A veces, para entender hacia dónde va el mundo del vino, hay que bajar a una cueva o detenerse frente a un viejo arado de madera. En Tomelloso, la Cooperativa Virgen de las Viñas es mucho más que una empresa; es una maquinaria que combina la tecnología más vanguardista con un respeto casi sagrado por la memoria de quienes levantaron esto a pulso.
Donde empezó todo: del lagar al museo
Si las paredes hablasen, las del viejo Lagar de 1962 tendrían mucho que contar. Fue la primera construcción de la casa y hoy, lejos de ser un rincón olvidado, alberga un museo etnológico que es pura nostalgia. Allí se guardan los aperos, los carros y los arados que usaron las generaciones pasadas. No es solo una colección de utensilios de trabajo clásicos; es un homenaje a la artesanía de una época donde el campo se trabajaba con sudor y mucho esfuerzo.
Pero la historia no se queda en las vitrinas. La cooperativa ha rehabilitado recientemente sus cuevas excavadas en piedra caliza. Son lugares que te transportan cien años atrás, al origen de la riqueza vitivinícola de la zona. Ampliarlas es la mejor forma de homenajear a quienes las picaron a mano. Hoy, ese magnetismo entre lo antiguo y lo nuevo atrae a unos 9.000 visitantes al año.
¿La más grande del mundo? Depende de cómo se mire
Hay quien dice que en California hay una cooperativa más grande, pero tiene truco: es una unión de colectivos de segundo nivel. Para muchos expertos, Virgen de las Viñas es, por derecho propio, la cooperativa de primer grado más grande del planeta.
Lo que empezó en 1961 con 17 pequeños agricultores es hoy un gigante que gestiona 20.000 hectáreas de viñedo. Pero más allá de los números, lo que impresiona es el impacto social. Hablamos de más de cien empleados fijos que reciben formación continua y de una apuesta por la cultura que pocos se atreven a replicar. En 2011 inauguraron el Museo de Arte Contemporáneo Infanta Elena, demostrando que el vino y el arte contemporáneo maridan perfectamente.
El salto tecnológico: 2026 y más allá
Desde 2005, la bodega entró en una espiral de modernización que no parece tener techo. No se trata solo de producir más, sino de producir mejor para cumplir con lo que pide el mercado internacional.
De hecho, la demanda es tal que la bodega está en plena fase de ampliación. El proyecto suena a ciencia ficción comparado con los carros del museo: un almacén inteligente, nuevas líneas de embotellado, placas solares y una tecnología de concentrado de mostos de última generación.
Crecimiento por convicción
La expansión de Virgen de las Viñas no es solo ladrillo y maquinaria; es también unión. Tras absorber a Bodegas San José, San Gregorio y la Almazara de Tomelloso, la cooperativa sigue abierta a nuevas fusiones. El objetivo es claro: fortalecer el sector y asegurar que el nombre de Tomelloso siga sonando con fuerza en todo el mundo.
Es esa mezcla de orgullo por el pasado y ambición por el futuro lo que hace que esta cooperativa sea un referente. Aquí se innova cada día, pero se hace sin soltarle la mano a la tradición. Porque, al final, el mejor vino es el que sabe de dónde viene.
Más información: https://visitatomelloso.com/