Del 13 al 18 de febrero, el Carnaval saca a la calle a grandes y pequeños en una localidad volcada a más no poder con la celebración.
A pie de calle en Tomelloso, se nota que el Carnaval no es solo una fecha en el calendario, sino más bien una cuestión de orgullo local. No importa que el termómetro se empeñe en marcar mínimas de enero o que el viento de La Mancha sople con ganas: aquí la gente tiene el ritmo metido en las venas y las manos ocupadas en los talleres.
El ambiente carnavalero se respira ya en cada esquina. Los vecinos, tras salir de trabajar, se convierten en artesanos, costureros y coreógrafos que miman cada detalle al dedillo para que la fiesta sea perfecta, el desfile sea aún más espectacular que el año anterior y que tanto niños como mayores hagan del carnaval de Tomelloso la fiesta alegre, colorida y divertida que siempre ha sido.
Un trabajo incansable de las peñas
Si hablamos de Harúspices, hablamos de palabras mayores. Este año se han puesto el listón alto —como de costumbre— con una revisión de Romeo y Julieta. En su nave de la calle Hernán Cortés, el sonido de las radiales y el olor a pintura fresca anuncian una puesta en escena que busca, una vez más, esa elegancia que los ha hecho coleccionar premios por toda la región.
Pero el Carnaval de Tomelloso también es saber reírse de uno mismo, y ahí es donde entran Los Canuthi. Fieles a su espíritu irreverente, este año han decidido que la Tierra se les queda pequeña y ya montan su particular odisea espacial con el lema: “Aquí no se puede estar y nos vamos ¡a la luna!”. Solo ellos saben cómo mezclar el ingenio manchego con una estética lunar en su sede de la calle Pavía.
Por su parte, Los Amigos han decidido tirar por la fantasía marina, ensayando varios días para traer un trozo de océano al secano manchego. Es ese contraste, esa capacidad de transformar una nave industrial en un fondo marino o en un palacio veronés, lo que le da valor a esta fiesta.
Mucho más que desfiles
No se puede entender esta celebración sin su cantera. El Desfile Escolar, que mueve a casi dos mil personas entre niños, padres y maestros, es el alma de la fiesta. Tras el chasco del año pasado, cuando el tiempo obligó a suspenderlo, las ganas de revancha son totales. Es un despliegue de imaginación tan bestia que no es de extrañar que lo declararan de Interés Turístico Regional.
A esto se le suma la disciplina y el arte de propuestas como el Estudio de Danza de Lidia Gorrachategui, que este año promete convertir las calles en un escaparate de «muñecas» llenas de movimiento, o la energía de la charanga Los Primos, que son quienes realmente le ponen el pulso sonoro al lunes de peñas.
Donde también se ve el esfuerzo llevado a cabo por centenares de vecinos es en el Desfile Nacional de Carrozas y Comparsas que suele darse cita el sábado de Carnaval. En él, decenas de compañías y peñas venidas de diferentes puntos de Castilla-La Mancha dejan sin palabras a los asistentes con su propuesta de color, luz y fantasía. Una tradición que año tras año se ha consolidado como una fecha ineludible en el calendario.
El veredicto del cielo
Como siempre por estas fechas, el tomellosero mira de reojo al cielo y de frente a la carroza. Las previsiones, de momento, dan una tregua: parece que no habrá lluvia, aunque el frío no nos lo quita nadie. Pero da igual. El trabajo ya está hecho, los trajes están listos y Tomelloso solo espera que empiece la música para demostrar por qué su Carnaval es, sencillamente, de otra liga.
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