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LOQUIS TE LLEVA AL SUROESTE DE TENERIFE PARA ESCUCHAR LOS SECRETOS QUE ESCONDE GUÍA DE ISORA

La primera plataforma de podcast de viajes quiere descubrir un municipio singular. Un rincón de Canarias como nunca antes has escuchado.

 

 

El nuevo canal de Guía de Isora en Loquis es una herramienta necesaria. En un mundo donde viajamos demasiado rápido, estas historias nos obligan a bajar el ritmo. Nos invitan a sentarnos en un banco de la plaza, ponernos los auriculares y entender que cada esquina tiene un nombre: Don Gerardo, con su visión de progreso; Manuel Martín González, con sus óleos que capturaron la luz de las islas; o Doña Paula, cuyo hogar se convirtió en el Casino del pueblo, el centro de la vida social. Incluso la música tiene su hueco, con un episodio dedicado a las escuelas que hoy albergan a las bandas de música locales. Porque en Guía de Isora, la música no es un adorno; es el lenguaje con el que el pueblo celebra sus victorias y llora sus ausencias.

 

Guía de Isora, ese balcón natural que mira al Atlántico desde el suroeste de Tenerife, es uno de esos destinos con banda sonora propia.

Si algo define la identidad de este pueblo es su lucha titánica contra la sed. Uno de los episodios más potentes nos sumerge en las galerías subterráneas. A finales del siglo XIX, Guía de Isora era un territorio semiárido donde la vida pendía de un hilo de humedad. El ingenio humano, perforando las entrañas del volcán, logró lo imposible: traer el agua a la superficie. Ese hito no solo trajo vida, sino que cambió el paisaje para siempre. Los platanales, los tomates y los viñedos que hoy pintan de verde las laderas son hijos de esa conquista. Pero el podcast nos lleva más allá de la ingeniería, nos traslada a la vida cotidiana en los lavaderos. El Lavadero Municipal era el «Parlamento» femenino de la época, el espacio donde se tejían las redes de apoyo comunitario.

Pasear por el casco histórico de Guía de Isora, de la mano de estas narraciones sonoras, es como abrir un libro de historia cuyas páginas huelen a tea y a basalto. Hay una parada obligatoria: la Casa de los Herreros. Durante décadas, el yunque y el martillo marcaron el pulso del pueblo. Aquí se forjaban desde las rejas de los arados hasta las barandas de los primeros camiones que se atrevieron con las carreteras del sur. Escuchar este episodio te hace sentir casi el calor de la fragua y entender que, en una sociedad agrícola, el herrero era el eje sobre el que giraba todo el progreso mecánico.

Pero si buscamos una historia que combine tragedia y resiliencia, Loquis nos propone la Casa de los del Tagoro. Construida en pleno auge de la cochinilla —ese tinte natural que puso a Canarias en el mapa mundial—, sufrió la devastadora riada de 1879. Es un recordatorio de que aquí la naturaleza manda, y que el pueblo isorano ha sabido reconstruirse una y otra vez sobre sus propias cicatrices.

Y para los amantes de las historias con sabor a hogar, el canal nos abre las puertas de Casa Lola (o La Cueva). Es fascinante descubrir cómo un solo edificio del siglo XVIII pudo ser tantas cosas: desde cuartel de la Guardia Civil hasta una panadería legendaria. Las hermanas Juanita y Lola, con sus famosos rosquetes, endulzaron la vida de generaciones. Todavía se conserva el horno tradicional, un altar a la memoria gastronómica que el podcast rescata con una sensibilidad exquisita.

El conjunto de los caseríos de Aripe y Chirche, situados a los pies del majestuoso Pico Viejo, son museos vivos de la cultura campesina. El canal de Loquis le dedica un espacio fundamental al «Día de las Tradiciones» en Chirche.

Los bancales y las casas de piedra seca nos cuentan cómo el ser humano se adaptó a la verticalidad del terreno volcánico, convirtiendo la dificultad en belleza.

Todo viaje por Guía de Isora termina, o empieza, en su plaza. El podcast nos relata la leyenda de la aparición de la Virgen a un pastor guanche, un puente entre el pasado aborigen y la fe cristiana que cristalizó en la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz.

Es emocionante escuchar la historia de cómo se levantó este templo tras el temporal de 1879. Fue un esfuerzo colectivo: desde el vecino que aportaba sus manos hasta el emigrante que enviaba dinero desde Cuba o Venezuela. Esa torre, con su reloj de 1947, no es solo arquitectura; es el símbolo de un pueblo que, cuando se une, es capaz de levantar catedrales.

Y no podemos olvidar la Avenida de la Libertad, donde reside el almácigo centenario. Este árbol, que figura en el escudo municipal, es un testigo mudo que conecta los tiempos prehispánicos con el presente. Durante la erupción del volcán Chinyero en 1909, este entorno fue el refugio de una comunidad que buscaba consuelo en la fe y en la tierra.

 

 

 

 

https://www.loquis.com/es/channel/482271/Guia+de+Isora

Marta:
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