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UNA SEMANA SANTA CON ALMA PROPIA QUE CADA AÑO DESLUMBRA EN TOMELLOSO

Procesiones en las que el fervor y la admiración rezuman por los cuatro costados, sumados a la dedicación y al esfuerzo de una localidad volcada con su semana grande.  

 

Como en todo destino que vive sus fiestas compartiendo un sentimiento de fraternidad, unión y convivencia, Tomelloso disfruta una vez al año de una Semana Santa de esas que apetece visitar. Procesiones en las que los vecinos se vuelcan del primero al último, pasos e imaginería cuidada al detalle y fervor. Mucho fervor. La representación de los últimos días de Cristo en esta localidad manchega se vive con intensidad, de la mano de doce cofradías y hermandades. Si bien sus procesiones son dignas de seguimiento y disfrute, dos momentos sobresalen por encima del resto: la procesión del silencio y El Encuentro.

 

Silencio, oración y penitencia. Un resumen muy acertado de lo que se vive cada año en Semana Santa en la localidad de Tomelloso. Sus gentes viven con intensidad unos días que para muchos son de descanso y esparcimiento, pero para ellos es dedicación, algo de nervios y mucha devoción. Ese espíritu es muy fácil de contagiar. Sólo basta con dedicar tiempo para contemplar en respetuoso silencio, los pasos de La Entrada de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos; la Oración y Juicio de Cristo el Jueves Santo; o la Presentación, que año tras año va alcanzando mayor protagonismo en una ya de por si intensa jornada de Viernes Santo donde coinciden con Camino del Calvario y el Entierro de Cristo.

Aunque si hay algo en lo que coincidirá la absoluta mayoría de tomelloseros a la hora de definir su Semana Santa, es la Procesión del Silencio, conocida también como «de las cadenas». Para muchos, el momento culmen, se celebra en la madrugada del Viernes al Sábado Santo. En ella participan numerosos penitentes que, en completo silencio, caminan portando cruces y arrastrando pesadas cadenas atadas a los pies. Es verdaderamente sobrecogedor llegar a las inmediaciones del recorrido por el que transcurre la procesión y no oír nada más que un tambor lejano que, cuando te acercas, queda sutilmente opacado por el sonido que emiten las cadenas arrastrándose por el asfalto. En perfecta sincronía, el paso pesado de los penitentes, sumado a la cadencia fúnebre del tambor y al silencio sepulcral de una audiencia absorta en la escena, regalan un momento que es de obligada visita.

Otro momento intenso en esta Semana Santa es El Encuentro, celebrada el Domingo de Resurrección. Se recuperó el año pasado con una imagen nueva del resucitado. Una procesión que regresa, ya que llevaba sin hacerse desde antes de pandemia.

Más allá de procesiones y pasos, Semana Santa es un momento de encuentro, de reunión y de celebración con familiares y amigos. Durante la semana se suceden diferentes actividades y la gastronomía típica de la época, como los potajes de vigilia o la repostería como hojuelas, rosquillos, torrijas y flores se convierten en alicientes para aparcar nuestra vida cotidiana y descubrir que en Tomelloso si se respira una Semana Santa con alma propia.

 

 

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¿POR QUÉ EL MUNDO DEBE MIRAR A BAENA? RAZONES PARA UNA PROYECCIÓN INTERNACIONAL

Este año es muy especial para Baena, pues va a celebrar su primera Semana Santa como Fiesta de Interés Turístico Internacional

 

Si existiera un termómetro para medir la autenticidad de una tradición, Baena rompería el cristal. Lograr el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Internacional no debería ser una meta, sino una consecuencia lógica de lo que este municipio cordobés ofrece al patrimonio de la humanidad.  Aquí los motivos que la sitúan en una liga propia:

Un Patrimonio de la Humanidad reconocido por la UNESCO: El «Toque del Tambor» ya cuenta con el sello de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2018. No es solo ruido; es un ritual colectivo que une a 17 localidades de España, siendo Baena la única representante andaluza en este selecto grupo.

La singularidad de la «Turba» y la rivalidad cromática: A diferencia de otras celebraciones, Baena se divide apasionadamente entre Coliblancos y Colinegros. Esta sana rivalidad de tamborileros es más que un espectáculo para turistas, una estructura social profunda que define la identidad del pueblo y genera una energía que los visitantes califican de «electrizante».

Un «Teatro de Fe» en plena calle: La representación de pasajes evangélicos —la venta de Judas, el sacrificio de Isaac o el juego de la túnica— trasciende la procesión convencional. Es una catequesis viva que utiliza el espacio urbano como un escenario inmersivo, algo que cautiva al viajero global por su fuerza dramática y antropológica.

Gobernanza de vanguardia e igualdad: Mientras muchas tradiciones luchan por actualizarse, Baena presume de una participación femenina total. Las mujeres no solo procesionan; lideran cofradías y toman decisiones estratégicas, demostrando que la tradición milenaria no está reñida con la evolución social contemporánea.

