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PEÑA PRIETA SKY RACE, UN DESAFÍO DE ALTA MONTAÑA

Vega de Liébana se prepara para la II edición de este emocionante eventos, que tendrá lugar el 3 de octubre,  en el corazón de la Cordillera Cantábrica.

 

Alrededor de 250 participantes en tres modalidades se reunirán en Vega de Liébana, para la celebración el próximo 3 de octubre de la II Peña Prieta Sky Race. 36 kilómetros y 2.600 metros de desnivel positivo que alcanzará los 2.539 metros de altitud proponen una actividad diferente que combina deporte, alta montaña, patrimonio y sostenibilidad. Este evento cuanta con la colaboración de Gobierno de Cantabria, Fundación Camino Lebaniego, Grupo de acción Local de Liébana y el Ayuntamiento de Vega de Liébana.

El próximo 3 de octubre, se celebrará en el corazón de la Cordillera Cantábrica la II edición de la Peña Prieta Sky Race, una prueba de alta montaña sostenible y sin masificaciones, cuya prueba principal propone un recorrido circular de 36 kilómetros y 2.600 metros de desnivel positivo, diseñado para los amantes del skyrunning y la alta montaña. El trazado alcanza una altitud máxima de 2.539 metros y atraviesa algunos de los espacios más representativos del entorno.

Con salida y llegada en Vega de Liébana, esta prueba en tres modalidades: Peña Prieta Sky Race: 36 km y 2.600 metros de desnivel positivo, con una altitud máxima de 2.539 metros. Trail: 8 km y 560 metros de desnivel positivo. Marcha: 8 km y 560 metros de desnivel positivo.

El itinerario de la Sky Race parte de Vega de Liébana y se adentra en el Valle de Cereceda, para ascender posteriormente hacia los lagos de montaña y la emblemática Arista de Peña Prieta. Los lagos de montaña constituyen uno de los elementos paisajísticos más destacados del recorrido. Situados a gran altitud, ofrecen a los participantes un escenario de especial belleza. El paso por La Arista de Peña Prieta, uno de los puntos visualmente más impactantes del trazado, previo a afrontar el ascenso hasta la cumbre, situada a 2.539 metros sobre el nivel del mar. El trazado incorpora además el paso por senderos de peregrinación vinculados al Camino Vadiniense, aportando una dimensión histórica y cultural a una prueba marcada por el paisaje y el deporte.

Este evento cuanta con la colaboración de Gobierno de Cantabria, Fundación Camino Lebaniego, Grupo de acción Local de Liébana y el Ayuntamiento de Vega de Liébana.

La segunda edición de la Peña Prieta Sky Race quiere consolidar una propuesta en la que deporte, naturaleza, patrimonio, sostenibilidad y desarrollo local formen parte de una misma experiencia. El próximo 3 de octubre, Vega de Liébana será el punto de partida y llegada de una jornada que llevará a los participantes desde los senderos del Valle de Cereceda hasta los 2.539 metros de Peña Prieta, atravesando lagos de montaña, aristas y antiguos caminos de peregrinación. Una carrera concebida para disfrutar de la alta montaña y, al mismo tiempo, para poner en valor y respetar un territorio excepcional.

 

 

Más información:https://www.comarcadeliebana.com/

PRIMERAS LUCES DE OTOÑO EN PUNTA BERMEJA PREMIUM BEACH HOTEL

El hotel de cuatro estrellas superior invita a disfrutar de una costa más tranquila, temperaturas agradables y atardeceres dorados en El Puerto de Santa María.

 

 

Cualquier día del año es la oportunidad perfecta para dedicarse unos días de relajación en la costa gaditana. El otoño no es un impedimento, ya que sus suaves temperaturas y sus cálidas horas de sol invitan a disfrutar del tiempo de una forma diferente. Por eso, Punta Bermeja Premium BeachHotel es un alojamiento ideal para esas escapadas especiales.

Hay lugares que cambian con las estaciones y otros que parecen haber sido creado para disfrutarlas todas. Con la llegada de septiembre, la Bahía de Cádiz comienza a cambiar su paleta de colores: la luz se vuelve más cálida, las tardes se acortan y el ritmo de la costa se transforma.

