jorge Rebelo de Almeida, su fundador y presidente, recuerda que todo comenzó con algo mucho más modesto que un proyecto: simplemente las ganas de hacer y de ir creciendo.

De la playa de Galé al mundo

Vila Galé nació en 1986, cuando cuatro emprendedores portugueses decidieron apostar por el turismo en el Algarve, una región que comenzaba a consolidarse como principal destino de sol del país. El nombre de la marca procede de aquel primer enclave, la playa de Galé, donde se levantó el hotel que daría origen a uno de los grupos hoteleros más importantes de la Península Ibérica.

Cuarenta años después, la empresa cuenta con más de 52 unidades repartidas entre Portugal, Brasil, Cuba y España. Jorge Rebelo de Almeida llegó al sector hotelero desde el ejercicio de la abogacía, disciplina en la que desarrolló su carrera durante trece años. Fue la experiencia acumulada en contratos de construcción y proyectos lo que le acercó al mundo inmobiliario y, desde ahí, al turismo. Hoy, a sus 76 años, sigue al frente de las decisiones estratégicas del grupo con el mismo entusiasmo que presidió los inicios: un estilo de gestión marcado por la proximidad con los equipos y la convicción de que el turismo bien entendido puede ser una poderosa herramienta de desarrollo económico y social.

El arte de recuperar el pasado para alojar el presente

Una de las señas de identidad más reconocibles de Vila Galé es su apuesta decidida por la recuperación de patrimonio histórico. A lo largo de cuatro décadas, el grupo ha restaurado más de dieciocho edificios singulares —antiguos conventos, palacios, fortalezas, quintas y caserones de época— transformándolos en hoteles de alto nivel sin sacrificar la arquitectura original. Esta política no es solo una estrategia comercial: es, en términos del propio Rebelo de Almeida, una fuente de placer genuino que preserva la memoria colectiva de un lugar y revitaliza su entorno económico.

Esa vocación por el interior del país y por las zonas con potencial turístico desatendido ha llevado a Vila Galé a abrir hoteles en destinos alejados del litoral, desde la Serra da Estrela hasta el Alentejo profundo, pasando por el valle del Duero o la Golegã. El grupo considera que el turismo puede —y debe— contribuir al desarrollo equilibrado del territorio, evitando que la concentración de visitantes recaiga siempre sobre los mismos focos urbanos o costeros. En este sentido, el administrador Gonçalo Rebelo de Almeida recordó durante su intervención la misión de la compañía: “Decidimos hacer hoteles completos que proporcionen experiencias gastronómicas, de entretenimiento y ocio, de bienestar y salud, que no sean solo espacios para dormir. También acordamos que los hoteles deben tener un componente cultural y patrimonial”, destacando en esta trayectoria el Vila Galé Albacora, en Tavira, un antiguo real de almadraba de atún.

Expansión y nuevos proyectos: Brasil y el horizonte internacional

La apuesta por Brasil a comienzos de la década de 2000 fue, en su momento, una decisión poco convencional. Mientras otras cadenas europeas dirigían su expansión hacia mercados más próximos, Vila Galé eligió Fortaleza para instalar su primer hotel fuera de Portugal, inaugurado en 2001. Aquella decisión resultaría determinante: veinticinco años después, Brasil se ha convertido en el principal destino internacional del grupo, con presencia en estados como Ceará, Bahía, Pernambuco, Río de Janeiro, São Paulo, Alagoas y Pará, entre otros.

A pesar de su envergadura actual, el grupo mantiene una fuerte estrategia de expansión y cuenta con 14 unidades en desarrollo, distribuidas entre ambos lados del Atlántico, además de otros seis proyectos en pipeline:

  • En Portugal: Las próximas aperturas con el sello Collection serán en Penacova, Miranda do Douro, Golegã, Lisboa (donde destaca el futuro hotel en el Palácio Almada Carvalhais con una inversión prevista de cuarenta millones de euros), Caxias e isla Terceira (en el archipiélago de las Azores).
  • En Brasil: El plan contempla siete nuevos hoteles distribuidos por São Luís do Maranhão, Coruripe, Brumadinho, João Pessoa y Florianópolis.

Esta expansión se asienta sobre la misma filosofía que ha guiado la trayectoria del grupo desde sus inicios: construir, operar y mantener los establecimientos bajo gestión propia, asegurando así la coherencia de una marca que ha hecho de la hospitalidad portuguesa un referente reconocible en cuatro continentes.

 

El factor humano como ADN: Sintra como escenario de celebración

El pasado 27 de junio, el Vila Galé Collection Sintra acogió la gran celebración del cuarenta aniversario del grupo. El establecimiento de cinco estrellas, situado a pocos minutos del casco histórico de Sintra —ciudad reconocida como Patrimonio Mundial por la Unesco— reunió en una cena de gala a colaboradores, socios, inversores, autoridades y representantes de los distintos países en los que opera la cadena.

La velada no solo sirvió para repasar los éxitos comerciales, sino para poner en valor el fuerte componente de hospitalidad y cercanía que distingue a la marca. Jorge Rebelo de Almeida agradeció personalmente a los más de cinco mil colaboradores en Portugal, Brasil, Cuba y España, así como a los profesionales que han pasado por la empresa a lo largo de estos 40 años. “Las personas son y serán siempre fundamentales en la vida de las empresas y deben ser nuestra prioridad absoluta. Las ideas y la voluntad de crear y actuar son tan o más importantes que el capital”, afirmó el presidente. En sintonía con esto, desde la dirección se subrayó el deseo de mantener «hoteles que sean humanos, donde nuestros equipos formen parte efectiva de nuestra diferenciación a través de un servicio afable y una conexión afectiva con los huéspedes».

Presente en la ceremonia, el secretario de Estado de Turismo, Comercio y Servicios, Pedro Machado, destacó la importancia que Vila Galé tiene en la economía del país: “Representa una parte indispensable del éxito de Portugal, un grupo de referencia nacional e internacional”, ensalzando su “capacidad y coraje para invertir en tiempos imprevisibles y difíciles”.

Finalmente, el CEO reconoció que el sector se enfrenta a desafíos globales de envergadura, concretamente la escasez de recursos humanos, el cambio climático y el contexto geopolítico. Sin embargo, mantuvo su total confianza en la capacidad del grupo para seguir creciendo de forma responsable y sostenible: “Mi convicción es que, si nos mantenemos fieles a nuestros principios y a nuestra línea estratégica, lograremos hacer frente a todos estos desafíos”.

Cuarenta años de viajes, reencuentros, historias y momentos que permanecen. Esa es la definición que el propio grupo ofrece de su trayectoria, y también la invitación que extiende a quienes todavía no han formado parte de ella.

Mas información: www.vilagale.com