Innovación tecnológica (IA): El proyecto de un agente de Inteligencia Artificial para guiar a los visitantes extranjeros —basado en décadas de investigación documental— posiciona a Baena como un referente en «Turismo Inteligente», facilitando que el viajero que no habla español comprenda cada matiz del ritual.

Excelencia Artesana y Artística: Desde los bordados en hilo de oro hasta el cine premiado internacionalmente (como el documental Baena Santa o la película Los restos del pasar), la localidad ha sabido exportar su estética y su mística a festivales de todo el mundo.

                                                                                                                   

 

 

 

 

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MENORCA APOYA EL ARTE CONTEMPORÁNEO Y LA GASTRONOMÍA DE LA ISLA ANTE EL PÚBLICO ESPECIALIZADO DE MADRID

El acto contó con una performance en directo a cargo de los pintores Marc Jesús y Carlos Mascaró quienes acabaron sendas obras de arte frente al público.

 


La Fundación Fomento del Turismo de Menorca ha celebrado este martes, 10 de febrero, un acto cultural en Madrid dirigido a público especializado con el objetivo de dar a conocer el dinamismo del arte contemporáneo y la excelencia gastronómica de la isla, reforzando el apoyo institucional a un sector creativo clave para Menorca.El encuentro, celebrado en el Espacio 23, ha reunido a medios de comunicación especializados en arte, cabeceras de ámbito nacional y personalidades del mundo cultural, convirtiéndose en un escaparate privilegiado para los artistas y galerías de arte menorquinas.

Uno de los momentos centrales del acto ha sido la performance en directo protagonizada por los pintores menorquines Carles Mascaró y Marc Jesús, quienes han creado sendas obras ante el público, poniendo en valor el proceso creativo como experiencia compartida. Durante la presentación también ha intervenido Elvira González, representante de la galería Encant, que celebra su 25 aniversario y se consolida como una de las galerías más longevas y representativas del panorama artístico de la isla.

La cita ha contado con la presencia de medios como Yorokobu, Mundo del Arte, Hoy es Arte, El Periódico, Onda Cero, ABC, El Español, Europa Press o Telemadrid, así como con la asistencia de la actriz María Adánez, entre otros invitados del ámbito cultural.

El evento ha incorporado asimismo una dimensión gastronómica, con la degustación de productos elaborados en directo por los chefs menorquines Pau Sintes, Emilio San Blas y Nil Moll, reforzando el diálogo entre creación artística, territorio y producto local.

Durante el acto se ha presentado también el Opening artístico que se celebrará en los próximos meses, una iniciativa que marcará el inicio de la temporada cultural en Menorca y que nace en un contexto de extraordinario dinamismo artístico. En los últimos años, la isla ha experimentado un notable crecimiento en el ámbito del arte contemporáneo, con más de 35 galerías y espacios expositivos repartidos entre Mahón, Ciutadella, Alaior, Es Mercadal o Es Migjorn Gran, conformando un ecosistema cultural diverso, innovador y en constante evolución.

Este tejido creativo, integrado por artistas emergentes y consolidados, galeristas, comisarios, coleccionistas y artesanos, ha posicionado a Menorca como un auténtico laboratorio de ideas y experimentación artística, donde conviven iniciativas públicas y privadas.

El futuro Opening propondrá un viaje artístico diario a través del arte contemporáneo de la isla, invitando a residentes y visitantes a descubrir Menorca desde una mirada creativa y compartida. Más allá de inaugurar la temporada cultural, la iniciativa se concibe como una celebración colectiva del talento, la creatividad y el compromiso con la cultura que habitan en Menorca en la actualidad.

 

 

 

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BAENA, EL ESTRUENDO SAGRADO BAJO LA LUNA DE ABRIL

En la localidad cordobesa empieza a notarse en el ambiente el primer cosquilleo, preámbulo de lo que se viene por delante.

 

 

Hay pueblos que se visitan y pueblos que, además se escuchan. Baena pertenece, irremediablemente a los segundos. Al llegar allí, la cal de sus fachadas te ciega con esa luz limpia del sur, pero es el oído el que primero advierte que algo extraordinario está a punto de suceder. No es el silencio místico de Castilla, ni la alegría desbordada de Sevilla. Es otra cosa. Es un latido metálico y persistente que nace en el pecho de sus ciudadanos y se escapa por las baquetas.

La Semana Santa aquí es un lenguaje sin palabras. Los tambores, fabricados a mano con el celo de quien custodia un secreto centenario transmitido de generación en generación, no son instrumentos, sino más bien extensiones del alma de los baenenses. En las calles estrechas, el sonido rebota, se amplifica y te envuelve hasta que pierdes la noción del tiempo.

Pero si el oído manda, la vista no se queda atrás. Cada procesión es un ir y venir de túnicas donde cada color narra una virtud: el morado de la penitencia, el negro del luto riguroso del Viernes Santo o el blanco que anuncia la luz divina. Y en medio de esa marea cromática, las figuras de los Judíos, con sus cascos cincelados y esos plumeros vibrantes  y llamativos que parecen cobrar vida propia al ritmo de la marcha.