En este escenario, Punta Bermeja Premium BeachHotel se presenta como un refugio desde el que descubrir el litoral gaditano desde una perspectiva más pausada, cuando el verano va dejando paso a los primeros días de otoño.

Situado en el Puerto de Santa María, este alojamiento de cuatro estrellas superior se ubica frente al mar convirtiendo cada momento del día en una oportunidad para contemplar el paisaje, sobre todo cuando el cielo empieza a colorearse.

Con la llegada del otoño, el Atlántico comienza a pintarse de tonos dorados y anaranjados, que se reflejan sobre el agua mientras la temperatura invita a seguir apurando las horas del reloj.

Punta Bermeja Premium BeachHotel ha sido concebido como un espacio en el que el entorno tiene un papel protagonista. Su propuesta combina el carácter de un alojamiento contemporáneo con una ubicación privilegiada junto al litoral, creando un ambiente especialmente adecuado para quienes buscan una escapada en pareja, unos días de desconexión o una forma diferente de prolongar la temporada de verano.

La privacidad y la tranquilidad son dos de sus principales señas de identidad. El hotel ofrece espacios pensados para disfrutar del exterior y convertir el paisaje en parte de la experiencia, desde los momentos de descanso hasta las últimas horas del día, cuando el cielo sobre la Bahía se transforma en el mejor telón de fondo.

La llegada del otoño supone, además, una oportunidad para descubrir otra cara de la costa gaditana. La playa continúa siendo protagonista, pero ahora comparte espacio con planes culturales, gastronómicos y de naturaleza que permiten conocer el destino con mayor calma.

Así, mientras el calendario avanza hacia los meses más frescos, Punta Bermeja Premium BeachHotel reivindica una idea sencilla: el verano puede terminar, pero no las ganas de escaparse a Cádiz.

Para más información:

https://www.puntabermeja.com/es/

LAS 15 CIUDADES PATRIMONIO SE CITAN EN ALCALÁ PARA PONER EN VALOR LA RIQUEZA DE SUS SEMANAS SANTAS

El IV Congreso Nacional de Semana Santa y Ciudades Patrimonio reunirá del 23 al 25 de octubre a representantes de las quince ciudades españolas Patrimonio Mundial en un encuentro para compartir experiencias y poner en valor la riqueza cultural, histórica, artística y devocional de sus celebraciones.

 

Alcalá de Henares se convertirá del 23 al 25 de octubre en punto de encuentro de las 15 Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España con motivo del IV Congreso Nacional de Semana Santa y Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Organizado por la Asociación Española de Semana Santa de Ciudades Patrimonio Mundial, el encuentro celebrará este año su cuarta edición en Alcalá de Henares, ciudad anfitriona de una cita que busca poner en valor la Semana Santa como parte fundamental del patrimonio cultural, histórico, artístico, religioso y social de estas ciudades.

Alcalá de Henares, Ávila, Baeza, Cáceres, Córdoba, Cuenca, Ibiza, Mérida, Salamanca, San Cristóbal de La Laguna, Santiago de Compostela, Segovia, Tarragona, Toledo y Úbeda estarán representadas en un encuentro que permitirá mostrar la diversidad y, al mismo tiempo, los numerosos elementos que comparten sus celebraciones.

La singularidad de estas Semanas Santas reside también en los escenarios en los que se desarrollan. Calles, plazas, templos y conjuntos históricos reconocidos por la UNESCO se convierten cada año en el marco de procesiones y tradiciones en las que confluyen patrimonio, imaginería, música, fe y devoción. Manifestaciones que trascienden lo puramente artístico para expresar el sentimiento de generaciones de cofrades y fieles y que forman parte de la identidad de cada territorio.

El Congreso nace así como un espacio para el intercambio de experiencias y conocimientos entre las ciudades participantes. Durante tres jornadas, Alcalá de Henares favorecerá el encuentro entre instituciones, hermandades, cofradías y especialistas para abordar la realidad de estas celebraciones y continuar avanzando en su protección, difusión y promoción.

