Un refugio de alta montaña que combina cocina de proximidad, paisajes infinitos y exclusivos paquetes para que sus huéspedes disfruten de una estancia premium.
Situado a casi 2.000 metros de altura y accesible únicamente en tren cremallera, el Hotel Vall de Núria os presenta un viaje a medida. Este alojamiento es ideal tanto para aquellos foodies amantes de la gastronomía de kilómetro cero como para el viajero que busca una vía de escape de su vida cotidiana, con una cuidada experiencia de bienestar gracias al «Pack Relax».
En el Hotel Vall de Núria, la experiencia comienza mucho antes del check-in. El primer paso es el ascenso en tren cremallera: mientras el valle se abre paso ante vuestros ojos y el aire comienza a ser más puro, se siente que la aventura ha comenzado. El viajero empieza entonces a ser consciente de que, durante unos días, ha elegido parar el reloj y la mente para activar el modo calma.
Una vez culmine el trayecto, el valle os acogerá con una bienvenida cálida que pausará vuestros problemas momentáneamente. Allí, la estancia promete un descanso reparador en cualquiera de sus habitaciones —estándar, suite o superior— o en sus apartamentos estándar o superior dúplex, ideales para estancias familiares o en grupo.
En el Hotel Vall de Núria, la gastronomía no es un servicio añadido, sino una extensión natural del paisaje en cualquiera de sus restaurantes: El Restaurant, El Racó de la Vall, Finestrelles, Furgoteca o La Cabaña. Cada plato nace del territorio que lo rodea bajo el concepto de kilómetro cero; esto no es una tendencia, sino otra forma de cuidar al huésped y poner en valor el fruto del territorio del Ripollès.
El ritmo de este viaje lo marcan la montaña y sus horas de sol. Mientras que las mañanas son para pasear tranquilamente por las inmediaciones del hotel, las tardes están destinadas a disfrutar de un buen masaje de aromaterapia, incluido en el «Pack Relax». No se trata solo de descansar, sino de reconectar con el cuerpo y con el territorio.
En el Hotel Vall de Núria, cada detalle os recordará que el verdadero lujo es aquello que no se fuerza: el producto que nace cerca, el tiempo que se saborea sin prisa y el bienestar que surge de forma natural cuando el entorno y la experiencia están en armonía.