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HUELVA CONSOLIDA SU PROYECCIÓN INTERNACIONAL EN LA ITB DE BERLÍN DE LA MANO DE AGENCIA DESTINO HUELVA

 

 

En el marco de la celebración del 60 aniversario de la Internationale Tourismus Börse (ITB), la Agencia Destino Huelva ha concluido su participación en una de las ferias turísticas más importante del mundo con un balance que refuerza su posición estratégica en el mercado europeo. Bajo el paraguas del Plan de Acción 2026 y en colaboración con la Empresa Pública para la Gestión del Turismo y el Deporte de Andalucía, la delegación onubense ha cumplido un intenso calendario de trabajo orientado a la captación de negocio y la diversificación de su oferta.

Más allá de las cifras de asistencia global de la feria —que este año ha vuelto a congregar a más de 100.000 profesionales—, la Agencia Destino Huelva ha centrado sus esfuerzos en una agenda de reuniones de alto nivel. Entre los encuentros más destacados, la Agencia ha mantenido sesiones de trabajo con gigantes del sector como Holiday Check, World2Meet y eDreams, orientadas a mejorar la conectividad y la comercialización digital de la provincia.

Asimismo, la Agencia ha servido de catalizador para el sector privado onubense, facilitando la presencia y el networking de cadenas referentes como On Hotels, Garden Hotels e Ilunion, reforzando la imagen de Huelva como un destino preparado para la excelencia operativa y la inversión.

Si bien la Agencia ha continuado promocionando los pilares fundamentales del destino (sol y playa, gastronomía, golf y patrimonio), la ITB de Berlín ha confirmado una tendencia clara: el turismo de naturaleza de Huelva es el producto con mayor capacidad de crecimiento y demanda en el mercado centroeuropeo.

«Nuestra presencia en Berlín no es solo institucional; es una herramienta comercial directa para nuestras empresas», señalan desde la Agencia. «Hemos detectado un interés creciente por los espacios abiertos y la sostenibilidad, donde Huelva tiene una ventaja competitiva diferencial que estamos decididos a explotar».

Con esta participación, la Agencia Destino Huelva no solo cierra una feria clave, sino que activa la siguiente fase de su estrategia para 2026, consolidando la marca «Huelva» en el imaginario del turista internacional.

 

 

Más información: www.turismohuelva.org

UN HOTEL BOUTIQUE PARA ESTA SEMANA SANTA EN MADRID

El hotel Meninas es un refugio de calma dentro de la vorágine de la capital. Un lugar donde descansar y disfrutar de la ciudad a un paso de todo.

 

 

Madrid se prepara para vivir una Semana Santa llena de cultura, tradición y planes urbanos. En pleno corazón histórico de la capital, el Hotel Meninas se presenta como el refugio perfecto para quienes desean vivir una experiencia llena de actividad con la calma de un alojamiento con encanto.

Hay escapadas que no se miden en kilómetros, sino en sensaciones. Esta Semana Santa, Madrid se convierte en el destino perfecto para quienes buscan cultura, gastronomía y ese ritmo vibrante que solo la capital puede ofrecer.

En pleno centro histórico, se encuentra un cuatro estrellas en un edificio histórico del siglo XIX totalmente reformado y transformado en un establecimiento hotelero con encanto, que ha sabido mantener la esencia y elementos decorativos de la época.

A unos pasos de la Plaza de Oriente, el Palacio Real, y el Teatro de la Ópera se encuentra el Hotel Meninas, un establecimiento boutique íntimo, donde el diseño clásico se mezcla con detalles contemporáneos, creando una atmósfera cálida y sofisticada. Habitaciones luminosas, rincones pensados para el descanso y una atención personalizada que convierte cada estancia en una experiencia a medida.

Durante Semana Santa, Madrid se llena de planes, desde visitas culturales hasta experiencias gastronómicas y musicales. En este contexto, el Hotel Meninas ofrece algo que marca la diferencia: una experiencia cercana, tranquila y auténtica en el exclusivo barrio de palacio.