Ante la celebración del Congreso y dada la propia esencia de la Semana Santa, los asistentes tendrán también la oportunidad de acercarse a su dimensión más humana y espiritual. No se trata únicamente de contemplar la riqueza de la imaginería o conocer un patrimonio de enorme valor, sino de comprender la fe, el fervor y la devoción que durante siglos han dado sentido a estas celebraciones. Sentimientos que se transmiten de generación en generación y que cada primavera vuelven a llenar las calles de las Ciudades Patrimonio.

Esta cita permitirá así profundizar en el valor histórico, cultural, artístico, religioso, social y turístico de la Semana Santa y en su capacidad para mantener vivas tradiciones que, en muchos casos, cuentan con siglos de historia.

Alcalá, la Ciudad Patrimonio anfitriona de este congreso

Alcalá de Henares será la ciudad anfitriona de esta cuarta edición y, con el respaldo de las instituciones locales y bajo el paraguas del Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, será escenario de diferentes actividades y encuentros que permitirán a los participantes acercarse a su patrimonio y a su tradición cofrade. El Congreso será conducido por Fernando Valmaseda, CEO de RV EDIPRESS, director y presentador de Miradas Viajeras Radio y Televisión y presidente de la Red de Pueblos Gastronómicos de España.

A lo largo de las tres jornadas, el programa combinará ponencias, encuentros institucionales, visitas culturales y diferentes actos vinculados a la Semana Santa y al patrimonio de Alcalá de Henares, convirtiendo la ciudad en punto de encuentro para representantes y protagonistas de las Ciudades Patrimonio.

La alcaldesa de Alcalá de Henares, Judith Piquet, destaca que este Congreso supone “un espacio de encuentro en el que compartir experiencias, fortalecer la colaboración entre ciudades hermanadas por su patrimonio y seguir impulsando la conservación y difusión de nuestras tradiciones”.

Las personas interesadas en formar parte de esta cita ya pueden formalizar su inscripción a través de la página oficial del IV Congreso Nacional de Semana Santa y Ciudades Patrimonio de la Humanidad, donde podrán consultar toda la información necesaria para participar en el encuentro.

El IV Congreso Nacional de Semana Santa convertirá así a Alcalá de Henares en el epicentro de un patrimonio compartido por quince ciudades. Un patrimonio que no solo se contempla, sino que se vive y se siente, y en el que la historia, el arte, la fe, la devoción y el sentimiento cofrade encuentran un espacio común. Desde sus propias particularidades, las quince Ciudades Patrimonio encuentran en la Semana Santa un elemento de unión y una oportunidad para seguir trabajando conjuntamente en su conservación y proyección.

 

Más información en:  www.congresosemanasantaalcala.es

 

¡TRES PUEBLOS, DOS COMUNIDADES Y UNA SIERRA ENTERA PARA SABOREAR EN UN FIN DE SEMANA!

La Red de Pueblos Gastronómicos de España propone su cuarta ‘gastroruta’ que cruza Guadarrama de sur a norte para vivir y saborear Galapagar, El Espinar y Riaza

 

 

Hay escapadas, como esta, que se resuelven con una carretera y un puerto de montaña. Sales de Madrid un viernes por la tarde y dejas que la sierra vaya creciendo a tu alrededor: en apenas ciento cincuenta kilómetros habrás cruzado el Guadarrama de punta a punta, habrás pasado de la Comunidad de Madrid a la provincia de Segovia y habrás comido en tres mesas que no se parecen en nada y que, sin embargo, hablan el mismo idioma. Es la apuesta de la Red de Pueblos Gastronómicos de España: una ‘gastroruta’ de monte, piedra y horno de leña por tres villas que llevan siglos mirando a la misma cordillera. ¿Preparados? Pues vamos a conocer Galapagar, El Espinar y Riaza.

Punto de partida: Galapagar, Comunidad de Madrid.

A poco más de cuarenta kilómetros de Madrid, colgado en las estribaciones de la sierra, Galapagar es uno de esos pueblos que no han necesitado inventarse a sí mismos. Su casco antiguo conserva la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, levantada entre 1487 y 1513, y, a pocos metros, el rollo de justicia que Carlos V le concedió en 1525. Por el término cruzan todavía doscientos metros de calzada romana, y sobre el río resisten el puente árabe de la Alcanzorla y el que Juan de Herrera trazó para Felipe II.

