91 591 60 92
tel. de guardia 662 36 91 12


X

DONDE EL SILENCIO SE HACE DULCE… EL CONVENTO DE LA MADRE DE DIOS DE CORIA

 

 

En un ameno paseo por el imponente Casco Histórico de Coria, nos llevará por un magno legado de cultura y civilización. Definirlo es fácil: una verdadera foto fija que trasciende al paso del tiempo. El Convento de la Madre de Dios es uno de esos sitios, una mole de piedra y sosiego que la ciudad guarda casi en secreto desde 1260. Fundado por las franciscanas de la Tercera Orden Regular, el edificio actual —moldeado entre los siglos XIV y XVI— mantiene intacto su ADN: un refugio ajeno al ruido donde la fe y el trabajo van mano a mano.

La fachada no busca llamar la atención, te habla bajito. Sus muros de mampostería abren paso a ventanales vidriados y a una portada de corte gótico, coronada por la Madre de Dios con el Niño. Es la primera pista de que estás ante pura historia viva. En los laterales, las calles Moros y del Rey muestran la sobriedad del ladrillo y los vanos enrejados, tan disciplinados que hasta la piedra parece haber aprendido la paciencia del lugar.

El interior despliega una iglesia de planta rectangular bajo bóvedas de aristas y tres retablos barrocos del XVIII, solemnes y rotundos. Pero el gran golpe de efecto está en el claustro gótico-renacentista de aire mudéjar: columnas toscanas, planta trapezoidal, su pozo central y ese empedrado de río desgastado por siglos de pisadas. Completa el conjunto una pequeña colección pictórica con una tabla atribuida a Pedro Machuca, señal de que entre estos muros ha habido mucho más que rezos.

Y sin embargo, lo que ha hecho verdaderamente célebre a este convento llega directo al paladar. Tras un torno de madera —esa ventana giratoria que permite comprar sin ver ni ser vista— las monjas de clausura despachan, desde hace generaciones, un recetario que no se ha escrito en ningún libro, sino que se transmite de mano en mano, de hermana en hermana. Con almendra machacada en almirez, yema de huevo y obleas nacen los Corazones de San Francisco; con paciencia y azúcar, las Yemas de Santa Isabel y las Princesitas de Santa Ángela. Los mazapanes se moldean a mano en forma de dalias, narcisos, peras o bellotas, mientras que magdalenas, bizcochos y brazos de gitano completan un catálogo que huele a horno de leña y a Navidad, aunque en Coria pueda encontrarse durante todo el año. No hace falta ser creyente para entender lo que ocurre en la Madre de Dios: basta con probar una de sus yemas, cerrar los ojos, y descubrir que el silencio, después de todo, también tiene sabor.

 

 

 

 

 

 

Más información: https://turismocoria.es/turismo/

Marta:
Contenido relacionado

Este sitio usa cookies

contacto contacto contacto

info@mamushkaseleccion.com

91 591 60 92