Para quienes buscan vivir la capital desde dentro, pero descansar lejos del bullicio, el Hotel Meninas es la elección perfecta esta Semana Santa. Un alojamiento con alma, pensado para disfrutar Madrid con pausa y estilo.

Más información y reservas:

https://www.hotelmeninas.es/

ALHAURÍN EL GRANDE: EL SABOR DEL VALLE DEL GUADALHORCE ENTRE PAN Y MIEL

Socio fundador de la Red de Pueblos Gastronómicos de España, esta localidad aúna recetas y sabores que redondean una experiencia gastroturística espectacular.

 

 

Hay pueblos que no solo se ven, se huelen. Alhaurín el Grande es uno de ellos. Desde que el primer aroma a pan cateto recién horneado te envuelve al cruzar sus calles empedradas, comprendes que aquí la gastronomía no es un complemento, sino el alma misma del lugar. Un viaje a los sabores profundos de Andalucía, donde lo humilde se convierte en sublime.

No es solo pan. Es tradición hecha miga dorada, crujiente y esponjosa a partes iguales. El pan cateto de Alhaurín, el pan que conquistó Málaga —oscuro, rústico, de masa densa y aroma a trigo antiguo— es leyenda viva. Se amasa con paciencia, se hornea en leña y se busca desde la capital malagueña como un tesoro. Pero este es solo el principio.

En las mañanas frías de invierno, las abuelas alhaurinas reviven el ritual de las sopas cachorreñas: un caldo espeso de pan, ajo, huevo y bacalao —o sardinas en verano— que alimenta el cuerpo y el espíritu. En el mes de abril, se celebra el Día de las Cachorreñas que convierte este plato en fiesta. Porque, y esto es verdad, hay sopas que son abrazos. Abrazos a la tradición, a los sabores de casa, con las cocinas de toda la vida, de mandil y fogón siempre a punto.

Pero, ¡hay más!: las sopas poncima —con su caldo de hierbas—, los mojetes (donde el bacalao se mezcla con tomate, cebolla y el toque ácido de la naranja), o las migas, humildes pero nobles, que aquí se acompañan con uvas o granada. Incluso el gazpacho tiene su versión invernal: sin tomate, pero con naranjas, lechuga e higos secos, un guiño al ingenio de la cocina de aprovechamiento, donde los hogares humildes sacaban partido de todos los productos que entraban por su puerta.

Pasear por las huertas de Alhaurín es un regalo para los sentidos: naranjas que estallan en dulzor, aguacates cremosos y frescos, granadas como rubíes, y tomates que saben a sol. Estos productos —junto a las aceitunas aloreñas con D.O.P., aliñadas con hierbas locales— son la base de una dieta mediterránea que se vive, no se sigue. Gracias a su huerta, Alhaurín el Grande vertebra una gastronomía noble, donde el sabor nunca está reñido con la cantidad y la calidad habla por sí sola.

Y luego están los embutidos: chorizos curados al aire de la sierra, morcillas con matices de canela, jamones que se deshacen… Todo artesano, todo con el sello de las manos que aún trabajan como antaño. Porque, si bien los productos procedentes del cerdo son un básico en las despensas de infinidad de pueblos de nuestro país, aquí la dedicación y el esmero son la norma. Como resultado, obtenemos unos embutidos de categoría. Listos para acompañar otras recetas o para saborear con una buena rebanada de pan cateto.

Si miramos a la repostería, casi tocamos el cielo en un bocado. Aquí, lo dulce es casi una religión. Los bollos de aceite, esponjosos y ligeros; los roscos de huevo, crujientes y vanidosos; las tortas de aceite que se deshacen en la boca… Y las torrijas de batata y miel, un prodigio donde el pan viejo renace empapado en dulzor. Mención aparte merece el pan de higo, un manjar morisco que resume la esencia de esta tierra: higos secos, almendras y especias, prensados con mimo. Y las polcas, empanadillas de hojaldre que esconden sorpresas de cabello de ángel o crema.