Su cocina no tiene un sello que exhibir en ninguna etiqueta, pero sí dos despensas extraordinarias y la inteligencia de usarlas a la vez: el monte y Madrid. De ahí salen el boletus y el níscalo del otoño, la ternera IGP Sierra de Guadarrama, la caza documentada desde tiempos de Alfonso XI y la coruja que el río regala entre marzo y mayo. Los jueves, el cocido no se pide: se espera. Y en noviembre el Otoño Gastronómico llena de tapas un municipio que también celebra la cuchara en enero y el rabo de toro en mayo.

Cruzamos el puerto y entramos en Segovia: El Espinar (35 km desde Galapagar).

Basta coronar el puerto para que el paisaje cambie de bando. El Espinar despliega sus núcleos —la villa, San Rafael, La Estación y Los Ángeles— sobre una Reserva de la Biosfera declarada por la UNESCO, bajo el perfil de La Mujer Muerta y el Montón de Trigo. La Iglesia de San Eutropio preside el casco con un retablo que es puro Siglo de Oro, y los restos del Palacio del Esquileo recuerdan cuando la lana dictaba el ritmo de Castilla. Alrededor, el monte: el gabarrero, el camino del Arcipreste de Hita, la Cañada Real Soriana Occidental.

Aquí la gastronomía no entiende de ligerezas. Responde a una herencia de platos pensados para reconfortar el cuerpo tras una jornada de aire gélido: el cochinillo de piel crujiente, el cordero lechal cuya terneza denota la calidad de los pastos, el rabo de toro guisado con paciencia. Cuando la humedad despierta el sotobosque, el pinar entrega sus setas y el municipio se vuelve un hervidero de buscadores. Y el homenaje al oficio forestal se sirve en el plato durante las Jornadas de los Gabarreros. De postre, leche frita, arroz con leche y los bollos del Cristo.

Última parada en Riaza (115 km desde El Espinar).

A 1.190 metros, donde la meseta se doblega ante la Sierra de Ayllón, Riaza ostenta la declaración de Conjunto Histórico Artístico desde 1970. Todo empieza en su Plaza Mayor, un coso con alma: gradas de piedra, ochenta y dos columnas bajo los soportales y un Ayuntamiento del XVIII coronado por una torre de hierro forjado. Detrás, la iglesia de Nuestra Señora del Manto guarda un retablo del XVII y una Colección de Arte Sacro que sorprende a quien no la espera. Cerca, el hayedo de La Pedrosa y la estación de La Pinilla.

El aroma a leña quemada guía los pasos del viajero. En los asadores de Riaza, el cordero lechal —cocinado solo con agua y sal— se dora despacio en hornos centenarios, y la carne de ganaderías propias llega a la mesa en forma de chuletón a la brasa, con las célebres patatas de Riofrío. A ello se suman los productos de la matanza y los guisos de setas de la sierra. Y el broche: amarguillos, tortas de chicharrones y las tortas sobadas de Semana Santa, un tributo a la harina, la manteca y el cariño puesto al amasar.

Tres pueblos, dos comunidades y una misma cordillera de fondo. Galapagar, El Espinar y Riaza no son villas que simplemente se visiten. Conviene cruzarlas despacio, saborearlas con calma para así recordarlas por el gusto. La mesa está puesta en las tres. ¿Te vienes a sentarte?

www.pueblosgastronomicos.com

A UN PASO DE LAS ESTRELLAS EN VALL DE NÚRIA

Pack astronómico en Vall de Núria para los días 10, 24 y 31 de octubre. Inlcuye cena buffet en el restaurante del Hotel Vall de Núria, tren cremallera ida y vuelta y una actividad astronómica a cargo del Parque Astronómico de El Montsec.

 

 

El Hotel Vall de Núria invita a descubrir el cielo nocturno desde uno de los enclaves naturales más singulares de los Pirineos con una experiencia que combina naturaleza, gastronomía y astronomía. Los días 10, 24 y 31 de octubre, los visitantes podrán disfrutar de una cena buffet, viajar en el emblemático tren cremallera y descubrir los secretos del universo a través de una sesión de iniciación a la astronomía y una observación del firmamento con telescopio, en una propuesta pensada para disfrutar de las estrellas en plena naturaleza.