Más que imaginería, lo que Baena saca a la calle cada Semana Santa es su historia. Desde la imaginería barroca con sellos de maestros como Pedro de Mena, hasta la teatralización de pasajes que convierten las plazas en escenarios vivos donde Judas traiciona y el destino se cumple bajo el humo del incienso. Al final del día, cuando el cuerpo pide tregua, el pueblo te abraza con un potaje de vigilia o unas flores de sartén bañadas en azúcar, recordándote que en Andalucía, que en Baena, la fe también se saborea.

 

 

 

 

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BAENA, PRUEBA VIVA DEL LEGADO ANDALUSÍ

 

 

Dice la leyenda —y los mapas del geógrafo ceutí al-Idrisi en el siglo XII— que Bayyana era una fortaleza inexpugnable rodeada de higueras, trigo y un horizonte infinito de olivos. Nueve siglos después, si uno conduce hacia Baena, la descripción sigue siendo casi idéntica. El paisaje se vuelve denso, las colinas se elevan y el verde plateado de los olivares lo inunda todo. Estamos en la Campiña Alta, la antesala de las Sierras Subbéticas, un territorio donde el tiempo parece avanzar al ritmo de la cosecha.

Baena es una encrucijada milenaria. Por aquí pasa el río Guadajoz y, con él, las rutas que conectan Córdoba con Granada. Es una tierra que ha estado habitada desde siempre, pero que vivió su primer gran «boom» hace 2.500 años. Mientras el resto del mundo miraba al valle del Guadalquivir, los íberos turdetanos prefirieron las alturas, construyendo ciudades fortificadas que hoy son el sueño de cualquier arqueólogo.

El despertar de los gigantes de piedra

Si hay un lugar donde el pasado te golpea con fuerza es el Parque Arqueológico de Torreparedones. No hace falta ser un experto para asombrarse ante las termas romanas recién descubiertas, con muros de tres metros que han aguantado en pie dos milenios, o el sistema de calefacción subterránea que ya quisieran muchos hoy en día.

Pero lo que realmente define este territorio son sus «bestias»: la famosa Leona de Minguillar, lobas amamantando a sus crías y toros de piedra que custodiaban las necrópolis. Muchas de estas piezas descansan hoy en el Museo Histórico Municipal, ubicado en la Antigua Tercia, un viejo almacén de grano de 1795 que hoy custodia el legado histórico de la ciudad.

La herencia de la Almedina

Aunque el alma de Baena está en lo alto. La Almedina, el casco histórico, es un laberinto que huele a piedra vieja y a historia. Su castillo, que comenzó siendo un bastión romano para terminar como residencia de los Duques de Sessa, hoy sirve como un mirador privilegiado. Desde la Plaza Palacio, la vista de la campiña es, sencillamente, abrumadora.

Pasear por aquí es saltar de siglo en siglo: Santa María la Mayor, una joya del gótico tardío construida sobre lo que probablemente fue la mezquita principal. El Convento de Madre de Dios, un rincón donde el Renacimiento cordobés se dio la mano con arquitectos de la talla de Hernán Ruiz y Diego de Siloé Arco de Consolación, una puerta almohade que aún conserva ese aire de frontera peligrosa que tuvo Baena durante siglos.

Porque Baena fue, durante más de 200 años, el último muro de contención de Castilla frente al Reino Nazarí de Granada. De esa época viene su escudo: cinco cabezas de musulmanes que recuerdan un duelo de caballeros en el año 1300. Incluso se dice que el propio Boabdil, el último rey de Granada, dio con sus huesos en la cárcel del castillo tras ser capturado en una escaramuza cercana.

Baena es, en definitiva, ese lugar donde puedes tocar una muralla almohade por la mañana, almorzar bajo un artesonado mudéjar y perder la mirada en un mar de olivos por la tarde. Es la Andalucía que no necesita filtros porque ya lo tiene todo.

                                                                                                                   

 

 

 

 

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AEDH PONE MÚSICA EN DIRECTO POR UNA BUENA CAUSA

 

 

La Asociación Española de Directores de Hotel (AEDH), con División Sonora, presenta Belle Acoustic, en un concierto íntimo en formato acústico cuyos beneficios se destinarán íntegramente a la Fundación AEDH.

Belle Acoustic es un trío formado por la cantante Paloma Campoamor, el guitarrista José Enrique y el teclista Adrián Solla. Su propuesta combina sensibilidad, calidad musical y cercanía, ofreciendo un repertorio variado y altamente melódico.

Durante el concierto, el público podrá disfrutar de versiones en acústico de jazz, bossa nova, soul, blues, pop y rock, reinterpretadas con arreglos cuidados y una puesta en escena elegante, pensada para escuchar y sentir cada tema.

El evento tendrá lugar en el Hotel Claridge Madrid, un entorno ideal para este formato íntimo que une música en directo, solidaridad y hospitalidad.

Una oportunidad para disfrutar de la música y colaborar con una causa solidaria vinculada al sector hotelero.

FILACERO
Cuenta de BankCaixa ES15 2100 6292 9002 0001 9956 indicando «Fundación AEDH»

Más información: www.aedh.es