En las colmenas de Alhaurín, las abejas trabajan sin prisa. Su miel —espesa, floral— endulza postres y calma gargantas. Y en las bodegas familiares, aún se elabora vino como hace siglos: robusto, honesto, para acompañar una tabla de queso o una tarde de conversación y risas con la Sierra de Guadalhorce de telón de fondo como marco incomparable.

Comer en Alhaurín el Grande es viajar en el tiempo. Es entender que un mojete no es solo bacalao con tomate, sino la memoria de los pescadores que lo salaban; que una aceituna aliñada guarda el secreto de las abuelas, y que el pan cateto lleva dentro el sudor de los hornos de leña.

Aquí, cada bocado tiene un porqué. Y ese porqué es la razón por la que, después de probarlo, uno ya no quiere irse. ¿A qué esperas para perderte —y encontrarte— en su mesa?

 

 

www.pueblosgastronomicos.com

HOTEL DOM PEDRO LISBOA, VUESTRO CAPRICHO MÁS DESEADO

Con vistas que alcanzan Sintra en los días claros, y una ubicación estratégica para conocer la ciudad, el Hotel Dom Pedro Lisboa se consolida como uno de los grandes referentes de la ciudad. Este elegante y lujoso alojamiento cuenta con más de 25 años de historia siendo la preferencia de los viajeros que buscan confort y bienestar, con una completa oferta gastronómica.

A tan solo 7 kilómetros del aeropuerto de Lisboa, con excelente conexión por carretera y acceso inmediato a la autopista, se alza un imponente edificio de más de veinte plantas en cuya fachada se puede leer Hotel Dom Pedro Lisboa.

Este histórico alojamiento de la capital portuguesa celebra más de un cuarto de siglo de trayectoria atendiendo con esmero a viajeros de todas las nacionalidades, que deciden descansar en uno de los mejores hoteles cinco estrellas de Lisboa.

Sus habitaciones son sinónimo de descanso en cualquiera de sus categorías; superiores, premium, familiares interconectadas, triple superior, suite premium o suite presidencial. Todas ellas han sido diseñadasy remodeladas con un estilo elegante y clásico, pensado en ofrecer una estancia acogedora y garantizar un sueño reparador en sus camas queen, King size o individuales. Además, este hotel presume de tener las mejores vistas de la ciudad, ya que en días despejados podréis ver Sintra o incluso el Palacio de Pena.

El bienestar ocupa un destacado lugar en el Hotel Dom Pedro Lisboa gracias al Spa Aquae. Un auténtico remanso de paz donde relajarse y disfrutar de los beneficios del agua en sus diferentes formas; piscina cubierta climatizada, piscina con jacuzzi, sauna o baño turco. En la misma planta, se encuentra un gimnasio totalmente equipado para quienes desean mantener su rutina de entrenamiento durante la estancia. O, también disfrutar de un tratamiento de desintoxicación y purificación corporal que revitalizarán el cuerpo y la mente.

La gastronomía es otro de los pilares fundamentales del hotel. En cualquiera de sus espacios gastronómicos se puede disfrutar de sabores que conquistan hasta los paladares más exigentes. En el hall se encuentra ‘Champagne & Cocktail bar’, donde se sirve una selección especial de los mejores champagnes y cócteles de autor. En la planta principal, junto al vestíbulo “Le Café”, un restaurante y bar, propone un viaje con los sentidos a través de la gastronomía portuguesa, desde la cocina tradicional hasta opciones más contemporáneas.

Esta oferta culinaria se completa con, en la tercera planta, un restaurante italiano abierto al público inspirado en la cocina mediterránea, “Il Gatopardo”.Un lugar donde saborear exquisitos platos de pasta fresca, carnes y pescados preparados por el chef Leandro Stenzel, con ingredientes frescos y de temporada. Este rincón cuenta con una terraza con excelentes vistas para disfrutar aún más de una velada mágica.