¿Os gustan las estrellas? ¿Disfrutáis de una experiencia al aire libre? ¿Sois de los que conectáis con la naturaleza? Si la respuesta a todas estas preguntas ha sido un si, tenemos un plan para vosotros.

El Hotel Vall de Núria os propone disfrutar de la naturaleza en su estado más puro, con un pack irresistible, con un coste de 54 euros para adultos y 40 euros para niños. Al caer la noche, los amantes de la astronomía tendrán la oportunidad de vivir una actividad única con la que descubrir la magia del firmamento.

Previamente, los participantes tendrán una sesión interior de conocimiento del cielo nocturno, donde aprenderán a identificar las constelaciones y las estrellas más destacadas.

Posteriormente, mediante observación con telescopio, se avistarán planetas, estrellas y objetos celestes más lejanos disfrutando de una fascinante aproximación al universo que nos rodea.

Esta propuesta disponible los días 10, 24 y 31 de octubre contará con una cena buffet en el restaurante del hotel, a las 20:00, desplazamiento en tren cremallera con horario libre de subida y bajada a las 23:00. Además de la actividad astronómica a cargo del Parque Astronómico de El Montsec, a las 21:00.

 

 

https://hotelvalldenuria.cat/

RESTAURANTES LLENOS Y CUENTAS VACÍAS: LA PARADOJA DE LA HOSTELERÍA ESPAÑOLA

La consultora Linkers advierte de que el crecimiento de la facturación no siempre se traduce en una mejora de la rentabilidad por la falta de control operativo, financiero y comercial.

 

 

La consultora identifica la ausencia de escandallos actualizados, las cartas sobredimensionadas, las compras desorganizadas y la falta de dirección profesional como algunos de los principales problemas del sector

Un restaurante lleno continúa siendo, a ojos del consumidor, la imagen más evidente del éxito. Mesas ocupadas, listas de espera y un elevado volumen de actividad parecen indicar que el negocio funciona correctamente. Sin embargo, detrás de muchos establecimientos con una elevada facturación se esconde una realidad económica muy diferente: márgenes insuficientes, costes descontrolados, tensiones de tesorería y una estructura incapaz de transformar las ventas en beneficios.

Linkers, consultora especializada en hostelería, restauración y turismo gastronómico, advierte de que una parte importante de los negocios del sector sigue utilizando la facturación como principal indicador de éxito, sin analizar con suficiente profundidad cuánto gana realmente con cada cliente, cada plato o cada servicio.

“En hostelería se puede facturar mucho y, aun así, ganar muy poco. El problema aparece cuando el empresario confunde volumen de ventas con rentabilidad y continúa aumentando la actividad sin revisar previamente su estructura”, explica David Basilio, socio fundador y director de Operaciones de Linkers.

La situación resulta especialmente paradójica porque algunos negocios no tienen un problema de demanda. Tienen clientes, una marca reconocida, una ubicación competitiva y una facturación importante. Su dificultad radica en que cada incremento de las ventas también aumenta la complejidad, las compras, las horas de trabajo, las necesidades de producción y las posibilidades de cometer errores.

 

Vender más también puede significar gastar más

Un aumento de la facturación debería mejorar el resultado del negocio, pero no lo garantiza. Cuando el crecimiento no está correctamente planificado, puede producirse el efecto contrario: el restaurante trabaja más, atiende a más clientes y somete a mayor presión a su equipo, pero el beneficio apenas aumenta.

El incremento de la actividad puede generar más compras urgentes, más horas extraordinarias, mayor consumo energético, un aumento de las mermas y una pérdida de control sobre las porciones. También puede obligar a ampliar la plantilla o incorporar servicios adicionales cuya rentabilidad nunca se analiza individualmente.

Si los costes crecen al mismo ritmo —o incluso más rápido— que las ventas, el resultado final puede quedar prácticamente neutralizado.

“Hay restaurantes que baten récords de facturación y, sin embargo, terminan el ejercicio con una rentabilidad inferior a la del año anterior. Han vendido más, pero también han comprado peor, han necesitado más personal y han perdido eficiencia”, señala Basilio.

Según la experiencia de Linkers, esta situación se produce tanto en pequeños establecimientos independientes como en restaurantes consolidados, negocios familiares y grupos con varios millones de euros de facturación anual.

