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LISBOA EN 72 HORAS: UNA ESCAPADA PARA VOLVER A ENCONTRARSE

De los paseos entre azulejos y miradores sobre el Tajo a una cena italiana, pasando por una pausa de bienestar, el hotel Dom Pedro Lisboa propone descubrir la capital portuguesa a otro ritmo.

 

Tres días pueden parecer poco para conocer Lisboa, pero son suficientes para dejarse conquistar por su luz, sus calles, sus sabores y esa manera tan portuguesa de entender el tiempo. Dom Pedro Lisboa se convierte en el punto de partida de una escapada diferente, con la ciudad como escenario y el hotel como refugio al final de cada jornada.

Lisboa es de esas ciudades que no necesitan grandes planes para sorprender. Basta con salir a caminar y dejarse llevar por sus calles empedradas, descubrir una fachada de azulejos, subir hasta un mirador o detenerse en una terraza cuando el sol comienza a caer sobre el rio Tajo.

Para una primera toma de contacto, el entorno de los barrios históricos permite recorrer algunas de las estampas más reconocibles de la capital portuguesa sin necesidad de convertir el viaje en una carrera atropellada.

El segundo día invita a conocer la Lisboa más cultural y gastronómica. Alfama, Belém o alguno de los museos y espacios culturales de la ciudad pueden ocupar la mañana, mientras que la tarde se presta a descubrir Lisboa sin un itinerario marcado. Tras varias horas caminando, el Spa Aquae del hotel Dom Pedro Lisboa ofrece un paréntesis de bienestar con piscina interior climatizada, jacuzzi, sauna y baño turco, una pausa pensada para recuperar fuerzas antes de continuar la noche. Porque en una escapada de tres días también hay espacio para no hacer nada.

Cuando llega la noche, la gastronomía se convierte en otra forma de viajar. En Il Gattopardo, el restaurante italiano del hotel Dom Pedro Lisboa, la cocina mediterránea propone prolongar la experiencia con una mesa que invita a quedarse. El chef Leandro Stenzel lleva a este espacio una interpretación de la cocina italiana que convive con el carácter de la ciudad, creando una experiencia gastronómica que permite viajar de un país a otro sin abandonar la ciudad.

El último día puede reservarse para descubrir otra cara de la capital portuguesa o acercarse a alguno de los tesoros que la rodean. Una escapada a Sintra, con sus palacios, jardines y paisajes, permite completar el viaje con una pequeña inmersión en el romanticismo portugués.

Porque Lisboa no es una ciudad que se visite únicamente con una lista de lugares que tachar. Se descubre entre paseos sin rumbo, sobremesas que se alargan, miradores al atardecer y momentos de calma. El Hotel Dom Pedro Lisboa propone vivir esos tres días desde un equilibrio entre descubrir y parar, convirtiendo el alojamiento no solo en el lugar donde dormir, sino en parte de una experiencia que comienza al salir a la ciudad y termina cuando llega el momento de volver a casa.

Para más información:

https://www.dompedrolisboa.com/

lisboa.booking@saviotti.pt

Marta:
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