Además, este hotel cuenta con múltiples espacios para reuniones y eventos. Más de 1400 m² distribuidos en 16 salas amplias y versátiles, en las que albergar grandes eventos y reuniones, así como salas más pequeñas ideales para cenas o pequeños encuentros.

Con una ubicación privilegiada, una cuidada oferta gastronómica, espacios dedicados al bienestar y una amplia oferta para eventos, el Hotel Dom Pedro Lisboa se presenta como una opción versátil tanto para el viajero de ocio como para el de negocios. Un clásico de Lisboa que ha sabido mantener su esencia a lo largo del tiempo sin renunciar a la excelencia y al confort que exige el viajero contemporáneo.

 

 

Para más información:

https://www.dompedrolisboa.com/

UNA SEMANA SANTA ENTRE CUMBRES Y SILENCIO

Un hotel situado a casi 2.000 metros de altitud en el Pirineo catalán es la excusa perfecta para poner en pausa vuestra vida durante unos días.

 

En un momento en el que viajar significa reconectar con el entorno y con uno mismo, el Hotel Vall de Núria se posiciona como uno de los destinos más singulares para esta Semana Santa. Ubicado en pleno corazón del Pirineo y accesible únicamente en tren cremallera, este enclave combina naturaleza, historia y actividades al aire libre en un escenario incomparable.

Esta Semana Santa es la oportunidad ideal para poner rumbo al Pirineo catalán —ya sea con toda la familia o en pareja— y disfrutar del aire puro de un lugar mágico: Vall de Núria. A casi 2.000 metros de altura, rodeado por imponentes montañas cuyas cumbres se pintan de blanco durante el invierno y con un lago a sus pies, se encuentra el Hotel Vall de Núria, al que solo se puede acceder en el citado tren cremallera. Los viajeros pueden tomar este medio de transporte desde cualquiera de sus estaciones, Ribes de Freser o Queralbs, y embarcarse así en una aventura. Una vez en el vagón, las vistas cambian lentamente mientras el tren se aleja de la civilización y atraviesa las montañas; el silencio invade la atmósfera y el aire se vuelve más puro.

El Hotel Vall de Núria es un alojamiento integrado por completo en el paisaje, dibujando una estampa hogareña y singular. En este entorno de prados verdes y montañas, las opciones para descansar en Semana Santa son infinitas: desde largos paseos en los que reconectar y rutas de senderismo, hasta actividades en familia al aire libre o reparadoras horas contemplando la calidez del agua en el lago.

Para quienes viajan con niños, el espacio «Cau de la Marmota» ofrece actividades supervisadas en contacto con la naturaleza, lo que permite que cada miembro de la familia encuentre su propio ritmo. Este tiempo es perfecto para que los padres puedan vivir su propia experiencia en Vall de Núria.

Más allá de su valor paisajístico, este alojamiento cuenta con diferentes opciones: desde habitaciones estándar, suite y superior, hasta apartamentos estándar o superior dúplex, ideales para cuando viajáis en grupo.

En un mundo cada vez más acelerado, el Hotel Vall de Núria ofrece un refugio donde el tiempo se detiene. Es todo un lujo dormir escuchando el silencio de la montaña o contemplar cielos estrellados. Y si a todo esto le sumas el confort de un apartamento pensado al detalle, la experiencia se convierte en algo inolvidable.

https://hotelvalldenuria.cat/

 

IMAGINA TODA UNA PROVINCIA PARA DISFRUTARLA EN SEMANA SANTA

Huelva puede presumir de tener algunos de los pueblos con las Semanas Santas mes emotivas, curiosas y seguidas.

Para hablar sobre la Semana Santa de Huelva hay que entender que no es solo una manifestación religiosa; es el alma de un pueblo que se vuelca en la calle, mezclando el salitre de la ría con el incienso que se queda impregnado a las paredes blancas de los pueblos.