La cuestión, por tanto, no es solamente cuánto vende un restaurante, sino cuánto dinero permanece en la empresa después de pagar producto, personal, alquileres, suministros, comisiones, mantenimiento, financiación e impuestos.

 

El espejismo de la ocupación

La ocupación es un indicador importante, pero no suficiente. Un restaurante puede estar completo y, al mismo tiempo, tener un ticket medio demasiado bajo, vender principalmente sus productos menos rentables o necesitar una estructura excesivamente costosa para atender cada servicio.

Incluso dos servicios con la misma facturación pueden producir resultados económicos muy diferentes. El primero puede concentrar las ventas en platos rentables, utilizar una plantilla correctamente dimensionada y mantener bajo control las mermas. El segundo puede depender de referencias con escaso margen, acumular horas improductivas y generar un volumen elevado de desperdicio.

Por eso, Linkers considera que la pregunta relevante no es únicamente cuántos clientes entran en el restaurante, sino qué consumen, cuánto gastan, qué margen dejan y qué recursos necesita la empresa para atenderlos.

“No siempre es necesario conseguir más clientes. En muchas ocasiones, la primera medida debe ser mejorar la rentabilidad de los clientes que ya entran por la puerta”, añade Basilio.

Seis problemas que reducen la rentabilidad

Linkers identifica seis situaciones recurrentes que explican por qué algunos restaurantes con una facturación elevada no obtienen los resultados esperados.

  1. Desconocimiento de la rentabilidad real de cada plato

Muchos restaurantes conocen el precio de compra de sus principales productos, pero no disponen de escandallos permanentemente actualizados ni incorporan correctamente todos los costes asociados a la elaboración.

Ingredientes secundarios, guarniciones, salsas, pan, aperitivos, mermas, invitaciones, errores de producción, consumo energético y tiempo de elaboración pueden convertir un plato aparentemente rentable en una referencia con un margen insuficiente.

Además, el escandallo pierde valor si no se actualiza cuando cambian los precios del proveedor, el tamaño de las raciones o las condiciones de compra.

El objetivo no debe ser únicamente conocer cuánto cuesta elaborar un plato, sino determinar cuánto contribuye realmente al resultado del establecimiento. Para ello, es necesario combinar el coste con el precio de venta, la frecuencia de consumo, la complejidad de producción y la capacidad del plato para generar ventas complementarias.

Un producto con un porcentaje de coste atractivo puede no ser interesante si apenas se vende. Del mismo modo, un plato con un coste aparentemente elevado puede resultar estratégico si tiene mucha rotación, favorece la venta de bebidas o refuerza el posicionamiento del restaurante.

  1. Cartas demasiado extensas

Una carta amplia puede transmitir variedad, pero también multiplica las referencias de compra, dificulta la rotación del producto, aumenta las mermas y hace más compleja la formación del equipo.

Cuantos más platos ofrece un establecimiento, más ingredientes necesita almacenar y más difícil resulta mantener la regularidad en la ejecución. La amplitud de la carta también incrementa el riesgo de roturas de stock, compras urgentes y productos que permanecen demasiado tiempo en cámara.

Además, una oferta excesiva puede restar protagonismo a los platos más rentables y dificultar la decisión del cliente. Cuando todo ocupa el mismo espacio y recibe el mismo tratamiento comercial, la carta deja de funcionar como una herramienta de venta.

“Reducir una carta no significa empobrecer la oferta. Bien ejecutado, permite concentrar las ventas, mejorar la calidad del producto, simplificar la operación y aumentar el margen”, afirma el responsable de Linkers.

La ingeniería de menú permite identificar qué platos deben potenciarse, cuáles necesitan ajustes de precio o presentación y qué referencias conviene retirar. La decisión no debe basarse únicamente en la opinión del chef o del propietario, sino en datos de venta, rentabilidad y coherencia con el concepto.

  1. Compras sin estrategia ni centralización

Incluso los restaurantes con volúmenes elevados pueden estar comprando en condiciones poco competitivas si cada establecimiento, departamento o responsable toma sus decisiones de manera independiente.

