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MAR SIN MULTITUDES: LAS PLAYAS DE HUELVA Y EL PLACER DE MOVERSE SOBRE EL AGUA

 

 

Hay costas que se entregan sin condiciones. Las de la Costa Occidental de Huelva son de otro tipo: hay que buscarlas, hay que quererlas un poco antes de llegar, y cuando se está allí se entiende por qué tantos que las descubren no vuelven a mirar de la misma forma el mapa del litoral español. Pocas aglomeraciones, mucho viento y olas de verdad. Un escenario que, en verano, mientras que otros destinos bullen, permanece en una calma que no es abandono sino carácter propio.

Para entender lo que tiene esta franja atlántica hay que empezar por los números, o más bien por la ausencia de ellos. Durante los meses de julio y agosto, cuando las grandes playas del Mediterráneo cuentan sus visitantes por millones y encontrar un metro cuadrado de arena libre se convierte en un ejercicio de paciencia, la Costa Occidental de Huelva ofrece algo que en España empieza a ser un bien escaso: espacio. Las playas de Isla Cristina se extienden sin interrupción durante una docena de kilómetros, bordeadas por dunas y sin apenas edificación. Las de Ayamonte, en Punta del Moral e Isla Canela, miran al Atlántico con esa amplitud que solo da el océano de verdad. Y el litoral de Lepe y Cartaya, separado por el capricho fluvial del río Piedras, guarda aún rincones donde la única compañía posible es el viento.

No es que la gente no lo sepa. Es que, por suerte para quien llega, no toda la gente se ha enterado todavía. El paisaje que rodea estas playas tampoco es baladí. Las marismas del Piedras, la imponente flecha arenosa de El Rompido, los estuarios que se abren hacia el interior con una geometría cambiante con cada marea: todo ello configura un entorno de belleza poco convencional, más cercana a la naturaleza salvaje que al parque temático. Una geografía que, por otro lado, es el escenario perfecto para moverse sobre el agua.

El mar como campo de juego

Las condiciones hacen de esta costa un lugar paradisíaco para los amantes de los deportes náuticos —el viento constante del Atlántico, las corrientes, la amplitud de los espacios—. La vela encuentra aquí un escenario difícilmente mejorable: brisas sostenidas, aguas abiertas y puertos deportivos que ofrecen todo lo necesario para iniciarse o para perfeccionar la técnica sin las prisas que impone lo multitudinario. Navegar a vela en esta costa es, como casi todo lo que sucede en la Costa Occidental, una experiencia que lleva su tiempo y que por eso mismo merece más.

El windsurf y el kitesurf son otras de las grandes razones para venir. El viento que sopla de manera regular sobre este tramo de la Costa de la Luz no es una promesa sino una certeza, y quienes practican estas disciplinas lo saben. Deslizarse impulsado por las ráfagas atlánticas, saltar sobre la ola y sentir la fuerza del océano en las manos es una experiencia que, en este rincón de Huelva, se da con una naturalidad que convierte a los practicantes en habituales. El catamarán, estable y veloz, permite además compartir esa sensación en grupo, combinando velocidad con el aprendizaje pausado de quien tiene tiempo y ganas.

Para quienes prefieren algo más cercano a la superficie, el paddle surf en las aguas de Islantilla se ha convertido en una de las actividades más demandadas del verano. Es accesible, divertida y apta para todas las edades, lo que la convierte en el plan perfecto para familias que quieren más del mar que tumbarse bajo el sol. Y si la propuesta es explorar el territorio desde el agua, el kayak abre una dimensión completamente distinta: remar entre los canales de las marismas de Isla Cristina y Ayamonte es adentrarse en un ecosistema de extraordinaria riqueza donde flamencos, águilas pescadoras y charranes ponen el espectáculo sin que nadie lo haya programado.

Al final del día, cuando el sol cae sobre las marismas y tiñe el cielo de naranjas y malvas que ningún filtro fotográfico ha sabido mejorar, la Costa Occidental de Huelva muestra lo que es. Un territorio que no compite con nadie, que no necesita ser lo que no es y que, precisamente por eso, resulta cada vez más difícil de abandonar. Las playas están ahí, amplias y libres. El viento sopla. El agua espera.

Más información: www.turismohuelva.org

Marta:
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