 

En la capital, la Semana Santa es un despliegue de contrastes. Hay algo casi místico en ver a la Hermandad del Nazareno caminar por las calles del centro mientras la ciudad aún bosteza en la madrugá del Viernes Santo. No es solo la imagen, es el rachear de los costaleros sumado al ritmo de los tambores y las cornetas de la banda de música. O el fervor del barrio de El Polvorín, donde la Victoria se convierte en el epicentro de un sentimiento que desborda cualquier explicación lógica.

La capital es el punto de partida, pero la verdadera magia, esa que te eriza la piel por lo inesperado, se esconde en los senderos que llevan hacia la provincia.

Si hay un lugar que compite en belleza y sobriedad con las grandes capitales, ese es Ayamonte. Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, su Semana Santa es una pinacoteca viviente. Aquí, las imágenes no son solo objetos de culto; son obras de arte de una calidad excepcional.

Lo que hace especial a Ayamonte es su luz. Ver a la Hermandad de la Soledad recogerse mientras la luna se refleja en el Guadiana es una imagen que se queda grabada. Es una celebración señorial, elegante, donde el peso de la historia se siente en cada túnica. El desfile de la Agrupación de Cofradías es uno de los más antiguos de la provincia, y eso se nota en el rigor y el respeto con el que el pueblo vive cada salida procesional.

Si bajamos el ritmo y nos adentramos en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, el relato cambia. Aquí no hay grandes avenidas, sino calles empedradas y estrechas que obligan a los pasos a hacer filigranas para avanzar. En Aracena, el entorno del Castillo añade una capa de solemnidad casi medieval. La Hermandad de la Vera Cruz, con su Cristo del siglo XVI, es de una sobriedad que asusta y maravilla a partes iguales. Es el silencio de la montaña lo que marca el ritmo; aquí la fe es austera, recogida y profundamente auténtica.

En Higuera de la Sierra, la tradición tiene un matiz diferente. Aunque es famosa por su Cabalgata de Reyes, su Semana Santa mantiene ese espíritu de comunidad donde cada vecino tiene un papel. Es una celebración a escala humana, sin artificios innecesarios.

La Semana Santa en Moguer es poesía. No podría ser de otra forma en la tierra de Juan Ramón Jiménez. Es un equilibrio perfecto entre la monumentalidad de sus templos, como el Monasterio de Santa Clara, y la delicadeza de sus tallas. La salida del Cristo de la Sangre es uno de esos momentos que justifican cualquier viaje; la oscuridad se rompe solo con los hachones de cera y el murmullo de las promesas.

Por otro lado, Almonte vive una experiencia distinta. Aquí, la Semana Santa es el preámbulo de lo que vendrá después, pero tiene una identidad propia. El respeto que los almonteños profesan a sus imágenes es de una intensidad que sobrecoge. Es una fe que se toca, que se siente bien adentro.

No podemos pasar por alto Valverde del Camino. Su Semana Santa ha ido ganando peso por la calidad de sus bordados y su imaginería. El Señor del Santo Entierro, en su urna de plata, es una pieza que deja sin palabras. Es el orgullo de un pueblo que sabe trabajar con las manos y que pone ese mismo esmero en cuidar sus tradiciones.

La lista de pueblos sigue y sigue: la elegancia de La Palma del Condado, el recogimiento de Cortegana, o la viveza de Isla Cristina. Pero la Semana Santa de Huelva no se lee, sino que más bien se respira. Es el olor a azahar mezclado con la cera quemada, es el sonido de una saeta que corta el aire en una esquina cualquiera y es, sobre todo, esa sensación de que, por unos días, el tiempo se detiene para dejarnos ver lo que fuimos y lo que seguimos siendo.

Para aquellos que buscan una experiencia que les conecte con la raíz de la tierra, mejor olvidar los mapas y dejarse llevar por el sonido de una banda de cornetas a lo lejos. Allí donde encuentres a un pueblo mirando al cielo con esperanza, allí está la verdadera Semana Santa de Huelva.

 

Más información: www.turismohuelva.org