La falta de negociación conjunta, homologación de proveedores, control de precios, planificación de pedidos y revisión de albaranes provoca desviaciones que, acumuladas durante todo el ejercicio, pueden representar una cantidad considerable.

En algunos negocios se negocia intensamente el precio de los productos principales, pero se presta menos atención a decenas de referencias secundarias que también tienen un impacto importante sobre el resultado.

Centralizar no significa renunciar a la calidad ni eliminar la autonomía de los equipos. Significa establecer criterios comunes, reducir duplicidades, comparar proveedores y utilizar el volumen de compra como una herramienta de rentabilidad.

La decisión tampoco debe reducirse a comprar más barato. Un proveedor competitivo debe ofrecer regularidad, calidad, trazabilidad, formatos adecuados, condiciones de pago y capacidad de respuesta. El precio es importante, pero una ruptura de suministro o una calidad irregular también cuestan dinero.

  1. Plantillas dimensionadas por costumbre

Otro de los problemas habituales es mantener estructuras de personal heredadas del pasado, sin relacionarlas con las necesidades reales de cada servicio.

Las plantillas deben dimensionarse en función de la ocupación, el tipo de oferta, las franjas horarias, la estacionalidad y la productividad, y no exclusivamente según la manera en que el restaurante ha funcionado tradicionalmente.

En ocasiones, el negocio dispone del número adecuado de personas, pero distribuidas incorrectamente. Se acumulan recursos en horarios de baja actividad y faltan profesionales en los momentos críticos. El resultado es una plantilla costosa que, paradójicamente, continúa transmitiendo una sensación permanente de falta de personal.

Esto no implica necesariamente reducir equipos. En numerosos casos, el problema no se encuentra en el número de trabajadores, sino en la organización de los turnos, la distribución de responsabilidades, la falta de polivalencia y la ausencia de procedimientos claros.

Una mejor planificación puede reducir las horas improductivas, mejorar la conciliación, disminuir el cansancio y ofrecer un servicio más estable. La rentabilidad laboral y el bienestar del equipo no son objetivos incompatibles; con frecuencia dependen de la misma organización.

  1. Falta de presupuestos y control mensual

Numerosas empresas hosteleras revisan sus resultados cuando el ejercicio ya ha terminado. Para entonces, cualquier desviación en compras, personal, productividad o gasto energético se ha consolidado durante meses.

Linkers recomienda trabajar con presupuestos mensuales y comparar sistemáticamente las previsiones con los resultados reales. Este seguimiento permite detectar rápidamente dónde se está perdiendo margen y aplicar medidas correctoras antes de que finalice el año.

No basta con comprobar que la facturación ha aumentado. Es necesario analizar cómo evolucionan el coste de producto, el coste laboral, el ticket medio, la productividad por hora trabajada, las ventas por franja horaria y el resultado de cada unidad de negocio.

“Una cuenta de resultados anual explica lo que ha sucedido. Un buen sistema de control mensual permite decidir lo que debe suceder”, apunta Basilio.

El presupuesto no debe considerarse una previsión rígida, sino una herramienta de dirección. Permite anticipar temporadas bajas, planificar inversiones, controlar la tesorería y establecer objetivos comprensibles para cada departamento.

  1. Ausencia de dirección profesional

Un restaurante necesita cocina, sala y administración, pero también una figura que conecte todas estas áreas y tome decisiones desde una perspectiva empresarial.

La ausencia de una dirección profesional provoca que cada departamento persiga sus propios objetivos. Cocina prioriza producto y producción; sala, servicio y satisfacción del cliente; administración, contención del gasto. Sin una visión común, el negocio puede funcionar operativamente sin avanzar económicamente.

En otras ocasiones, el propietario termina asumiendo todas las decisiones: compras, personal, proveedores, incidencias, reservas y mantenimiento. Esta concentración ralentiza la empresa, impide delegar y deja poco tiempo para analizar el negocio.

El gerente actual debe comprender operaciones, personas, ventas, compras y rentabilidad. Su función no consiste únicamente en resolver incidencias, sino en transformar la actividad diaria en resultados sostenibles.

Esta figura también debe convertir los datos económicos en decisiones operativas comprensibles para el equipo. No sirve de mucho disponer de información si no se traduce en cambios de turnos, negociación con proveedores, revisión de porciones, formación comercial o adaptación de la carta.

Las señales de alarma

Existen varios indicadores que pueden revelar que un restaurante está creciendo sin mejorar realmente su situación económica:

  • La facturación aumenta, pero la tesorería continúa tensionada.
  • El negocio está lleno, pero necesita promociones constantes.
  • Las compras crecen por encima de las ventas.
  • Se producen diferencias frecuentes entre el consumo teórico y el consumo real.
  • El ticket medio permanece estancado pese a la subida de precios.
  • La plantilla trabaja más horas, pero la productividad no mejora.
  • Los platos más vendidos no coinciden con los más rentables.
  • Se realizan pedidos urgentes de forma habitual.
  • El empresario desconoce el resultado económico de cada mes.
  • La empresa depende completamente de la presencia diaria del propietario.
  • Cada departamento trabaja correctamente de manera aislada, pero no existe una dirección común.
  • Se toman decisiones basadas en sensaciones y no en información contrastada.

Detectar una de estas situaciones no significa necesariamente que el negocio sea inviable. Sí indica que necesita revisar su modelo antes de continuar creciendo.

La rentabilidad no se mejora con una única medida

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que la rentabilidad se recupera simplemente subiendo precios o reduciendo personal.

Un incremento de precios sin una estrategia clara puede perjudicar la percepción de valor del cliente. Del mismo modo, una reducción indiscriminada de plantilla puede deteriorar el servicio, aumentar la rotación y terminar generando costes superiores a los que se pretendía eliminar.

La mejora debe producirse mediante una combinación de actuaciones: ingeniería de menú, revisión de escandallos, negociación de compras, simplificación de procesos, planificación laboral, formación comercial y control financiero.

En algunos establecimientos, el principal potencial de mejora se encuentra en la cocina. En otros, en la sala, las compras, el calendario de apertura o la estructura directiva. No existe una receta universal porque cada restaurante pierde rentabilidad de una manera diferente.

Por este motivo, Linkers defiende la realización de un diagnóstico integral antes de adoptar decisiones. El análisis debe comprender desde la reserva hasta el cierre de la cuenta, incluyendo compras, recepción de mercancías, almacenamiento, producción, servicio, venta y administración.

De la cultura de la facturación a la cultura del margen

Para Linkers, el futuro de la restauración pasa por abandonar la obsesión exclusiva por vender más y adoptar una gestión basada en indicadores: coste de producto, coste laboral, productividad por servicio, ticket medio, contribución por plato, rotación de la carta, consumo por categoría y resultado operativo.

Esto no significa convertir la hospitalidad en una sucesión de hojas de cálculo. Los números deben estar al servicio de la experiencia y no al contrario.

Una estructura rentable permite invertir en mejores productos, instalaciones, formación, tecnología y condiciones laborales. También ofrece mayor capacidad para afrontar imprevistos, innovar y crecer sin poner en riesgo la estabilidad de la empresa.

La rentabilidad es, además, una condición necesaria para construir equipos estables. Una empresa sin margen difícilmente puede ofrecer desarrollo profesional, invertir en formación o mejorar la organización de los horarios.

“Rentabilidad y hospitalidad no son conceptos enfrentados. Un restaurante que no gana dinero termina recortando calidad, perdiendo talento o cerrando. Gestionar bien es precisamente lo que permite proteger la experiencia del cliente y garantizar el futuro del negocio”, concluye David Basilio.

El nuevo éxito hostelero

El éxito de un restaurante ya no puede medirse únicamente por el número de clientes, la dificultad para conseguir una reserva o la facturación anual.

El nuevo éxito hostelero debe combinar capacidad de atracción, calidad, rentabilidad, estabilidad de los equipos y sostenibilidad empresarial. Un restaurante verdaderamente exitoso no es solo el que llena sus mesas, sino el que sabe por qué las llena, cuánto gana con cada servicio y cómo puede mantener ese resultado a largo plazo.

La gran transformación pendiente del sector no consiste necesariamente en abrir más locales o atender a más clientes. Consiste en profesionalizar la gestión de los negocios que ya existen para que la enorme actividad que generan se convierta también en valor económico, empleo estable y futuro empresarial

 

 

Más información: linkers.es